martes, 20 de julio de 2010

Novísimo Algazife: Entrada a la Necrópolis


GALERÍA LÚGUBRE

A medida que el sol va recorriendo
los caminos subterráneos,
ilumina a los moradores de las tinieblas.

(R.T. RUNDLE CLARK)


1. ENTRADA A LA NECRÓPOLIS


«Estas enseñanzas pueden resultar tan útiles en la vida terrena como en el más allá.»

LIBRO DEL TIEMPO DE LA ETERNIDAD


La llamada Galería Lúgubre es como una especie de necroteca o parque necrológico, como un parque zoológico pero de muertos. En ella se exhiben y comentan diversas categorías de éstos en un escenario que intenta reproducir el habitat original de cada uno de ellos. El peligro o el daño que tales entidades pueden causar a los lectores es mínimo, habida cuenta de que los barrotes de letras sobre fondo blanco suelen proporcionar suficiente distanciamiento de las mismas. No obstante, por si acaso, se recomienda no acercarse demasiado a algunos inquilinos de esta Galería.

Que es un homenaje explícito a un ilustre investigador español predecesor mío en estos menesteres: don Agustín Pérez-Zaragoza y Godínez, autor de El remedio de la melancolía, historietas festivas (Madrid, 1821) y de La cocinera práctica y su marido el repostero famoso amigo de los golosos (Madrid, 1825), pero también de la monumental Galería fúnebre de historias trágicas, espectros y sombras ensangrentadas, obra dedicada «a la Augusta Real Persona de S. M. doña María Cristina de Borbón, Reina de las Españas, bajo la Real Protección del Rey N. S. (Q.D.G.)», que fue publicada por la imprenta de don J. Palacios, calle del Factor, Madrid, en junio de 1831. Don Agustín Pérez-Zaragoza se proponía escribir, como él mismo dice, «obra nueva de prodigios, acontecimientos maravillosos, apariciones nocturnas, sueños espantosos, delitos misteriosos, fenómenos terribles, crímenes históricos y fabulosos, cadáveres ambulantes, cabezas ensangrentadas, venganzas atroces y casos sorprendentes».

Desgraciadamente, como tantas veces sucede en nuestra investigación científica, la obra era un refrito, casi una traducción de Les ombres sanglantes y Les fantômes nocturnes, publicadas en 1820 por el francés Cuisin: «galeries funèbres de prodiges, événements merveilleux, apparitions nocturnes, songes épouvantables, délits mystérieux, phénomenes terribles, forfaits historiques, cadavres mobiles, tétes ensanglantées et animées, vengeances atroces et combinaisons de crimes, etc., puisés dans des sources réelles». Pero nadie puede negar a Pérez-Zaragoza haber sido el primer español que redactó y publicó un catálogo nocturno y trasmundano de amplio espectro.

Una de las muchas y notables diferencias que existen entre aquella Galería de 1831 y la que ahora abre sus puertas es que Pérez-Zaragoza, siguiendo también a Cuisin casi textualmente, presentó la suya como «colección curiosa e instructiva de sucesos trágicos para producir las fuertes emociones del terror, inspirando horror al crimen, que es el freno poderoso de las pasiones». Yo, en cambio, rechazo de entrada todo planteamiento moralista del tema. Mi intención es científica y casi entomológica, aun dentro de la modestia de mi empeño.

Otra notable diferencia es que Pérez-Zaragoza se limitaba a narrar hechos (verídicos, por supuesto, como declara el propio autor) en los que a veces participaba —o se suponía que podía haber participado— alguno de los seres sobrenaturales que son objeto de este estudio. Yo, en cambio, intentaré describir especies necrológicas o, al menos, necrotipos, que acaso en el futuro permitan sentar las bases de una ulterior clasificación.

Así, pues, por esta Galería van a desfilar distintas entidades, más o menos pringosas, etéreas, putrefactas, viscosas o peludas. Algunas poseerán una considerable cantidad de dientes y otras no. Algunas se caracterizarán por un medio ambiente muy definido mientras que otras se adaptarán a los climas más diversos. Algunas tendrán hábitos nocturnos o buscarán el amparo de las tinieblas o necesitarán de artilugios mecánicos o mágicos para mantener su ambigua existencia. Todas serán inquietantes.

