sábado, 12 de julio de 2008

Bossa Nova. La historia y las historias


Más un mundo que un libro, los que frecuentamos el Nickjournal no podemos leer Bossa Nova. La historia y las historias, de Ruy Castro (Madrid: Turner, 2008), sin sentirnos conducidos por su traductor, José Antonio Montano. A su modo, todo Montano está aquí: desde la fobia a los acordeones —no siendo el de João Donato— hasta el fluir de la prosa, no siempre idiomática (un disco de oír para creer, p. 65), pero siempre achispada.

El héroe del libro, João Gilberto, mantiene una lucha enconada contra el mal gusto, una hidra cuyas cabezas (folclorismo, demagogia, chunda chunda) acaban seducidas por la canción del vate, moviéndose al compás de El Pato y la Garota de Ipanema. Inevitablemente, el triunfo de la Bossa Nova supone su trivialización —pero pocos movimientos han llegado a esa prueba tan bien protegidos por la autoironía y el as en la manga.

Aunque Ruy Castro promete objetividad (Los seres humanos, al igual que los vinilos, tenemos cara A y cara B, y se ha puesto el mayor empeño en mostrar las dos), hay protagonistas a los que se les perdona todo (Gilberto, Donato, Vinicius) y otras (pues suelen ser damas) que, tras la lectura del libro, uno preferiría mantener a prudente distancia (Elis Regina, Nara Leão). (Aunque nadie sale peor parado que Roberto Carlos: un ye-yé que intenta emular a Gilberto, no da el pego y se tranforma en un pastelón sin paliativos.)

La ambigüedad que mejor se trasmite es la de Jobim, genial, acomodaticio, consentidor, oportunista. Al final, la impresión que uno tenía antes de leer la obra (que Jobim es el gran compositor de esta música —y, de hecho, la trasciende) sale corroborada cum laude.

Por lo demás, el libro no tiene una hoja seca. Hay destellos a cada paso, como el descubrimiento de que, tantos años antes que el rock progresivo, hubo ya un Stan Kenton, paladín del progressive (jazz), injertando las audacias de la música 'clásica' en la música de masas, e irritando por igual a patricios y pebleyos.

Sin querer discutir la definición que el autor da del libro (la historia de una felicidad), el hecho de extender la crónica a las horas negras del género (al menos en Brasil) y no hurtar (aunque no entre en detalles) el declive de sus estrellas, muchas ya extintas, le da también un aire crepuscular y hasta enrabietado (¿Alguien recuerda cuándo la gente empezó a avergonzarse de la expresión «bossa nova» y se puso a sustituirla por «MPB» [Música popular brasileña]?). Sin embargo, la obra se cierra con una discografía que, además de parecer muy completa, celebra su propia victoria: las reediciones en CD indican que el interés por el género es cada vez mayor, y el libro (publicado por primera vez en 1990, pero revisado en el 2001) se atribuye, sin duda con razón, mérito en ello.

La cosecha de buenas canciones es tan amplia que cualquiera puede servir. De las muchas que no conocía, las que más me sorprendo tarareando son Chega de Saudade (que da título a la versión original del libro), compuesta por Jobim y Vinicius pero elevada a su máxima potencia por Gilberto, e Influência do Jazz, de Carlos Lyra. Opto por la menor (y menos conocida).




6 comentarios:

Josepepe dijo...

Su comentario se lee muy bien. Y lo digo sin haber leído aún el libro.

Que la bossa nova es música de la intimidad (guitarra, voz y poco público) lo muestra la mayor justeza de la segunda versión de la canción de Carlos Lyra con respecto a la primera, donde la orquestación suena un poco artificiosa.

También vale lo que digo para esta doble versión de 'Chega de saudade' por Caetano Veloso orquestadala primera y sólo con guitarra la segunda (a pesar de ser la orquestación del maestro Jacques Morelembaum.

V. dijo...

Comparto lo de la versión de Caetano y ahora mismo voy a escuchar completamente la que esta aquí. "Me hace tanto bien" la música brasilera que hasta he pensado en mudarme a Brasil.

Hay algo que no entiendo: ¿que importa la vida de un músico en relación a su música? (no se si soy clara) ¿Qué no perdonarle a ese "pájaro feroz" (gracias S.R. ;)), a Elis Regina, por ejemplo?

Gracias, Alejandrino, como todos los días ;)

Al59 dijo...

Bienhallado, JP. Fuegos de artificio, sí, pero bien lindos. Es difícil pedirle más al acompañamiento (de la canción de Lyra): ilustra el núcleo de la canción, es autoparódico y no deja por eso de ser jazz genuino, tocado por músicos que conocen el paño. Pero sí: es verdad que las canciones suenan más bossanovedosas sólo con guitarra (en el libro hay cierta coña con eso: a Jobim, más pianista que otra cosa, le obligaban en los USA a guitarrear, porque sonaba más fiel al tópico).

J. A. Montano dijo...

Gracias por su comentario, amigo! Y gracias, sobre todo, por haber leído el libro de un modo tan completo. Me ha gustado su lectura. Saludos!

Aaoiue dijo...

Aunque la Bossa no tuviera más que una canción (por ejemplo "Si todos fossem iguais a vocé") ya se merecía un libro.

Al59 dijo...

V.: no olvide vuesa merced que a algunos discos les salen alas, alas (pero no saben a dónde partir).