viernes, 8 de noviembre de 2013

Cantar de Hildebrando


El Cantar de Hildebrando es un poema épico (y edípico) medieval compuesto en antiguo alemán. Ayer me entretuve en volcar en verso español lo poco que nos ha llegado de él. Así sonaría:


Oí contar
que a solas dos guerreros se enfrentaron,
Hildebrando a Hadubrando, por entre dos ejércitos.
Padre e hijo tomaron sus corazas de héroes,
revisaron sus piezas y ciñeron la espada
sobre sus armaduras camino a la batalla.
Hildebrando habló entonces, el hijo de Heribrando,
que era el hombre mayor y de más experiencia;
empezó a preguntar con medidas palabras
quién del otro era el padre, de las gentes que viven,
«o de quién tú podrías resultar descendiente.
Con que digas lo uno, ya sabré yo lo otro,
muchachito, que a todos en el reino conozco.»
Hadubrando habló entonces, el hijo de Hildebrando:
«Nuestra gente me dijo, los que mucho han vivido
y son sabios, que era Hildebrando mi padre.
Yo me llamo Hadubrando. Hace ya largo tiempo
que mi padre huyó al este de la inquina de Otácher
junto a Dietrich y muchos de sus fieles guerreros.
Dejó atrás en la tierra a sus seres queridos,
a su novia en su alcoba y a su hijo pequeño
de su herencia privado. Se fue, pues, hacia el este
en auxilio de Dietrich, tan escaso de amigos
y que era de Otácher enemigo jurado.
Fue de Dietrich mi padre un vasallo excelente,
siempre al frente de todas las batallas y duelos,
y los hombres valientes bien sabían quién era.
Ya no creo que viva». Respondía Hildebrando:
«Sé tú, Dios, desde el cielo de estas cosas testigo:
nunca trabes combate con quien lleva tu sangre.»
Y tomó de su brazo un puñado de anillos,
con el oro del Emperador engarzados,
que el buen rey de los hunos en regalo le diera.
«Como prenda te doy esto de mi amistad».
Respondiole Hadubrando, el hijo de Hildebrando:
«Con la lanza se debe recibir tu regalo,
contra punta su punta. Sin medida tú astuto
te creíste, huno viejo. Me lanzaste palabras
para, en ellas trabado, arrojarme tu lanza.
Si has llegado hasta viejo fue con estas argucias.
Me contaron las gentes de la mar, que al oeste
del océano viajan, que murió combatiendo.
¡Muerto yace Hildebrando, el hijo de Heribrando!»
Hildebrando habló entonces, el hijo de Heribrando:
—Por las armas se ve que en tu casa un maestro
diligente tuviste, y que nunca al exilio
te enviara tu príncipe.
(…)
Por desgracia, buen Dios, me golpea el destino.
Ya sesenta veranos y otros tantos inviernos
vi pasar, en la tierra de otras gentes varado.
En la línea del frente combatí con denuedo
y jamás me mataron al tomar algún fuerte
¡y ahora llega mi hijo para hundirme su espada
y clavarme su hacha, si antes yo no lo mato!
Mas, si tienes agallas, bien podrás sin esfuerzo
al anciano que soy despojar de su cota
y llevarte el botín, si es que a él tienes derecho.
(…)
Ni el peor de los hombres del Oriente querría
malgastar la ocasión de enfrentarse contigo,
deseoso como eres de justar. Así cueste
lo que cueste, veamos quién se lleva estas armas
y podrá reclamar las dos cotas de malla.»
Dejan ya navegar cenicientas sus lanzas,
golpes ágiles lanzan, que detienen rodeles.
Ya se acercan a pie, los brillantes escudos
golpeando con fuerza hasta que hacen saltar
con su espada el escudo…
.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Qu'est-ce que tu fais dans la vie?


Tengo la pequeña superstición de que uno no entra de veras en una lengua hasta que se lanza a componer algo en ella, por minúsculo y risible que sea. En los días en que andábamos por Atenas, hace ya algún decenio, nos divertimos no poco con aquella rumba minimalista que decía Katalabenis Eliniká? Katalabéno poli kalá! Pues, del creador de tonada tan patafísica, llega esta canción en francés, un tanto más presentable porque en la letra he integrado sugerencias de Josu Gómez, @cronopiodeley, y @wilbpack. No me he atrevido a cantarla, pero así suena la música, y así dice la letra, por si Vds. sí se animan.

