sábado, 21 de diciembre de 2013

La lista de la compra


Pocas cosas producen mejor la ilusión de infinito que topar con escritos propios que, sin dejar de resultarnos reconocibles por la música o la intención, no recordamos en absoluto, ni antes ni después de (re)leerlos. Buscando cuentos que rescatar (y hallándolos casi todos, ay, impublicables), encuentro en la carpeta equivocada este soneto abierto por última vez en enero de 2010. Y me hace gracia. Allá va.

Un juego de preguntas y respuestas
a estrenar, una foto de Sabina
masturbándose al son de una vecina
que menea dos tetas muy bien puestas;

una suma de amor que con sus restas
viene a ser dos por dos, la pasta fina
con que envuelves tus miedos, la aspirina
que apacigua tus últimas protestas.

Todo esto y casi nada. Llega el coco,
cual suele, en los tercetos, y se anuncia
que tanta verdad suelta (qué barroco)

no es más que decorado, odio al vacío
que viene a ser, al cabo, lo más mío:
el vértigo al que nunca se renuncia.

4 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Qué, en efecto, deliciosamente barroco. Y sabiniano (suena ahora mismo , ¿Jung mediante?, a mis espaldas, en la radio: «Tirso de Molina, Sol...»). Y alcincuentanónico (!). De pronto me parecía estar, sin dejar la fluidez del tiempo presente, entre las bambalinas dizque modernistas del foro de sonetos de poesia.com, ya va para diez o doce o trece años (qué bárbaro), donde era tan grato ir a los posteos de una mano de locos rimadores. En fin, parece mentira que ya las cosas mediadas por la red puedan segregar esa sustancia tan pegajosa que es la nostalgia. Qué se fizo. Pero es así. Será la Navidad. O, ay, los primeros síntomas de eso que el eufemismo llama la juventud de la vejez. En todo caso, me quedo con la línea final: «el vértigo al que nunca se renuncia». Un abrazo, inevitablemente navideño, amigo.

Al59 dijo...

Yo también recuerdo con placer esos tiempos, en los que adquirimos entre todos una soltura casi peligrosa, y a pesar de los estilos tan distantes y varios, vino a emerger una cierta manera conjunta de hacer, un registro peculiar que reconozco cuando me surge y que asocio de inmediato a aquel espíritu. Un gran abrazo, Alfredo.

Antonio del Camino dijo...

Soneto que disfruto y con el que (uno más) regreso a aquellos tiempos que, es muy posible, imprimieran carácter.

Un abrazo a ambos.

Al59 dijo...

Un gran abrazo, Antonio.