sábado, 14 de diciembre de 2013

El Círculo


La lectura de algunos de los sueños que salen estos días a concurso en el blog de la Biblioteca de mi instituto me ha recordado este relato, que escribí en los primeros noventa, y que comparte con esos sueños el ambiente de aventura marina. No siendo ya un narrador, se me hace raro comprobar que a mi extraña manera pude serlo entonces. Valga para lo que valga, así dice el cuento:

*        

Esto es como un Parque de Atracciones, pero a lo grande. Quiero decir, aquí nunca cierran, y no tienes que enseñar el ticket, todo el rato, como en los parques de antes, allí arriba. La verdad es que al principio te sientes desorientado. Es normal. Todo el mundo viene aquí esperando lo típico, las atracciones más manidas, el circuito de calderas y el lago de hielo, y es difícil explicarles que también esto ha evolucionado, y muy rápido, desde que se hicieron esas guías de turismo.



Para empezar, aunque haya excepciones, aquí casi nadie llega en barca de remos. Los ferries son mucho más seguros (más baratos también), y su blindaje de amianto elimina todo tipo de problemas. En los muchos años que llevo aquí, solo he conocido tres o cuatro personas que cruzasen el río a nado, sufriendo quemaduras serias. Todos llevaban tiempo aquí, y la mayoría habían entrado ilegalmente de noche, huyendo de un destino equivocado, íntimamente inaceptable, al que no quisieron reclamar por la vía preceptiva.



De todas formas, hoy en día, estos casos son muy poco frecuentes. La automatización de los procesos, con puntuación fija de los hechos, ha vuelto el proceso más rápido y seguro, más democrático, y ha eliminado todo cuanto, antaño, podía resultar traumático, o incluso ofensivo, para el encausado. El estudio del individuo se realiza con criterios psicológicos, no penales o morales. Ya no se habla en términos como culpa, premio, castigo, inocencia. El proceso es aséptico, y se trata, únicamente, de dar a cada cual lo justo: es decir, lo adecuado en él, lo que le conviene, el entorno en el que no desentone.



Esto no quiere decir, claro, que no queden aquí y allá, incluso dentro de la Administración, inmovilistas fanáticos, nostálgicos del régimen anterior; pero son los menos, y están reservados, en general, a las zonas de mayor intensidad, donde pueda hacer falta un control más estricto.



Sé que mi testimonio no es imparcial, pero debo decir que mi experiencia aquí es muy positiva. En mi caso concreto, se dudó, según supe más tarde, entre asignarme un circuito didáctico, con miras a un traslado, o darme ciudadanía aquí. Se decidió, afortunadamente, lo último: yo nunca quise, la verdad, otra cosa.



Me dejaron en el Círculo en la atracción 10.800: la isla Polar, en el extremo norte del Círculo, un kilómetro de hielo sin plantas ni animales, desde el cual no se veía costa alguna. Me dieron provisiones para una sola comida, y una linterna pequeña, solar-inversa, que tomaba energía de la oscuridad. Agradecí el detalle ultramoderno. Dos noches más tarde, muerto de frío y famélico, comprendí que jamás saldría de la isla, de aquel ventisquero de granito y azufre, y me tumbé a morir en el hielo, desesperado.



En ese estado desperté a la mañana siguiente, la cabeza hundida en un charco, rodeado de gusanos amarillos que parecían buscar mis labios. Cuando me cansé de quitármelos de encima, me decidí a devorarlos, primero con asco, y luego con ansia compulsiva, hasta hartarme. A las pocas horas, una fiebre espantosa me borró la cabeza, y me dejó ardiendo sobre el hielo: los gusanos invadieron desde dentro mi sistema nervioso central y entraron en simbiosis con mi cerebro, comunicándole vivencias místicas: el sentido del Círculo, el perímetro de la isla. Cuando desperté, veía el mundo en veinte colores y percibía las ondas hertzianas. La temperatura de mi cuerpo seguía siendo de cuarenta y cinco grados, y tenía una erección portentosa. Las ventajas de mi nuevo estado me parecieron tan evidentes que no dudé en guardar gusanos para diez o veinte comidas, y, en mi nuevo estado, me eché al agua, siguiendo la dirección que el barco había tomado tras dejarme.



Al tercer día de navegación, el cansancio era absoluto, y seguía sin verse tierra. Comencé a desconfiar de los gusanos. Sentía, además, un extraño picor en el cuello. Agotado, dejé de nadar, y tanteaba horrorizado mi cuello, hundiéndome en el agua, convencido de mi muerte, cuando sentí que respiraba, felizmente, por unas branquias recién estrenadas. Los gusanos, pensé, eran una maravilla evolutiva.