Qu'est-ce que tu fais dans la vie?
Qu'est-ce que tu fais dans la vie?
—Je suis la crème de la crue,
je suis la fleur de l'ennui,
de la vie j'ai tres envie!

—Qu'est-ce que tu fais dans ma vie?
Qu'est-ce que tu fais dans ma vie?
Je suis le glas du perdu,
je suis le non et le oui,
ton mal ancien pas guéri.

A la recherche de la Vierge de lumière,
je foule l'ancien cimetière.
Êtes vous luciole ou peut-être feu follet,
rose dont l'arôme étiolait? 

(Edito la música y la letra: añado una sección intermedia, sobre acordes menores.)

martes, 5 de noviembre de 2013

Caras que colorear



Discurríamos estos días mi amigo Sergio y yo sobre las canciones tristes con música alegre (bailable, incluso). Esta, la última de momento de La Bossa y la Vida, pienso que ilustra bien el caso. Así de bien la canta Fátima, y así marcha la cosa:

Cara de que no me quieras,
cara de que me dé igual;
caras que nos salen caras,
caras que colorear.

Cara de que te pregunten
lo que piensas de verdad;
cara de que no les guste,
cara de dejarlo estar.

Cara de que te recuerden
todo lo que hiciste mal;
cara de cruzar los dedos
para volver a empezar...







sábado, 2 de noviembre de 2013

Halloween y el espejismo de lo castizo



Sobre esto de Halloween, ¿soy el único que piensa que prácticamente nada de lo que asociamos con esta fiesta es exclusivamente anglosajón, y que (casi) todo estaba ya en el folklore español (y universal)?

Si les parece, repasemos. El grupo de niños que va recorriendo las casas pidiendo un obsequio es, como poco, tan antiguo como una de las primeras piezas conservadas de la lírica popular griega antigua, la Canción de la golondrina que se cantaba en Rodas al llegar la primavera. Ha llegado hasta nosotros a través de Teognis de Rodas, un autor del siglo III o II a.C., y dice así, en la versión de García Calvo (en su Poesía antigua (De Homero a Horacio), pp. 105-6:

Ya vino, ya vino
la golondrina,
trayendo el buen tiempo
y las buenas añadas,
por el vientre tan blanca,
por el lomo tan negra.
Saca torta de higos
de esa próspera casa,
y el jarro de vino
y el cestillo de queso.
Tampoco el hornazo,
tampoco el rebojo
la golondrina
no los rehúsa, no.

¿Qué, que dices «vete» o que dices «ten»?
Sí, si algo das: si no, no te hemos de dejar.
Llevémonos la puerta o el montante o bien
a la mujer que dentro sentadita está.
Pequeña es ella: alzarla no nos costará.

Pero, si traes cosa buena,
lleves tú bienes mil.

Abrir la puerta a la golondrina, abrir, abrir:
que viejos no, no somos: niños somos, sí.

Pedazo de truco o trato.  Nos hemos ido a Grecia a buscar los precedentes para que se vea hasta qué punto el invento tiene solera; pero más cerca en el tiempo y el espacio tampoco nos habría costado mucho encontrar rituales análogos. ¿No salen los mismos niños que se disfrazan por Halloween a pedir el aguinaldo por Navidad, sin escándalo de la Conferencia Episcopal? Las canciones infantiles de cuestación han deleitado a más de un etnógrafo: aquí tienen por ejemplo un trabajo sobre estas canciones en el folklore vasco. En Améscoa (Navarra), por la fiesta de san Nicolás, cantan los niños:

Angelitos somos, del cielo venimos, 
alforjas traemos, turrones pedimos, 
para Jesucristo que viene en el camino, 
lavándose la cara con agua rosada.

¿Y en Extremadura, aún más cerca del que esto les escribe? Pues también se ronda, se canta y se exige, claro. Por ejemplo:

Si no me das aguinaldo
al Niño le he de pedir
que te dé un dolor de muelas
que no puedas resistir.

