viernes, 28 de mayo de 2010

La canción oscura


Días de alergia. La estacional (a algún polen) y la perpetua (a abusones, lameculos y Pedritos con carguito). Considerando la abundancia del alérgeno, no es raro que no mejore.

*

Penúltimo ejemplo. Alguien sorprende a unos niños cantando esta canción (la de la partitura):

A mí me gusta lo blanco,
viva lo blanco, muera lo negro,
que lo negro es cosa triste,
yo soy alegre, yo no lo quiero.

E inmediatamente les avisa que eso es caca y que los negros son tan buenos como los blancos (de hecho, éstos han sido malísimos con los negros) y etcétera. A partir de ahí, una exitosa campaña para convertir una canción tradicional infantil en un canto supremacista del Ku Klux Klan.

Es cierto que ayuda a no entender la copla que los autores del libro hayan censurado la continuación:

A mí me gusta la gaita,
viva la gaita, viva el gaitero,
a mí me gusta la gaita,
que tenga el fuelle de terciopelo.

A lo que cabría aún añadir, para más claridad, aquella otra seguidilla:

Una moza en el baile
dijo en voz alta:
—Si me gustan los hombres,
es por la gaita.

**

Todo viene conectado, en fin. Son ropas negras las que niegan el color y el cuerpo: las tocas de las monjas, el negro de los uniformes, el ropón del luto. Y muchos de los pañuelos de los que hablábamos ayer.

***

Estamos rodeados de fanáticos literalistas. Ya no recuerdo quién lo dijo: peor que no saber leer es ser gente de un único Libro. El de consignas.

jueves, 27 de mayo de 2010

El mundo es un pañuelo. O no.


...la ropa que nos niega el cuerpo
(Mantas, ruedas, bicicletas).

En mi instituto, imagino que como en todos, que te toque un grupo con muchos alumnos marroquíes no se considera una buena noticia. Hay una razón para ello: se trata de alumnos que en muchos casos no hablan bien español y que arrastran un expediente escolar desastroso. Un alumno que no se entera y que da el curso por perdido antes de empezar es garantía de problemas. Pero la razón no es suficiente para justificar el prejuicio: si es cierto que hay muchos alumnos magrebíes en esas condiciones, los hay también excelentes desde el punto de vista académico, y otros muchos que hacen todo lo que está en su mano por ganar la partida con las cartas (desastrosas) que les han tocado.

Este año es el primero que he tenido un grupo formado íntegramente por magrebíes, y concretamente por alumnos con un nivel muy bajo de lengua que necesitan un apoyo específico. De esa relación, en principio nada prometedora, no han salido más que cosas buenas: entre ellas, aparte de lo estrictamente académico, un libro que está a punto de publicarse y muchas conversaciones provechosas.

Una de ellas fue sobre el pañuelo, el hiyab. Ninguna de mis alumnas lo lleva, pero en el centro sí hay un par que vienen a clase con él, sin que esto haya creado por el momento demasiada fricción. Imagino que la actitud de mis alumnos es, por unánime, representativa de una forma de pensar bastante extendida. Como no coincide mucho con lo que nos han traído los medios de comunicación sobre el tema, pienso que puede tener sentido traerla aquí.

Los alumnos, para empezar, no opinan sobre el tema: es una cuestión de las chicas. Éstas son unánimes: llevar el pañuelo es un mandato de su religión, algo irrenunciable… y que, sin embargo, ninguna de ellas cumple. A partir de este quiebro, todo son contradicciones, muy humanas. Por ejemplo, ninguna de ellas tiene claro si lo que manda la religión es cubrirse el cabello, el rostro o todo el cuerpo. Les indigna que en Europa se haya legislado contra el burka; la mayoría dicen que lo llevarían, si vivieran en un país en que fuera costumbre, pero una al menos dice que lo del pañuelo seguro, pero lo del burka no lo ve claro. No me extraña.

Tampoco está claro (quiero decir: no lo tienen claro ellas mismas) a partir de qué momento deberían llevarlo. Citan como edades los siete y los doce años (esto último iría asociado, imagino, a la menarquia), pero al final vienen a indicar que el momento de la verdad es el matrimonio. Por el pueblo, en efecto, es rarísimo ver a una mujer musulmana adulta sin pañuelo, aunque ellas insisten en que haberlas, haylas, siempre que el marido lo permita. Y así queda: como una medida de gracia del marido.

Respecto a la insinuación de que se trata de una costumbre machista, la respuesta es unánime (y un tanto contradictoria con lo último que acabo de escribir): no es un mandato de los hombres, sino de Dios.

No diría que se las ve aleccionadas (en general, el nivel de conocimiento de su propia religión es discreto), pero está claro que es un tema del que han hablado mucho entre ellas. Por ejemplo, todas se ríen hablando de la mujer occidental que mide dos metros y lleva medio metro de ropa (cuando las europeas vienen a Marruecos, argumentan, nadie les prohíbe vestir como quieren) y se ponen coléricas cuando hablan de las multas que pretenden, dicen, castigarlas por ser buenas musulmanas; lo que no les impide hablar con arrobamiento de que en Dubai las que reciben multa son las que salen a la calle 'mal vestidas' (o sea, como visten ellas todos los días).

Por otra parte, donde yo digo que no hay por el momento demasiada fricción, ellas sí la ven: cargan contra tal profesor que, dicen, llamó a casa de ésta o aquélla para convencer a sus padres de que viniera sin velo, y le acusan de haber dicho de que en su clase no entra ninguna con la cabeza cubierta. En su película, se trata de un villano injustificable.

Como la consecuencia está sobrevalorada, a mí me agrada que estas alumnas sean inconsecuentes, o sea, comprensibles. No tengo ninguna esperanza, después de oírlas, de que la costumbre vaya a cambiar en breve; pero constato que la costumbre de facto es incumplir la costumbre, hasta que no queda otra. Por menos se empieza.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Divertimento en Db


Pues eso: una melodía en re bemol que nos hemos entretenido armonizando esta tarde en clase de música. La tonalidad da más vueltas que un tiovivo, así que es una feria de acordes alterados de todo tipo. Faltan varios compases, pero hasta aquí llegan hoy las neuronas. Mañana más.


domingo, 23 de mayo de 2010

Buscando otro Erik Satie


Uno sabe que yerra, pero cae en ese juego de buscar otros Beatles, otra ISB, otro Satie. En el corazón del error, hay un acierto: a veces, el tono peculiar de un artista continúa por otros medios, otros médiums, y pueden ser otros quien nos den no sólo 'nuestro mejor yo', sino el más característico. (Parece confirmado, por ejemplo, que La desesperación no es de Espronceda; pero pocas cosas hay tan suyas.)

Pero en conjunto se trata de un error, que perjudica sobre todo al artista en quien buscamos a otro. Nunca lo hallaremos suficientemente parecido para no juzgarlo, en comparación, de serie B o Z, pródigo en diferencias que lo desvirtúan; o, por el contrario, si se esfuerza por no añadir nada que no esté ya en el original, nos parecerá un ingenio clónico, reiterativo.

Entre lo uno y lo otro, me vienen a la mente tres discos que adquirí porque se prometían inspirados por Erik Satie. El segundo, por malo, lo condeno al olvido; pero me gustaría recordar los otros dos.

