martes, 29 de junio de 2010

Qué guapa era Carmen


No me toca juzgar lo que pueda haber enseñado, pero en estos años de docencia he aprendido, y cómo, de mis alumnos. En especial, siempre que les he animado a adentrarse en el folklore, hurgando en su memoria o en la de sus mayores, he salido maravillado, como en esas expediciones que solíamos hacer de pequeños, a lo Breton, en busca de piedras.

De vez en cuando, me vuelven a la memoria algunas de las canciones que recogimos para el Cancionero y Romancero del Campo Arañuelo. Ésta es una de las más bonitas, interpretada por Sara Llanos Álvarez, del pueblo de Mirabel, nacida en 1928, y recopilada por Sara Cabezón Sancho.


¡Qué guapa era Carmen,
qué rubia era Elena,
Matilde, qué buena,
qué alta Salud,
Emilia, qué guapa,
Pilar, qué bonita
y qué bien Sarita
tocaba el laúd!

jueves, 24 de junio de 2010

Parecidos razonables


(Que diría Rafa Corega)

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

(Leopoldo María Panero, Así se fundó Carnaby Street)

*



Por la casita encantada
no te has dejado caer.
Los dulces se están perdiendo,
está volviendo a llover.
Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando.
Las hadas buenas ya se han marchado.

La pequeña bailarina
por ti ha vuelto a preguntar.
Sentados los dos al fuego,
cuenta cosas de su capitán.
Te echamos todos de menos,
no han vuelto a dar cuerda a la caja musical.
¡Qué tristes parecen las burbujas del champán!

¿Y en qué he vuelto esta vez a fallar?

Se van quedando dormidos
en cada rincón del hogar,
los corazones de trapo
están muy lejos de la realidad.
Dejo entornada la puerta,
de un momento a otro puedes cruzar el umbral,
aferrado a tu retrato...

No das señales de vida,
yo ya empiezo a envejecer.
¿Te acuerdas de la casita?
Pues ahora han construido un hotel.
Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando.
Las hadas buenas ya se han marchado.

martes, 22 de junio de 2010

¿Soy yo quien anda esta noche?


Antonio, que tanto nos falta, tenía mucho que contar sobre la sensación de extrañeza que provoca (al parecer) el aura epiléptica y que él consideraba almendra tanto de su propia sensibilidad como de la de JRJ. Al hilo de esos razonamientos, le pregunté una vez por este poema, y estuvo a punto de contarme lo que pensaba, pero llegó la aurora o alguna otra transeúnte y la conversación cambió de tercio.

Se trata de un romance incluido en Jardines lejanos, de 1904. En una de sus versiones, dice así:

¿Soy yo quien anda, esta noche,
por mi cuarto, o el mendigo
que rondaba mi jardín,
al caer la tarde?... Miro
en torno y hallo que todo
es lo mismo y no es lo mismo...
¿La ventana estaba abierta?
¿Yo no me había dormido?
¿El jardín no estaba verde
de luna...? El cielo era limpio
y azul... Y hay nubes y viento
y el jardín está sombrío...
Creo que mi barba era
negra... Yo estaba vestido
de gris... Y mi barba es blanca
y estoy enlutado... ¿Es mío
este andar? ¿Tiene esta voz
que ahora suena en mí los ritmos
de la voz que yo tenía?
¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín
al caer la tarde?.... Miro
en torno.... Hay nubes y viento....
El jardín está sombrío....

Y voy y vengo.... ¿Es que yo
no me había ya dormido?
Mi barba está blanca y todo
es lo mismo y no es lo mismo...

1. En su fragmento más famoso, escribe Heráclito que «en unos mismos ríos entramos y no entramos, estamos y no estamos» (fr. 63 GC, 49a D-K). En la reconstrucción que hace García Calvo del libro de Heráclito el fragmento inmediatamente anterior dice casi lo mismo que el poema de Juan Ramón: «todas las cosas, las mismas y no las mismas» (fr. 62 GC, A7 D-K). «No ha cambiado casi nada, / pero nada sigue igual

2. Las mareas del yo, el sentimiento oceánico. Y voy y vengo, dice Juan Ramón. Aquella otra canción griega: φεύγει ο καιρός, καράβι και μας πάει πίσω μπρος («huye la edad: / su barco nos lleva adelante y atrás»). «Porque la vida es un barco / y todo se mueve

3. Aunque el paso del tiempo no sea la única clave del poema, sin duda abre algunos de sus cerrojos. En la caja de los ecos, este poema tradicional japonés, que trae García Martín en sus particulares jardines lejanos:

¿Por dónde ha entrado
el viejo que me mira en el espejo?
De haber sabido
que venía tras mis pasos,
le habría dado con la puerta
en las narices.

4. Sucede que John C. Wilcox escribió un artículo, probablemente esclarecedor, sobre este poema. He esquivado leerlo hasta escribir estas notas, para que no condicionara mi deriva. Ahora me daré (y a ello les invito) el gusto.

lunes, 21 de junio de 2010

Vd. no sabe quién soy yo (y yo tampoco)


Curado a la fuerza de ciertas adicciones, he vuelto a leer, en papel y en cantidad apreciable. No tanto a escribir: estoy más receptivo que otra cosa, con el intelecto en barbecho, como solíamos decir entonces. El caso es que de vez en cuando da uno con párrafos que te obligan a reaccionar, aunque sólo sea para celebrarlos y darles dos vueltas. Me pasó con la defenestración del heavy metal de MacDonald, pelín injusta pero ingeniosa, y ahora leyendo un libro, muy recomendable, sobre los contraculturales de hoy y sus paradojas. En un momento, cita el autor a un tal Giddens, y dice éste así:

Si se analiza el trabajo en Psiquiatría, en Psicoterapia, se observa que la mayoría de los terapeutas dicen que si bien hace una generación la mayoría de los problemas que tenían que tratar eran neurosis, patologías de la conducta, hoy día la mayoría de los problemas que tratan son problemas de identidad, problemas de personas que dicen no sólo «no sé quién soy», sino incluso «siento que no existo». La personalidad «esquizoide» parece estar emergiendo como la personalidad patológica de finales del siglo XX.

Anthony Giddens publicó su ensayo en el 99. Treinta años antes, King Crimson abrían su primer disco con 21th Century Schizoid Man. Los años de la exploración psicodélica fueron sin duda pródigos en crisis de identidad. Piensa uno en otras canciones, ajenas (Country Joe and the Fish: Who am I?, Incredible String Band: The Half Remarkable Question, Supertramp: Logical Song) e incluso propias («Ya no sé quién soy; tal vez una sombra»; «Yo no sé cuál es mi nombre, / quién se esconde dentro en mí») que abordan el tema, con formulaciones idénticas o casi, y asombra que lo espontáneo, 'lo que le sale a uno', resulte, levantando la lupa, obediencia casi mecánica a la canción de los tiempos.