¡Ay tiritití...,
¡Ay tirititando!
No ve voy de aquí
sin el aguinaldo.

El aguinaldo real
son dos libras de galletas,
un cuartillo de aguardiente
y dos turrones de almendras.

¡Ay tiritití...,
¡Ay tirititando!
No ve voy de aquí
sin el aguinaldo.

Visto que la cuestación tiene poco de exótica, ¿será entonces la costumbre de disfrazarse de animales y demonios lo que habremos tomado como tontos de los anglosajones? Pues... Ya se huelen Vds. que, sin remontarnos (por pereza) a las pinturas rupestres que representan a hechiceros vestidos del equivalente paleolítico del Jarramplas o demás espantajos populares,  las mascaradas fúnebres nos pillan bien cerca. En su libro de 1947 Costumbres españolas de nacimiento, noviazgo, casamiento y muerte, p. 338, Enrique Casas describe un espectáculo multimedia que deja chicas la mayoría de las macabrerías de Halloween:

En Selva del Campo (Tarragona), durante el velatorio del cadáver de un párvulo, los vecinos acuden a la casa mortuoria y hacen caretas, esto es, se disfrazan, se ponen unos dientes de cebolla, se envuelven en sábanas, apagan las luces y encienden una sartén de azufre.

Así que, dirán Vds, al final resulta que lo único netamente anglosajón era la calabaza convertida en cabeza humana, el famoso Jack O'Lantern. Pues no es por llevar la contraria, pero veamos cómo describe en 1957 Joan Amades a la Setrilla, asustaniños célebre en Prat de Comte (Tarragona):

ser extravagante que trataban de representar por medio de una cántara vieja e inservible, en cuyo cuerpo practicaban dos agujeros más o menos simétricos, que querían figurar los ojos; dentro del buche colocaban un candil de aceite encendido, colgaban el artefacto del techo en una habitación oscura y por medio de una cuerda lo hacían balancear. La oscuridad y el azoramiento no permitía a los niños darse cuenta del engaño, y creían hallarse ante un fantasma temible.

No es una calabaza, cierto. Pero la imagen, además de conectar con Jack O'Lantern, nos envía a la vieja Gorgona de los griegos, y a otros muchos espantos del folklore que toman la forma de una cabeza sin cuerpo.

En resumen: lo único especificamente anglo de Halloween es el nombre; y aun este lo es solo hasta que lo traducimos. La forma completa, All Hallows' Eve, significa simplemente la Víspera de Todos los Santos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Ordenanzas


Novedades del pasado. Una décima dialogada (o dialéctica).

Ordenanzas 

Ordenemos. (¿Disequemos?) 
¡La pureza! (¿El purismo?) 
Da lo mismo. (No es lo mismo.) 
Despejemos. (¿Recortemos?) 
Aclaremos. (Prediquemos.) 
Reglamento. (¡Anarquía!) 
¡Norma y orden... (¡Armonía...) ...
de lo justo! (...del capricho!) 
Previsibles (tumba, nicho)
circulemos (:policía).

jueves, 31 de octubre de 2013

La vida de los muertos


El odio popular hacia los 'días de...' (que no logra, como vemos, impedir su proliferación más o menos compulsiva) no necesita mucha explicación, creo, aunque tal vez acepte un intento. De un lado, se siente rechazo hacia eso de que desde arriba (autoridades políticas que fijan calendarios, autoridades religiosas, medios de formación de masas) se nos diga de qué y cuándo debemos ocuparnos, como dando a entender que sin esas directrices pasaríamos por alto tan importantes cuestiones y no encontraríamos qué hacer o nos entregaríamos a otras varias, menos dignas. Ese rechazo puede extenderse a las cuestiones mismas que se nos plantean en esos recordatorios, cuando se trata de la exaltación del poder y el dominio mismos (días de la patria, de la milicia, de la bandera y, si te descuidas, hasta del sistema penal o la silla eléctrica); pero otras veces no es así, y en el rechazo va entreverado el amor hacia lo que hay más o menos debajo del tema (por ejemplo, nuestros muertos), que no se resigna uno a ver encuadrado y limitado en un día (e ignorado, por contraste, el resto del tiempo).

