lunes, 26 de febrero de 2007

La Mora con dientes verdes


El niño oculta la mano en la manga del jersey y dice, imperativo: '¡A dormir la mano! ¡A dormir!'. Tiene razón. Soñar es ocultarse, dejarse llevar al corazón de las mareas. Al sueño se entra y se desciende: Lovecraft habla en algún lugar de la escalinata que conduce a las Tierras Altas del Sueño, y de los pozos y simas que conducen a estratos aún más profundos. Profundamente dormido, decimos, deep in my dreams, reconducidos a una pluralidad de funciones que nos hace ser tres y, por tanto, ninguno: el protagonista del sueño, su espectador, su guionista (el mío, junguiano, gracias a Dios).

Valente, ese poeta antipático al que sólo se le entendía cuando insultaba (Trapiello dixit), escribió, sospecho que joven, esta nana perfecta, que recoge material tradicional sobre la Mora o Reina Mora y consigue llevárselo, sin violencia, a un nivel poético nuevo. Paco Ibáñez le puso música tan bien como suele (y aprovecho para quitarme el sombrero ante este músico de enorme talento y arriesgo un juicio: su genialidad está menos presente en sus himnos políticos, magníficos pero abrasados por la historia, que en las composiciones aparentemente menores en las que musica poemas herméticos de García Lorca o villancicos medievales de Gloria Fuertes, verdaderas maravillas. En algunas de ellas está perfectamente cifrado todo el pop de duermevela que intentamos hoy algunos. Lo único malo de Ibáñez, si es que hay algo, es el pacoibañecismo cegato de los que entonces coreaban lo más perecedero de su repertorio y hoy siguen, aun renegando, reducidos a él.)


Que no venga la Mora,
la Mora con dientes verdes,
toda la noche ligero,
mi niño, duerme.
Que no venga la Mora,
la Mora con dientes verdes.
Toda la noche, mi niño,
ligero duerme,
ea, ea, ea.

Duerme ligero, duerme,
que si la Mora viene,
en el sueño escondido
no podrá verte.
Duerme ligero, mi niño,
que si la Mora viene
en el sueño escondido
no podrá verte,
ea, ea, ea.

La Mora grande,
la Mora con dientes verdes,
no llames a mi niño
ni lo despiertes.
La Mora grande,
la Mora con dientes verdes,
no, no llames a mi niño
ni lo despiertes,
ea, ea, ea.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupenda canción e interpretación. Es cierto que parece un precursor de posteriores tendencias. Buen trabajo con la guitarra; y precioso el estribillo a cargo del violoncello.
El único problema de Ibañez es que sonaba a la España que combatía, con esa voz inolvidable. ¿Y qué...? Disfrutaba de una voz tristona de cura obrero acorde con su época. La posterior evolución social acabó orillándolo. Pero hoy es uno de lo más dignos representantes de su momento.
Saludos.

Grifo

Sr. Verle dijo...

Al: en relación a Paco Ibáñez se podría decir, sí, que nos han dormido con todos los cuentos y, algunos, sabemos ya todos los cuentos. Pero es muy cierto, como Ud. ha escrito, que expurgando sus discos negros, quedan joyas como esa Mora con dientes verdes. Ahora bien, la letra de Valente, de un lirismo ‘tradicional’ preciosista, es de muchísimos quilates (...en el sueño escondido...). ¡Cuando aprenda Trapiello que hable!

Anónimo dijo...

Por lo que se esta viendo hoy en España, nunca estuvo el Paco más lúcido que cuando creó su gran obra.

No dejen que los sigan durmiendo, se los aconseja un argentino.