miércoles, 6 de febrero de 2008

Regreso al Cementerio Marino


Las tradiciones del 27, podría titularse también este libro maravilloso, que vale cada uno de los 20.90 euros que cuesta. Francisco Javier Díez de Revenga ha rebuscado bajo las piedras las traducciones consumadas por los grandes del 27 (comprobamos con tristeza que Lorca no tradujo nada), y nos ofrece una selección (exhaustiva en algún caso) de sus logros. El resultado no es sólo una antología variopinta de grandes momentos de la poesía universal: traza también un mapa fiable de los retos que supieron plantearse aquellos poetas, y el nivel altísimo que asumieron como referencia.

Hay alguna decisión discutible. De Guillén, gran traductor de Valéry, el antólogo nos hurta su versión de El cementerio marino, que no por conocida habría dejado de agradecerse. La falta trae justificante: el libro aporta otra traducción menos conocida del mismo poema, a cargo de Gerardo Diego.

Para traducir El cementerio hace falta, además de sensibilidad y buen oído, el valor de aquellos héroes de antaño que bajaron en vida al Hades. Guillén salió indemne del desafío, con elogios del propio Valéry, que dijo hallarse adorable en la versión española. Fiel al metro (y, según Valéry, también a la musicalidad, no sólo rítmica, del texto), sacrificó sin escrúpulo las rimas.

Como recordamos en su día, Agustín García Calvo se midió también con El cementerio y publicó en el 2006 el resultado de sus esfuerzos. Un resultado polémico: parte de la constatación de que el endecasílabo de Valéry (10 + 1) es en realidad un dodecasílabo de hemistiquios irregulares, un pentasílabo (4 + 1) más un heptasílabo (6 + 1), y debe traducirse en consecuencia. (Si es así, llama la atención que el fino oído de Valéry diera su aprobación a los endecasílabos de Guillén.) En el capítulo de sacrificios, renuncia a la consonancia, pero mantiene la rima, que aparece, rebajada a asonante, cada tres versos.

La versión de Gerardo Diego, toda una sorpresa para mí, no se concede ninguna facilidad formal (sí, en cambio, una gran libertad en la paráfrasis). Cada rima consonante de Valéry encuentra aquí su pareja, y el poema suena, por comparación con las versiones que uno conocía, rotundamente sonoro, casi en exceso, como el colorido de una pantalla a la que alguien le ha subido el contraste.

(Descubro aquí una versión más, nada desdeñable: la del peruano Javier Sologuren. Gracias por ese regalo.)

Emulando The End, de los Beatles, en que cada uno de los guitarristas hace su solo, van aquí los cinco comienzos. El primer solista es Valéry. Los siguientes, Guillén, Diego, Sologuren y García Calvo.

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
la mer, la mer, toujours recommencée:
o récompense après une pensée
qui' un long regard sur le calme des dieux!

*

Ese techo tranquilo de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas.
El mediodía justo en él enciende
el mar, el mar, sin cesar empezando…
Recompensa después de un pensamiento:
Mirar por fin la calma de los dioses.

*

Ese techo —palomas y caminos—
entre tumbas palpita y entre pinos.
Filo del mediodía, arde la amarga
mar, la mar siempre recién renacida.
¡Premio al pensar: cómo después mi vida
calma en los dioses su mirada larga!

*

Calmo techo surcado de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas;
mediodía puntual arma sus fuegos.
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!

*

Tranquilo techo
por donde andan palomas,

entre los pinos
palpita, entre las tumbas;

la mar, la mar,
siempre vuelta a empezar,

la amasa en lumbres
Mediodía, el gran justo:

¡ah, paga buena
tras un razonamiento

larga mirada
sobre dioses en paz!


7 comentarios:

Al59 dijo...