La entrada de la Galería está situada en la culturtipología del submundo occidental, que es el nuestro, y queda pasablemente simbolizada por un dibujo de Tony Johannot para el Voyage où il vous plaira de Alfred de Musset, obra romántica de viajes y fantasías, como ésta. La puerta de acceso es una enorme boca de gigante -puerta propia de barraca de feria donde se mezclan el terror y la risa para diversión de los ociosos- y al cruzar el dintel se divisan al principio castillos en ruinas, parajes desolados, abadías góticas y caserones encantados. Sin embargo, allá en la lejanía, casi ocultos por las nieblas que se alzan de pantanos hechizados, se adivinan palacios árabes y minaretes, cúpulas resplandecientes, pirámides y templos de religiones ancestrales. Cerca de la entrada se exhiben los habitantes del reino de la muerte, pero más adelante irán apareciendo doctores cabalistas, magos egipcios y moros encantados.

Queda abierto el monstruario. Que su visita les sea provechosa.

(Rafael Llopis, El Novísimo Algazife o Libro de las Postrimerías,
Madrid: Hiperión, 1980, pp. 9-13)

sábado, 17 de julio de 2010

Novísimo Algazife: Advertencia previa

Rafael Llopis, ca. 1980

Se interesa Guely de Suecia, y no me extraña, por este librito de Rafael Llopis, del que hablé en una entrada anterior. Como no es fácil de hallar por esos mundos, en esta entrada y la de mañana les traigo como regalo las primeras páginas: la advertencia preliminar y el primer capítulo, «Entrada a la necrópolis», del primer apartado (Galería lúgubre). (Por supuesto, si al autor o al editor del libro no les agrada que se divulgen aquí estas páginas, sólo tienen que decirlo: ellos mandan.)

*

ADVERTENCIA PREVIA

Ante todo, que el Invisible os conceda sus bendiciones, que el Señor de la Noche os dé su luz, que el Señor de la Resurrección os guíe por los intrincados caminos de Occidente, que el Señor del Alba os ayude a atravesar la última tormenta y no sufra daño la palabra que vibra, todavía no pronunciada, en vuestra garganta. Habéis de saber que este libro se basa en textos necronómicos auténticos, dados a la publicidad en España (concretamente entre enero de 1973 y diciembre de 1976) por cierto boletín de información científica que, bajo la advocación del dios Thot, se distribuye sólo entre determinados profesionales. A través de sus capítulos se puede adivinar una terrible novela no escrita: una especie de danza macabra como las que tanto abundaron cuando el milenio anterior. Sus protagonistas son algunos de los principales arquetipos que configuran hoy en día el panorama de nuestro inconsciente colectivo. Por razones obvias, el libro está escrito en broma. Pero en realidad es un texto mágico que opera como un hechizo suelto por el mundo desde el momento de su publicación. Al que sabe leerlo bien le confiere cierto conocimiento de las cosas ocultas. Hombre, tampoco es que confiera demasiado, porque es un librito elemental. Pero digo que acaso contenga la palabra que despierta a la mano que coge la llave que abre la puerta. De cualquier modo, ojalá lo terminéis con bien, vosotros que me leéis no sé dónde ni cuándo.

Abril 1980

(Rafael Llopis Paret, El Novísimo Algazife o Libro de las Postrimerías,
Madrid: Hiperión, 1980, p. 7.)


jueves, 15 de julio de 2010

Que me hizo el mundo mientras yo dormía

Regalo del maestro Agustín, sobre tres versos de Antonio Machado

Que ya no puedo más tal vez me digo,
cansado de esta guerra que en mi pecho
muevo contra mí mismo, y doy por hecho
que soy yo el que no puedo y yo el que sigo.

Pero ése no soy yo, y con mi enemigo
vivir no quiero bajo el mismo techo,
cielo falso, que él pinta (me sospecho)
para que aquí yo muera al par consigo.