El primero ya tiene sus años: es un disco de Roger Eno, el hermano de Brian Eno, llamado Between Tides, de 1988. El tercero es reciente, del 2004: Velvet Afternon, de John Hackett (también hermano; en este caso de John Hackett, el guitarrista de Genesis). (La lista de hermanos poco conocidos de artistas célebres podría seguir: si alguien se apunta, arrojo un tercer as: Terry Oldfield.)




martes, 18 de mayo de 2010

Los ŷinn en el Islam


Van cuatro. Y con esto acabamos, de momento. El quinto apartado es éste.

*

Como ya hemos adelantado, la creencia en los ŷinn es tan central e irrenunciable para la religión islámica como lo es para los cristianos la creencia en ángeles. [1] No se trata de una sustitución (creer en ŷinn en vez de en ángeles), sino de una concepción del mundo más amplia: donde la visión cristiana (y antes judía) coloca dos planos: hombres y ángeles, el Islam distingue tres: hombres, ŷinn y ángeles.

Los ŷinn eran ya bien conocidos antes de la predicación de Mahoma. [2] El Corán confirma su existencia y aclara su origen: Alá creó a los ŷinn del fuego sin humo (Corán 55:15) (por eso, no debe sorprendernos que arrojen fuego por la boca, como sucede en varias historias aquí recogidas). Iblīs (nuestro Satán), que se rebeló contra Dios negándose a inclinarse ante el hombre, al que consideraba inferior (Corán 7:11), es uno de los ŷinn, aunque antes de su caída se le había hecho un hueco entre los ángeles en consideración a su excelencia. [3]

Una muestra de la importancia de los ŷinn es el hecho de que el libro santo, además de mencionarlos en varios de sus capítulos, llamados suras o azoras, les consagra una de ellas, la septuagésimo segunda, llamada Al ŷinn (سورة الجن‎). Otro hecho significativo es que el último versículo del Corán contiene una referencia a los genios (114.6). También hablan sobre los ŷinn algunos hadith, tradiciones sobre la vida del profeta Mahoma que circularon oralmente durante varios siglos y fueron después recogidas por escrito, otorgándoseles carácter normativo y, a veces, sagrado.

En la comunidad islámica actual la creencia en ŷinn conserva su vigor, aunque algunos observadores han señalado que va a menos, del mismo modo que decrece la creencia en ángeles entre los cristianos. En el siglo XX hubo tentativas de racionalizar a los ŷinn, viendo en ellos a los microbios que describe la biología moderna, pero no han prosperado (entre otras cosas, resulta dudoso que se pueda conciliar esta lectura con los testimonios que nos hablan de conversaciones entre el Profeta y los ŷinn). [4]

El libro del doctor Omar Sulaîman Al Ashqar recogido en la bibliografía (Sulaîman Al Ashqar 2003) es un ejemplo de la visión ortodoxa islámica sobre los genios y demonios.

*

[1] Su existencia se encuentra firmemente establecida en el Islam y es uno de los temas que el musulmán debe obligatoriamente conocer (Sulaîman Al Ashqar 2003: 34).

[2] La creencia en Genios prevalecía en Oriente mucho antes de la época de Mahoma. Se suponía que rondaban los lugares solitarios, particularmente hacia la caída de la noche; superstición que congeniaba con las costumbres e ideas de los habitantes de regiones solitarias y desiertas (Irving 1982: 93).

[3] Sol Tarrés indica, sin embargo, que mientras los hombres consideran a Iblīs un genio, apoyándose en los textos sagrados, las mujeres, especialmente las procedentes del mundo rural, consideran que es un ángel caído (Tarrés Chamorro 1999: 233). Hay un pasaje coránico (2: 32) que parece avalar esta idea, pues presenta a Iblīs entre los ángeles, como uno de ellos: Entonces dijimos a los ángeles: «Postraos ante Adán»; y se postraron, excepto Iblis, que rehusó. Cf. sin embargo la coletilla que aparece en 18: 48: Acuérdate de cuando dijimos a los ángeles: «¡Postraos ante Adán!». Se postraron todos, menos Iblis, que estaba entre los genios (tr. de Juan Vernet). V. la discusión en Sulaîman Al Ashqar 2003: 39-42.

[4] Michel Gall recoge una cita de Th. Van Baaren sobre el tema: Sonreímos al ver que los musulmanes modernistas se esfuerzan en demostrar que los espíritus del desierto de que habla el Corán son los microbios de la ciencia moderna, pero, pensándolo bien, estos intentos de adaptación son del orden de la teología cristiana cuando asimila los siete días de la creación mencionados en el Génesis a los períodos de la evolución geológica. Nosotros no estamos de acuerdo. Pensamos que el origen de los djinn es más noble. Lejos de ser fenómenos naturales, son la prueba del genio del hombre (Gall 1976: 94-95). Sulaîman Al Ashqar recoge también la idea como una de las nociones erradas sobre los genios: Algunos «contemporáneos» alegan que los genios son las bacterias y microbios que la ciencia moderna ha descubierto recientemente (Sulaîman Al Ashqar 2003: 29). Algo tendrá la idea, porque también Cansinos Asséns (1961: I 333) la presenta, aunque sólo como metáfora: para él los genios representan una categoría de espíritus elementales, esparcidos por toda la creación como una suerte de microorganismos o bacterias psíquicas que intervienen en todos los procesos vitales. Siguiendo una vereda similar, Nasr Hamid Abu Zayd, profesor de la Universidad de El Cairo, propuso en 1992 que los genios y los demonios podrían ser representaciones mentales pertenecientes a cierta etapa de la evolución de la conciencia humana. Fue llevado a juicio y declarado apóstata (Dundes 2003: 11-12).

lunes, 17 de mayo de 2010

Visión occidental de los genios: de Roma a Disneylandia


No hay dos sin tres. Allá vamos.

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Los genios, por otra parte, no son unos recién llegados a Occidente. El uso de la palabra entraña cierto equívoco: algunos traductores de Las mil y una noches pensaron que los ŷinn que aparecían en esos cuentos se parecían mucho, tanto en el nombre como en sus actos, a los genios de la vieja civilización romana. Así que tradujeron una palabra por la otra, dando a entender que los 'genios' árabes eran parientes de los europeos.

Ahora bien: ¿lo eran? Examinemos los hechos: los romanos llamaban genius (plural genii) a un espíritu invisible, dispensador de fuerza, que acompañaba a todos los individuos (incluidos los dioses), e incluso a las ciudades y asociaciones: para entendernos, tanto el legionario anónimo como el emperador, la ciudad de Roma y el propio Júpiter tenían un genio. Éste personificaba su forma peculiar de ser: indulgere genio, “ceder al genio”, significaba concederse lo que a uno más le gustaba, ser, diríamos hoy, autoindulgente. Te lo juro por mi genio venía a suponer dar la palabra de honor. [1]

Desde el punto de vista psicológico, por tanto, es probable que los romanos hablaran, hasta cierto punto, del genio de cada uno como hoy lo hacemos de su personalidad, su yo o su talante. Pero esta explicación trivializa un tanto el concepto: los genios eran bastante más que una 'imagen de uno mismo'. En algunos detalles, recuerdan a los ángeles de la guarda de la tradición cristiana (que quizá se inspiraron en parte en ellos): cuidan y defienden a la persona o cosa con la que están ligados, y en algún momento se llegó a considerarlos inmortales, identificándolos con los Manes, los espíritus de los muertos. Sin embargo, también esta analogía es un poco engañosa: la energía de los genios no es 'angelical', en el sentido de puramente espiritual, ni desencarnada, sino generadora, fértil, sexual: el genio de una persona participaba en su concepción y presidía sus bodas. De aquí procede la idea moderna de que hay personas (como los grandes artistas y líderes) geniales, dotadas de genio (capacidad de engendrar cosas nuevas, talento) o, por metonimia, genios ellas mismas. Incluso la gente corriente tiene derecho a demostrar cierto genio, cuando reacciona con fuerza contra el intento de los demás de doblegar su voluntad o, sencillamente, se deja llevar por la ira.

