
La eterna vigilia da mucho de sí. Historias, por ejemplo. En la mitología griega se cuenta que Lamia, una princesa africana, tuvo amores con Zeus. La insufrible Hera hizo que perdiera a todos sus hijos y que viviera desde entonces insomne, penando por ellos. En
El Señor de los Anillos, de Tolkien, el malvado Sauron es «el ojo sin párpado», que nunca cesa de observar el mundo, tramando su ruina. En
Funes el memorioso, de Borges, «una larga metáfora del insomnio», el protagonista, tras un accidente que lo deja tullido, vive recluido en la oscuridad, incapaz de olvidar lo que percibe o piensa.
En una ocasión, al final de una fiesta, viví de forma inolvidable esta idea fija, desplazada en mortal tan efímero. Todos se habían ido a dormir, pero yo era incapaz no ya de conciliar, sino de
concebir el sueño. En la tenebrosa lucidez del momento, me identificaba con el Judío Errante o algún otro inmortal desdichado (todos máscaras mías). Cualquiera de los objetos de la cocina me parecía un artefacto milenario, prehistórico —como si hubiera levantado un velo, más allá de las formas novedosas intuía la vejez inhumana, abominable, de las materias. El cuerpo, que poco antes volaba como una cometa, me parecía ahora un grumo de pasta o de plomo.
Una aspirina (divino placebo) me sacó de aquella locura, pero el recuerdo exigía un ex-voto. Va por ustedes.
THE DARK SIDE OF THE MOONAnd all that is nowbut the sun is eclipsed by the moonApenas hago pie. La certidumbre,
feliz ave de presa, me abandona:
calado hasta la mínima neurona,
el péndulo que sube hasta la cumbre
me lleva ya de vuelta hasta la lumbre
donde la luz astral se desmorona.
Un ángel me retira la corona.
De pronto siento sed, y la costumbre
del mundo me parece deseable.
Anhelo reposar en lo mundano,
salir sin un traspiés del Otro Lado
...y empieza la vigilia interminable,
la carne basta y sólida, lo humano:
la noche sin ensueño del soldado.
(
Devocionario pop)