Puestos a dudar, ni siquiera se decide uno a declarar la duda como mórbida o saludable. Yo me inclinaría, con el maestro Agustín, por lo segundo; pero me inquieta pensar que la duda sobre la propia identidad y las medidas drásticas para afirmarla formen un paquete, como la anorexia y la bulimia, y la duda, al menos cuando cursa con angustia, acabe abonando la conversión, el golpetazo contra la mesa y la exclusión radical de lo que inquieta al sujeto. Medítenlo Vuesas Mercedes, si les place; y cuéntenme qué les parece.

miércoles, 16 de junio de 2010

El timo de la estampita


En este caso, el timo de la 'estampa a demanda'. La idea no puede ser mejor: coger textos interesantes que llevan años descatalogados, y son en muchos casos de dominio público, y digitalizarlos, de forma que puedan incorporarse a una base de datos e imprimirse por poco dinero.

El problema, claro, viene por la codicia y las prisas. Para empezar, el libro no vuelve a maquetarse, sino que se 'respeta' el original ofreciendo un facsímil que en realidad termina siendo un sucedáneo cutre, pues no se mantiene el tamaño original de las páginas, y al reducirlo queda una letra de hormiga. No hay, pues, tal respeto, sino voluntad de abaratar costes, evitándose un trabajo necesario (el de pasar el texto, cuando convenga, a una fuente más adecuada y legible), ahorrando papel a expensas del lector y ahorrándose también el trabajo de añadir un prólogo, o siquiera una contraportada, que sitúe adecuadamente la obra en su contexto cultural, indicando su fortuna posterior y su posible utilidad actual.

En el caso concreto que me lleva a escribir esto, la chapuza es completa. Se trata de un libro clásico de Ludwig Laistner sobre la Esfinge y su enigma, publicado en 1899, que influyó en Freud, Róheim y otros estudiosos del tema, y que recoge muchísimos materiales valiosos del folklore alemán sobre la Pesadilla, las Damas de Mediodía y otros fantasmas de pro.

La cagada la perpetran una compañía llamada Bibliobazaar, que al parecer vive de imprimir libros escaneados gratuitamente por otros, y otra llamada Bookdepository, que los distribuye. No habría nada que reprocharles si pusieran cierto esmero en la tarea.

Muy al contrario, el libro que he comprado, para empezar, se ofrece en la página web de Bookdepository y en la portada como si fuera el texto completo escrito por Laistner; pero basta abrirlo para ver que se trata del segundo tomo de los dos que publicó don Ludwig, que recoge sólo las dos últimas partes (III y IV) del estudio (para más inri, el análisis de la esfinge y su enigma que promete el título no está incluido en estas secciones).

Si a eso le sumamos que han 'respetado' la letra gótica del original, pero reduciendo el tamaño de la página, el resultado es un churro ilegible. La desidia es tan grande que el índice de palabras y nombres propios que cierra el tomo se interrumpe en la O, probablemente porque el encargado de escanearlo tenía prisa por irse a merendar y no hubo nunca un encargado de comprobar la integridad del texto.

Por este camino, consiguen que uno se lo piense en adelante diez veces antes de volver a confiar en Bibliobazaar, en Bookdepository y en cualquier otra empresa por el estilo. Si mi entrada contribuye a evitar que otros pequen de confiados, bien estará.

(A todo esto, hay a la venta una edición completa, o al menos, mayor. Frente a las 470 de la de Bibliobazaar, ésta de la Universidad de Michigan tiene 772 páginas. O eso dicen. Cualquiera, ya, se fía.)

jueves, 10 de junio de 2010

Helter Skelter


Con los años he ido cayendo en el vicio de leer bastante sobre los Beatles. Hay libros de todo pelaje, pero los que más me gustan son los que van recorriendo canción a canción del repertorio, aportando información diversa sobre el origen de la composición, posibles influencias, el proceso de los arreglos, la grabación y el lugar que ha acabado teniendo la pieza en el canon.

El mejor trabajo de todos es gratuito y está en la Red: el músico Alan W. Pollack ha escrito un ensayo sobre cada una de las canciones, analizando la estructura musical, los timbres y los arreglos. Siguiendo el índice alfabético, se llega en segundos a cualquiera de ellas.

La editorial madrileña Celeste ha publicado al menos dos libros de este tipo: Guía completa de canciones, de W. J. Dowlding, y The Beatles. Revolución en la mente, de Ian MacDonald. Los dos son una mina, pero MacDonald, además de estar bien informado, es un escritor sólido, y tiene filias y fobias muy bien razonadas, que no siempre convencen.

Uno de los temas que MacDonald masacra es Helter Skelter. A estas alturas no creo que mucha gente le niegue la genialidad, y su capacidad para inspirar versiones variopintas, algunas memorables.

Lo interesante es que para llevarse por delante la canción MacDonald hace una exposición memorable sobre lo que supuso el paso del pop sesentil al rock duro. Ojo con ella.

El idioma heavy metal de los años setenta tuvo su origen en el cambio acaecido a mediados de los sesenta del habitual cuarteto pop de bajo volumen al super amplificado power trio de rock, un cambio de formato en que el redundante guitarrista rítmico se sustituía subiendo el volumen del bajo, sonorizando la batería con los micros más cerca, y añadiendo una serie de efectos de distorsión a la guitarra solista. Liderado por grupos como The Who, Cream y la Jimi Hendrix Experience, este paso fue, hasta cierto punto, consecuencia inevitable de los mejores y mayores amplificadores y altavoces diseñados para locales más grandes y rentables. Pero la pérdida del arte del guitarrista rítmico empezó a sentirse pronto en una degradación en la textura y un declive en la sutilidad musical en general. Los guitarristas rítmicos solían ser compositores, y la variedad de articulación y las técnicas de acentuación que utilizaban también daban forma a sus composiciones. El power trio medio, carente de este cerebro musical, era en realidad una excusa para sustituir las canciones por riffs y descartar el matiz en favor del ruido. Cuando aparecía un segundo guitarrista, era sólo para reforzar el riff, mientras el guitarra solista se lanzaba a unos solos prolongados e invariablemente estridentes. Más bien un deporte de contacto sonoro que una experiencia musical, el heavy metal se hizo inmensamente popular y, con distintos disfraces, ha dominado el rock para todos los públicos desde mediados de los años setenta.




martes, 8 de junio de 2010

A la huelga

Huelga y holganza (y aun folgar) son términos hermanos, pero bien distintos. Uno hace huelga sabiendo que pierde dinero y quizá también el tiempo; pero convencido de que cumple su deber. En tiempos de crisis, suelen caer las caretas. El juego es bastante descarado: quienes nos han arrastrado a este escenario pretenden que los demás paguemos sus piruetas especulativas, y consiguen (lo que es realmente lamentable) dividir a los trabajadores, animando a los del sector privado a sentir alegría maligna por el recorte que sufrimos los funcionarios. Una maniobra, además de miserable, falaz, pues no hay que ser un genio para ver que los recortes que sufrimos hoy unos influirán negativamente en los convenios colectivos de otros.

