martes, 13 de diciembre de 2011

Otoño recién afeitado


Como se acerca el invierno, hago acopio de provisiones: aquí van las ocurrencias tuiteras de las últimas semanas.


¿Agonizando? Si cree Vd. que su muerte es prematura, pulse 1 y desespere; si desea elegir entre nuestro menú de famous last words, pulse 2.

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En un examen. Alumno con dudas: Yo es que no soy mucho de leer enunciados.

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Salomón ahumado (sic) en el número 10 de Ophelia: teatro y poesía.

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Dice mi niño que le gustan los brillancicos. Linda sinestesia.

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Lírica arañuela: El primer novio que tuve / lo puse en un plato fino / y se lo comió mi gato / pensando que era tocino.

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Estética elemental: lo que de verdad es bello se parece más, por intenso, a lo doloroso que a lo sencillamente agradable.

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(Sobre un pie de Alejandro Jodorowsky)
Monumento Pánico: un libro impreso en hojas de afeitar.

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Estética (II). La técnica simbolista: escribir entre líneas. Ese intertexto, nunca cerrado, es la verdadera obra de arte.

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El lema de Jung, Vocatus atque non vocatus deus aderit, es cierto en la medida que es circular: Dios llamaba el maestro a lo que se presenta sin aviso y te trastoca. Pero eso, sin duda lo esencial, es anterior y externo al nombre que eligas pegarle.

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Trayectoria ejemplar: un papel que lleva el viento.

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Jodorowsky: Si subes a lo más alto de los sueños, encuentras al que te está soñando.

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Si tu ojo te ofende, sus motivos tendrá. Investiga.

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En el reino de los ciegos, solo el tuerto es picajoso.

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Leyendo el Quijote: señores que vomitan sobre señores que, al verse vomitados, vomitan a su vez sobre el vomitador. Políptoton con tropezones.

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El Quijote: vómitos, mierdas y perros manteados por Carnestolendas. Y de El Buscón ni hablamos. Todo nuestro Barroco es un mar de gapos.

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Creeremos en el Señor de los Ejércitos cuando consiga controlarlos. De momento, andan todos desmandados y a la greña.

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Ya lo decía Tzara: pase lo que pase, no nos pongamos históricos.

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Pensando en el frío que pasaron los románticos. Por estas fechas señaladas, me gustaría regalarles algo. Aire asado. Aliento de dragón.

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En Spotify: cancionacas para partir corazones de piedra; canciones artúricas; cuentos de hadas; miniaturas (canciones por debajo de un minuto y medio).

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Mi niño, al oído: —¿Sabes dónde está el infinito, papá? En el espacio exterior. Es el planeta más lejano que hay. Y tiene color. (Duda un momento.) Yo creo que es de color blanco.

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Hay algo satisfactorio en solfear mientras llueve. Es como bendecir lo que se acerca.

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Mi cuento ultrabreve favorito, de Ric-per-mar: Temíamos al dragón, sobre todo, por sus lágrimas.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Charcos de otoño


Vuelvo sobre los valses fríos, aunque esta vez el timbre afilado del violín y la sonoridad recurrente del acorde menor de sexta deja la cosa a medio camino entre la miel más o menos balsámica y el ruido de una tiza en la pizarra. Los acordes, siempre los mismos, se pueden tocar en una guitarra con las cuerdas al aire; para compensar, la melodía atraviesa diversos modos, sin dejarse enredar del todo por ninguno.


martes, 6 de diciembre de 2011

Paisajes


Inevitablemente, nos desplazamos. Cambia así nuestra visión: no tanto porque veamos distintas las cosas, sino porque vemos cosas distintas. En cada punto, hay lo que hay, tiende a preocuparnos los que de hecho nos ocupa —y es sano ajustarse a eso; no me lo parece tanto confundir lo invisible con lo que no hay, declararlo error o engaño. (Y quien dice no ver, dice verlo diminuto, demediado, y asombrarse de que haya podido tener alguna importancia, o la retenga.) Lo que aquí y ahora no vemos, otros (quizá nos-otros mismos, en otro momento) lo vieron, ven o verán. Nunca sabremos su importancia hasta que se decida a reclamarla.