Junto a esto, está la evidencia de que, si muchas son las cosas, como antaño los dioses, no pueden estar todas todo el tiempo a la vez en primera línea de nuestra atención. Quizá por ahí cabría un rescate de las fiestas 'temáticas' como una principalía, al modo en que los guerreros de Homero van teniendo cada uno su momento de gloria en la Ilíada, sin desaparecer por eso durante los demás cantos. Cierto que no se producen esas 'hegemonías' (es el término griego) siguiendo una planilla que marque los turnos de cada cual, sino que son los azares de la batalla y el capricho de los dioses (que lo uno es lo otro) lo que hace que ahora destaque Áyax y en otro momento lo haga Diomedes. Pero en fin, basta con que la ejecución más o menos improvisada y abierta a cambios de la epopeya se convierta en un texto escrito para que ya esos azares se hagan inevitables, cosa hecha, y tenga cada uno su turno, definido inapelablemente y hasta sujeto a cálculo exacto (canto tal, versos tal y pascual).

Y así, si es un azar que el día de los muertos sea en nuestra cultura este que se avecina y no otro cualquiera, como lo es que estemos en esta cultura y no en otra, y aun que estemos o no vivos para contarlo, una vez presos en la tela de araña correspondiente en la que el tiempo se cuenta como mandan sus dueños, es inevitable tropezar cada año con este día, y parece lógico pararse a sopesar la piedra y darle alguna que otra vuelta. Vayan, pues, algunas observaciones por si les apetece discutir alguna, y que la desarrollemos un poco:
  1. Amamos y tememos a los muertos. De ahí que los mantengamos a cierta distancia: distantes, pero accesibles.
  2. Somos la parte viva, actual, presente, de una cadena que en su mayoría consta de muertos. Viven en nosotros. 
  3. Los muertos son seres paradójicos: se les ha acabado el tiempo, pero tienen a su disposición la eternidad. Ya no están, pero son ubicuos. Están fuera de la obra, pero proyectan sobre ella su sombra (o su luz). Son impotentes, pero están libres de toda atadura.
  4. Los muertos son seres humanos inversos: actúan cuando descansamos, hablan al revés, están donde no hay nadie, saben lo que ignoramos, ven lo invisible. 
  5. Los muertos tienen hambre y sed: carecen de lo que tenemos (la vida) y lo echan de menos.
  6. Un muerto está a la vez en el mundo de los muertos, allí donde reposan sus restos y allí donde viven los que le importan. 
  7. Hay una buena muerte y una mala muerte. La buena llega tras una vida plena, pasa por los ritos funerarios pertinentes y permite la integración satisfactoria en el Más Allá. La mala llega de forma prematura o violenta, y el difunto queda ligado de forma traumática al mundo de los vivos.
  8. La Muerte lucha contra el deseo de vivir de los enfermos o heridos (agonía); pero una vez lograda la victoria, el difunto se arroja sus brazos: deja este mundo como lo hace el vencido por el sueño. 
  9. La muerte tiene grados: físicos (hora de la muerte; podredumbre del cadáver; desintegración de sus huesos) y psíquicos (desde que el muerto deja de hablar hasta que deja de hablarse de él).
  10. La Luna es el sol de los muertos. Los animales, sus dobles. El sueño, su país. Son sombras sin sombra: reflejos de un rostro que ya no está ante el espejo.

sábado, 26 de octubre de 2013

A las 8 en el bar Ithaka


El disco más famoso de los Beatles,  el Sgt. Peppers, comienza y acaba con la misma canción, la que le da título. En nuestros conciertos hemos cogido la misma costumbre. Así sonó este jueves en el bar Ithaka una de nuestras canciones, A las 8 de la mañana, en las versiones de entrada y salida:


sábado, 19 de octubre de 2013

Penúltimos pensamientos


Regalo de esta tarde. Otra canción —que, en lo que encuentra su voz, suena así en versión instrumental. (Corregida un poco más tarde.)


Y así en versión cantada (ya saben Vds: harto rudimentaria, etc.)