Reconciliado con ellos, caminé durante tres meses por el mar, alimentándome de rayas, de sardinas y de moluscos, hasta que al fin llegué a tierra, al puerto de Bocamares. Recuerdo que pensé, al acercarme, si acaso en mi nuevo estado sería mal recibido. Sin embargo, apenas me acerqué a la ensenada, aceitosa y sucia, y vi el prostíbulo subacuático de sirenas, perdí todo complejo y toda inocencia. Pronto supe que mis gusanos eran tenidos en Bocamares por una droga de gran alcance, muy cotizada, aunque nadie los tomaba crudos, sino convenientemente asesinados. Atendiendo siempre los consejos de mis huéspedes, no tuve problemas para instalarme en los bajos fondos de Bocamares como traficante, prometiendo sensaciones nuevas que, en efecto, lo eran. Así viví otros cuatro meses, durante los cuales aprendí varios idiomas y me aficioné al beso de las sirenas.



Esta variante sexual, muy cara y apreciada, se practica en la orilla del mar, con el cliente sumergido en el agua hasta la cintura. Las sirenas, que no pueden salir a tierra, mantienen su presa en el cliente tras su servicio, y no aflojan su mordisco, por mucho que se les ruegue, hasta que este no les paga lo convenido. Por otra parte, la vida de las sirenas es triste, sobre todo si tenemos en cuenta que sus zonas erógenas están en la cola y en los senos, y solo mediante una estimulación simultánea, la cola en el agua y los senos en el aire, pueden alcanzar el orgasmo. Sin embargo, es intensamente placentero cuando llega a darse, y todas las sirenas sueñan, tras su retiro, con comprarse dos esclavos, uno hombre y otro pez, para que les acaricien, cosa que jamás consiguen. En general, tanto peces como hombres rehúsan tener relaciones serias y cariñosas con ellas, y es esto, probablemente, lo que las ha arrojado al camino del vicio. Pero esto, en todo caso, cae fuera de tiesto.



A los cuatro meses, mis branquias habían desaparecido. Toda el hampa de Bocamares (y apenas había otra población) estaba ya enganchada a los gusanos, y a mí no me quedaba más mercancía. Vendí, por un caballo, la localización de la isla Polar a un comerciante de especias, y salí de noche de allí.



Por el camino de Bocamares a la ciudad más cercana descubrí dos cosas: la primera, que mi caballo sentía una repugnancia intensa por mí, por lo que no cejó en dar brincos y patadas hasta echarme de la silla; lo segundo, que esta repugnancia no era extraña, pues el exceso de gusanos me había consumido, y una textura alarmantemente apergaminada, como una muda, me recorría ya los brazos y el rostro. Un buhonero me dio, a cambio del caballo, la dirección de un sabio en la Ciudad de Agomorgo, que me libraría de los gusanos. No quiso revelarme, ni por todo mi dinero, cuál era la fase final, el último episodio del agusanamiento; de todas formas, yo ya empezaba a colegirlo. Comprendí que era realmente despreciable, odioso, y que, no obstante, desde mi llegada al Círculo había experimentado más placer, incluso poder, del que jamás había tenido: ese era mi destino, lo justo, lo que yo siempre había ansiado.



En Agomorgo, la ciudad de los vampiros, conseguí la curación, pero a cambio tuvo que acceder a trabajar en una cripta, durante cuarenta años, como aprendiz de brujo. Perdí mi sensibilidad y mi temperatura, pero aprendí a resucitar a los muertos y a cómo esclavizarlos. En el Círculo, aprendí, toda muerte es aparente; los muertos pasan a un modo de existencia degradado, como esclavos de cualquiera que sepa las palabras oportunas, y su cadáver no llega nunca a pudrirse por completo.