No: que alguien me arranque esta corona
que me pusieron cuando aún crecía
y ya contra las sienes se me encona,

o que yo pueda asesinar un día
en mi alma, al despertar, esa persona
que me hizo el mundo mientras yo dormía.


miércoles, 14 de julio de 2010

Summer in the City


Atrévete a considerar que el mundo se ha parado:
lo que no pudo el hielo, lo logró el calor nefasto.
Fundidas por el cielo van nubes de mermelada.
Los hombres sueñan deshacer la senda condenada
y regresar, amebas o parásitos, al agua.
Sobran endecasílabos y estrofas concertadas:
la rima es simple, como el mar de acentos y palabras
que fluyen por el caño de mi lengua disecada.
El sueño es fresco: un sótano donde enterrar tus pasos.
Las moras siguen verdes, sin memoria. Por el prado
los perros olfatean las entrañas del verano.
Azar es la necesidad: esta ventana abierta
por la que escapa, líquida, la hipótesis de un pájaro.
Las causas y las cosas, sus heridas, han cesado.
Por no decirte nada, voy diciendo demasiado.
El hombre todo es su sudor: razón que vuelve al cielo,
un charco a punto de alcanzar la ingravidez del fuego.
Los decapentasílabos invaden la pantalla
con su sabor a campo de labor o de batalla.
Es hora de beber: sobre el rubor de la toalla
reposan las viandas sanguinarias del Valhalla.
Un verso de ocasión es nuestra vida, si es que es algo.
Apúrala y no temas comprender; ya hemos llegado.





lunes, 12 de julio de 2010

Forofismo



Estos días ayudan a recordar en qué consiste la falacia patriótica: en intentar obligar a una comunidad a actuar como si tuviera siempre algo importante que celebrar, aunque la mayor parte del tiempo no sea así, ni mucho menos. Entiendo que haya gente que en estos días se envuelva con banderas, se pinte colorines y demás conductas subtribales. Tienen algo objetivamente noble que celebrar (aunque lo celebren de forma harto plebeya). El problema es esa minoría que actúa todos los días como si ser lo que sea (español, europeo, vasco) fuera la más alta condición a la que puede aspirar un hombre. Y pretenden que el resto nos lo creamos, o hagamos como que. Va a ser que no.


sábado, 10 de julio de 2010

¿Un error de apreciación?

Parecidos razonables II (el regreso). Kings of Convenience: Quiet is the New Loud. La Dama Se Esconde:«Un susurro puede ser / mi manera de gritar».




viernes, 9 de julio de 2010

Corro


La vida sigue,
los tiempos cambian,
las horas vuelan,
los cielos callan,
los vientos soplan,
los pueblos braman,
los mares corren,
los peces andan,
los bueyes vuelan,
los necios hablan,
los muertos viven,
los vivos pasan,
los niños trotan,
los viejos saltan,
¿se va la mosca....?,
viene la araña,
cada recuerdo
tiene un fantasma
en lo profundo
de su manzana,
los gases brillan
en la distancia,
las cosas sufren
sin importancia,
los montes flotan
sobre una flauta
en equilibrio
con las miradas,
las aves vuelven
de la desgracia,
las aguas rompen
bajo la almohada,
todo lo tiende
la encrucijada,
la luz me avisa
de la artimaña,
vidas muy cortas,
calles muy largas,
tiempos y brumas,
cierta nostalgia....,
y el horizonte
todo lo iguala,
circunferencia
sin esperanza,
todo lo deja
como una lámina,
rueda que rueda,
rueda dentada,
risa de acero,
ruede la danza,
cosas que suben,
torres que bajan,
entretejidos
de la sustancia,
punto del centro
del panorama,
en lo más fino
de la guadaña
que le permite
la equidistancia,
ojo de cuarzo,
clase de águila,
tipo de susto,
todo se para,
todo se entrega,
todo se calma,
nada se omite,
nada se guarda:
no pasa
nada;
¿....no pasa
nada....?:

no pasa
nada....