¿Hay, entonces, puntos de contacto entre los genios romanos y los ŷinn? [2] Lo cierto es que sí, ma non troppo: en la cultura musulmana encontramos algunos testimonios de la idea de un ŷinn ligado, como el genius o el ángel de la guarda, a cada persona: son los qarins. [3] El qarin suele ser de género opuesto al ser humano al que está ligado. [4] Algunos fenómenos de telepatía tienen su explicación en los qarins: los hermanos gemelos comparten un único qarin, y los qarins de las madres son parientes de los qarins de sus hijos. [5] Los musulmanes introducen el matiz de que la persona debe domar a su ŷinn particular si quiere ser feliz; si lo deja a sus anchas, el ŷinn dominará su vida con sus caprichos y le llevará al desastre. [6]

Este ŷinn personal puede considerarse equivalente al genius latino; pero no es, ni mucho menos, el tipo más habitual: generalmente los ŷinn tienen su propia vida, que sólo se cruza ocasionalmente con la de los mortales. A diferencia de los genii, los ŷinn de Las mil y una noches están a menudo ligados a un talismán o amuleto (o aprisionados en él): es la lámpara de Aladino o la botella u olla donde Salomón encerró a los genios malvados tras derrotarlos. [7] El poder de estos ŷinn es muy superior al de los viejos genii: pueden conceder a quien los domina cualquier deseo (aunque, todo hay que decirlo, por su talante burlón tienen cierta afición a confundir a quien los invoca, como en la tradición occidental suele hacer el Diablo con aquellos que le venden su alma a cambio de bienes materiales).

El ŷinn milyunachesco, y en especial el que aparece en la historia de Aladino, se ha integrado en la cultura occidental. Muchos niños que nunca han leído esta historia tal como aparece en Las mil y una noches la conocen a través de la película de Disney Aladdin (1992) o de otras versiones en dibujos animados o en libros infantiles.

Sin embargo, este ŷinn aladínico no es más que la punta del iceberg: quien lea las historias que contiene este libro se sorprenderá al encontrar ŷinn muy variados, que más que al genio de la lámpara tal vez le recuerden a los demonios de los exorcistas, los duendes o los fantasmas. El apartado 5 nos servirá para ir entrando en materia, en lo que más nos interesa: ¿cómo imaginan los marroquíes de hoy (nuestros alumnos o compañeros) a los ŷinn? Pero antes de entrar en la concepción popular, folklórica, resulta obligado preguntarse por la visión oficial que el Islam tiene de ellos. Veamos.

[1] Para este repaso de los genios latinos sigo la exposición de Pierre Grimal (Grimal 1997 s.v. Genios).

[2] No lo hay, desde luego, desde el punto de vista etimológico, aunque así lo creyera Burton: It would be interesting to trace the evident connection, by no means, “accidental”, of “Jinn” with the “Genius” who came to the Romans through the Asiatic Etruscans, and whose name I cannot derive from “gignomai” or “genitus” (Burton 1994: 10, nota 1). La semejanza entre genius y ŷinn es mera coincidencia, lo que los lingüistas llaman paronimia. Genius deriva de la misma raíz que generación o gen, una vieja palabra indoeuropea que designa la fuerta vital, la fertilidad (de Vaan 2008 s.v. gignō); ŷinn, en cambio, pertenece a una raíz lingüística cuyos significados fundamentales parecen ser los de ocultar, y estar al cubierto por una vegetación abundante (Gil Grimau e Ibn Azzuz 1988: 56). Etymologiquement, le terme djinn considéré comme un dérivé de la racine arabe “jnn”, désigne ce qui est caché, dissimulé au regard; cela correspond d'ailleurs bien à l'idée que l'on se fait de ces êtres qui, le plus grande partie de temps, se dérobent au regard des hommes (El Ghannami 1997: I 80). Significa, pues, “el oculto” (como el nombre de la ninfa que retuvo a Ulises, Calipso). Fueron llamados genios (Yinn) porque son invisibles a la vista humana (Sulaîman Al Ashqar 2003: 25).

[3] Una tradición pone en labios del profeta estas palabras: No existe ninguno de vosotros sin que le sea designado un compañero genio y un compañero ángel (Sulaîman Al Ashqar 2003: 124).

[4] La relación entre la persona y su qarin de sexo opuesto recuerda la tesis del psicólogo C. G. Jung, según la cual la «imagen del alma» (…) se llama anima en el hombre y animus en la mujer: el individuo posee pues la imagen del alma que califica con los rasgos del sexo opuesto (Fedida 1979: 28).

[5] Golia 2004: 171.

[6] Mahoma dio ejemplo convirtiendo al Islam, con ayuda de Alá, a su genio o demonio particular (Sulaîman Al Ashqar 2003: 125).

[7] Salomón, valiéndose de sus poderosos conjuros, obligó a esos genios errantes y anárquicos a alistarse bajo su servicio y a realizar una obra de utilidad social, de explotación y beneficiamiento de las riquezas naturales de los cuatro elementos, distribuyéndolos en equipos de lo que podríamos llamar obreros cualificados, mineros, buzos, canteros, etcétera, encargados de aportarle cada cual tesoros de sus respectivos dominios, oro y demás metales preciosos, perlas, perfumes, etc., y de cooperar de esa suerte a la obra que sus otros equipos de trabajadores humanos —albañiles, carpinteros, herreros, etc.— llevaban a cabo con miras a la construcción de un templo de Jehová en Jerusalén, ese primer ejemplo de una confederación de trabajadores al servicio de un vasto plan (Cansinos Asséns 1961: I 335-336; v. también 360-362). Para la visión islámica de Salomón, v. Sulaîman Al Ashqar 2003: 75-78. El poeta Gerard de Nerval da una versión iconoclasta de la leyenda, nada complaciente con Salomón, en «Historia de la Reina de la Mañana y de Solimán, Príncipe de los Genios» (Nerval 2004).

domingo, 16 de mayo de 2010

Lo maravilloso cotidiano: el caso de los ŷinn


Me está resultando utilísimo, además de muy grato, el intercambio de pareceres sobre El aula encantada. Me animo, pues, a ir subiendo el resto del estudio introductorio. Vamos con la segunda entrega.

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Reyes sí, pero en los cuentos. Esta pintada callejera, de signo republicano, expresa bien la oposición entre dos mundos complementarios pero bien delimitados: por una parte, el mundo maravilloso de los cuentos infantiles y cierta literatura fantástica; por otro, el mundo real, donde no hay sitio para dragones o princesas encantadas.

Sin embargo, cada año, por Navidad, asistimos a una extraña confusión entre ambos, que afecta tanto al espacio como al tiempo: los Reyes Magos que llevaron sus regalos al niño Jesús hace ya dos milenios se vuelven ubicuos e intemporales, resucitan (si alguna vez estuvieron muertos) y se hacen presentes en la vida cotidiana de millones de niños.