En fin. No quiero cansarles. En este tiempo, debo decir únicamente que he sido aprendiz de brujo, brujo yo mismo, más tarde asesino a sueldo, proxeneta, rey, buhonero, mendigo y, últimamente, funcionario de la Administración. He contraído trescientas enfermedades venéreas y, dado que no puedo morir ni curarme, todas ellas me consumen con horror. Ahora realizo una tarea importante: la redacción de un folleto explicativo, con nueva nomenclatura, que sustituya el manual ya anticuado de Dante. Pronto, me han dicho, si soy confirmado como Alto Daimon, seré presentado al Gran Rey, cuando vuelva de sus vacaciones. Yo amo al Rey. Él da a cada uno lo justo, y se divide entre sus súbditos. Antaño fingía ser dos reyes, pero hoy sabemos que solo hay uno, repartido y generoso entre sus dos Reinos: primavera y verano en el paraíso, otoño e invierno aquí abajo.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Caras que nos salen caras (en directo)


Uno de esos momentos más que gratos que la tecnología nos permite atesorar y compartir: La Bossa y la Vida estrenando una de nuestras canciones favoritas en el Mercantil de Badajoz este jueves, 5 de diciembre. Ojo al momento Erik Satie. Gracias mil a Manuel Sánchez por hacerse cargo, con la exactitud que le caracteriza, del sonido.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Entrevista a Juanjo Respuela (guitarrista de Bloque)


Hablar con tus héroes no es algo que suceda todos los días. Desde que topé en la Red con Juanjo Respuela, guitarrista del grupo Bloque, había ido acariciando la idea de animarme algún día a hacerle algunas preguntas sobre su trayectoria en la banda y después de la disolución de esta. Al final, no he tenido más remedio que animarme a entrevistarle, y Juanjo, que es un santo, ha contestado con paciencia a casi todo (¡aunque seguiremos sin saber qué poder es el undécimo!).

Para los que no conozcáis a Bloque y a los proyectos posteriores de Juanjo, o queráis refrescar la memoria, a lo largo de la entrevista he introducido algunos vídeos que los presentan en acción.   Si os quedáis con ganas de más, aquí y aquí tenéis otras dos entrevistas. ¡Salud y buen provecho!

*

—¿Quiénes y cuándo fundasteis Bloque?

—Yo entré en el grupo en el 76, después de una escisión en Bloque, que dio origen a Ibio, otra formación interesante, más enfocada a las raíces cántabras. Quedamos Sixto y yo a las guitarras, Juan Carlos a los teclados y voz, Luis Pastor al bajo, Paco Baños a la batería y Tivo Martínez al sonido.

¿Cuáles fueron vuestros referentes dentro del rock anglosajón? 

—Pues bien variados. Peter Green, Pink Floyd, Soft Machine, Genesis, Cream, Beatles, Savoy Brown, Canned Heat, Neil Young, Gong, King Crimson, Hot Tuna, Vanilla Fudge... todo lo que caía en nuestras manos.

—¿Y del español? 

—Smash, Máquina!, Módulos...

—¿Hicisteis alguna vez versiones de otros grupos? 

—Claro, de Allman Bros., Fleetwood Mac, Golden Earring... aprendiendo.

—¿Había en esa época un circuito que os permitiera actuar por toda España en condiciones dignas? 

—Bueno, dignas, dignas... nos arreglábamos construyendo nuestros propios equipos, porque no había nada de nada. Pero nos movíamos por salas de Madrid, por el M&M, por Barna, en el antiguo Zeleste, por el Magic, en el Born. Y poníamos anuncios en Disco Exprés, la revista, para que nos llamaran de cualquier sitio, y allí nos íbamos.

—La música de Bloque tiene puntos de contacto con otros grupos de la época, como Asfalto o Triana, pero a la vez es muy singular. Pasado el tiempo, ¿crees que de algún modo formasteis parte de la escena del rock urbano, del 'rollo' o del rock progresivo español? ¿Cómo fue de estrecha vuestra relación con los otros grandes de la época? ¿Hubo rivalidad, colaboración, aprecio mutuo…? 

—Creo que sonábamos muy personales, sobre todo por nuestro concepto más sinfónico, por decirlo de alguna manera. Los teclados, el mellotrón, los desarrollos, las dos guitarras, nos daban un aire distinto al resto de grupos que nos movíamos por aquel tiempo. En cuanto a la relación con los otros grupos, imagina que había veranos que coincidíamos un montón de veces, juntábamos equipos, compartíamos cantidad de historias, comidas, cenas, hierbas... Iceberg, Triana, Asfalto, Leño, Dharma, Guadalquivir... También organizábamos nosotros unos Festivales en Torrelavega, por donde pasaron Lole y Manuel, Iceberg, Borne... infinidad de grupos.

—En los títulos y las letras de vuestras canciones abundan las referencias al esoterismo: La noche del alquimista, Conociendo a Abraxas, El silencio de las esferas ¿De qué lecturas os alimentabais por entonces? ¿Era un interés general del grupo o de alguno de vosotros en particular? (Y, ya que estamos, ¿qué poder es el undécimo?) 

