martes, 1 de diciembre de 2009

Sixties


Sigo a la escucha. La lista de correo dedicada a la Incredible String Band es una fuente inagotable de sugerencias e ideas. Se debate estos días sobre la música de los 60: qué la vuelve especial y cómo contrasta con la anterior. Una observación interesante es que las melodías de esta época no tienen generalmente el acabado perfecto de las grandes creaciones del cancionero americano (el repertorio, un suponer, de Sinatra). Nacen de una música deliberadamente simplista (el rock'n roll de los 50) y, a pesar de la sofisticación cada vez mayor que impulsan los Beatles, retienen siempre un carácter ingenuo y urgente, abierto a la improvisación, el cruce y el experimento. Con frecuencia, sólo el arreglo y la interpretación vuelven memorable lo que, reducido a partitura, suena banal (prueben, por ejemplo, a interpretar Like a Rolling Stone como instrumental, al piano). De ahí quizá que, a pesar de que el repertorio de los 60 se recrea una y otra vez en las décadas siguientes, casi todas las versiones nos dejen una impresión de sucedáneo descafeinado, casi molesto.

Aunque nadie lo dice claramente, quizá por temor a la neocensura, la influencia de las drogas psicodélicas es esencial. No porque éstas resulten necesarias para hacer buena música, o la garanticen, sino por las vivencias específicas que producen y que gran parte de la música de los 60 intenta recrear por sus propios medios: disolución de límites, revelación inesperada de maravillas, armonía de contrarios, visión del alma de uno como un fascinante (y a veces tétrico) parque temático. Me parece bastante claro que es esta 'temática' (por llamarla de algún modo: en realidad, se expresa tanto o más a través de la música misma que de las letras) la que da ese sabor especial a la música, al menos, del 66 al 73.

Por otra parte, asombra la calidad de la música que se hizo entonces y no alcanzó reconocimiento masivo. Hay cientos de discos notables por descubrir, más allá de los diez nombres más evidentes (Beatles, Stones, Kinks, Who y etc.). Uno de ellos, por ejemplo (siento, por cierto, que quien lo subió a YouTube no permita incrustarlo aquí; ¿por qué?). Y otro:





4 comentarios:

Al59 dijo...

(Ya puestos, a lo mejor no sobra confesar, en el mismo estilo esquemático, la impresión que me producen otros estilos que no me van tanto:

Punk: pop batasuno; agresividad descerebrada.
Heavy Metal: melodrama con distorsión; énfasis sin contenido.
Jazz: preciosismo onanista; coge cualquier melodía interesante y expándela hasta que deje de serlo.
Los 80: pop de peluquería.

Por hacer amigos, vaya.)

Gharghi dijo...

Y por no mencionar otras variantes del heavy: speed metal, trash metal... y alguna mas que no me acuerdo.

Pero aún así a mí el heavy me gusta, tiene sus momentos. Aunque me encandila mas cuando no se alea demasiado del hard rock o el blues. Y eso sí, no puedo dejar de lado el indicar que la única variante del heavy que últimamente me gusta realmente es el metal sinfónico.

Por cierto, por oído que lo tuviera, me encanta el tema. Prefiero no saber lo que dicen.

xabipop dijo...

Realmente sí que sorprende la calidad y cantidad de bandas que brotaron en la década dorada del pop (en términos generales).

En el caso inglés también resulta sorprendente. Por ejemplo, a rebufo de los Beatles caminó un pelotón mucho más nutrido de lo que nos contaron, con grandes bandas verdaderamente eclipsadas por el fenómeno Beatles. Los Hollies es un buen ejemplo al que me gusta referirme, por su dilatada trayectoria y discografía, pero podríamos seguir y seguir. El listado no tiene fondo, al menos yo no he dado con él.

Respecto a la sicodelia, a mi siempre me interesó más la interpretación del fenómeno por parte de los británicos. La versión americana por supuesto es crucial y concentra grandes bandas, muchas de éllas de sobra conocidas, pero ¿y la sicodelia británica?, ¿qué fue realmente la
British Psychedelia?, y no sólo hablo de los primeros Pink Floyd. Me refiero a los que te puedes imaginar: Nirvana, Tomorrow... (no me estires de la lengua)

Resulta apasionante comprobar como en una breve orquilla de pocos años, a finales de la década, muchas bandas inglesas fueron evolucionando estilísticamente
pasando del R&B, a la sicodelia y algunas más tarde al rock progresivo, evolucionando disco tras disco de una forma sorprendente. Existen muchos ejemplos, como muestra otro botón: The Pretty Things.

En fin, podría seguir y seguir hablando contigo de los frutos dorados de una década apasionante para la música pop. En términos cinéfilos sería algo así como hablar de la época dorada de Hollywood y la interminable lista de clásicos de los Ford, Hawks, Wilder, y un largo etcétera...
Todo un referente al que conviene no perder de vista.

Discúlpame, pero me alegro de que no pudieras linkear el otro tema. No hay mal que por bien no venga. Todo un lujo el que nos ofreces, y no te creas que al alcance de cualquiera.

Disfrutémoslo.

Al59 dijo...

Je je, Xabipop, es que a ti no hay cosa que te tire más que una buena canción pop, a toda vela (si encima tiene vibe underground, tocamos el Paraíso). Pero la otra, más pensativa, también es una joya. Poco inglesa, eso sí, aunque fueran londinenses. No tiene esa cosa peculiar, juguetona, de la que tan bien hablas; pero hace buen juego con lo mejor de Country Joe & The Fish, un suponer.