No comparto casi nada de lo que escucho o leo en estos días sobre los sindicatos, que, mejores o peores, son nuestra defensa ante las arbitrariedades del patrón, privado o público. El precedente está claro: la abominable Thatcher logró hundir a los sindicatos durante la crisis de finales de los 70 (cuando más falta hacían), y la derecha (ese brazo retórico de la injusticia) pretende lograr lo mismo esta vez, privando a los trabajadores de la capacidad para responder organizadamente a las agresiones que sufren y colándonos la monserga de siempre: que sólo su modelo (el mismo que nos ha llevado al desastre) es realista y viable.

Pues bien: lo 'real' es que un colectivo sin capacidad de presión está sujeto a lo que otros más poderosos dispongan para él. De ahí que se intenten cargar el movimiento sindical. Las críticas a los compromisos de los sindicatos con el poder o sus insuficiencias siempre son oportunas; pero no deberían impedirnos reconocer que si nos dejamos pisar, nadie apreciará la nobleza de nuestro gesto. No les demos ese gusto.

*

Sobre los liberados sindicales. Cualquier parecido del discurso cavernícola sobre los mismos con los hechos es pura coincidencia.


domingo, 6 de junio de 2010

Cuando el RIO suena


La operación no es inocente. Mucho más eficaz que prohibir el uso de un término es alterar su significado, sustituyéndolo por otro inocuo. Como si se tratara de un homenaje perverso a Orwell, que trató la cuestión en 1984, el villano de su novela pasó a dar nombre a un pan y circo televisivo. Si hoy buscas en Google "Gran Hermano", 9 de diez resultados te alejarán de Orwell. Por algo será.

Con RIO sucede lo mismo. Nos atruenan estos días con Rock in RIO, el festival 'de madres e hijas' (sic), lleno de rockeros macizorros y divas neumáticas, y empujan hacia el fondo de Google aquel otro RIO del año 78: un movimiento musical que agrupó al ala más vanguardista del rock progresivo en un momento en que las casas de discos sólo estaban interesadas en el bote de Colón y similares. Como el megaterio que nos aturde, el RIO de los 70 nació también como una celebración: Henry Cow, una banda inglesa, invitó a cuatro grupos europeos a acudir a Londres para tocar en un festival llamado Rock In Opposition (RIO). Se trataba de oponerse, como siempre, al principio de realidad, es decir, al intento de reducir cualquier iniciativa o inquietud a un producto inocuo, intercambiable por dinero, como cualquier otro.

La organización material del RIO duró poco (para el 79 se daba el movimiento por finiquitado), pero el planteamiento y el estilo no se han dejado borrar tan fácilmente. La entrada de la Wikipedia inglesa informa bien sobre sus idas y venidas.

Aunque el RIO nunca ha sido mi estilo predilecto, no viene mal recordar hoy a su grupo más representativo, Henry Cow. Así sonaban en directo arrancándose por Phil Ochs (!), con la bella Dagmar Krause al micrófono.


viernes, 4 de junio de 2010

¿Para qué volver?


Antes de que Spielberg soñara las bicis volantes de ET, Panero las vio alejarse (1970). Años después, La Buena Vida les dedicó una gimnopedia pop (1993).

El rapto de Lindberg

Al amanecer los niños montaron en sus triciclos, y nunca regresaron.

(Leopoldo María Panero, Así se fundó Carnaby Street).





viernes, 28 de mayo de 2010

La canción oscura


Días de alergia. La estacional (a algún polen) y la perpetua (a abusones, lameculos y Pedritos con carguito). Considerando la abundancia del alérgeno, no es raro que no mejore.

*

Penúltimo ejemplo. Alguien sorprende a unos niños cantando esta canción (la de la partitura):

A mí me gusta lo blanco,
viva lo blanco, muera lo negro,
que lo negro es cosa triste,
yo soy alegre, yo no lo quiero.

E inmediatamente les avisa que eso es caca y que los negros son tan buenos como los blancos (de hecho, éstos han sido malísimos con los negros) y etcétera. A partir de ahí, una exitosa campaña para convertir una canción tradicional infantil en un canto supremacista del Ku Klux Klan.

Es cierto que ayuda a no entender la copla que los autores del libro hayan censurado la continuación:

A mí me gusta la gaita,
viva la gaita, viva el gaitero,
a mí me gusta la gaita,
que tenga el fuelle de terciopelo.

A lo que cabría aún añadir, para más claridad, aquella otra seguidilla:

Una moza en el baile
dijo en voz alta:
—Si me gustan los hombres,
es por la gaita.

**

Todo viene conectado, en fin. Son ropas negras las que niegan el color y el cuerpo: las tocas de las monjas, el negro de los uniformes, el ropón del luto. Y muchos de los pañuelos de los que hablábamos ayer.

***

Estamos rodeados de fanáticos literalistas. Ya no recuerdo quién lo dijo: peor que no saber leer es ser gente de un único Libro. El de consignas.

jueves, 27 de mayo de 2010

El mundo es un pañuelo. O no.


...la ropa que nos niega el cuerpo
(Mantas, ruedas, bicicletas).

En mi instituto, imagino que como en todos, que te toque un grupo con muchos alumnos marroquíes no se considera una buena noticia. Hay una razón para ello: se trata de alumnos que en muchos casos no hablan bien español y que arrastran un expediente escolar desastroso. Un alumno que no se entera y que da el curso por perdido antes de empezar es garantía de problemas. Pero la razón no es suficiente para justificar el prejuicio: si es cierto que hay muchos alumnos magrebíes en esas condiciones, los hay también excelentes desde el punto de vista académico, y otros muchos que hacen todo lo que está en su mano por ganar la partida con las cartas (desastrosas) que les han tocado.