22, 1, 98

Antonio Hernández Marín
(Aker)

miércoles, 7 de julio de 2010

Danza de Justas


Una canción recién hecha, fresquita (o tibia, según se mire). En rigor, no es canción, sino una danza instrumental,de aire medieval. Utiliza el modo mixolidio, que es uno de mis favoritos. Si alguien tiene curiosidad por entonarlo, no tiene dificultad: es la escala que obtienes si tocas las teclas blancas de un piano de un sol grave a otro agudo.

La orquestina virtual tiene esta vez una formación curiosa: cuerno, trompeta, piano eléctrico, órgano ...y pedal de wah-wah.




domingo, 4 de julio de 2010

sábado, 3 de julio de 2010

Arte menor


I

Caen las
cosas,
pasa el
tiempo.
Pienso en
frío.
Voy
más
lento.

II

Se acabó
lo que se daba.
Sin la piedra
(que ya es agua),
pegadita a su recuerdo,
va la lapa.

III

Por la pecera
va mi mirada,
barco sin vela,
pez sin escamas.

jueves, 1 de julio de 2010

El inquilino del abismo



El contorno del abismo llamó J. Benito Fernández a su biografía de Leopoldo María Panero, que exploro estos días. Con sentimientos encontrados: no creo que quepa otra. Sería moralista hablar de 'talento desperdiciado' (¿en dónde querríamos ponerlo a trabajar? ¿En Telefónica?), pero según avanzan las páginas, llenas de gracia, se percibe cómo una vida aventurera se va volviendo esclerótica, pasando del 'me arriesgo' al 'no me queda otra'. Casi todas las biografías tienen algo de esto (al avanzar a la muerte, / allí lo llaman progreso), pero en el caso de Panero se nota más que en el de otros. Pienso en Timothy Leary, del que también leí este mes su bio, auto en este caso: Flashbacks. El paralelismo tiene su aquél porque tanto Panero como Leary pasaron tiempo en la cárcel por acusaciones ridículas, con el claro propósito de doblegarlos. Ninguno se dejó, pero se diría que Panero acabó cogiéndole cierto gusto masoquista al encierro, a la limitación.

De todas formas, hay que estar de acuerdo con él en que de lo mucho bueno que escribió, probablemente su primera época es la mejor. Los cuatro o cinco años, o sea.

Las estrellas
El mar
una voz honda
una voz clara
Todo había amanecido
los trenes, las casas
una cabeza misteriosa
que aparecía
por todos los jardines
Por todas partes apareció
eso misterioso.

Entonces dije yo, es mi padre
dejadme y la gente pasaba
y los borrachos pasaban
yo me hallaba en la tumba
echado con las piedras, yo
decía
Sacadme de la tumba pero
allí me dejaron con los habitantes
de las cosas destruidas
que no eran ya más que
cuatro mil esqueletos.

Y mi corazón temblaba
pero era un sueño
que mi corazón lo soñaba
y fueron muriendo muchos soldados
de la guardia del Rey
pero mi corazón estaba temblando.

martes, 29 de junio de 2010

Qué guapa era Carmen


No me toca juzgar lo que pueda haber enseñado, pero en estos años de docencia he aprendido, y cómo, de mis alumnos. En especial, siempre que les he animado a adentrarse en el folklore, hurgando en su memoria o en la de sus mayores, he salido maravillado, como en esas expediciones que solíamos hacer de pequeños, a lo Breton, en busca de piedras.

De vez en cuando, me vuelven a la memoria algunas de las canciones que recogimos para el Cancionero y Romancero del Campo Arañuelo. Ésta es una de las más bonitas, interpretada por Sara Llanos Álvarez, del pueblo de Mirabel, nacida en 1928, y recopilada por Sara Cabezón Sancho.


¡Qué guapa era Carmen,
qué rubia era Elena,
Matilde, qué buena,
qué alta Salud,
Emilia, qué guapa,
Pilar, qué bonita
y qué bien Sarita
tocaba el laúd!

jueves, 24 de junio de 2010

Parecidos razonables


(Que diría Rafa Corega)

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

(Leopoldo María Panero, Así se fundó Carnaby Street)

*



Por la casita encantada
no te has dejado caer.
Los dulces se están perdiendo,
está volviendo a llover.
Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando.
Las hadas buenas ya se han marchado.