La tarde se me fue en poner en orden 
algunas cosas que olvidé apuntar; 
guardar en un impasse mis pensamientos 
prohibiéndoles volver donde ahora van.
Tú siempre por llegar, yo dando vueltas, 
haciéndome a la idea de esperar 
que el tiempo desperece tu conciencia, 
que el viento desenrede la verdad. 

La tarde se nos fue en montar canciones, 
conjuros para obviar la soledad; 
maneras de sentirnos diferentes, 
mirar al fondo sin mirar atrás. 
Tú siempre por llegar, yo dando vueltas, 
haciéndome a la idea de esperar 
que el tiempo desperece tu conciencia, 
que el viento desenrede la verdad.

jueves, 17 de octubre de 2013

Donde los muertos


La muerte no está donde estamos; tampoco nosotros estaremos cuando ella llegue. Así razona  Epicuro en su Carta a Meneceo, sección 124. Aunque el argumento se dirige contra el miedo a la muerte, es también y sobre todo una constatación de la alteridad fundamental de la muerte. Un muerto es un ausente, alguien que nos ha dejado, se ha ido.

Sin embargo, nuestra mente acepta con dificultad la idea de un personaje sin circunstancias. No solo pensamos en los difuntos, los recordamos y guardamos sus restos en un sepulcro o urna, sino que tendemos a imaginarlos —y esta operación, tenga lugar en el sueño o en la vigilia, implica situarlos en un espacio peculiar, propio. Surge así de forma natural la idea de un mundo de los muertos, cuyos pormenores imaginarios son, en cada cultura, una descripción veraz de los deseos y temores de los vivos .

(Esta evocación de los muertos no es solo consciente: también se da mientras nos entregamos al estado alterado de conciencia más cotidiano y fascinante de todos, el sueño. Los sueños en que aparecen personas difuntas han llevado desde antiguo a una asociación, que a veces deviene identidad, entre el mundo onírico y el de los muertos. Géza Róheim y James Hillman han estudiado bien el tema, cada uno desde su perspectiva distintiva: freudiana la del primero y junguiana, o posjunguiana, la del segundo.)

En la imaginación de ese Otro Mundo es un factor primario el miedo a la muerte, el instinto de conservación. Incluso en culturas como las mesopotámicas y la griega, que no parecen haber planteado en principio el destino de los difuntos en términos de recompensa y castigo, el Más Allá se presenta como un lugar inhóspito, indeseable, donde falta todo aquello que hace grata y posible la vida humana: el calor (en su justa medida), la fecundidad, la energía vital. Abrasador o helado, el Inframundo nunca es templado, armónico.

Por otra parte, si el temor a la muerte es el miedo básico del hombre, la persona capaz de domeñar este terror, el héroe, sobrepasa al hacerlo el umbral de lo humano. Al anteponer la consecución de su deseo a la propia vida, el héroe acepta la posibilidad de la muerte y pone, en cierto modo, un pie en ella. La imaginación hace el resto: no es ya que el héroe arriesgue su vida para vencer al enemigo y conseguir lo que anhela (gloria, tesoros, princesas), sino que tanto el monstruo a vencer como la recompensa se sitúan al Otro Lado, en territorio enemigo.

El héroe debe morir (de forma ritual, reversible) para culminar su viaje, alcanzando el lugar más alejado de su punto de partida. Su regreso, más tarde, al mundo de los vivos, afirma la continuidad entre lo sujeto a límites y lo que subyace a estos: es como el discurso que, roto a final de cada línea, cruza de algún modo el margen, da la vuelta a la hoja y reaparece incólume para encabezar el próximo renglón. Un amanecer.

martes, 15 de octubre de 2013

Saludos de una amiga


Así de contenta se ha puesto Gorgo cuando se ha enterado de que vuelvo a la carga con sus amigas ogresas.

martes, 8 de octubre de 2013

Batracomiomaquia


Cadencias épicas
y fosas sépticas:
luchan los héroes
contra sus miércoles.

Con la pereza
propia del caso,
cardan la fibra
de su fracaso.

Riman las cosas
con sus esquemas,
víctimas rotas
de la marea.

Llega el silencio
con su voz rubia
y las anécdotas
jácinsi turbias.

Ojo por ojo
guiñan las copas
sus espesuras
más esponjosas.