Puede que esta confusión o confluencia del mundo real y el imaginario, plenamente ritualizada, limitada a una época muy especial del año y a un colectivo muy concreto (sólo los niños viven esta experiencia como plenamente real) sirva de hecho para reforzar la diferencia entre ambos: se libera a las criaturas sobrenaturales de su prisión, pero con condiciones férreas, con la seguridad de que no van a poner en peligro la visión general de lo que es o no real.

En la literatura culta, el llamado realismo mágico de García Márquez y otros autores (incluida, por ejemplo, la saga de Harry Potter, con su interacción entre magos y muggles) supone otra contaminación de ambos mundos, limitada en este caso a las páginas de un libro. Pero ha habido intentos más audaces: en los años 30, los surrealistas franceses, con André Breton a la cabeza, se lanzaron a las calles de París a la caza de ondinas y hadas de carne y hueso. Breton, en concreto, halló (o creyó hallar) a una de ellas, una muchacha desconcertante llamada Nadja. No es extraño que uno de sus libros se llame Magia cotidiana (y no habla de ilusionismo).

En el folklore esta convivencia de ambos planos no es excepción, sino regla. Es cierto que en Occidente estamos ya muy lejos del tiempo en que la gente veía (o creía ver) bandadas de brujas que atravesaban el cielo de poniente rumbo al sabbath; pero si echamos un vistazo al folklore urbano o contemporáneo veremos que nuestros adolescentes siguen hablando muy en serio de una muchacha llamada Verónica que se aparece a medianoche en los espejos, buscando en la ouija (¡comprada en el quiosco!) a espectros y demonios como quien mueve el dial de una radio, o temiendo (¿o deseando?) encontrar en la Red esa célebre página (Blind Maiden) que, como la isla de san Barandán, unas veces está y otras no, y que vuelve loco o mata a quien la contempla. (1)

En el mundo islámico, menos secularizado, los genios o ŷinn (en árabe, جني; equivalentes culturales de nuestras hadas y duendes o de las viejas ninfas y semidioses de la mitología griega) no se consideran una paparrucha infantil, sino una realidad sancionada por la religión (como veremos, el propio Mahoma trató con ŷinn, y el Corán certifica su existencia). (2) Se trata, en fin, de una experiencia diaria. Como escribe Sol Tarrés, encuentros con estos seres, posesiones, casas embrujadas o sucesos excepcionales que se les pueda atribuir son hechos que todo magrebí ha tenido muy de cerca, resultando muy frecuentes en la vivencia cotidiana (Tarrés Chamorro 1999: 128). (3)

Aunque llamativo, el caso de Sultan Bashiruddin Mahmood, un científico musulmán que propuso recientemente solicitar la ayuda de los ŷinn para solucionar la crisis energética ilustra (cierto que de forma extrema) la convivencia en un mismo espacio mental de la ciencia y la creencia milenaria en esas criaturas. (4)

Mientras usted lee estas líneas, otras personas, tan reales como usted, se consideran (o las consideran otros) poseídas por un ŷinn; otras temen pisar un charco por miedo a herir a un genio, cuya parentela podría venir a pedirle algo más que explicaciones. Los ŷinn, en definitiva, andan sueltos, si no por el mundo, por la mente de muchos de nuestros contemporáneos. Uno puede creer o no en ellos; pero la creencia en sí es un hecho que conviene conocer —y, tal vez, comprender. (5)

(1) Las condiciones de acceso a esta página web fantasmal recuerdan mucho las de la evocación de Verónica u otros espectros que habitan en los espejos. Así, en esta explicación en inglés un tanto bárbaro: Many people have (…) entered a website called Blind Maiden (…) Normally, if you want to access it, however much you try, your browser will not allow it because to do so must meet three conditions. Find yourself all alone, do it exactly at midnight on a day without moon and take off all the lights in the house. Then, only then, you will be allowed access.

(2) Los demonios y los genios no se consideran entelequias fantásticas en el mundo islámico antiguo, sino parte del entorno de la realidad normal. Justamente por ello, observa Gerhardt que «...lo sobrenatural en las Mil y una noches casi siempre es, curiosa y misteriosamente, abordable; parecería constituir parte misma de la vida cotidiana, no una invasión de lo extraño ni un atisbo de lo desconocido». Insiste Duncan B. Macdonald:«...la concepción de lo Invisible es mucho más inmediata y real para los pueblos orientales que para los occidentales […] lo sobrenatural está tan cerca que lo puede tocar en cualquier momento. (…) Lo sobrenatural, para ellos, es lo familiar —lo usual—» (López-Baralt 2004: 27-28).

(3) Según indica Sol Tarrés, el musulmán cree que los yines están por todas partes y nunca se está a salvo de ellos, por lo que se preciso tomar todo tipo de precauciones (Tarrés Chamorro 1999: 139). Estos seres viven en nuestras casas y comen y beben con nosotros (Sulaîman Al Ashqar 2003: 20). Para cada acto cotidiano que puede entrañar algún riesgo, como empezar a comer, partir de viaje, topar con un animal impuro o acudir al cuarto de baño, la tradición provee al creyente de una du'a, una pequeña oración que conjura el peligro (Tarrés Chamorro 1999: 139-140).

(4) Overbye y Glantz 2001. Compárese el testimonio de Mohamed, un inmigrante sevillano procedente de Beni Said: El mundo de los genios es muy avanzado, tiene de todo. Les gusta trabajar, investigar, han descubierto muchas cosas (Tarrés Chamorro 1999: 133). Según algunos sabios islámicos, puede que los genios hayan descubierto tecnologías avanzadas como la radio y las telecomunicaciones con imágenes hace ya mucho tiempo (Sulaîman Al Ashqar 2003: 61). Según el mismo autor, los extraterrestres de los que hablan los occidentales no son sino los genios que residen en esta nuestra tierra. (…) Los genios utilizan, en sus esquemas, lo que resulta llamativo durante cada época histórica, y en nuestros días, es el progreso científico (ibidem 206-207).

(5) La profesora de la Universidad de Sevilla Sol Tarrés Chamorro ha analizado el caso particular de la creencia en genios en las comunidades españolas de inmigrantes magrebíes en dos artículos de gran utilidad: Tarrés Chamorro 1999 y 2000. A lo largo de estas páginas los citaremos con frecuencia.

viernes, 14 de mayo de 2010

Allí desde aquí


Sigo trabajando en El aula encantada, un libro que recogerá varios textos de alumnos marroquíes de mi instituto sobre genios y otras creencias populares. Si todo va bien, a finales de mayo tendremos ya el libro maquetado, con un estudio introductorio (que ya he escrito), los textos anotados e ilustraciones hechas por los propios alumnos.

Escribí el prólogo (Por qué recopilar tradiciones marroquíes en un instituto español) al comienzo del proyecto, y después he pensado en limar algún punto que pudiera resultar políticamente incorrecto, pero al final lo he dejado tal cual, o casi. Lo traigo aquí a ver qué os parece.