La pequeña bailarina
por ti ha vuelto a preguntar.
Sentados los dos al fuego,
cuenta cosas de su capitán.
Te echamos todos de menos,
no han vuelto a dar cuerda a la caja musical.
¡Qué tristes parecen las burbujas del champán!

¿Y en qué he vuelto esta vez a fallar?

Se van quedando dormidos
en cada rincón del hogar,
los corazones de trapo
están muy lejos de la realidad.
Dejo entornada la puerta,
de un momento a otro puedes cruzar el umbral,
aferrado a tu retrato...

No das señales de vida,
yo ya empiezo a envejecer.
¿Te acuerdas de la casita?
Pues ahora han construido un hotel.
Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando.
Las hadas buenas ya se han marchado.

martes, 22 de junio de 2010

¿Soy yo quien anda esta noche?


Antonio, que tanto nos falta, tenía mucho que contar sobre la sensación de extrañeza que provoca (al parecer) el aura epiléptica y que él consideraba almendra tanto de su propia sensibilidad como de la de JRJ. Al hilo de esos razonamientos, le pregunté una vez por este poema, y estuvo a punto de contarme lo que pensaba, pero llegó la aurora o alguna otra transeúnte y la conversación cambió de tercio.

Se trata de un romance incluido en Jardines lejanos, de 1904. En una de sus versiones, dice así:

¿Soy yo quien anda, esta noche,
por mi cuarto, o el mendigo
que rondaba mi jardín,
al caer la tarde?... Miro
en torno y hallo que todo
es lo mismo y no es lo mismo...
¿La ventana estaba abierta?
¿Yo no me había dormido?
¿El jardín no estaba verde
de luna...? El cielo era limpio
y azul... Y hay nubes y viento
y el jardín está sombrío...
Creo que mi barba era
negra... Yo estaba vestido
de gris... Y mi barba es blanca
y estoy enlutado... ¿Es mío
este andar? ¿Tiene esta voz
que ahora suena en mí los ritmos
de la voz que yo tenía?
¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín
al caer la tarde?.... Miro
en torno.... Hay nubes y viento....
El jardín está sombrío....

Y voy y vengo.... ¿Es que yo
no me había ya dormido?
Mi barba está blanca y todo
es lo mismo y no es lo mismo...

1. En su fragmento más famoso, escribe Heráclito que «en unos mismos ríos entramos y no entramos, estamos y no estamos» (fr. 63 GC, 49a D-K). En la reconstrucción que hace García Calvo del libro de Heráclito el fragmento inmediatamente anterior dice casi lo mismo que el poema de Juan Ramón: «todas las cosas, las mismas y no las mismas» (fr. 62 GC, A7 D-K). «No ha cambiado casi nada, / pero nada sigue igual

2. Las mareas del yo, el sentimiento oceánico. Y voy y vengo, dice Juan Ramón. Aquella otra canción griega: φεύγει ο καιρός, καράβι και μας πάει πίσω μπρος («huye la edad: / su barco nos lleva adelante y atrás»). «Porque la vida es un barco / y todo se mueve

3. Aunque el paso del tiempo no sea la única clave del poema, sin duda abre algunos de sus cerrojos. En la caja de los ecos, este poema tradicional japonés, que trae García Martín en sus particulares jardines lejanos:

¿Por dónde ha entrado
el viejo que me mira en el espejo?
De haber sabido
que venía tras mis pasos,
le habría dado con la puerta
en las narices.

