martes, 27 de diciembre de 2005

Suerte y estrella


Quizá por incordiar a Platón, para quien Bien, Belleza y Verdad eran tres fases del mismo semblante, el siglo XX se complació en ofrecernos desalmados de estética impecable. Nazis que bordan a Mozart, caníbales expertos en Dante, poetas de la purga (estalinista) o el pogrom. A todos los resume la jeta de Malcolm McDowell sorbiendo la esencia de Ludwig Van y repartiendo estopa bajo la lluvia. Era fatalidad que el mismo actor terminara encarnando a Calígula (en carnívora versión porno). El resto de su filmografía (compruebo que amplísima) escapa, sin embargo, del encasillamiento: el ultraviolento amoral es también el enclenque H.G. Wells de Time after time, el rey Arturo poco después, e incluso el ínclito Merlín a la vuelta de la esquina. Si tras la máscara hubiera un alma, habría que animarse a buscarla en su película más personal, nacida de una idea de McDowell. Un hombre de suerte (O Lucky Man!), del 73, es una suerte de Desolation Row ampliada a tres horas de altura, con las canciones de Alan Price (ex-Animals) como coro inolvidable. Inocencia perdida y sarcástica: un testamento de los 60, como puedan serlo a su modo The Dark Side of the Moon (también del 73) o (inmejorable) Starless (del 74). Bien perdido, belleza mortal, verdad implacable.

Atardecer, un día deslumbrante,
oro a través de mis ojos,
pero mis ojos, vueltos hacia dentro,
sólo ven
ausencia de estrellas y Biblia negra.

Caridad, vieja amiga,
sonrisa retorcida y cruel
y la sonrisa señala el vacío para mí,
ausencia de estrellas y Biblia negra.

Hielo, cielo azul plateado
se funde en gris,
una esperanza gris que sólo anhela
ausencia de estrellas y Biblia negra.

(Richard Palmer-James)


4 comentarios:

Brazil dijo...

Nunca hubiera imaginado que la filmografía de Malcolm el Mecánico fuera tan extensa. Siempre quedará en mi recuerdo el Malcom del estilete y el ojo marcado (sádico y malvado), aunque no sé si era peor la naraja una vez exprimida la violencia y devuelta al basurero social.

Tome, Al, ahí va ésta. Suele levantarme la moral (y es una de mis prefes). Ánimo, sólo quedan dos festas...

George Benson
On Broadway
They say the neon lights are bright on Broadway
They say there's always magic in the air
But when you're walkin' down that street
And you ain't had enough to eat
The glitter rubs right off and you're nowhere

They say the women treat you fine on Broadway
But looking at them just gives me the blues
'Cause how ya gonna make some time
When all you got is one thin dime?
And one thin dime won't even shine your shoes

They say that I won't last too long on Broadway
I'll catch a Greyhound bus for home, they all say
But they're dead wrong, I know they are
'Cause I can play this here guitar
And I won't quit till I'm a star on Broadway

Joselu dijo...

Maestro, tomo nota de la filmografía de Malcolm McDowell. Me doy cuenta de que estoy no estoy al día. Procuraré bajármelas con el E-Mule. Últimamente he estado revisando la filmografía de Bergmann y su discípulo Woody Allen. Me quedo con Gritos y susurros, El séptimo sello, fresas salvajes (va de fresas) e interiores o September de Allen.

Al59 dijo...

Sólo respondo de Un hombre de suerte (bueno, la de Wells tampoco está mal, pero no tiene nada que ver). Respondo es un decir, porque según la crítica la peli es un compendio de todos los excesos del cine independiente, y seguramente tienen razón. Y sin embargo...
Creo que debo ser una de las pocas personas que no ha visto una sola película de Bergman (quizá unos minutos de Fanny y Alexander). Envídienme todo lo que me queda por descubrir y disfrutar :-)

Karl dijo...

Me ufano de ser admirador de la dupla Anderson-McDowell desde mi más tierna edad. Para evaluar bien ese tandem hay que comenzar con If, luego Un hombre de suerte y finalmente Hospital Britania. El personaje de Malcolm -Michel Travis- prosigue su periplo de uno a otro film. Todos fueron revulsivos, cuestionadores, fuera de norma. No debe incluirse a Calígula (una triste parodia comercial, ni siquiera porno), dirigida por el limitadísimo Tinto Brass dentro de ese ciclo. La naranja mecánica, de Kubrick, no se inscribe tampoco en dicho continuum, pese a ser una obra mayúscula del cine del siglo XX, tanto como el libro, una de las pocas traslaciones de uno a otro lenguaje estético dignas de nota.
Me agrada este blog; recién hoy lo descubro, Saludos desde Argentina.