Este año es el primero que he tenido un grupo formado íntegramente por magrebíes, y concretamente por alumnos con un nivel muy bajo de lengua que necesitan un apoyo específico. De esa relación, en principio nada prometedora, no han salido más que cosas buenas: entre ellas, aparte de lo estrictamente académico, un libro que está a punto de publicarse y muchas conversaciones provechosas.

Una de ellas fue sobre el pañuelo, el hiyab. Ninguna de mis alumnas lo lleva, pero en el centro sí hay un par que vienen a clase con él, sin que esto haya creado por el momento demasiada fricción. Imagino que la actitud de mis alumnos es, por unánime, representativa de una forma de pensar bastante extendida. Como no coincide mucho con lo que nos han traído los medios de comunicación sobre el tema, pienso que puede tener sentido traerla aquí.

Los alumnos, para empezar, no opinan sobre el tema: es una cuestión de las chicas. Éstas son unánimes: llevar el pañuelo es un mandato de su religión, algo irrenunciable… y que, sin embargo, ninguna de ellas cumple. A partir de este quiebro, todo son contradicciones, muy humanas. Por ejemplo, ninguna de ellas tiene claro si lo que manda la religión es cubrirse el cabello, el rostro o todo el cuerpo. Les indigna que en Europa se haya legislado contra el burka; la mayoría dicen que lo llevarían, si vivieran en un país en que fuera costumbre, pero una al menos dice que lo del pañuelo seguro, pero lo del burka no lo ve claro. No me extraña.

Tampoco está claro (quiero decir: no lo tienen claro ellas mismas) a partir de qué momento deberían llevarlo. Citan como edades los siete y los doce años (esto último iría asociado, imagino, a la menarquia), pero al final vienen a indicar que el momento de la verdad es el matrimonio. Por el pueblo, en efecto, es rarísimo ver a una mujer musulmana adulta sin pañuelo, aunque ellas insisten en que haberlas, haylas, siempre que el marido lo permita. Y así queda: como una medida de gracia del marido.

Respecto a la insinuación de que se trata de una costumbre machista, la respuesta es unánime (y un tanto contradictoria con lo último que acabo de escribir): no es un mandato de los hombres, sino de Dios.

No diría que se las ve aleccionadas (en general, el nivel de conocimiento de su propia religión es discreto), pero está claro que es un tema del que han hablado mucho entre ellas. Por ejemplo, todas se ríen hablando de la mujer occidental que mide dos metros y lleva medio metro de ropa (cuando las europeas vienen a Marruecos, argumentan, nadie les prohíbe vestir como quieren) y se ponen coléricas cuando hablan de las multas que pretenden, dicen, castigarlas por ser buenas musulmanas; lo que no les impide hablar con arrobamiento de que en Dubai las que reciben multa son las que salen a la calle 'mal vestidas' (o sea, como visten ellas todos los días).

Por otra parte, donde yo digo que no hay por el momento demasiada fricción, ellas sí la ven: cargan contra tal profesor que, dicen, llamó a casa de ésta o aquélla para convencer a sus padres de que viniera sin velo, y le acusan de haber dicho de que en su clase no entra ninguna con la cabeza cubierta. En su película, se trata de un villano injustificable.

Como la consecuencia está sobrevalorada, a mí me agrada que estas alumnas sean inconsecuentes, o sea, comprensibles. No tengo ninguna esperanza, después de oírlas, de que la costumbre vaya a cambiar en breve; pero constato que la costumbre de facto es incumplir la costumbre, hasta que no queda otra. Por menos se empieza.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Divertimento en Db


Pues eso: una melodía en re bemol que nos hemos entretenido armonizando esta tarde en clase de música. La tonalidad da más vueltas que un tiovivo, así que es una feria de acordes alterados de todo tipo. Faltan varios compases, pero hasta aquí llegan hoy las neuronas. Mañana más.


domingo, 23 de mayo de 2010

Buscando otro Erik Satie


Uno sabe que yerra, pero cae en ese juego de buscar otros Beatles, otra ISB, otro Satie. En el corazón del error, hay un acierto: a veces, el tono peculiar de un artista continúa por otros medios, otros médiums, y pueden ser otros quien nos den no sólo 'nuestro mejor yo', sino el más característico. (Parece confirmado, por ejemplo, que La desesperación no es de Espronceda; pero pocas cosas hay tan suyas.)

Pero en conjunto se trata de un error, que perjudica sobre todo al artista en quien buscamos a otro. Nunca lo hallaremos suficientemente parecido para no juzgarlo, en comparación, de serie B o Z, pródigo en diferencias que lo desvirtúan; o, por el contrario, si se esfuerza por no añadir nada que no esté ya en el original, nos parecerá un ingenio clónico, reiterativo.

Entre lo uno y lo otro, me vienen a la mente tres discos que adquirí porque se prometían inspirados por Erik Satie. El segundo, por malo, lo condeno al olvido; pero me gustaría recordar los otros dos.

El primero ya tiene sus años: es un disco de Roger Eno, el hermano de Brian Eno, llamado Between Tides, de 1988. El tercero es reciente, del 2004: Velvet Afternon, de John Hackett (también hermano; en este caso de John Hackett, el guitarrista de Genesis). (La lista de hermanos poco conocidos de artistas célebres podría seguir: si alguien se apunta, arrojo un tercer as: Terry Oldfield.)




martes, 18 de mayo de 2010

Los ŷinn en el Islam


Van cuatro. Y con esto acabamos, de momento. El quinto apartado es éste.

*

Como ya hemos adelantado, la creencia en los ŷinn es tan central e irrenunciable para la religión islámica como lo es para los cristianos la creencia en ángeles. [1] No se trata de una sustitución (creer en ŷinn en vez de en ángeles), sino de una concepción del mundo más amplia: donde la visión cristiana (y antes judía) coloca dos planos: hombres y ángeles, el Islam distingue tres: hombres, ŷinn y ángeles.

Los ŷinn eran ya bien conocidos antes de la predicación de Mahoma. [2] El Corán confirma su existencia y aclara su origen: Alá creó a los ŷinn del fuego sin humo (Corán 55:15) (por eso, no debe sorprendernos que arrojen fuego por la boca, como sucede en varias historias aquí recogidas). Iblīs (nuestro Satán), que se rebeló contra Dios negándose a inclinarse ante el hombre, al que consideraba inferior (Corán 7:11), es uno de los ŷinn, aunque antes de su caída se le había hecho un hueco entre los ángeles en consideración a su excelencia. [3]

Una muestra de la importancia de los ŷinn es el hecho de que el libro santo, además de mencionarlos en varios de sus capítulos, llamados suras o azoras, les consagra una de ellas, la septuagésimo segunda, llamada Al ŷinn (سورة الجن‎). Otro hecho significativo es que el último versículo del Corán contiene una referencia a los genios (114.6). También hablan sobre los ŷinn algunos hadith, tradiciones sobre la vida del profeta Mahoma que circularon oralmente durante varios siglos y fueron después recogidas por escrito, otorgándoseles carácter normativo y, a veces, sagrado.

