miércoles, 27 de mayo de 2009

For the Benefit of Nacho García Vega


Hemos terminado sabiendo sobre Antonio Vega, su accidentada persona y su música más de lo que, probablemente, necesitábamos. El verdadero enigma es su primo, Nacho García Vega. Con él nunca sabes a qué atenerte: el tópico, desde luego, es que él era el desenfadado y juerguista, el hombre superficie; pero desde esas coordenadas, si media el talento, se puede hacer cualquier cosa. Incluso ésta.



Hubo un mago en la ciudad
que actuaba en un local
sin magia.
Le robaron la ilusión,
su viejo truco le falló
y se escondió.

Uahah,
lágrimas al suelo,
nunca más le vieron.

Vi un payaso fracasar,
sólo sabía hacer llorar.
(Vaya gracia.)
Una tarde en la función
todo el público rió
y yo lloré.

Uahah,
lágrimas al suelo,
desaparecieron,
nunca más les vieron.

No, señor,
no tuvieron suerte
(ni ocasión).

Conocí un domador,
era presa del temor
ante su león.
Nadie se lo perdonó
y, deprimido, se marchó.

Busquémoslos.
Vamos a encontrarles.
Yo quiero rescatarles.

Lágrimas al suelo,
desaparecieron,
nunca más les vieron.