—Al principio, las letras eran del gran Antonio Casares, poeta, profesor y músico también. Creo que hay una manera inteligente de explicar lo más transcendente y lo más cotidiano: la Poesía. Compartíamos muchas horas de furgoneta y de lecturas. Whitman, Hesse, Borges, Kafka, Jack London, Poe...


—En vuestro primer disco agradecéis al poeta Antonio Casares su colaboración. ¿Qué papel tuvo Antonio dentro del grupo? ¿Os habéis mantenido después en contacto? 

—Casares, “Tocho” era un ácrata músico, viejo conocido del grupo, y una fuerte inspiración al comienzo, y al que sigo viendo por las calles, o en los bares donde toco.

—¿Cómo percibisteis vosotros el cambio de tendencias musicales que tuvo lugar en los 80, con la entronización de la New Wave y la Movida? ¿Hubo un enriquecimiento o un empobrecimiento de la música rock? ¿Os perjudicó el cambio de paradigma? 

—En este país sin personalidad, en cuanto aparecen nuevas modas, los medios cambian de objetivos rápidamente, y en aquellos años, cuando surge el punk y la new wave, muchos críticos influyentes dejaron de lado al resto de músicos que no comulgábamos con las nuevas tendencias.

¿Cuándo se disuelve Bloque? 

—En el 83 dejamos de funcionar.

—Y ¿cuándo sentís que puede tener sentido volver a actuar como Bloque? ¿Os ha beneficiado la reivindicación del rock progresivo y sinfónico de los últimos años? 

—Nos hemos reunido varias veces, pensando que nuestra música se renueva sola, es atemporal, pero nunca hemos encontrado una continuidad. Ni posibilidad de hallar salas o Festivales a los que pudiéramos acceder.

¿Crees que hoy se valora con justicia esta música? 

—Sinceramente, creo que la mayoría del público carece de criterio. Los medios se encargan bien de mediatizar el consumo de cualquier tipo de arte.

Tras Bloque, ¿cuáles han sido tus proyectos musicales? 

—Después del 83, hice un grupo con mi mujer, “La Bea”. Y posteriormente fundé un estudio de grabación en Santander, donde grabé cosas muy interesantes y me dediqué a enseñar sonido y hacer Talleres creativos para músicos jóvenes. Actualmente toco con un trío que me parece un lujo, con Roberto Gamaza a la batería y Alvaro Yanil, bajista cubano. Hacemos bares y lo que podemos, pero esta tierra es muy ingrata cuando haces músicas personales.


Cuéntanos dónde y cómo podemos hoy día acceder a tu música, en directo o a través de grabaciones. 

—Pues en Spotify tengo dos discos, Notas al margen y Erizo en bajamar, grabados en solitario, y en notasalmargen.bandcamp.com podéis escuchar cómo sonamos en trío en un bar.


—De las canciones de Bloque, ¿podrías escoger tres o cuatro favoritas y explicar por qué son especiales para ti? (Yo me mojo y doy las mías, a ver si coincidimos o no: La libre creación, Fiesta de la mar y El hijo del alba.)

Fiesta de la mar es interesante. Y El hijo del alba es una bonita melodía. Yo añadiría Joven levántate, sobre todo en directo (en Youtube), por su mensaje tan actual. También Detenidos en la materia, del 4º disco, musicalmente me parece de lo mejorcito, con un saxo espectacular... y Añoranza... y....


Como guitarrista, te has dedicado también a la docencia. ¿Cómo ha sido tu experiencia en este campo? 

—Siempre me gustó enseñar lo que me apasiona. En los Talleres que hacía en el estudio, juntaba a 20 jóvenes músicos, les explicaba cómo se trabaja con el sonido en el estudio, sus posibilidades, y luego yo era un catalizador que les provocaba su propia creatividad. Al cabo de un mes, salían con un CD que habían grabado ellos, sin querer. Y a esos discos les tengo un cariño especial. La libre creación, ¿te suena?


¿Cuáles son tus guitarristas favoritos? ¿Y tu modelo de guitarra? 

—Pues sigo fiel al Peter Green de los primeros Fleetwood Mac, y al Mike Bloomfield más blusero. Ahora me sorprende Terje Rypdal, algo supremo en sonido y tensión, y, cómo no, Jeff Beck y el Hendrix. En cuanto a guitarras, sigo con mi Strato de siempre, con la que grabé todo lo de Bloque, y con una vieja Telecaster del 68. Y con un Fender Champ 12 pequeñito.