En la comunidad islámica actual la creencia en ŷinn conserva su vigor, aunque algunos observadores han señalado que va a menos, del mismo modo que decrece la creencia en ángeles entre los cristianos. En el siglo XX hubo tentativas de racionalizar a los ŷinn, viendo en ellos a los microbios que describe la biología moderna, pero no han prosperado (entre otras cosas, resulta dudoso que se pueda conciliar esta lectura con los testimonios que nos hablan de conversaciones entre el Profeta y los ŷinn). [4]

El libro del doctor Omar Sulaîman Al Ashqar recogido en la bibliografía (Sulaîman Al Ashqar 2003) es un ejemplo de la visión ortodoxa islámica sobre los genios y demonios.

*

[1] Su existencia se encuentra firmemente establecida en el Islam y es uno de los temas que el musulmán debe obligatoriamente conocer (Sulaîman Al Ashqar 2003: 34).

[2] La creencia en Genios prevalecía en Oriente mucho antes de la época de Mahoma. Se suponía que rondaban los lugares solitarios, particularmente hacia la caída de la noche; superstición que congeniaba con las costumbres e ideas de los habitantes de regiones solitarias y desiertas (Irving 1982: 93).

[3] Sol Tarrés indica, sin embargo, que mientras los hombres consideran a Iblīs un genio, apoyándose en los textos sagrados, las mujeres, especialmente las procedentes del mundo rural, consideran que es un ángel caído (Tarrés Chamorro 1999: 233). Hay un pasaje coránico (2: 32) que parece avalar esta idea, pues presenta a Iblīs entre los ángeles, como uno de ellos: Entonces dijimos a los ángeles: «Postraos ante Adán»; y se postraron, excepto Iblis, que rehusó. Cf. sin embargo la coletilla que aparece en 18: 48: Acuérdate de cuando dijimos a los ángeles: «¡Postraos ante Adán!». Se postraron todos, menos Iblis, que estaba entre los genios (tr. de Juan Vernet). V. la discusión en Sulaîman Al Ashqar 2003: 39-42.

[4] Michel Gall recoge una cita de Th. Van Baaren sobre el tema: Sonreímos al ver que los musulmanes modernistas se esfuerzan en demostrar que los espíritus del desierto de que habla el Corán son los microbios de la ciencia moderna, pero, pensándolo bien, estos intentos de adaptación son del orden de la teología cristiana cuando asimila los siete días de la creación mencionados en el Génesis a los períodos de la evolución geológica. Nosotros no estamos de acuerdo. Pensamos que el origen de los djinn es más noble. Lejos de ser fenómenos naturales, son la prueba del genio del hombre (Gall 1976: 94-95). Sulaîman Al Ashqar recoge también la idea como una de las nociones erradas sobre los genios: Algunos «contemporáneos» alegan que los genios son las bacterias y microbios que la ciencia moderna ha descubierto recientemente (Sulaîman Al Ashqar 2003: 29). Algo tendrá la idea, porque también Cansinos Asséns (1961: I 333) la presenta, aunque sólo como metáfora: para él los genios representan una categoría de espíritus elementales, esparcidos por toda la creación como una suerte de microorganismos o bacterias psíquicas que intervienen en todos los procesos vitales. Siguiendo una vereda similar, Nasr Hamid Abu Zayd, profesor de la Universidad de El Cairo, propuso en 1992 que los genios y los demonios podrían ser representaciones mentales pertenecientes a cierta etapa de la evolución de la conciencia humana. Fue llevado a juicio y declarado apóstata (Dundes 2003: 11-12).

lunes, 17 de mayo de 2010

Visión occidental de los genios: de Roma a Disneylandia


No hay dos sin tres. Allá vamos.

*

Los genios, por otra parte, no son unos recién llegados a Occidente. El uso de la palabra entraña cierto equívoco: algunos traductores de Las mil y una noches pensaron que los ŷinn que aparecían en esos cuentos se parecían mucho, tanto en el nombre como en sus actos, a los genios de la vieja civilización romana. Así que tradujeron una palabra por la otra, dando a entender que los 'genios' árabes eran parientes de los europeos.

Ahora bien: ¿lo eran? Examinemos los hechos: los romanos llamaban genius (plural genii) a un espíritu invisible, dispensador de fuerza, que acompañaba a todos los individuos (incluidos los dioses), e incluso a las ciudades y asociaciones: para entendernos, tanto el legionario anónimo como el emperador, la ciudad de Roma y el propio Júpiter tenían un genio. Éste personificaba su forma peculiar de ser: indulgere genio, “ceder al genio”, significaba concederse lo que a uno más le gustaba, ser, diríamos hoy, autoindulgente. Te lo juro por mi genio venía a suponer dar la palabra de honor. [1]

Desde el punto de vista psicológico, por tanto, es probable que los romanos hablaran, hasta cierto punto, del genio de cada uno como hoy lo hacemos de su personalidad, su yo o su talante. Pero esta explicación trivializa un tanto el concepto: los genios eran bastante más que una 'imagen de uno mismo'. En algunos detalles, recuerdan a los ángeles de la guarda de la tradición cristiana (que quizá se inspiraron en parte en ellos): cuidan y defienden a la persona o cosa con la que están ligados, y en algún momento se llegó a considerarlos inmortales, identificándolos con los Manes, los espíritus de los muertos. Sin embargo, también esta analogía es un poco engañosa: la energía de los genios no es 'angelical', en el sentido de puramente espiritual, ni desencarnada, sino generadora, fértil, sexual: el genio de una persona participaba en su concepción y presidía sus bodas. De aquí procede la idea moderna de que hay personas (como los grandes artistas y líderes) geniales, dotadas de genio (capacidad de engendrar cosas nuevas, talento) o, por metonimia, genios ellas mismas. Incluso la gente corriente tiene derecho a demostrar cierto genio, cuando reacciona con fuerza contra el intento de los demás de doblegar su voluntad o, sencillamente, se deja llevar por la ira.