*

Como todos los que damos clase sabemos, la presencia de inmigrantes magrebíes en nuestras aulas supone un reto. Muchos alumnos tienen un nivel insuficiente de español, por lo que les cuesta mucho seguir las clases. A veces (y éste es un problema que afecta a muchos alumnos, no sólo inmigrantes) la pobreza y falta de perspectivas de su entorno inmediato (familia, amigos) y su experiencia escolar negativa los han marcado de tal modo que se consideran de antemano incapaces de realizar ningún progreso significativo. No es extraño, entonces, que busquen afirmarse de manera errónea, adoptando los roles estereotipados del gracioso o el camorrista y fingiendo que el fracaso escolar es algo que no les afecta, o incluso algo de lo que cabe estar orgulloso (siete suspensos, siete chupitos). Tampoco es tan raro como quisiéramos que, frente a los valores democráticos que intentamos inculcarles, algunos se aferren a los prejuicios que creen propios de su tradición: machismo, fanatismo religioso y político (demasiados chavales marroquíes, por ejemplo, creen, como los nazis, que el único judío bueno es el judío muerto; consideración que puede extenderse a los independentistas saharauis).

Al mismo tiempo, la diversidad étnica supone una innegable riqueza cultural. Si bien los profesores tenemos el deber de familiarizar a nuestros alumnos con los contenidos de la civilización occidental, europea, conviene no olvidar que ellos también saben muchas cosas que nosotros ignoramos. Una parte importante de ese conocimiento corresponde a lo que llamamos folklore, es decir, sabiduría popular, conocimiento trasmitido por tradición oral.

Convertir a los alumnos en recopiladores e informantes sobre su propia tradición, como llevamos haciendo desde hace años en La Memoria Sumergida, tiene por ello un valor doblemente beneficioso. Por una parte, cambia el chip del alumno inmigrante, que deja de verse sólo como un receptor (a veces no todo lo hábil que quisiera o quisiéramos) de lo que le hacemos leer y memorizar y adopta un rol activo: él también tiene cosas importantes que contarnos, una tradición de la que puede sentirse legítimamente orgulloso.

Esta mejora de la autoestima favorece también un desarrollo de la autocrítica: luchando por expresar correctamente lo que quiere contarnos, el alumno se hace consciente de sus limitaciones y tiene un aliciente óptimo para ir venciéndolas. Más aún, al objetivar sus creencias y referencias (por ejemplo, refranes e historias que contienen modelos de conducta y promueven valores) establece por primera vez un distanciamiento de las mismas, en principio metodológico (al poner por escrito lo oral, en una lengua que en muchos casos no es la materna y en un contexto escolar —y, en la medida en que acertemos a ser estrictos en nuestra propia metodología como folkloristas, también científico), pero que puede volverse, a poco que los animemos a ello, saludablemente crítico. Es importante no sólo conocer la propia tradición, sino también colocarla en un contexto comparativo (descubrir que muchas cosas castizas, propias, se conocen también en muchos otros lugares; que también están, por ejemplo, en pueblos o culturas que ellos sienten como lejanos en el tiempo o el espacio e incluso 'enemigos'; vuelvo a pensar en el mal llamado antisemitismo —más bien judeofobia— de muchos de nuestros jóvenes marroquíes).

domingo, 9 de mayo de 2010

Luna amarilla


Pescado del día: una canción nueva de Luli, tal como acaba de sonar por aquí, con ecos de Autumn Almanac y los dibujos animados de los 70.




Subo una propina. Lo dicho: a ver quién adivina cuál es ésta (antes de que empiece la voz).




jueves, 6 de mayo de 2010

Trabajo ajeno


Eso viene a decir alergia, como la que me ronda estos días, en que me despierto con la garganta hecha un estropajo y la nariz ya fábula de fuentes. Como yo siempre concuerdo con las etimologías, confirmo el diagnóstico: el mundo, ese otro, se nos trabaja así, imponiendo sus lodos flotantes a una sensibilidad enojada. Frente al mundo que está ahí, al otro lado de la ventana, incógnita y propuesta, está este otro que entra sin llamar, como el derechazo de una mano invisible.

Ventana por ventana, en fin, las de la Luli: Si las ventanas son hermosas de por sí, / parecen otra cosa cuando asomas la nariz...


lunes, 3 de mayo de 2010

Ya visteis al sagaz Salomón

Con lo amplio que es el mundo, uno acaba tropezando con los mismos sospechosos. Resulta, así, que la letra de esta canción de Dead Can Dance es ¡de Bertold Brecht! (Letrista también de The Doors e inspirador de Silvio Rodríguez. Un maldito figura.)



Ya visteis al sagaz Salomón
y sabéis lo que fue de él.
Lo complejo le parecía sencillo.
Maldijo la hora que lo hizo nacer
y vio que todo era en vano.
¡Cuán grande y sabio fue Salomón!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la sabiduría lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Visteis después al valeroso César
y sabéis lo que fue de él.
Lo deificaron en vida
pero, aun así, lo asesinaron.
Y cuando alzaban el puñal fatídico,
exclamó, bien alto: "¡tú también, hijo mío!"
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la valentía lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Habéis oído hablar del honrado Sócrates,
el hombre que jamás mentía.
Pero no fueron tan agradecidos como cabría pensar.
En vez de eso, los gobernantes lo hicieron juzgar
y le entregaron la bebida emponzoñada.
¡Qué honrado era el noble hijo del pueblo!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la honradez lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Aquí veis a unas personas respetables
que se atienen a las leyes de Dios,
quien, de momento, no se da por enterado.
Los que estáis sentados calentitos y seguros en casa
ayudadnos a aliviar nuestra amarga necesidad.
¡Con lo virtuosamente que comenzamos!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue el temor de Dios lo que nos dejó en este estado.
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!

sábado, 1 de mayo de 2010

Lo restante (redux)

Les había prometido, me parece, traer alguna muestra de lo que vamos grabando a dos guitarras en la Escuela de Música de Navalmoral. Esta vez es una pieza cientovolandera, Lo restante, que ya traje aquí en versión sintética. Así suena, más relajada, en acústico (es la primera pieza que grabamos, así que no pasa de borrador; con paciencia y una caña, iremos mejorando). Mi compañero de clase, Tino Zabala, toca la melodía. Dirige el maestro Aníbal.


lunes, 26 de abril de 2010

Hablando de lo que huye


Vivo en lucha con el tiempo real (el que me falta,vaya). No sólo encuentro maneras estupendas de perderlo, sino que tengo con frecuencia (y quién no) la impresión de que me lo roban. A veces, en cualquier rato imprevisto (una guardia, un examen) me lanzo a escribir, tan rápido que luego olvido haberlo hecho. Me ha gustado descubrir esto, que debí de escribir hace unas semanas. Como ahora no sé por dónde pensaba seguir, va como vino: truncado.

*

Es difícil encontrar un texto sobre estados alterados de conciencia que refleje de forma fiel la experiencia y resulte, al mismo tiempo, legible por ojos sobrios. Caben dos estrategias, ambas arriesgadas, si no imposibles.

Una, la lírica: convertir el texto mismo en un fármaco, que emborrache al lector y lo coloque en un estado de conciencia afín al que se intenta recrear, bien activando por resonancia los recuerdos que el propio lector tenga de este tipo de experiencias (lo que en cierto modo sería hacer trampa, seleccionando de antemano el público), bien logrando que el cerebro acepte las palabras como un tipo especial de alcaloide, produciendo con ese estímulo una respuesta química de la misma naturaleza que la evocada (aunque, seguramente, distinta en grado).


La otra estrategia es la clínica: presentar la experiencia como un suceso en el que el narrador no participa sino como observador, recogiendo las palabras y actos de otros con la mayor exactitud posible. La parte más interesante de los textos psicoanalíticos, al menos desde este punto de vista, es ésta, la puramente fenomenológica; cuando el analista comienza a abordar el testimonio del paciente como una oportunidad para ejercitar sus tecnicismos y categorías, pone a prueba nuestra paciencia y se aleja inevitablemente de lo que quería abordar.