Con la música de los últimos 20 años, ¿has tenido alguna buena experiencia? ¿Qué te parecen, por ejemplo, Radiohead, Nirvana y REM? 

—Escucho mucha música, pero me dirijo más a música y menos a canciones.


http://horizontesdelrock.blogspot.com.es/2009/02/bloque-i.html http://horizontesdelrock.blogspot.com.es/2009/02/bloque-y-ii_11.html 

—Un abrazo.

(Uno para ti, Juanjo. Y gracias mil.)

domingo, 1 de diciembre de 2013

No digas que sí (Agustín García Calvo)


Ordenando grabaciones, he encontrado esta, un bonus track de la época en que anduve grabando unas cuantas de Valorio 42 veces, de Agustín García Calvo. Esta llevaba años musicada, pero nunca me había animado a darle curso. Hace unos meses la descarté, o al menos me olvidé de ella; pero ahora que la he encontrado no me ha parecido tan mala la grabación, así que la rescato. Dice el poema:



No digas que sí
ni de mí ni de ti.
Di que no,
que ni tú ni yo.

Si el arroyo supiera
que pasa y no vuelve,
no se reiría
con esos dientes.
Agua en las guijas,
que cuanto más me muero,
más maravilla.

No digas que sí.

Si supiera la nube
que el viento la lleva,
¡cómo llovería
de pura pena!
Lloros de nube,
que si le digo «Espera»,
al vuelo huye.

Di que no.

Si al jilguero le dicen
que canta lo mismo
que cantó su abuelo,
¡adiós a los trinos!
Trino y gorjeo,
que si tú no lo crees,
no me lo creo.

No digas que sí.

O si al sol le contaran
que hay mil y mil soles,
negro se pondría
como la noche.
Ay sol doliente,
que para que otros vivan
me das la muerte.

Di que no.

Y si a mí me aseguran
que tú ya eres otra,
les diré que viene
la flecha rota.
Rota la flecha,
que se me irían todas
si tú te fueras.

No digas que sí
ni de mí ni de ti.
Di que no,
di que ni tú ni yo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La danza de las sombras

Por lo que dejan ver,
van haciéndose tierra.
¡Hojas caídas!
(Tooyoojoo)

Una vez compuestas, unas piezas se resignan al olvido; otras vuelven cuando lo sienten oportuno y no paran hasta que reciben lo que demandan. Esta es de las que más contento me dejaron cuando le di forma: una melodía modal de flauta, más infantil que siniestra, que se desliza sobre una secuencia minimalista de dos acordes (A - G#m) al compás de un ritmo mecánico, como de reloj de juguete. A la pieza le ha brotado una letra, así que pronto habrá que volver a grabarla como canción propiamente dicha. Pero entre tanto le han crecido imágenes: las que le ha tomado prestadas al otoño el fotógrafo Santiago Hernández-Cano en este estupendo montaje, cuya confección es enteramente obra suya. Mil gracias, Santiago.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Quisicosa modal


Ya lo he contado alguna vez: salvo error u omisión, soy la única persona que conozco que disfruta con las clases de solfeo. Salgo de ellas con los ritmos nuevos dando vueltas en la cabeza, y no es raro que de ello acabe saliendo alguna melodía. Hoy hemos estado viendo los dosillos y cuatrillos en compases ternarios. Y, en verdad, alguno que otro hay en esta pieza modal minimalista...

jueves, 21 de noviembre de 2013

Danza del norte (again)


El precio de la continuidad es el cambio, dijo Ferdinand de Saussure. Y, en verdad, lo que no muta muere. No es el caso de esta melodía de Alfonso García Pecharromán, que con los años no cesa de engendrar nuevos arreglos y vericuetos. Así suena la versión de hoy, añadiendo al guiso una trompa (destinada a maese José) que anuncia el tema principal (y concluye luego la pieza) con una variación medievalizante.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Canción del mar (Francis)


Algunos hacemos muchas canciones. Otros, pocas, pero memorables. Las dos piezas instrumentales que compuso al violín mi amigo Francis (a la izquierda en la foto), El baile de los vampiros y la que les traigo, son dos de mis melodías favoritas. Como no tengo ninguna grabación suya tocándolas (aunque no desisto de conseguirla), me he puesto al mando de la Orquesta Encantada para dar idea, al menos, de una de ellas: la Canción del mar. Que suena así, con cita del maestro Juan Sebastián incluida.