El lema de Jung, Vocatus atque non vocatus deus aderit («Llamado o no, dios se presentará»), es cierto en la medida en que es circular: 'Dios' es en este sentido lo que se presenta sin aviso y te trastoca. Es decir, aquello que rompe tu idea de lo que puede ser o es y te religa (de ahí, religión) con lo imprevisto y desconocido.

Pero a eso mismo lo llamaba Lennon la vida: what happens to you while you're busy making other plans; otros, amor, en sentido tan amplio como sea posible: lo que conecta a las cosas y las personas, generando eso que llamamos 'sentido'. Aquel, en fin, 'placer', cuando constataba que ese señor no cena nunca en casa.

¿Quién no se ha sentido alguna vez desconectado de lo que hay, de los otros, de uno mismo? Pero, al igual que nada ni nadie está a salvo, tampoco está (de verdad) al margen. Sentirse así nos asemeja de hecho (nos acerca, aunque no lo parezca) a otros. Lo llamamos hermandad, pero queremos decir manada, calor animal. Nuestra única salvación contra el frío.

Y no es verdad, dolor, yo te conozco:
tú eres nostalgia de la vida buena.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Yo contra el punk

Yo contra el punk no tengo nada. A lo largo de toda de su historia, seguramente haya aportado cinco o seis canciones interesantes. Más de la mitad, escritas por Glen Matlock, el bajista de los Pistols, admirador de los Kinks, los Who, los Faces... El resto, por Joe Strummer, de los Clash, hippie de conversión tardía y reversible. En resumidas cuentas, el punk es como el modernismo: solo fueron 100% punks los mantas incapaces de otra cosa. Villaespesas con cresta.


miércoles, 30 de noviembre de 2011

El varón demediado


Parafraseando con intención a Italo Calvino, planteo un tema nada polémico. Leo que Google pagará el cambio de sexo de sus empleados. Y me hago un par de preguntas. Primera: si vivimos en una sociedad aún muy machista, en la que ser varón da ventajas en muchos aspectos, ¿por qué el cambio de sexo se produce prácticamente siempre en la dirección 'varón quiere ser hembra'? Segunda: si se aduce para ello una cuestión práctica (es más sencillo eliminar el pene y dejar en su lugar una vagina que lo contrario), ¿no flota de fondo la vieja ecuación que hace del hombre un ser, si no más perfecto, sí más complejo o dotado, y de la mujer un término más sencillo (de modo que hombre - pene = mujer)? Lo que queda muy cerca de la idea freudiana de la mujer castrada. (Pero, en cambio, los hechos no parece que apoyen su hipótesis de la envidia de pene: lejos de quererlo quien no lo tiene, algunos de los que lo tienen lo sienten como un incordio del que desean deshacerse.)

sábado, 26 de noviembre de 2011

Christmas Seed

Ya lo he confesado alguna vez: las clases de solfeo, que para mucha gente son un tormento, o al menos una pesadez, a mí me inspiran. Sale uno con los compases nuevos que ha ido descubriendo (hoy, un 2/2), y a poco que te descuides, el repaso se convierte en ocurrencia. Esta que les traigo va, en efecto, en 2/2 y fluye en si menor a la manera clásica, que no modal, con abundancia de notas sensibles y cadencias de dominante. Solo los timbres son modernos: melotrón y piano eléctrico. Componer algo así es en realidad hacer variaciones sobre un tema que es a la vez omnipresente e invisible. Me pregunto (y no alcanzo a responder) si a pesar de eso se sentirá en la música eso que llamamos estilo de cada uno, o si la pieza podría pasar por una composición de siglos atrás. Vds., si quieren, dirán.




Actualizo. Así suena la pieza con algunas ideas del maestro Aníbal y otros ajustes varios, ahora para flauta y clave.


domingo, 20 de noviembre de 2011

La sazón del olvido


Una gymnopedie para aliviar días que, como este, no se prometen muy alegres. Danzan un vals el harpa y la flauta travesera.