4. Sucede que John C. Wilcox escribió un artículo, probablemente esclarecedor, sobre este poema. He esquivado leerlo hasta escribir estas notas, para que no condicionara mi deriva. Ahora me daré (y a ello les invito) el gusto.

lunes, 21 de junio de 2010

Vd. no sabe quién soy yo (y yo tampoco)


Curado a la fuerza de ciertas adicciones, he vuelto a leer, en papel y en cantidad apreciable. No tanto a escribir: estoy más receptivo que otra cosa, con el intelecto en barbecho, como solíamos decir entonces. El caso es que de vez en cuando da uno con párrafos que te obligan a reaccionar, aunque sólo sea para celebrarlos y darles dos vueltas. Me pasó con la defenestración del heavy metal de MacDonald, pelín injusta pero ingeniosa, y ahora leyendo un libro, muy recomendable, sobre los contraculturales de hoy y sus paradojas. En un momento, cita el autor a un tal Giddens, y dice éste así:

Si se analiza el trabajo en Psiquiatría, en Psicoterapia, se observa que la mayoría de los terapeutas dicen que si bien hace una generación la mayoría de los problemas que tenían que tratar eran neurosis, patologías de la conducta, hoy día la mayoría de los problemas que tratan son problemas de identidad, problemas de personas que dicen no sólo «no sé quién soy», sino incluso «siento que no existo». La personalidad «esquizoide» parece estar emergiendo como la personalidad patológica de finales del siglo XX.

Anthony Giddens publicó su ensayo en el 99. Treinta años antes, King Crimson abrían su primer disco con 21th Century Schizoid Man. Los años de la exploración psicodélica fueron sin duda pródigos en crisis de identidad. Piensa uno en otras canciones, ajenas (Country Joe and the Fish: Who am I?, Incredible String Band: The Half Remarkable Question, Supertramp: Logical Song) e incluso propias («Ya no sé quién soy; tal vez una sombra»; «Yo no sé cuál es mi nombre, / quién se esconde dentro en mí») que abordan el tema, con formulaciones idénticas o casi, y asombra que lo espontáneo, 'lo que le sale a uno', resulte, levantando la lupa, obediencia casi mecánica a la canción de los tiempos.

Puestos a dudar, ni siquiera se decide uno a declarar la duda como mórbida o saludable. Yo me inclinaría, con el maestro Agustín, por lo segundo; pero me inquieta pensar que la duda sobre la propia identidad y las medidas drásticas para afirmarla formen un paquete, como la anorexia y la bulimia, y la duda, al menos cuando cursa con angustia, acabe abonando la conversión, el golpetazo contra la mesa y la exclusión radical de lo que inquieta al sujeto. Medítenlo Vuesas Mercedes, si les place; y cuéntenme qué les parece.

miércoles, 16 de junio de 2010

El timo de la estampita


En este caso, el timo de la 'estampa a demanda'. La idea no puede ser mejor: coger textos interesantes que llevan años descatalogados, y son en muchos casos de dominio público, y digitalizarlos, de forma que puedan incorporarse a una base de datos e imprimirse por poco dinero.

El problema, claro, viene por la codicia y las prisas. Para empezar, el libro no vuelve a maquetarse, sino que se 'respeta' el original ofreciendo un facsímil que en realidad termina siendo un sucedáneo cutre, pues no se mantiene el tamaño original de las páginas, y al reducirlo queda una letra de hormiga. No hay, pues, tal respeto, sino voluntad de abaratar costes, evitándose un trabajo necesario (el de pasar el texto, cuando convenga, a una fuente más adecuada y legible), ahorrando papel a expensas del lector y ahorrándose también el trabajo de añadir un prólogo, o siquiera una contraportada, que sitúe adecuadamente la obra en su contexto cultural, indicando su fortuna posterior y su posible utilidad actual.

En el caso concreto que me lleva a escribir esto, la chapuza es completa. Se trata de un libro clásico de Ludwig Laistner sobre la Esfinge y su enigma, publicado en 1899, que influyó en Freud, Róheim y otros estudiosos del tema, y que recoge muchísimos materiales valiosos del folklore alemán sobre la Pesadilla, las Damas de Mediodía y otros fantasmas de pro.

La cagada la perpetran una compañía llamada Bibliobazaar, que al parecer vive de imprimir libros escaneados gratuitamente por otros, y otra llamada Bookdepository, que los distribuye. No habría nada que reprocharles si pusieran cierto esmero en la tarea.