Rimas caducas,
arcos de hielo;
lo que fue nombre,
sólo es adverbio.

Vuela la rosa al
abecedario,
vuelven las fosas
a sus osarios.

Todo es lo mismo
y es otra cosa
—tornan cometas
las mariposas.

Vida en ayunas,
muerte en directo;
frías las sumas,
humo los restos.

Vencen las deudas
sus atavismos.
Almas de trapo
sellan el ritmo.

Arden los hábitos
del ruiseñor.
Noli me tángere.
—No es a ti, no.

Luchan los márgenes
contra sus jueves.
Bajo las uñas,
sueña la nieve.

domingo, 6 de octubre de 2013

Adioses al verano


Hay veces que se conecta uno y se queda asombrado con las maravillas que aparecen ahí en la pantalla, como si nada, esperando hacerse voz, como de la voz surgieron. Esto envía hoy alguna gente de Las Aguas (¿Ana? ¿Vir?) a la lista de la tertulia política del Ateneo:


ADIOSES AL VERANO 

Ya las primeras lluvias del otoño 
dejan que te recuerde, ah largo estío, 
según te vas perdiendo y en el aire 
vive tu olor con el agua disuelto, 
para que no me olvide de cómo ibas 
negando tú las fechas de los hombres 
y toda fe, abierto en días claros 
de más aún serenas noches tibias, 
diciendo "¿y qué?: si hay más que no se cuenta." 

¡Bendito tú, haciéndote de cardos 
ya de cristal resecos, que en mil rosas 
te deshojabas dulce entre estos dedos 
y entre tus chopos verdes, rumorosos, 
(ancho tu río en la ciudad perdida) 
abriendo más veredas a mis pasos, 
ibas lento dejando a sus colores 
desmaírse y asomar entre azules 
nuevos, sabios, al fin las nubes blancas!; 
y por la tierra flores de milagro, 
sin riego, sólo flor a flor de tierra, 
y malvas, moras, y la flor tardía 
que amarillea todas las cunetas, 
y aún azulejos por tus rastrojales 
y más que van brotando de lo seco 
flores sin nombre entre espinas, 
y rojas ya las majuelas, y las agavanzas 
que un día tú  —no yo: tú, moribundo 
largo verano— para mí ensartabas 
en un collar que llevar a una tumba 
humilde, donde no se leen ni nombres, 
y en torno canta un bosque de cipreses.

viernes, 4 de octubre de 2013

Roll Over, Maharishi


Como todos los músicos aficionados, he compartido más de una vez con mis semejantes los tres acordes de un blues (o un rock), suficientes para hallar una lengua común y dar en doce compases (y unos tres o cuatro minutos) una vuelta completa al espacio y el tiempo. Pero nunca, o casi, me he atrevido a componer nada que siguiera este patrón: impone demasiado pensar que si lo haces, tienes detrás tantas buenas canciones. Es prácticamente imposible no acabar saqueando alguna, o al menos sonar de tercera o cuarta mano, completamente banal.

El caso es que hoy estuvo conmigo mi amigo Paco, con su charango, y cuando estaba a punto de irse me puse a trastear con el instrumento y me salió un riff —un sonsonete entre étnico y blusero que no dejó de incordiarme durante las cuatro horas siguientes. Como ellas mandan, acabé sentándome a escribir la cosa. Y así suena: algo como el encuentro imposible entre What I'd Say, de Ray Charles, y Within You, Without You, de los Beatles.

domingo, 29 de septiembre de 2013

El primer Fray Josepho


No soy fan de fray Josepho, pero lo fui con orgullo. Me siguen gustando mucho los primeros poemas suyos que leí, como el romance de la evaluación, tan fresco hoy como entonces, que describe con gracia lo que sucede en tales meriendas. Después, el hombre recaló en los medios más casposos del país, tipo Libertad Digital o la COPE; olvidó su primera Musa, la enseñanza, y sus versos se fueron resignando a desarrollar las consignas que MAR (en su día) o algún negro de Aguirre hoy envían a sus  obedientes tertulianos libegales —un material rigurosamente infumable.