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Nueva versión habemus, para melotrón y piano electrónico:




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Y entonces, sin más protocolo, llegó la letra:

Toda la noche soñé
con arañar tu papel;
entre sombras te quise cortar
una flor como haría Tristán
a Iseo.

Muerde la mano de miel.
Piensa que es justo tener
tantos nombres que puedas dudar
si la Muerte sabrá descifrarlos
todos.

Sueña la liebre fugaz,
vuela incapaz de llegar
donde tú con tu caparazón
vas rodando, incapaz de frenar
el tiempo.

Salvapantallas azul
tiñe mi espera de blues
mientras pienso si al fin llegarás
y saldremos por fin a buscarnos
juntos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

domingo, 13 de noviembre de 2011

Coplas del 20-N

...y ahora que por fin manda el PP...
(Rafael Herrera)

En el verso que llaman mayor por su arte,
medieval según dicen, pero aún practicable,
te querría contar lo que pienso. Me abate
la inminente derrota de las huestes sociales,
que por más que a su nombre nunca hicieran bastante
honra, son lo que queda donde pueda agarrarse
en su ruta al abismo el sufrido votante
que no está muy seguro de que privatizándose
vayan a ir a mejor los que hoy, estatales,
mal que bien nos proveen de salud (hospitales),
enseñanza (colegios) y otros bienes atales.
Ayer conservadores, hoy ultraliberales,
las derechas voraces con sus vicios contables
provocaron la crisis que ahora dicen salvable
recortando derechos y añadiendo caudales
a los ya procelosos bancos irreprochables
y al agudo inversor que en andar por el cable
adquirió, virtuoso, un poder tan notable
como falto de rostro —que si cae por el aire
allá va del Estado nuestro erario a salvarle;
mas si medra, no hay cuenta que nos toque un adarme
de las mágicas sumas que convoca su arte.
Dicha la misa, fecho el desastre,
barren la mesa con garbo notable
y se agencian las migas cual gestores del hambre:
más con menos, nos dicen, fácil es de lograrse
con que vuelva el poder donde debe quedarse
y renuncie el obrero a buscar sindicales
garantías: ¿acaso trabajar no es bastante?
¿A qué andar exigiendo posiciones estables
si el mercado es mercurio, solo en sustos constante?
Eso dicen, expertos en ambiguas verdades
que ellos mismos las hacen y las venden a pares,
ora hundiendo el Estado, ora yendo a ganarle
democráticamente para despedazarle,
sus mejores porciones regalando de balde
al poder que financia su despliegue notable
de emisoras, periódicos y otros medios radiales
con que forman las masas que de vuelta han de auparles
a las altas poltronas, dizque presidenciales.
No es mi voto, por cierto, mercancía estimable
en negocio tan pingüe; más bien, sé que si sale
nulo, blanco o rosado, o si en doy en negarles
la alegría siquiera de emitirlo, les vale
todo igual: es tan cierta la victoria espantable
que Estadística y Dios les prometen, que saben
que han ganado y nos dictan por doquier jaque mate:
suya es Grecia y es suya la pantalla en que salen
dibujados los versos que quisieran borrarles.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Verso libre


Leyendo a Tomás Segovia, un libro de ensayos, para mí nuevo: Recobrar el sentido. Lo abro por una conferencia que dio sobre el verso a una comunidad de versadores, gentes que improvisan décimas y otros géneros populares. Segovia tiene la cualidad de ver las cosas desde una perspectiva simple, en cierto modo, pero nada trillada. Observa, por ejemplo, que la música que llamamos rítmica, como la caribeña, es la menos obediente al compás: está llena de síncopas. Es así —por eso el verso libre lo inventaron los simbolistas franceses, obsesionados con la música del verso. Solo un batería experto puede tocar sin acentuar ni una vez los tiempos fuertes y variando sin aviso de compás —sin que por eso deje lo que toca de sonar, incluso como acompañamiento convincente de una canción. Juan Ramón Jiménez o Luis Cernuda son, entre nosotros, ese tipo de músicos verbales (poetas) que optan por un ritmo sutil, la música callada. Pero, salvo en su caso, qué pocas veces suena el 'verso libre' a otra cosa que a un abuso de la inercia y la tipografía.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Adiós, Tomás Segovia


