sábado, 4 de noviembre de 2006

Raga-folk II: Pentangle


En el mundo del folk-rock, el arreglo subvierte el texto. Se percibe de forma inmediata, pero cuesta lo suyo explicarlo. Esta historia, por ejemplo, habla de una dama caprichosa que pudo casarse con el tercer hijo del rey, pero eligió hacerlo con un pobre carpintero. Aunque este buen mozo le da dos hijos, un día aparece, tentador, un tercero en discordia que promete llevarla allí donde la yerba crece verde, a la vera del Dee. Sin pensarlo dos veces, como antaño Helena de Esparta, la dama abandona a sus hijos (cuidad bien de papá) y se hace a la mar con su nuevo amor. Una vez más, pasa el tiempo y la mujer se sorprende llorando: oro, plata, todo lo daría por ver de nuevo a sus niños. Ya es tarde. Se ha abierto una vía en el barco y no hay otra costa cercana que las brillantes colinas del Infierno. ¡Quién pillara al carpintero!, piensa Helena —y las últimas olas de la canción arrastran su ropa blanca como pálido don de la espuma.

Con el tercer hijo del rey
pude una vez casarme,
y ¡vaya si era un joven pinturero!
Pero ahora estoy casada
con un hombre de ley,
un joven y modesto carpintero.
—Olvida al carpintero
y ven conmigo a ver
la yerba siempre verde
junto a las aguas mil.
—¿Con qué me mantendrás
lejos de la pobreza?
—Mis siete naves vienen
cruzando el ancho mar,
bien pronto atracarán
y de los siete mares te harán reina.
Tomó a sus dos pequeños de la mano
y tres besos les dio:
—Sentaos junto al fuego del hogar
y haced a vuestro padre compañía.
Con sus mejores galas se vistió,
como a su noble casta le cumplía,
temblaba su orgulloso corazón
cuando su blanco pie tocó la arena.
Apenas se adentraba por el mar
y ya iba carcomiéndola la pena:
—Daría todo el oro de este mundo
por ver mis dos tesoros cómo quedan.
—El oro que tuvieras y la plata
bien poco entre las olas te sirvieran:
no has de tocar la tierra nunca más,
tus niños nunca volverás a verlos.
Llevaban poco tiempo navegando
tal vez una semana, dos o tres,
y el barco malherido por el mar
se hundía a muchos días de la costa.
—Las cimas relucientes ya del Reino
diviso, dulce amor, donde los ángeles
se acercan y se alejan.
Las cimas relucientes ya las veo,
donde debemos ir juntos los dos,
las cimas relucientes del Infierno.
—Ah, si pudiera estar de vuelta a casa
en brazos de mi amado carpintero.
Pero en el mar furioso me hundiré:
mi corazón es pasto del Infierno.

Esto viene a decir el texto, scarelore para muchachas casquivanas, graciosamente compuesto pero poco más (en tanto no se abra la caja de los ecos). Sin embargo, cuando el inusitado arsenal de los Pentangle se pone en marcha (Bert Jansch al banjo y la voz rasposa, John Renbourn al sitar, Danny Thompson al contrabajo, Terry Cox a la batería —y la voz bruñida de Jacqui McShee), la moralina se transforma en caramelo lisérgico. El cantar da la razón al carpintero, pero su corazón está con la dama caprichosa, y aun con el seductor diabólico: el arreglo está diciendo sí a la aventura, el exotismo, el peligro. Como advirtiera Keats, El placer nunca está en casa —aunque la echa de menos y la lleva consigo (como Pentangle sus múltiples raíces: folkies, bluseras y jazzísticas), tal retrato colgado al cuello o luz élfica en el antro de Ella Laraña. Todo en ti fue naufragio. Escuchando a McShee, somos por unos minutos ese placer soliviantado y errante.


3 comentarios:

ye greene knycht dijo...

Pero qué bien traído, me descubro por enésima. Es que está clavado! El diablo está en los arreglos. (Personalmente, me inclino por ese contrabajo bizco como locus daemoenus).

El James Herries siempre me pareció que tenía reverso en la Canción de Arpa de las Mujeres Danesas:

What is a woman that you forsake her

And the hearth-fire and the home-acre

To go with the old grey Widow-maker?...

juanpoz dijo...

No viene a cuento, Alejandro, pero ayer vi la película "The wicker man", la original, de la que Neil La Bute ha hecho una versión con Nocholas Cage, y tenía una banda sonora folk más que notable y curiosa. Seguro que le suena familiar. La película se la puede descargar con emule con toda facilidad. No es una gran película, por su sismplicidad de planteamientos, y porque vista ahora -la película es del 69, creo- resulta excesivamente ingenua, pero se puede ver.

Al59 dijo...

Me encanta esa película, cuya banda sonora es entre los dark-folkis un disco de culto. ¿Qué tal ese remake con Cage?