(No he sabido evitarlo. Mi propia versión:

Techo tranquilo, campo de palomas
que palpita entre pinos, entre tumbas.
El Mediodía justo amasa en fuego
el mar, la mar, recomenzada siempre.
¡Qué recompensa tras el pensamiento
demorarse en la calma de los dioses!
)

Juan Poz dijo...

¡Qué lástima que, junto al conato creativo, felizmente resuelto, no te haya asaltado la fiebre comparativa!, porque se sacarían rítmicas y jugosas enseñanzas de esas discordancias aparentes.
De esa comparación se podría sacar no sólo un curso de traducción, sino un curso abreviado de escritura creativa.
Con insolente descaro me permito robarte las estrofas para, llegado el día, ofrecérselo como trabajo a los alumnos que ¡ay!, sé ya que no tendré...

Aker dijo...

Me parece que opinar sobre estas traducciones es tan difícil como hacerlas. Me resulta graciosa la de Gerardo porque se trata de un poema de Gerardo, más que de una traducción. Como traducción, destila una cierta sensación de impunidad.
La de Calvo no está mal. Tiene en su contra la disposición versicular, que rompe, con su ritmo breve, la textura 'larga' del endecasílabo; y que también altera el orden (¿por qué...?) adelantando la mención del mar. No obstante, es digna de aprecio su literalidad y respeto del original.
La de Guillén sigue pareciéndome 'válida' como versión de referencia. Los problemas sintácticos que pudiera ofrecer quedan mejorados en tu propia traducción, de tradición guilleniana; pero con los avances de la de Calvo en cuanto al mayor respeto a la literalidad. Deberías continuar, estrofa por estrofa, este difícil poema, una creación bien compacta que recrea el paso del posimpresionismo a la pintura abstracta. Me recuerda a Cezanne en sus evocaciones provenzales, la física de Poincaré, etc, al lado del fondo clásico puramente mediterráneo: toda una teoría sobre la luz y el espacio, el ser y el devenir, etc..., escrita a pinceladas casi transparentes.
Saludos.

Aker

Al59 dijo...

He ahí, Juan Poz, un estudio que me encantaría leer, si alguno de ustedes se animara a abordarlo (temo que a mí, que apenas manejo un francés de diccionario, me sobrepasa). Algún apunte: la versión de Diego me parece más esforzada que satisfactoria, y el verso cuarto no me parece que suene natural en ninguna de las traducciones (salvo la peculiar de GC), con esos acentos en séptima e incluso quinta sílaba. Llaman la atención las interpretaciones tan diversas de los versos tres y cuatro (Sologuren, al parecer, ni siquiera los considera parte de la misma oración). El verso primero no parece que haya forma de verterlo en endecasílabo sin sacrificio y paráfrasis insatisfactoria: de nuevo, sólo GC, con sílabas adicionales a su disposición, se puede permitir ser fiel al texto. Veo que todos evitan recomenzada; no sé si será palabra común en francés, o si también en esa lengua es relativamente inusual, en cuyo caso creo que sería adecuado conservarla.

Al59 dijo...

(En realidad, Sologuren sí usa recomenzado. Me dejé despistar por el género.)

Al59 dijo...

Aker: es una gozada volver a leerte. Quizá me anime a traer otras estrofas, para continuar el juego de las versiones, incluidas las que puedan ocurrírsenos a nosotros.

Fernando Arturo dijo...

Para Valery, según él mismo dijo, el contenido, las ideas formadas, eran un elemento, y no el más importante de la poesía, además estaba la adecuación de sintaxis e ideas, con el ritmo, con la musicalidad del poema.

La primera estancia podría ser traducida, en endecasílabos asonantados, que respeten las ideas formadas, haciendo uso de las transposiciones a mano en castellano, la siguiente:

Calmo ese techo, surco por palomas,
palpita entre los pinos y las fosas,
que, cenital, el sol de fuegos arma:
¡El mar, el mar, renaciendo cual siempre!
Para el pensamiento, largo un presente,
que percibe de los dioses, su calma.

mis respetos a todos