Otro que se nos va, esta vez, supongo, del mal de la próspera, como él lo llamaba. Sólo vi un par de veces al poeta, que resultaba fácilmente accesible: se sentaba a trabajar en el Café Comercial de Madrid armado de bolígrafo y paciencia y no se enfadaba demasiado si uno acudía a interrumpir su tarea con dudas sobre métrica u otras materias sacras. Supimos así que era también músico, aficionado pero competente (flautista mozartiano, si no mal recuerdo), y que de su paso por Breton y otros suprarracionales había salido vacunado contra la asociación de la poesía con la magia ('cuando oigo las dos palabras juntas', nos decía, 'recuerdo a aquel jerarca nazi que al oír la palabra Cultura le quitaba el seguro a su pistola'). Tan libre era el curso de la conversación que recuerdo también su opinión sobre el terrorismo de Estado ('esas cosas se hacen, en un momento dado, si no se queda otra opción; pero resulta totalmente aberrante darles una cobertura legal'). Discutimos también sobre las vocales breves y largas, pero confieso que ya he olvidado su solución al problema (cómo puede producirse dos veces lo mismo, sin pausa gramatical que valga, y percibirse como dos y no como uno) —recuerdo, apenas, que la solución del maestro Agustín, que le aportamos por si acaso (considerar esas vocales bímoras, estableciendo por tanto un límite y una pausa entre lo uno y lo mismo), no le convencía.

Como Sánchez Ferlosio o el tite Antonio, Tomás Segovia era un hervidero continuo de ideas, que brotaban sin esfuerzo, pero delataban muchas horas de cábalas y cavilaciones. También como ellos, sospecho que deja muchas de ellas por concretar —pero con las que contiene su obra publicada hay para celebrar y ahondar durante mucho tiempo. Si no harto consuelo, alguno, al menos, nos deja tan feliz memoria.

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Un homenaje (y su legendario soneto de rima en -oño) en el blog de la Biblioteca.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Gerontocracia


Señala Luis Barbero que, gane quien gane las próximas elecciones, ya ha ganado la opción conservadora de ambos partidos por un candidato muy viajado, a quien resulta difícil pillar en renuncio. Aún estamos lejos de la gerontocracia soviética, pero todo se andará. Adiós, eso sí, a los Panteras Grises, que se quedan sin señas de identidad: lo viejo se integra en la opción estándar. El lema del día podría ser el de Gandalf: A las raíces profundas no llega la escarcha; / el viejo vigoroso no se marchita. En el fondo, es un regreso al modelo arquetípico del consejo de ancianos (de senex, «anciano», viene senado). Cuando un pueblo se siente aventurero, le salen gobernantes young and able, como mi tocayo el Magno o el Obama al que votó la gente (quizá no el que está gobernando). En horas de desconcierto, se prefiere lo malo conocido a lo bueno por descubrir. Como darle la vuelta a un jersey ya gastado, esperando en vano jubilar la pelusa: tras los liberales, los conservadores, y así hasta el bostezo. Lo canta David Gilmour: Thinking that we're gettting older and wiser, / when we're just getting old.


lunes, 31 de octubre de 2011

Las cruzadas de Rick Wakeman


Que Rick Wakeman, el famoso teclista de Yes, no es ningún tonto ya lo sabíamos todos; pero yo, al menos, no conocía su sentido del humor. Como me ha hecho gracia esta columna suya, que aparece en el último número de la revista Classic Rock Presents Prog, me animo a traducirla:

LAS CRUZADAS CON CAPA DE RICK WAKEMAN

Hoy: cuando te reúnes con tus fans, quizá sea mejor mantener tu parte trasera bajo control.