Muy al contrario, el libro que he comprado, para empezar, se ofrece en la página web de Bookdepository y en la portada como si fuera el texto completo escrito por Laistner; pero basta abrirlo para ver que se trata del segundo tomo de los dos que publicó don Ludwig, que recoge sólo las dos últimas partes (III y IV) del estudio (para más inri, el análisis de la esfinge y su enigma que promete el título no está incluido en estas secciones).

Si a eso le sumamos que han 'respetado' la letra gótica del original, pero reduciendo el tamaño de la página, el resultado es un churro ilegible. La desidia es tan grande que el índice de palabras y nombres propios que cierra el tomo se interrumpe en la O, probablemente porque el encargado de escanearlo tenía prisa por irse a merendar y no hubo nunca un encargado de comprobar la integridad del texto.

Por este camino, consiguen que uno se lo piense en adelante diez veces antes de volver a confiar en Bibliobazaar, en Bookdepository y en cualquier otra empresa por el estilo. Si mi entrada contribuye a evitar que otros pequen de confiados, bien estará.

(A todo esto, hay a la venta una edición completa, o al menos, mayor. Frente a las 470 de la de Bibliobazaar, ésta de la Universidad de Michigan tiene 772 páginas. O eso dicen. Cualquiera, ya, se fía.)

jueves, 10 de junio de 2010

Helter Skelter


Con los años he ido cayendo en el vicio de leer bastante sobre los Beatles. Hay libros de todo pelaje, pero los que más me gustan son los que van recorriendo canción a canción del repertorio, aportando información diversa sobre el origen de la composición, posibles influencias, el proceso de los arreglos, la grabación y el lugar que ha acabado teniendo la pieza en el canon.

El mejor trabajo de todos es gratuito y está en la Red: el músico Alan W. Pollack ha escrito un ensayo sobre cada una de las canciones, analizando la estructura musical, los timbres y los arreglos. Siguiendo el índice alfabético, se llega en segundos a cualquiera de ellas.

La editorial madrileña Celeste ha publicado al menos dos libros de este tipo: Guía completa de canciones, de W. J. Dowlding, y The Beatles. Revolución en la mente, de Ian MacDonald. Los dos son una mina, pero MacDonald, además de estar bien informado, es un escritor sólido, y tiene filias y fobias muy bien razonadas, que no siempre convencen.

Uno de los temas que MacDonald masacra es Helter Skelter. A estas alturas no creo que mucha gente le niegue la genialidad, y su capacidad para inspirar versiones variopintas, algunas memorables.

Lo interesante es que para llevarse por delante la canción MacDonald hace una exposición memorable sobre lo que supuso el paso del pop sesentil al rock duro. Ojo con ella.

El idioma heavy metal de los años setenta tuvo su origen en el cambio acaecido a mediados de los sesenta del habitual cuarteto pop de bajo volumen al super amplificado power trio de rock, un cambio de formato en que el redundante guitarrista rítmico se sustituía subiendo el volumen del bajo, sonorizando la batería con los micros más cerca, y añadiendo una serie de efectos de distorsión a la guitarra solista. Liderado por grupos como The Who, Cream y la Jimi Hendrix Experience, este paso fue, hasta cierto punto, consecuencia inevitable de los mejores y mayores amplificadores y altavoces diseñados para locales más grandes y rentables. Pero la pérdida del arte del guitarrista rítmico empezó a sentirse pronto en una degradación en la textura y un declive en la sutilidad musical en general. Los guitarristas rítmicos solían ser compositores, y la variedad de articulación y las técnicas de acentuación que utilizaban también daban forma a sus composiciones. El power trio medio, carente de este cerebro musical, era en realidad una excusa para sustituir las canciones por riffs y descartar el matiz en favor del ruido. Cuando aparecía un segundo guitarrista, era sólo para reforzar el riff, mientras el guitarra solista se lanzaba a unos solos prolongados e invariablemente estridentes. Más bien un deporte de contacto sonoro que una experiencia musical, el heavy metal se hizo inmensamente popular y, con distintos disfraces, ha dominado el rock para todos los públicos desde mediados de los años setenta.