Y asá después de limarla un poco y cambiar los timbres (salen la flauta y la guitarra, entran el clarinete-mellotrón y el clave).

martes, 12 de noviembre de 2013

La caída de Arturo


La cosa va así: quedas con un amigo, Josu Gomez, y comentas el último poema publicado de Tolkien, La caída de Arturo. Coincides en que el traductor ha hecho un trabajo digno, teniendo en cuenta que el metro original, basado en la aliteración, es impracticable en castellano. Al menos nadie lo ha intentado, que se sepa. Luego debe ser imposible: un empeño que no tendría sentido. Tras una leve sonrisa, comenzáis a traducir los primeros versos...

Hacia el Este va Arturo, con sus armas resuelto
 a emprender el combate en agrestes campiñas;
 va surcando la mar hasta el suelo sajón
para el Reino de Roma defender de la ruina.
A tornar y torcer la corriente del tiempo
su esperanza le urgía; y a humillar al pagano,
que en bajeles voraces a atacar no volviera
las bahías brillantes y las aguas bajeras
de Bretaña del sur, su botín saqueando.
Como el mundo va a menos en los meses de otoño,
y a su destino, raudo, va declinando el día
bajo la bruma triste y un hombre busca entonces
quehaceres y aventuras en lo que corre, aún cálida,
su sangre asoleada, así ardía su espíritu
por un postrer asalto en pos de eterna gloria
de proezas y orgullo, afrontando la prueba,
soportando en su empeño el embate del sino.
El hado mal urdido así le daba impulso
y con malicia Mordred endureció su mente:
'La guerra es sabia', dijo, 'dislate el demorarse.
Que sus templos se caigan; que queden sus bastiones
derrumbados, desnudos; calcinados sus diques
y sus islas, inmunes al paso de las armas
o al imperio romano, ¡que ahora apesten al cielo
en fuego de venganza! Feroz es vuestra mano,
os sigue la fortuna: ¡salid y someted!'

viernes, 8 de noviembre de 2013

Cantar de Hildebrando


El Cantar de Hildebrando es un poema épico (y edípico) medieval compuesto en antiguo alemán. Ayer me entretuve en volcar en verso español lo poco que nos ha llegado de él. Así sonaría:


Oí contar
que a solas dos guerreros se enfrentaron,
Hildebrando a Hadubrando, por entre dos ejércitos.
Padre e hijo tomaron sus corazas de héroes,
revisaron sus piezas y ciñeron la espada
sobre sus armaduras camino a la batalla.
Hildebrando habló entonces, el hijo de Heribrando,
que era el hombre mayor y de más experiencia;
empezó a preguntar con medidas palabras
quién del otro era el padre, de las gentes que viven,
«o de quién tú podrías resultar descendiente.
Con que digas lo uno, ya sabré yo lo otro,
muchachito, que a todos en el reino conozco.»
Hadubrando habló entonces, el hijo de Hildebrando:
«Nuestra gente me dijo, los que mucho han vivido
y son sabios, que era Hildebrando mi padre.
Yo me llamo Hadubrando. Hace ya largo tiempo
que mi padre huyó al este de la inquina de Otácher
junto a Dietrich y muchos de sus fieles guerreros.
Dejó atrás en la tierra a sus seres queridos,
a su novia en su alcoba y a su hijo pequeño
de su herencia privado. Se fue, pues, hacia el este
en auxilio de Dietrich, tan escaso de amigos
y que era de Otácher enemigo jurado.
Fue de Dietrich mi padre un vasallo excelente,
siempre al frente de todas las batallas y duelos,
y los hombres valientes bien sabían quién era.
Ya no creo que viva». Respondía Hildebrando:
«Sé tú, Dios, desde el cielo de estas cosas testigo:
nunca trabes combate con quien lleva tu sangre.»
Y tomó de su brazo un puñado de anillos,
con el oro del Emperador engarzados,
que el buen rey de los hunos en regalo le diera.
«Como prenda te doy esto de mi amistad».
Respondiole Hadubrando, el hijo de Hildebrando:
«Con la lanza se debe recibir tu regalo,
contra punta su punta. Sin medida tú astuto
te creíste, huno viejo. Me lanzaste palabras
para, en ellas trabado, arrojarme tu lanza.
Si has llegado hasta viejo fue con estas argucias.
Me contaron las gentes de la mar, que al oeste
del océano viajan, que murió combatiendo.
¡Muerto yace Hildebrando, el hijo de Heribrando!»
Hildebrando habló entonces, el hijo de Heribrando:
—Por las armas se ve que en tu casa un maestro
diligente tuviste, y que nunca al exilio
te enviara tu príncipe.
(…)
Por desgracia, buen Dios, me golpea el destino.
Ya sesenta veranos y otros tantos inviernos
vi pasar, en la tierra de otras gentes varado.
En la línea del frente combatí con denuedo
y jamás me mataron al tomar algún fuerte
¡y ahora llega mi hijo para hundirme su espada
y clavarme su hacha, si antes yo no lo mato!
Mas, si tienes agallas, bien podrás sin esfuerzo
al anciano que soy despojar de su cota
y llevarte el botín, si es que a él tienes derecho.
(…)
Ni el peor de los hombres del Oriente querría
malgastar la ocasión de enfrentarse contigo,
deseoso como eres de justar. Así cueste
lo que cueste, veamos quién se lleva estas armas
y podrá reclamar las dos cotas de malla.»
Dejan ya navegar cenicientas sus lanzas,
golpes ágiles lanzan, que detienen rodeles.
Ya se acercan a pie, los brillantes escudos
golpeando con fuerza hasta que hacen saltar
con su espada el escudo…
.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Qu'est-ce que tu fais dans la vie?