Sobre el papel, las limitaciones de ambos enfoques resultan evidentes. Sin embargo, nos han dado páginas espléndidas. En el primer caso, la poesía mística, que incluye el canto de un Cl...

domingo, 25 de abril de 2010

Libros y héroes que mueren y regresan


Dos veces llamó este libro a mi puerta. La tercera he tenido que ir a buscarlo.

Apareció en la biblioteca de mi colegio el año mismo de su publicación, en 1982. Formaba parte de una colección muy ambiciosa de Salvat, Temas Clave. En sesenta y pocas páginas y 30 apartados, a doble hoja cada uno, se ofrecía un resumen ameno de casi todo, desde la cosmología hasta las drogas o la música pop. No debieron de reparar en gastos: echando un vistazo a la nómina de autores uno encuentra a lo mejor de cada casa. ¿Dioses y héroes? Un hijo de Rodríguez Adrados. ¿Por qué la Historia? Manuel Tuñón de Lara. Y así casi todos.

De Rodolfo Gil tardé mucho en saber algo, pero el título de su libro me conquistó enseguida: Los cuentos de hadas: historia mágica del hombre. La impresión que me dejó entonces, a los doce años, es que el libro cumplía lo que anunciaba: más que hablar de los cuentos de hadas, parecía hablar desde ellos. Años después, al leer a Bachelard, pensé que el libro (cuyo autor no recordaba) iba por el mismo camino.

Lo tenía medio olvidado, en cualquier caso, cuando Daniel Mourelle, con su olfato característico, nos lo recordó a todos a través de su lista de correos, Motcy. Era el 2000, más o menos. El libro llevaba 18 años descatalogado, así que la única manera de hacerlo accesible era digitalizarlo, como hizo Mourelle, amorosamente, capítulo a capítulo. La colección, como todo mi correo electrónico del 96 al 2006, se fue como nieve al agua con un disco duro infiel; quedó el hueco.

Para entonces seguía, por cierto, sin saber nada sobre Gil. Volví a olvidar su nombre, lo que no me impedió comprarme otro libro suyo. Sólo hace unos días me dio por mirar su biografía, y entonces encontré que además de ser un arabista excelente, era también el autor de aquel libro legendario de mi infancia. Iberlibro mediante, me acompaña por fin.

Ahora lo admiro de otro modo. Contra lo que pensaba, Gil cumple con la estructura de los Temas Clave: su libro es académico, divulgativo y hasta científico, sin desbarres ni generalizaciones indebidas. Pero está escrito con tanto acierto que produce, de hecho, el efecto que recordaba, de complicidad con los cuentos mismos. Otro motivo de admiración es la bibliografía: obligado a citar lo esencial, Gil se limitó a enumerar, con modestia, los trabajos clásicos de Bettelheim, Eliade, Espinosa, Propp y Thompson. Sin embargo, casi todo lo que cuenta se buscará en vano en esas referencias, que tan fácil habría sido parafrasear.

El otro día hablábamos en Facebook sobre los héroes solares, a propósito de un vídeo que interpreta en esa clave el origen del cristianismo. Soles occidere et redire possunt, que decía Catulo. Traigo uno de los capítulos del libro de Gil, que pienso aclara bien lo que hay de solar en el héroe arquetípico. Que lo disfruten.

***

9. Cuentos de mensaje secreto

Y al final de los tiempos, el rey volverá para hacer justicia e inaugurar la nueva edad de oro que todo el mundo espera. Así se ha dicho del monarca celta Arturo, el de la Tabla Redonda; del emperador alemán Federico II Hohenstauffen, que fue a las cruzadas y volvió cargado de antigua sabiduría; del califa egipcio fatimí Al-Hakim, fundador de una nueva doctrina religiosa (actualmente profesada por los drusos, pueblo que habita entre Líbano, Siria e Israel) y desaparecido un día sin dejar rastro; del imán Muhammad ibn al-Hasan, que «se ocultó» a la muerte de su padre, y de quien sus seguidores chiíes esperan la aparición mística; y también, en definitiva, del Mahdi, figura portentosa que entre algunos pueblos islámicos representa al restaurador futuro del orden y la verdad, papel que en la religión persa de Zoroastro corresponde al Saoshyant o «salvador último». Y otros muchos. Es una constante de la Humanidad la de querer reanudar los lazos con el Cielo y la aspiración a realizarse comprendiéndose a sí misma, deseos que se resumen en estos hombres, situados allende el tiempo como prototipos de humanidad completa

En grado descendente, la nostalgia de un gobernante de justicia y la esperanza de que venga y reestablezca un equilibrio perdido surgen, viven y alumbran en muchos pueblos y en múltiples momentos de la Historia. «Boabdil de la montaña», durmiendo durante siglos, «está escrito en el libro del destino -como dice el norteamericano Washington Irving en sus cuentos- que cuando sean deshechizados descenderá... a la cabeza de su ejército, recobrará su trono en la Alhambra y gobernará de nuevo en Granada, y juntando los encantados guerreros que hay repartidos en toda España reconquistará la península ... ». Basado o no en leyendas andaluzas, este cuento nos lleva por el camino de las narraciones maravillosas que pueden contener un mensaje de esperanza, una advertencia y una bandera de enganche respecto al guía que va a venir. Cuentos, por tanto, de simbología política y religiosa.

El apartamiento del héroe literario y del héroe maravilloso, su encierro o su destierro, son parte de un proceso narrativo para que «renazcan» a un plano superior De otro lado, es sabido que la retirada a los lugares alejados y al encierro ha sido norma en las ceremonias de iniciación de la pubertad---celebradasincluso hoy en numerosas culturas-, que dan paso a muchachos y muchachas a la condición de adultos. En la vieja Babilonia, durante las fiestas llamadas Akitu, que se repetían una vez cada año, el rey era recluido en el templo y allí hacía penitencia, despojado de sus insignias reales, hasta que, purificado y absuelto, salía y regresaba a su función.

Mientras tanto, el mismo dios Marduk también padecía encierro en la montaña, preso de las fuerzas del caos, hasta ser liberado por su hijo, también divino. Ambos episodios eran paralelos, de tal modo que el encierro del rey era el encierro del dios, y la humillación del dios era la humillación del rey. Los dos personajes, finalmente, salían vencedores de la lucha y volvían por sus fueros, haciéndose cargo el uno del país y el otro del Universo durante un nuevo año.

En este ritual se llevaba a cabo la reactivación del jefe como tal, al tiempo que se volvía a representar, y a vivir, el momento dramático y feliz del Comienzo dentro del mito de la Creación. En este orden de pensamiento, la armonía interna, la buena marcha y la prosperidad de su grupo social dependen del jefe, en tanto que al dios corresponde la conservación del mundo. Pero los dos se cansan, o por decirlo de otro modo, la energía de que disponen es discontinua y pueden hacer uso de ella solo hasta que les disminuye peligrosamente. Por eso un jefe o un dios deben ser siempre jóvenes y estar en uso de todas sus facultades; y. sobre todo, deben poseer plenamente la energía que les permite ser jefe o dios, y que es la esencia misma de sus labores respectivas. Se impone, pues, la sustitución del jefe caduco y del dios agotado, su renovación periódica. En el encierro, en el apartamiento ambas figuras se encuentran a sí mismas, repiten el tempo y el proceso por los que se gestaron, triunfan una vez más naciendo y salen capacitados para asumir su función. El muchacho y la muchacha incorporan a su superior estado de hombre y de mujer. Los sacerdotes, los magos y los adivinos pasan por un periodo de noviciado retirado, tras el cual salen al ejercicio transcendente de sus dedicaciones. Y, en idéntico orden, la figura salvadora del héroe que volverá al final de los tiempos debe recluirse para poder retornar nueva y potente.