Hace ya algunos años que me di cuenta de que tengo ciertos poderes que otros no tienen la suerte de tener. Sobre todo, he sido bendecido, según parece, con la habilidad de leer la mente de otras personas. Este don se ha puesto de manifiesto muchas veces en el pasado, pero he decidido compartir con vosotros un incidente en particular.

Justo el mes pasado, después de un concierto que di cerca de Nottingham, un hombre y su mujer, ambos en la mitad de la treintena, junto a su hija adolescente, se acercaron a la mesa donde yo estaba sentado firmando autógrafos, para preguntarme si me importaría firmarles un CD mío que habían comprado en la tienda Oxfam de su localidad ese mismo día, algunas horas antes.

Comencé a firmar mientras el hombre seguía contándome que la etiqueta del CD marcaba 50 peniques, pero que les dio un libra, como si fuera para obras de caridad. Entonces mis poderes psíquicos se activaron.

Miré a su hija y al instante leí su mente. Decía: «¿Por qué he venido a este concierto? Me arrastraron acá. Me he aburrido todo el rato y me aburro ahora mismo. Quiero irme a casa de una vez.»

En cualquier caso, la miré de arriba a abajo y supe en ese momento que ella no compartía mi talento para leer la mente. Si lo tuviera, me habría dado un golpe o me habría soltado algo como: «¡Viejos rockeros de mierda, sois todos unos pervertidos! Deberíais avergonzaros de vosotros mismos.»

Entonces, el padre me dijo que le gustaría hacerse una foto conmigo con su teléfono móvil. Su esposa no conseguía hacerlo funcionar y me encontré leyendo su mente, la cual, sorprendentemente, contradecía por completo las palabras que realmente salieron de su boca, que fueron: «No te preocupes, cariño. Hannah lo hará». Se refería a su hija. Pero lo más interesante es que en su mente se leía: «¿Por qué me casé con esta vieja vaca inútil? Llevamos ya tanto tiempo casados que me estoy quedando sin mujeres en las que pensar mientras follamos».

Me encontraba en este punto crucial cuando me tiré un pedo. Los tres me miraron, dudando a quién de nosotros se debía esta aportación más bien hostil al ambiente.

Decidí leer sus mentes. El padre echó una mirada a su mujer y su mente decía: «Dios mío. Encima de todo, va y se tira un cuesco.» La madre echó una mirada a su marido y su mente decía simplemente: «Sí. Este es uno de los suyos». La hija me miró y leí su mente: «Asqueroso pervertido, gordo y pedorro. ¡Das asco!»

«¿Te ha gustado el concierto?», le pregunté. «Sí, gracias».

La familia se alejó de la mesa. «Creo que se ha tirado un pedo», le dijo Hannah a su padre mientras se dirigían a la puerta.

«Ha sido tu madre», le oí responder.

domingo, 30 de octubre de 2011

James Hillman boga por el Aqueronte


Se nos ha muerto, esta semana, James Hillman, un autor que poco a poco se va publicando en España, gracias a editoriales como Siruela y Sexto Piso, pero del que aún queda mucho por desplegar. Hillman fue a Jung lo que Jung a Freud: el más atento y heterodoxo de los discípulos. Su discrepancia fundamental consistió en deducir, del politeísmo que el propio Jung había abrazado, una psicología igualmente rica en puntos de vista, en la que el Yo es un arquetipo poderoso (el del héroe), pero no el único ni el principal. Así, los sueños no están a su servicio: no nos dicen qué hacer cuando despertemos, sino dónde estamos, en qué casilla del sueño. Hillman también es único en su lectura del psicoanálisis, que en cierto modo deshace la tarea de Freud (pero no hay Dios ni hay Ley que a contradanza / no se puedan bailar, advirtió el poeta): si el Vienés psicologizó los mitos, comenzando por el de Edipo, Hillman argumenta de forma convincente que solo pudo hacerlo mitificando la psicología. Así, él mismo acabó siendo el protagonista de una historia edípica, con sus hijos espirituales (Adler, Jung) hundiendo en él lo mismo raíces que puñales.