martes, 8 de junio de 2010

A la huelga

Huelga y holganza (y aun folgar) son términos hermanos, pero bien distintos. Uno hace huelga sabiendo que pierde dinero y quizá también el tiempo; pero convencido de que cumple su deber. En tiempos de crisis, suelen caer las caretas. El juego es bastante descarado: quienes nos han arrastrado a este escenario pretenden que los demás paguemos sus piruetas especulativas, y consiguen (lo que es realmente lamentable) dividir a los trabajadores, animando a los del sector privado a sentir alegría maligna por el recorte que sufrimos los funcionarios. Una maniobra, además de miserable, falaz, pues no hay que ser un genio para ver que los recortes que sufrimos hoy unos influirán negativamente en los convenios colectivos de otros.

No comparto casi nada de lo que escucho o leo en estos días sobre los sindicatos, que, mejores o peores, son nuestra defensa ante las arbitrariedades del patrón, privado o público. El precedente está claro: la abominable Thatcher logró hundir a los sindicatos durante la crisis de finales de los 70 (cuando más falta hacían), y la derecha (ese brazo retórico de la injusticia) pretende lograr lo mismo esta vez, privando a los trabajadores de la capacidad para responder organizadamente a las agresiones que sufren y colándonos la monserga de siempre: que sólo su modelo (el mismo que nos ha llevado al desastre) es realista y viable.

Pues bien: lo 'real' es que un colectivo sin capacidad de presión está sujeto a lo que otros más poderosos dispongan para él. De ahí que se intenten cargar el movimiento sindical. Las críticas a los compromisos de los sindicatos con el poder o sus insuficiencias siempre son oportunas; pero no deberían impedirnos reconocer que si nos dejamos pisar, nadie apreciará la nobleza de nuestro gesto. No les demos ese gusto.

*

Sobre los liberados sindicales. Cualquier parecido del discurso cavernícola sobre los mismos con los hechos es pura coincidencia.


domingo, 6 de junio de 2010

Cuando el RIO suena


La operación no es inocente. Mucho más eficaz que prohibir el uso de un término es alterar su significado, sustituyéndolo por otro inocuo. Como si se tratara de un homenaje perverso a Orwell, que trató la cuestión en 1984, el villano de su novela pasó a dar nombre a un pan y circo televisivo. Si hoy buscas en Google "Gran Hermano", 9 de diez resultados te alejarán de Orwell. Por algo será.

Con RIO sucede lo mismo. Nos atruenan estos días con Rock in RIO, el festival 'de madres e hijas' (sic), lleno de rockeros macizorros y divas neumáticas, y empujan hacia el fondo de Google aquel otro RIO del año 78: un movimiento musical que agrupó al ala más vanguardista del rock progresivo en un momento en que las casas de discos sólo estaban interesadas en el bote de Colón y similares. Como el megaterio que nos aturde, el RIO de los 70 nació también como una celebración: Henry Cow, una banda inglesa, invitó a cuatro grupos europeos a acudir a Londres para tocar en un festival llamado Rock In Opposition (RIO). Se trataba de oponerse, como siempre, al principio de realidad, es decir, al intento de reducir cualquier iniciativa o inquietud a un producto inocuo, intercambiable por dinero, como cualquier otro.

La organización material del RIO duró poco (para el 79 se daba el movimiento por finiquitado), pero el planteamiento y el estilo no se han dejado borrar tan fácilmente. La entrada de la Wikipedia inglesa informa bien sobre sus idas y venidas.

Aunque el RIO nunca ha sido mi estilo predilecto, no viene mal recordar hoy a su grupo más representativo, Henry Cow. Así sonaban en directo arrancándose por Phil Ochs (!), con la bella Dagmar Krause al micrófono.


viernes, 4 de junio de 2010

¿Para qué volver?


Antes de que Spielberg soñara las bicis volantes de ET, Panero las vio alejarse (1970). Años después, La Buena Vida les dedicó una gimnopedia pop (1993).

El rapto de Lindberg

Al amanecer los niños montaron en sus triciclos, y nunca regresaron.

(Leopoldo María Panero, Así se fundó Carnaby Street).