Bastantes narraciones maravillosas nos hablan de estos procesos. Pero es difícil la interpretación, porque el mensaje está encerrado entre metáforas. Tanto más cuanto que es muy probable que dichas narraciones -variantes, a veces, de un tema conocido y apropiado- hayan sido propagadas en momentos o en lugares en los que eran perseguidas las ideas que portaban. De este modo creemos que pueden haberse difundido, dentro de relatos árabes, muchos esquemas e ideas esenciales chiíes, contagiando incluso alguna narrativa europea, como la de las novelas de caballerías, herederas por otra parte, de las narraciones celtas. Y concretamente en algunos cuentos de Las Mil y Una Noches pueden hallarse incluso detalles e imágenes de grupos político-religiosos más reservados, como los ismailitas del «Nido del Aguila», aquellos que convivieron en tiempos con los cruzados y fueron destruidos por los mongoles; o los llamados hassasin o «asesinos», cuyo primer jefe, conocido en la leyenda y en la Historia por el «Viejo de la Montaña», parece planear sobre figuras similares de algunos cuentos.

(Rodolfo Gil, Los cuentos de hadas: historia mágica del hombre, Barcelona: Salvat, 1982, pp. 20-21.)

viernes, 23 de abril de 2010

Ateología


Algunas preguntas que tiene sentido hacerse; no tanto planteárselas a otros. Sustituirían a las que sufrimos habitualmente (¿eres creyente? ¿Te consideras una persona religiosa?).

1. ¿Piensas el mundo en términos míticos (ciclos que se repiten, paraísos perdidos, ciudades celestes, laberintos, tesoros ocultos)?
2. En el arte que sueles consumir (cine, literatura, comic) ¿abundan esos términos?
3. ¿Sueles recordar tus sueños? ¿Te resultan significativos? ¿Numinosos?
4. Cuando paseas por una ciudad desconocida, ¿te atraen las áreas convencionalmente marcadas como sagradas (iglesias, mezquitas, sinagogas, conventos, ermitas)? ¿Sueles hallarlas estéticamente superiores a su entorno?
5. ¿Te gusta la música religiosa? ¿Sientes que puedes reconocerla sin saber de antemano que lo es? Si es así, ¿por qué?
6. Si has explorado algunos estados alterados de conciencia a través de fármacos, ¿has tenido la impresión de entrar en un terreno numinoso, cercano en algún sentido al mito o la mística?
7. La palabra 'dolor' surge en respuesta a una sensación previa, extralingüística. ¿De dónde proceden palabras como 'sagrado' o 'numinoso'?
8. ¿Has tenido alguna vez una sensación marcadamente inefable, que pareciera abaratarse y desmentirse al convertirla en palabras?
9. Sólo el sabor de un helado de chocolate o el color azul tienen una gama amplísima. En religión, como en todo, ¿que nos acerca a la verdad? ¿Distinguir o reducir, por abstracción, lo diverso?
10. Si dioses y mitos son tipos de personaje y de historia, ¿qué necesidad hay de 'creer' en ellos? ¿Desaparecerán si no tenemos fe? ¿Si les niegas tu adhesión, dejarán de afectarte?


miércoles, 21 de abril de 2010

Afuerismos


Aforismos. Vengo de leer lo que escribí sobre ellos celebrando el Lucidario de Luis Valdesueiro. Tiene un pase (mi escrito, no el libro, que es magnífico). Ahora, llevado por el husmo del prólogo, que firma García Calvo, me he hecho con otro libro del mismo género, aunque bien distinto: Puentes en el desierto. Afuerismos, de Ángel de Frutos Salvador (Valladolid: Junta de Castilla y León, 2007).

Frutos, estudioso de Lacan, es mucho más espumoso que Valdesueiro. En gran medida, basa sus hallazgos en la paronomasia, esa coincidencia, plena o parcial, que la lengua produce entre significantes que no están relacionados etimológicamente. Para entendernos, aquello de Parra: de jóvenes, de tumbo en tumbo; ahora, de tumba en tumba.

Paronomasia y psiconálisis dan para bastante. García Calvo, en un prólogo de compromiso, más bien reticente, escribe:

Los hay que no creemos en ninguna conexión, ni consciente, ni subconsciente (no digamos "inconsciente") entre la morfofonémica de las palabras y su significado; que más bien disfrutamos con la arbitrariedad de la conexión, casi que como con una gratuidad; y que, cuando un chiste consiste en el juego de palabras, no nos reímos mucho.


Uno tiende a darle la razón al maestro cascarrabias; aunque no la tiene toda. Se puede empezar por lo más evidente (la huella de la onomatopeya en algunas palabras, como maullar), pero enseguida hay que ir más allá: una palabra es una combinación de fonemas. Quien la pronuncia es consciente en primer lugar del significado convencional de ese grupo de fonemas; pero, si se le da pie, es probable que sienta también el significado latente que se encierra tanto en aquellos componentes que lo tienen de hecho (lexemas, prefijos, sufijos) como en aquellos que lo obtienen de la analogía. Así la etimología popular convirtió vagabundo en vagamundos. Un punto más allá, no es un capricho constatar que ama el mal tiene una homogeneidad redundante, tóxica, de la que carece ama el bien, y cualquiera siente que la ponzoña encierra una amenaza angulosa que no tiene el simple veneno (una palabra cuyas querencias, opuestas a su significado convencional, salen a la luz cuando hablamos de veneno del bueno). Nuestro querido Antonio englobaba estos fenómenos dentro de la sinestesia, y creo que no es difícil probar que en cualquier texto literario la elección entre sinónimos viene dada, además de por el ritmo, por las llamadas connotaciones, de las que este contrasignificado o significado adicional es parte importante.

Yendo al texto de Frutos, creo que el decálogo puede servirnos también esta vez para dar una muestra conveniente. Aquí van diez afuerismos, de entre las primeras páginas. El resto, coséchelo el lector cuando guste.

1. Fe en erratas.
2. La voz que calma en el desierto.
3. Sus gracias reparte entre desgraciados y desagradecidos.
4. Función de la forma: poner un término al abismo.
5. De niños, a la escuela. De ancianos, a la esquela.
6. Lo que falta. Lo fatal.
7. Se salió finalmente con la suya. Era otra.
8. Ira de la razón. Ironía del corazón.
9. Arte: ficcionar la herida.
10. El premio, niña, tiene un precio.


martes, 20 de abril de 2010

Oratio in infirmos


Eso quiere decir, etimológicamente, enfermo: *infirme, que no hace pie. La cosa comenzó ayer por la noche: de repente, el frío me seguía por todas partes, como esa película de Carrey en que llueve sólo para él, siguiendo sus pasos. El termómetro (uno de esos que lo apoyas un instante en la piel y te canta la Traviata) negó presencia de fiebre; después, requerido a dar una segunda opinión, se inclinó por los 38 y pico; y apurado a decidirse, dijo que 37 estaba bien. No dudo que en alguna de las ocasiones haya acertado.