¿Hay, entonces, puntos de contacto entre los genios romanos y los ŷinn? [2] Lo cierto es que sí, ma non troppo: en la cultura musulmana encontramos algunos testimonios de la idea de un ŷinn ligado, como el genius o el ángel de la guarda, a cada persona: son los qarins. [3] El qarin suele ser de género opuesto al ser humano al que está ligado. [4] Algunos fenómenos de telepatía tienen su explicación en los qarins: los hermanos gemelos comparten un único qarin, y los qarins de las madres son parientes de los qarins de sus hijos. [5] Los musulmanes introducen el matiz de que la persona debe domar a su ŷinn particular si quiere ser feliz; si lo deja a sus anchas, el ŷinn dominará su vida con sus caprichos y le llevará al desastre. [6]

Este ŷinn personal puede considerarse equivalente al genius latino; pero no es, ni mucho menos, el tipo más habitual: generalmente los ŷinn tienen su propia vida, que sólo se cruza ocasionalmente con la de los mortales. A diferencia de los genii, los ŷinn de Las mil y una noches están a menudo ligados a un talismán o amuleto (o aprisionados en él): es la lámpara de Aladino o la botella u olla donde Salomón encerró a los genios malvados tras derrotarlos. [7] El poder de estos ŷinn es muy superior al de los viejos genii: pueden conceder a quien los domina cualquier deseo (aunque, todo hay que decirlo, por su talante burlón tienen cierta afición a confundir a quien los invoca, como en la tradición occidental suele hacer el Diablo con aquellos que le venden su alma a cambio de bienes materiales).

El ŷinn milyunachesco, y en especial el que aparece en la historia de Aladino, se ha integrado en la cultura occidental. Muchos niños que nunca han leído esta historia tal como aparece en Las mil y una noches la conocen a través de la película de Disney Aladdin (1992) o de otras versiones en dibujos animados o en libros infantiles.

Sin embargo, este ŷinn aladínico no es más que la punta del iceberg: quien lea las historias que contiene este libro se sorprenderá al encontrar ŷinn muy variados, que más que al genio de la lámpara tal vez le recuerden a los demonios de los exorcistas, los duendes o los fantasmas. El apartado 5 nos servirá para ir entrando en materia, en lo que más nos interesa: ¿cómo imaginan los marroquíes de hoy (nuestros alumnos o compañeros) a los ŷinn? Pero antes de entrar en la concepción popular, folklórica, resulta obligado preguntarse por la visión oficial que el Islam tiene de ellos. Veamos.

[1] Para este repaso de los genios latinos sigo la exposición de Pierre Grimal (Grimal 1997 s.v. Genios).

[2] No lo hay, desde luego, desde el punto de vista etimológico, aunque así lo creyera Burton: It would be interesting to trace the evident connection, by no means, “accidental”, of “Jinn” with the “Genius” who came to the Romans through the Asiatic Etruscans, and whose name I cannot derive from “gignomai” or “genitus” (Burton 1994: 10, nota 1). La semejanza entre genius y ŷinn es mera coincidencia, lo que los lingüistas llaman paronimia. Genius deriva de la misma raíz que generación o gen, una vieja palabra indoeuropea que designa la fuerta vital, la fertilidad (de Vaan 2008 s.v. gignō); ŷinn, en cambio, pertenece a una raíz lingüística cuyos significados fundamentales parecen ser los de ocultar, y estar al cubierto por una vegetación abundante (Gil Grimau e Ibn Azzuz 1988: 56). Etymologiquement, le terme djinn considéré comme un dérivé de la racine arabe “jnn”, désigne ce qui est caché, dissimulé au regard; cela correspond d'ailleurs bien à l'idée que l'on se fait de ces êtres qui, le plus grande partie de temps, se dérobent au regard des hommes (El Ghannami 1997: I 80). Significa, pues, “el oculto” (como el nombre de la ninfa que retuvo a Ulises, Calipso). Fueron llamados genios (Yinn) porque son invisibles a la vista humana (Sulaîman Al Ashqar 2003: 25).

[3] Una tradición pone en labios del profeta estas palabras: No existe ninguno de vosotros sin que le sea designado un compañero genio y un compañero ángel (Sulaîman Al Ashqar 2003: 124).

[4] La relación entre la persona y su qarin de sexo opuesto recuerda la tesis del psicólogo C. G. Jung, según la cual la «imagen del alma» (…) se llama anima en el hombre y animus en la mujer: el individuo posee pues la imagen del alma que califica con los rasgos del sexo opuesto (Fedida 1979: 28).

[5] Golia 2004: 171.

[6] Mahoma dio ejemplo convirtiendo al Islam, con ayuda de Alá, a su genio o demonio particular (Sulaîman Al Ashqar 2003: 125).

[7] Salomón, valiéndose de sus poderosos conjuros, obligó a esos genios errantes y anárquicos a alistarse bajo su servicio y a realizar una obra de utilidad social, de explotación y beneficiamiento de las riquezas naturales de los cuatro elementos, distribuyéndolos en equipos de lo que podríamos llamar obreros cualificados, mineros, buzos, canteros, etcétera, encargados de aportarle cada cual tesoros de sus respectivos dominios, oro y demás metales preciosos, perlas, perfumes, etc., y de cooperar de esa suerte a la obra que sus otros equipos de trabajadores humanos —albañiles, carpinteros, herreros, etc.— llevaban a cabo con miras a la construcción de un templo de Jehová en Jerusalén, ese primer ejemplo de una confederación de trabajadores al servicio de un vasto plan (Cansinos Asséns 1961: I 335-336; v. también 360-362). Para la visión islámica de Salomón, v. Sulaîman Al Ashqar 2003: 75-78. El poeta Gerard de Nerval da una versión iconoclasta de la leyenda, nada complaciente con Salomón, en «Historia de la Reina de la Mañana y de Solimán, Príncipe de los Genios» (Nerval 2004).

domingo, 16 de mayo de 2010

Lo maravilloso cotidiano: el caso de los ŷinn


Me está resultando utilísimo, además de muy grato, el intercambio de pareceres sobre El aula encantada. Me animo, pues, a ir subiendo el resto del estudio introductorio. Vamos con la segunda entrega.

*

Reyes sí, pero en los cuentos. Esta pintada callejera, de signo republicano, expresa bien la oposición entre dos mundos complementarios pero bien delimitados: por una parte, el mundo maravilloso de los cuentos infantiles y cierta literatura fantástica; por otro, el mundo real, donde no hay sitio para dragones o princesas encantadas.