Tengo la pequeña superstición de que uno no entra de veras en una lengua hasta que se lanza a componer algo en ella, por minúsculo y risible que sea. En los días en que andábamos por Atenas, hace ya algún decenio, nos divertimos no poco con aquella rumba minimalista que decía Katalabenis Eliniká? Katalabéno poli kalá! Pues, del creador de tonada tan patafísica, llega esta canción en francés, un tanto más presentable porque en la letra he integrado sugerencias de Josu Gómez, @cronopiodeley, y @wilbpack. No me he atrevido a cantarla, pero así suena la música, y así dice la letra, por si Vds. sí se animan.

Qu'est-ce que tu fais dans la vie?
Qu'est-ce que tu fais dans la vie?
—Je suis la crème de la crue,
je suis la fleur de l'ennui,
de la vie j'ai tres envie!

—Qu'est-ce que tu fais dans ma vie?
Qu'est-ce que tu fais dans ma vie?
Je suis le glas du perdu,
je suis le non et le oui,
ton mal ancien pas guéri.

A la recherche de la Vierge de lumière,
je foule l'ancien cimetière.
Êtes vous luciole ou peut-être feu follet,
rose dont l'arôme étiolait? 

(Edito la música y la letra: añado una sección intermedia, sobre acordes menores.)

martes, 5 de noviembre de 2013

Caras que colorear



Discurríamos estos días mi amigo Sergio y yo sobre las canciones tristes con música alegre (bailable, incluso). Esta, la última de momento de La Bossa y la Vida, pienso que ilustra bien el caso. Así de bien la canta Fátima, y así marcha la cosa:

Cara de que no me quieras,
cara de que me dé igual;
caras que nos salen caras,
caras que colorear.

Cara de que te pregunten
lo que piensas de verdad;
cara de que no les guste,
cara de dejarlo estar.

Cara de que te recuerden
todo lo que hiciste mal;
cara de cruzar los dedos
para volver a empezar...







sábado, 2 de noviembre de 2013

Halloween y el espejismo de lo castizo



Sobre esto de Halloween, ¿soy el único que piensa que prácticamente nada de lo que asociamos con esta fiesta es exclusivamente anglosajón, y que (casi) todo estaba ya en el folklore español (y universal)?

Si les parece, repasemos. El grupo de niños que va recorriendo las casas pidiendo un obsequio es, como poco, tan antiguo como una de las primeras piezas conservadas de la lírica popular griega antigua, la Canción de la golondrina que se cantaba en Rodas al llegar la primavera. Ha llegado hasta nosotros a través de Teognis de Rodas, un autor del siglo III o II a.C., y dice así, en la versión de García Calvo (en su Poesía antigua (De Homero a Horacio), pp. 105-6:

Ya vino, ya vino
la golondrina,
trayendo el buen tiempo
y las buenas añadas,
por el vientre tan blanca,
por el lomo tan negra.
Saca torta de higos
de esa próspera casa,
y el jarro de vino
y el cestillo de queso.
Tampoco el hornazo,
tampoco el rebojo
la golondrina
no los rehúsa, no.