Hillman planteó también lo que casi nadie se atreve a decir: llevamos un siglo de terapia y el mundo no parece haber mejorado nada. Más bien todo lo contrario. La causa, aventura, es el enfoque subjetivo, egoico, del análisis: si alguien llega a la consulta del psicólogo desalentado, confuso o colérico, la persona que lo trata tiende a plantear toda esa riqueza sentimental como una pertenencia (y un problema) de quien la demuestra, cuando en realidad se está manifestando en ella la vida de toda la comunidad, y de eso que solemos llamar entorno o naturaleza. Para superar ese enfoque que culpa al conductor estresado de su estrés sin tener en cuenta el atasco ni la vegetación sofocada por el asfalto, Hillman propuso una recuperación del análisis marxista (no se puede curar de nada al obrero sin modificar el sistema de producción) y de la noción del Anima mundi: si el mundo no mejora es porque él mismo está enfermo, esperando que alguien cure sus múltiples llagas.

Pródigo en pensamientos (que no frases) memorables, Hillman nos dijo entre otras cosas que el libro que se guarda en el cajón de todas las habitaciones de hotel de EE.UU. está equivocado: es una Biblia; debería ser la Odisea.

lunes, 24 de octubre de 2011

Heart of Gold


...and I'm getting old.


Mi corazón no es oro, sino carne
salada que atesora lo que es bueno
y envía su resumen por doquier.
No he muerto, y sin embargo para algunos,
guardando en mi regazo multitudes,
apenas soy quien soy.

sábado, 22 de octubre de 2011

viernes, 21 de octubre de 2011

Cristo (como Edipo) Rey


Hay un problema con Cristo. La animadversión más o menos comprensible que se le pueda tener («¡aplastad al Infame!») por los crímenes cometidos en su nombre, desde una postura atea, anticlerical o pagana, choca con la humillación total del personaje. Nada le podría desear uno a Cristo peor que lo que, según su cuento, le pasó. Murió, sí, aplastado, burlado, convertido en una parodia sangrienta de las esperanzas que se habían depositado en él. Su Resurrección tiene, inevitablemente, el valor simbólico del retorno de lo reprimido y vilipendiado, la reivindicación (necesaria, pero apenas creíble) de todo lo que mereció mejor suerte. Nos pagarán con oro por nuestras penas. / Seremos la merienda de los gorriones.

domingo, 16 de octubre de 2011

Toma y daca (leixa-prén)


Salen a la calle mis lindos amores
a maldecir alto contra sus señores
y ay Dios qué bien parecen.

Salen a la calle mis lindos hermanos
a maldecir alto contra sus tiranos
y ay Dios qué bien parecen.

A maldecir alto contra sus señores:
medios demediados, tribunos traidores
y ay Dios qué bien parecen.

A maldecir alto contra sus tiranos:
banqueros sin blanca, clérigos marranos
y ay Dios qué bien parecen.

Medios demediados, tribunos traidores
y expertos en turbios denominadores
y ay Dios qué bien parecen.

Banqueros sin blanca, clérigos marranos
cortos en alcance y largos de manos
y ay Dios qué bien parecen.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Vals de entretiempo

El regalo de esta tarde: una canción sin palabras (ni imágenes).


Ciento Volando - Vals de entretiempo (redux1)









*

Llegaron las palabras:

Flora de azar,
jara y sedal,
vals de entretiempo.
Luna de sal,
funde el cristal
bajo tu aliento.

Puedo enredarme,
tratar de aliviarte,
soñar tu crepúsculo impar.
Puedo soltarte,
dejarte sin arte,
volver donde nada es verdad.

Carpa de mar,
nervios de sal,
circo de invierno.
Risa fugaz,
vuela y se va,
novia del viento.

Puedo nombrarte,
tratar de escucharte, olvi-
dar que no sé dónde estás.
Puedo esquivarte,
dejar de esperarte,
rezar que no existes ya más;
cerrar nuestra puerta de atrás.

*

Pero la pieza, ay, siguió mutando (y mutando)...


Ciento Volando - Waltz de entretiempo (redux)