Sin embargo, cada año, por Navidad, asistimos a una extraña confusión entre ambos, que afecta tanto al espacio como al tiempo: los Reyes Magos que llevaron sus regalos al niño Jesús hace ya dos milenios se vuelven ubicuos e intemporales, resucitan (si alguna vez estuvieron muertos) y se hacen presentes en la vida cotidiana de millones de niños.


Puede que esta confusión o confluencia del mundo real y el imaginario, plenamente ritualizada, limitada a una época muy especial del año y a un colectivo muy concreto (sólo los niños viven esta experiencia como plenamente real) sirva de hecho para reforzar la diferencia entre ambos: se libera a las criaturas sobrenaturales de su prisión, pero con condiciones férreas, con la seguridad de que no van a poner en peligro la visión general de lo que es o no real.

En la literatura culta, el llamado realismo mágico de García Márquez y otros autores (incluida, por ejemplo, la saga de Harry Potter, con su interacción entre magos y muggles) supone otra contaminación de ambos mundos, limitada en este caso a las páginas de un libro. Pero ha habido intentos más audaces: en los años 30, los surrealistas franceses, con André Breton a la cabeza, se lanzaron a las calles de París a la caza de ondinas y hadas de carne y hueso. Breton, en concreto, halló (o creyó hallar) a una de ellas, una muchacha desconcertante llamada Nadja. No es extraño que uno de sus libros se llame Magia cotidiana (y no habla de ilusionismo).

En el folklore esta convivencia de ambos planos no es excepción, sino regla. Es cierto que en Occidente estamos ya muy lejos del tiempo en que la gente veía (o creía ver) bandadas de brujas que atravesaban el cielo de poniente rumbo al sabbath; pero si echamos un vistazo al folklore urbano o contemporáneo veremos que nuestros adolescentes siguen hablando muy en serio de una muchacha llamada Verónica que se aparece a medianoche en los espejos, buscando en la ouija (¡comprada en el quiosco!) a espectros y demonios como quien mueve el dial de una radio, o temiendo (¿o deseando?) encontrar en la Red esa célebre página (Blind Maiden) que, como la isla de san Barandán, unas veces está y otras no, y que vuelve loco o mata a quien la contempla. (1)

En el mundo islámico, menos secularizado, los genios o ŷinn (en árabe, جني; equivalentes culturales de nuestras hadas y duendes o de las viejas ninfas y semidioses de la mitología griega) no se consideran una paparrucha infantil, sino una realidad sancionada por la religión (como veremos, el propio Mahoma trató con ŷinn, y el Corán certifica su existencia). (2) Se trata, en fin, de una experiencia diaria. Como escribe Sol Tarrés, encuentros con estos seres, posesiones, casas embrujadas o sucesos excepcionales que se les pueda atribuir son hechos que todo magrebí ha tenido muy de cerca, resultando muy frecuentes en la vivencia cotidiana (Tarrés Chamorro 1999: 128). (3)

Aunque llamativo, el caso de Sultan Bashiruddin Mahmood, un científico musulmán que propuso recientemente solicitar la ayuda de los ŷinn para solucionar la crisis energética ilustra (cierto que de forma extrema) la convivencia en un mismo espacio mental de la ciencia y la creencia milenaria en esas criaturas. (4)

Mientras usted lee estas líneas, otras personas, tan reales como usted, se consideran (o las consideran otros) poseídas por un ŷinn; otras temen pisar un charco por miedo a herir a un genio, cuya parentela podría venir a pedirle algo más que explicaciones. Los ŷinn, en definitiva, andan sueltos, si no por el mundo, por la mente de muchos de nuestros contemporáneos. Uno puede creer o no en ellos; pero la creencia en sí es un hecho que conviene conocer —y, tal vez, comprender. (5)

(1) Las condiciones de acceso a esta página web fantasmal recuerdan mucho las de la evocación de Verónica u otros espectros que habitan en los espejos. Así, en esta explicación en inglés un tanto bárbaro: Many people have (…) entered a website called Blind Maiden (…) Normally, if you want to access it, however much you try, your browser will not allow it because to do so must meet three conditions. Find yourself all alone, do it exactly at midnight on a day without moon and take off all the lights in the house. Then, only then, you will be allowed access.

(2) Los demonios y los genios no se consideran entelequias fantásticas en el mundo islámico antiguo, sino parte del entorno de la realidad normal. Justamente por ello, observa Gerhardt que «...lo sobrenatural en las Mil y una noches casi siempre es, curiosa y misteriosamente, abordable; parecería constituir parte misma de la vida cotidiana, no una invasión de lo extraño ni un atisbo de lo desconocido». Insiste Duncan B. Macdonald:«...la concepción de lo Invisible es mucho más inmediata y real para los pueblos orientales que para los occidentales […] lo sobrenatural está tan cerca que lo puede tocar en cualquier momento. (…) Lo sobrenatural, para ellos, es lo familiar —lo usual—» (López-Baralt 2004: 27-28).

(3) Según indica Sol Tarrés, el musulmán cree que los yines están por todas partes y nunca se está a salvo de ellos, por lo que se preciso tomar todo tipo de precauciones (Tarrés Chamorro 1999: 139). Estos seres viven en nuestras casas y comen y beben con nosotros (Sulaîman Al Ashqar 2003: 20). Para cada acto cotidiano que puede entrañar algún riesgo, como empezar a comer, partir de viaje, topar con un animal impuro o acudir al cuarto de baño, la tradición provee al creyente de una du'a, una pequeña oración que conjura el peligro (Tarrés Chamorro 1999: 139-140).

(4) Overbye y Glantz 2001. Compárese el testimonio de Mohamed, un inmigrante sevillano procedente de Beni Said: El mundo de los genios es muy avanzado, tiene de todo. Les gusta trabajar, investigar, han descubierto muchas cosas (Tarrés Chamorro 1999: 133). Según algunos sabios islámicos, puede que los genios hayan descubierto tecnologías avanzadas como la radio y las telecomunicaciones con imágenes hace ya mucho tiempo (Sulaîman Al Ashqar 2003: 61). Según el mismo autor, los extraterrestres de los que hablan los occidentales no son sino los genios que residen en esta nuestra tierra. (…) Los genios utilizan, en sus esquemas, lo que resulta llamativo durante cada época histórica, y en nuestros días, es el progreso científico (ibidem 206-207).