En homenaje a los dos poetas, el que admiré y el que me aburre, se me ha ocurrido hoy este soneto, malo como el peor de los suyos. Como escrito ya está, no creo que empeore mucho publicado.


Maldiciendo la vil Pedagogía 
comenzó fray Josepho su andadura 
por los mares de la literatura. 
Llovía en buena hora su lejía: 

él mismo era docente, y padecía 
con humor inspirado la tortura
—aunque fuera muy suya su escritura, 
era de todos lo que nos decía. 

El éxito, que ha avillanado tantas 
buenas plumas, condujo hasta las santas 
zahúrdas de la COPE a nuestro vate. 

Pues pagaba la Iglesia liberal, 
comulgó con su hedor —tornó venal: 
previsible, sectario y algo orate.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Ramas del corazón



A veces, nada más despertarme, en vez de recordar un sueño, acude a mí una melodía, o unos versos. Hoy he tenido el tiempo justo de tomar la grabadora y grabar la tonada somnolienta antes de partir para el instituto. Luego, a lo largo del día, le han ido brotando ramas, respuestas, arpegios. En lo que crece la letra, así suena la versión instrumental.




Como siempre hay quien me dice que prefiere las versiones cantadas (aunque lo sean por mí) a las instrumentales, actualizo con una que acabo de hacer, especialmente nocturna y tentativa.  (He cambiado también la versión instrumental: no me gustaba el ritmo tan acelerado que tenía ni la percusión jazzera. Y le ha crecido una introducción que la hace sonar aún más modal. Si cabe.)


jueves, 5 de septiembre de 2013

Horas de lluvia


Esta tarde ha llovido en Navalmoral y le han salido unas notas nuevas, así como célticas, a esta canción. Así sonaba (con algún error que otro) en mi cuarto de baño.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Merengue de Miguelón


El gran Miguelón Oballos es el percusionista de La Bossa y la Vida, un fenómeno de la naturaleza venezolana que creció rodeado de música clásica y rocanrol y aprendió los ritmos tradicionales del país en su adolescencia, para asistir con provecho a los bailes. Le hemos echado mucho de menos en este concierto, y para convocarlo donde quiera que ande me ha dado por componerle este merengue venezolano, en el noble tiempo de 5/8. Confío en que me disculpará el atrevimiento. Va por vos, maestro.



domingo, 1 de septiembre de 2013

Mapas de lugares inventados


Cerramos las vacaciones de verano de este año con un concierto de La Bossa y la Vida en Peraleda de la Mata, en la noche del 30 al 31 de agosto. Gracias a todos los que asististeis o hubierais querido hacerlo. Esta es una de las canciones que sonó esa noche, y, para los que gusten de esas cosas, estas son algunas curiosidades sobre ella.