¿Qué, que dices «vete» o que dices «ten»?
Sí, si algo das: si no, no te hemos de dejar.
Llevémonos la puerta o el montante o bien
a la mujer que dentro sentadita está.
Pequeña es ella: alzarla no nos costará.

Pero, si traes cosa buena,
lleves tú bienes mil.

Abrir la puerta a la golondrina, abrir, abrir:
que viejos no, no somos: niños somos, sí.

Pedazo de truco o trato.  Nos hemos ido a Grecia a buscar los precedentes para que se vea hasta qué punto el invento tiene solera; pero más cerca en el tiempo y el espacio tampoco nos habría costado mucho encontrar rituales análogos. ¿No salen los mismos niños que se disfrazan por Halloween a pedir el aguinaldo por Navidad, sin escándalo de la Conferencia Episcopal? Las canciones infantiles de cuestación han deleitado a más de un etnógrafo: aquí tienen por ejemplo un trabajo sobre estas canciones en el folklore vasco. En Améscoa (Navarra), por la fiesta de san Nicolás, cantan los niños:

Angelitos somos, del cielo venimos, 
alforjas traemos, turrones pedimos, 
para Jesucristo que viene en el camino, 
lavándose la cara con agua rosada.

¿Y en Extremadura, aún más cerca del que esto les escribe? Pues también se ronda, se canta y se exige, claro. Por ejemplo:

Si no me das aguinaldo
al Niño le he de pedir
que te dé un dolor de muelas
que no puedas resistir.

¡Ay tiritití...,
¡Ay tirititando!
No ve voy de aquí
sin el aguinaldo.

El aguinaldo real
son dos libras de galletas,
un cuartillo de aguardiente
y dos turrones de almendras.

¡Ay tiritití...,
¡Ay tirititando!
No ve voy de aquí
sin el aguinaldo.

Visto que la cuestación tiene poco de exótica, ¿será entonces la costumbre de disfrazarse de animales y demonios lo que habremos tomado como tontos de los anglosajones? Pues... Ya se huelen Vds. que, sin remontarnos (por pereza) a las pinturas rupestres que representan a hechiceros vestidos del equivalente paleolítico del Jarramplas o demás espantajos populares,  las mascaradas fúnebres nos pillan bien cerca. En su libro de 1947 Costumbres españolas de nacimiento, noviazgo, casamiento y muerte, p. 338, Enrique Casas describe un espectáculo multimedia que deja chicas la mayoría de las macabrerías de Halloween:

En Selva del Campo (Tarragona), durante el velatorio del cadáver de un párvulo, los vecinos acuden a la casa mortuoria y hacen caretas, esto es, se disfrazan, se ponen unos dientes de cebolla, se envuelven en sábanas, apagan las luces y encienden una sartén de azufre.

Así que, dirán Vds, al final resulta que lo único netamente anglosajón era la calabaza convertida en cabeza humana, el famoso Jack O'Lantern. Pues no es por llevar la contraria, pero veamos cómo describe en 1957 Joan Amades a la Setrilla, asustaniños célebre en Prat de Comte (Tarragona):

ser extravagante que trataban de representar por medio de una cántara vieja e inservible, en cuyo cuerpo practicaban dos agujeros más o menos simétricos, que querían figurar los ojos; dentro del buche colocaban un candil de aceite encendido, colgaban el artefacto del techo en una habitación oscura y por medio de una cuerda lo hacían balancear. La oscuridad y el azoramiento no permitía a los niños darse cuenta del engaño, y creían hallarse ante un fantasma temible.

No es una calabaza, cierto. Pero la imagen, además de conectar con Jack O'Lantern, nos envía a la vieja Gorgona de los griegos, y a otros muchos espantos del folklore que toman la forma de una cabeza sin cuerpo.

En resumen: lo único especificamente anglo de Halloween es el nombre; y aun este lo es solo hasta que lo traducimos. La forma completa, All Hallows' Eve, significa simplemente la Víspera de Todos los Santos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Ordenanzas


Novedades del pasado. Una décima dialogada (o dialéctica).

Ordenanzas 

Ordenemos. (¿Disequemos?) 
¡La pureza! (¿El purismo?) 
Da lo mismo. (No es lo mismo.) 
Despejemos. (¿Recortemos?) 
Aclaremos. (Prediquemos.) 
Reglamento. (¡Anarquía!) 
¡Norma y orden... (¡Armonía...) ...
de lo justo! (...del capricho!) 
Previsibles (tumba, nicho)
circulemos (:policía).