(5) La profesora de la Universidad de Sevilla Sol Tarrés Chamorro ha analizado el caso particular de la creencia en genios en las comunidades españolas de inmigrantes magrebíes en dos artículos de gran utilidad: Tarrés Chamorro 1999 y 2000. A lo largo de estas páginas los citaremos con frecuencia.

viernes, 14 de mayo de 2010

Allí desde aquí


Sigo trabajando en El aula encantada, un libro que recogerá varios textos de alumnos marroquíes de mi instituto sobre genios y otras creencias populares. Si todo va bien, a finales de mayo tendremos ya el libro maquetado, con un estudio introductorio (que ya he escrito), los textos anotados e ilustraciones hechas por los propios alumnos.

Escribí el prólogo (Por qué recopilar tradiciones marroquíes en un instituto español) al comienzo del proyecto, y después he pensado en limar algún punto que pudiera resultar políticamente incorrecto, pero al final lo he dejado tal cual, o casi. Lo traigo aquí a ver qué os parece.

*

Como todos los que damos clase sabemos, la presencia de inmigrantes magrebíes en nuestras aulas supone un reto. Muchos alumnos tienen un nivel insuficiente de español, por lo que les cuesta mucho seguir las clases. A veces (y éste es un problema que afecta a muchos alumnos, no sólo inmigrantes) la pobreza y falta de perspectivas de su entorno inmediato (familia, amigos) y su experiencia escolar negativa los han marcado de tal modo que se consideran de antemano incapaces de realizar ningún progreso significativo. No es extraño, entonces, que busquen afirmarse de manera errónea, adoptando los roles estereotipados del gracioso o el camorrista y fingiendo que el fracaso escolar es algo que no les afecta, o incluso algo de lo que cabe estar orgulloso (siete suspensos, siete chupitos). Tampoco es tan raro como quisiéramos que, frente a los valores democráticos que intentamos inculcarles, algunos se aferren a los prejuicios que creen propios de su tradición: machismo, fanatismo religioso y político (demasiados chavales marroquíes, por ejemplo, creen, como los nazis, que el único judío bueno es el judío muerto; consideración que puede extenderse a los independentistas saharauis).

Al mismo tiempo, la diversidad étnica supone una innegable riqueza cultural. Si bien los profesores tenemos el deber de familiarizar a nuestros alumnos con los contenidos de la civilización occidental, europea, conviene no olvidar que ellos también saben muchas cosas que nosotros ignoramos. Una parte importante de ese conocimiento corresponde a lo que llamamos folklore, es decir, sabiduría popular, conocimiento trasmitido por tradición oral.

Convertir a los alumnos en recopiladores e informantes sobre su propia tradición, como llevamos haciendo desde hace años en La Memoria Sumergida, tiene por ello un valor doblemente beneficioso. Por una parte, cambia el chip del alumno inmigrante, que deja de verse sólo como un receptor (a veces no todo lo hábil que quisiera o quisiéramos) de lo que le hacemos leer y memorizar y adopta un rol activo: él también tiene cosas importantes que contarnos, una tradición de la que puede sentirse legítimamente orgulloso.

Esta mejora de la autoestima favorece también un desarrollo de la autocrítica: luchando por expresar correctamente lo que quiere contarnos, el alumno se hace consciente de sus limitaciones y tiene un aliciente óptimo para ir venciéndolas. Más aún, al objetivar sus creencias y referencias (por ejemplo, refranes e historias que contienen modelos de conducta y promueven valores) establece por primera vez un distanciamiento de las mismas, en principio metodológico (al poner por escrito lo oral, en una lengua que en muchos casos no es la materna y en un contexto escolar —y, en la medida en que acertemos a ser estrictos en nuestra propia metodología como folkloristas, también científico), pero que puede volverse, a poco que los animemos a ello, saludablemente crítico. Es importante no sólo conocer la propia tradición, sino también colocarla en un contexto comparativo (descubrir que muchas cosas castizas, propias, se conocen también en muchos otros lugares; que también están, por ejemplo, en pueblos o culturas que ellos sienten como lejanos en el tiempo o el espacio e incluso 'enemigos'; vuelvo a pensar en el mal llamado antisemitismo —más bien judeofobia— de muchos de nuestros jóvenes marroquíes).

domingo, 9 de mayo de 2010

Luna amarilla


Pescado del día: una canción nueva de Luli, tal como acaba de sonar por aquí, con ecos de Autumn Almanac y los dibujos animados de los 70.




Subo una propina. Lo dicho: a ver quién adivina cuál es ésta (antes de que empiece la voz).




jueves, 6 de mayo de 2010

Trabajo ajeno


Eso viene a decir alergia, como la que me ronda estos días, en que me despierto con la garganta hecha un estropajo y la nariz ya fábula de fuentes. Como yo siempre concuerdo con las etimologías, confirmo el diagnóstico: el mundo, ese otro, se nos trabaja así, imponiendo sus lodos flotantes a una sensibilidad enojada. Frente al mundo que está ahí, al otro lado de la ventana, incógnita y propuesta, está este otro que entra sin llamar, como el derechazo de una mano invisible.

Ventana por ventana, en fin, las de la Luli: Si las ventanas son hermosas de por sí, / parecen otra cosa cuando asomas la nariz...


lunes, 3 de mayo de 2010

Ya visteis al sagaz Salomón

Con lo amplio que es el mundo, uno acaba tropezando con los mismos sospechosos. Resulta, así, que la letra de esta canción de Dead Can Dance es ¡de Bertold Brecht! (Letrista también de The Doors e inspirador de Silvio Rodríguez. Un maldito figura.)



Ya visteis al sagaz Salomón
y sabéis lo que fue de él.
Lo complejo le parecía sencillo.
Maldijo la hora que lo hizo nacer
y vio que todo era en vano.
¡Cuán grande y sabio fue Salomón!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la sabiduría lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Visteis después al valeroso César
y sabéis lo que fue de él.
Lo deificaron en vida
pero, aun así, lo asesinaron.
Y cuando alzaban el puñal fatídico,
exclamó, bien alto: "¡tú también, hijo mío!"
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la valentía lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Habéis oído hablar del honrado Sócrates,
el hombre que jamás mentía.
Pero no fueron tan agradecidos como cabría pensar.
En vez de eso, los gobernantes lo hicieron juzgar
y le entregaron la bebida emponzoñada.
¡Qué honrado era el noble hijo del pueblo!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la honradez lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Aquí veis a unas personas respetables
que se atienen a las leyes de Dios,
quien, de momento, no se da por enterado.
Los que estáis sentados calentitos y seguros en casa
ayudadnos a aliviar nuestra amarga necesidad.
¡Con lo virtuosamente que comenzamos!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue el temor de Dios lo que nos dejó en este estado.
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!