Fui a trabajar esta mañana, Gelocatil mediante, y no puedo decir que nadie me notara distinto, abonando la tesis de mi hipocondria. No obstante, llegué molido a casa y, sin probar un bocado, esta tarde he pasado un número inverosímil de horas en la cama, abrazado al gato, que desde que se ha hecho mayor es firme partidario de tales efusiones. Como ya pasé la toxoplasmosis en mi adolescencia, confío en que el remedio no sea causa directa de la enfermedad.

Imagino que mañana iré al médico, y profetizo pronóstico viral, que es cosa que a nada compromete (hasta te puedes ahorrar las medicinas). De momento ando por el mundo con un jersey de varias capas y exploro el género confesional. He aquí (¿por fin?) una entrada de lo más bloguera.


domingo, 18 de abril de 2010

¿Quién ha escrito las líneas de la mano?


Ya conté, creo, que dedico mis ratos memorieros a las narraciones más o menos tradicionales que van recogiendo mis alumnos marroquíes, muchas de ellas sobre genios, aunque no todas.

La más larga que me ha llegado, de R., un alumno al que ya no doy clase, y al que quiero especialmente, son cuatro largos folios sobre Yuseph, o sea, José. La aprendió de su abuelo, agricultor, y éste, directa o indirectamente, del Corán, cuya sura duodécima está dedicada al personaje. El relato coránico recoge a su vez el testigo de tres capítulos del Génesis (37, 39 y 45), aunque añade nueva información y se aparta a menudo, en los detalles, del relato bíblico.

Algo así pasa también con la narración de R. respecto a su fuente coránica. Por ejemplo, cuando la mujer de Putifar acusa a José de haber intentado violarla, el Corán recoge que «un testigo de la familia de la mujer» indicó a Putifar la manera de averiguar quién mentía: si la camisa de José estaba desgarrada por delante, indicaría que la mujer se había defendido; pero si la rasgadura estaba por detrás, confirmaría la versión de José. En el relato de R. este testigo anónimo se convierte en un pájaro, que interviene también después: cuando el Faraón le da vuelta a su sueño, intentando encontrar quien lo interprete, pregunta al pájaro sabio, pero éste sale volando, pronunciando sólo un nombre: Yuseph.

La variante que les traigo es una adición, no un cambio, a la trama que da el Corán. Leemos allí (12: 30-32, tr. Juan Vernet) que una vez preso José, a pesar de haberse probado su inocencia,

las mujeres de la ciudad decían: «La mujer de Putifar ha solicitado a su garzón: la hirió de amor en su corazón. Ciertamente, la vemos es un error evidente». Cuando Zulayja oyó sus habladurías, les envió un mensajero, las hizo preparar toronjas, las invitó y dio a cada una de ellas un cuchillo. Entonces dijo a José: «¡Sal ante ellas!». Cuando le vieron, le alabaron, se cortaron las manos sin darse cuenta y exclamaron: «¡Dios nos guarde! ¡Esto no es un hombre! ¡Es un ángel noble!» Zulayja dijo: «Vosotras me censurabais por mi conducta a su respecto...»

Así cuenta R. el mismo episodio:

Pasaron varios meses y un día la reina se enteró de que había unos rumores que decían que tenían encarcelada a una criatura sobrenatural y bella, porque la reina quiso acostarse con ella. Nada más oír esto, la reina llamó a las más bellas de Arabia y Oriente y a cada una les entregó un cuchillo y una patata y dijo la reina que cuando saliera Yuseph ellas cortaran la patata. Al salir, se quedaron asombradas. De tanto mirarle, no se daban cuenta de que se cortaban las manos (dice una leyenda que por eso tenemos rayas en las manos).

Sépanlo Auserón y los que en su casa moran.

jueves, 15 de abril de 2010

I'll Follow the Sun


(Este ocaso es un amanecer: la primera entrada que publica Aurora Babarro en el blog, aunque ya la oímos cantar antes. Allá vamos.)

El camino pagano de los muertos hacia el sol

Aunque el sincretismo religioso sea un proceso casi siempre espontáneo que se debe al contacto directo de varias religiones, es curioso observar cómo en el caso del cristianismo esta absorción y transformación de todo ritual con el que se toca, también es capaz de trasmutar mitos y rituales que simbolizan procesos vitales universales en hechos verdaderos y personajes míticos arquetípicos en señores de carne y hueso e incluso con papeles. Un hecho verdadero deja de ser un mito y, por tanto, toda energía natural, espiritual o ritual que explica este mito se convierte en un suceso "verídico" , despojándolo así de su auténtico significado de iniciación a lo desconocido o a lo místico. Es decir, la religión pierde su utilidad, que no es la simple explicación adoctrinada del universo a través de la fe, sino el desarrollo espiritual del ser humano hacia el conocimiento trascendental.

Por supuesto, tampoco el culto pagano céltico al "Ocaso del Sol" se libró de este fenómeno. Antiguas religiones que conocían los finos lazos de unión entre la cosmología universal, la vida terrenal y el cosmos de la psique humana marchaban en peregrinaje hacia los Finisterre antes de su muerte física, camino iniciático que comparten cientos de culturas a lo largo de la historia de la humanidad. El camino hacia el ocaso suponía simbolicamente la muerte de un ser más mundano e ignorante (atado al mundo de las apariencias), el proceso del viaje iniciatico (accidentes o acontecimientos vitales) y el renacer en la verdad revelada más trascendental, el renacer a la vida del Conocimiento.

En Europa en Cornualles, Galicia o Bretaña encontramos lugares donde los Celtas hacían este peregrinaje y donde simbólicamente los muertos recorrían el camino en barca desde las orillas hacia el horizonte acompañando el Ocaso del Sol.

Sin embargo, al arrebatarle su función sustancial, el Camino pierde todo significado y se convierte en el cristianismo, como la mayoría de sus expresiones, en un ritual mecánico, cuyos auténticos fines no son ya revelados ni tan siquiera a su élite de iniciados. Una ver usurpada su soberanía espiritual, el ser humano anda ciego y desorientado buscando por doquier ese único sentido que le puede acercar al conocimiento verdadero, el Espíritu.

Quizá, y esto ya es divagar, el peregrinaje actual sea más bien a las consultas de psicólogos y psiquiatras, quienes por un precio casi siempre desorbitado pretenden dar a estas almas en pena lo que la vida sin más les podría dar.

Aurora Babarro.


martes, 13 de abril de 2010

El aula encantada


No todos mis alumnos marroquíes creen en genios, pero casi. Los pocos escépticos que encuentro se consideran, no obstante, musulmanes (ignoran, quizá, que la creencia en cuestión es parte del dogma de su religión). Trato de llevar la cuestión al límite: ¿creen de veras que hay por ahí genios de la misma manera que hay gatos, y que uno puede, como narra uno de los cuentos que me contaban estos días, herir sin querer de muerte a uno de ellos al pasar sobre un charco? ¿Realmente conocen 'casos reales' de parientes o conocidos que han sido poseídos por genios y hayan tenido que pasar por un exorcismo?

La respuesta a estas preguntas es un sí sin fisuras, sincero. Pienso entonces en el abismo que para bien y mal nos separa. Un mundo donde ciertas puertas siguen abiertas no es el nuestro, aunque tenga territorios comunes. Cuánto más parecido a aquél de Tales: todo está lleno de dioses. También el aula en que los evocamos.