Songfacts
  1. Desde que Tolkien dibujó el de la Tierra Media, el mapa del continente fantástico, tan detallado como sea posible (pero siempre con cierta estética de cartógrafo naïf, antañón), es un componente esencial de todo ciclo de fantasía épica que se precie.
  2. La armonía de la canción es circular: se aleja por grados conjuntos de La menor (primero hasta Fa y luego hasta Re menor) y luego vuelve sobre esos mismos pasos. En la forma sencilla (La menor - Sol - Fa - Sol - La menor), es la secuencia de All along the watchtower, Abre la puerta, niña y el final del Stairway to Heaven, entre otras.
  3. La canción surgió en un paseo matutino, dándole vueltas al compás de 5/4, formado en este caso por un compás de 3 tiempos y otro de 2. En la música pop no es un compás muy habitual, pero sí en el folklore: como me indicó el hermano de nuestro percusionista Miguel, si se acelera convenientemente se convierte en 5/8, el ritmo del merengue venezolano.
  4. La melodía es modal: la escala eolia de la menor, sin ninguna alteración, tiene un sonido arcaico, muy dulce, que también aparece en El príncipe de Bekelaer. El ejemplo más hermoso que conozco de la sonoridad de este modo son las estrofas de Islands, de King Crimson.
  5. La trompa o corno francés que toca aquí José Maestro es un instrumento de sonoridad muy peculiar: terrenal y onírico al mismo tiempo. Aunque está asociado a la música clásica, los Beatles lo usaron en una de sus mejores baladas, For No One. También se ha utilizado con tino en composiciones de jazz.
  6. Lo que me cura me hace daño le da la vuelta a la homeopatía (según la cual lo que produce un daño contribuye, si se administra en dosis infinitesimal, a prevenirlo o curarlo) y se queda peligrosamente cerca del refrán: Quien bien te quiere, te hará llorar.  No está claro en la canción si el dolor avisa de que la supuesta terapia es un fiasco (lo que supuestamente me cura en realidad me daña) o da fe de que el fármaco utilizado, vaya a curarnos o no, al menos potente es un rato (ya veremos si me cura; de momento, hay que ver cómo escuece).
  7. Que te tengo que contar: I want to tell you, cantaba George Harrison; Quiero contarte, niña, arrancaba Jesús de la Rosa.
  8. Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa, escribió Antonio Machado. La canción habla acerca de eso: la ficción hace que tome forma (a veces muy detallada) algo que hasta entonces no había, sea una canción o una novela-río —pero su verdad última no reside tanto en lo verosímil del invento, sino en el estado de ánimo del que brota la invención y al que remite: el dolor, en este caso, de un desencuentro.
  9. Vidas de pintores dibujados: Marcel Shwob escribió Vidas imaginarias (1896); William Beckford,  unas Memorias biográficas de pintores extraordinarios (1780) igualmente apócrifas. Borges, que conocía bien estos precedentes, hizo de la glosa de la obra de un autor imaginario uno de sus géneros favoritos. La idea del pintor que se dibuja a sí mismo remite al famoso dibujo de Escher.

sábado, 31 de agosto de 2013

Dulce sombra


Hay canciones, por íntimas, extremas. Uno se lo piensa dos y tres veces antes de compartirlas con alguien, porque aunque la teoría (y la experiencia) sugieren que todos somos extrañamente parecidos allí donde dejamos de ser diurnos, cabe que el que nos escucha se quede pensando que le hablamos en morse o en broma.

Esta es una de esas canciones. La compuse hace muchos años, en la época de estos versos, que hablan de la misma pena:

Qué a solas duermo, hermano, con tu sombra,
que a veces me visita enamorada
y en nubes de sonámbula me abraza.

Qué amarga anda tu lengua con la mía,
revuelta en agridulce agua y tisana
de yerbas incurables y metales,
sabores de peseta en la garganta.

Qué a solas duermo, hermano, con tu sombra.
Qué a solas.

Sonaba por entonces tan desvalida y amarga que aunque encontró quien la quisiera (Antonio Hernández hizo su propia versión, me temo que perdida, al órgano), nunca llegamos a tocarla en directo. Así quedó durante un par de decenios. Este año me volví a encontrar tocándola, y fue tomando forma nueva, de vals. De repente, sin perder saudade, se hizo ligera, casi alegre. Y así suena ahora, con Fátima a la voz y Paco a la flauta.


viernes, 30 de agosto de 2013

Morgana


El nombre obliga, decía el maestro Agustín. Conocí hace años en la Red a una poetisa llamada Morgana —y a fe mía que honraba el nombre elegido, tanto por su dominio mágico de las artes del verso como por su gusto acendrado por lo gótico e invisible. En su honor escribí este soneto, que ahora rescato, aunque no valga gran cosa, por el juego con las rimas. Recuerda Irene en Twitter que Orwell presentaba como ejemplo de la pobreza en rimas de la lengua inglesa que solo hay siete palabras que rimen en consonante con God. En español no tenemos muchas más que rimen con Camelot. Creo que aquí van casi todas (aún cabrían Sephiroth y Thoth).

Eclipse de Avalón, hija de Ygerne,
señora del señor de Camelot:
tu voz es el licor que probó Lot,
tu reino, ínsula gris de Julio Verne.

Antes que, polvo cósmico, me interne
en los umbrales acres de Astaroth,
arcana ventajista del Tarot,
mueve esa espada negra que se cierne

sobre mi corazón. Cobra el trofeo
o al fin desátame de esta red negra
en cuya polución se desintegra
mi alegre confusión. Hazme al fin reo,

señora, de tu hechizo: ave de paso
en el candor eterno de tu ocaso.