domingo, 13 de julio de 2014

Tres lunas llenas

La Luna que lucía ayer mientras tocábamos con la Bossa y la Vida en el Parque de la Estación, en  Navalmoral, no es de las que se puedan pasar por alto. Recordé haber compuesto, allá por 2010, tres miniaturas en honor de la luna llena, muy influidas por la música impresionista y el rock de los 70.  Mi recuerdo era vago. ¿Cómo sonarían? Pues he vuelto a oírlas y me parece que nada mal.

(Aunque el rótulo indica 'Ciento Volando', lo que suena es la Orquesta Encantada: un ensemble virtual.)

No sé si alguna vez tendremos la posibilidad de tocar estas piezas en directo. Pero bien que me gustaría. Ahí van.





sábado, 12 de julio de 2014

Mudo en Gaza



Infancia 

Çid, en el nuestro mal vos non ganades nada... 

Hoy el ruido recorre las calles, 
se detiene a llamar en tu puerta 
y el silencio lo envuelve, lo abraza. 
¿Alguien sordo en mitad de la fiesta? 
¿Un coágulo añil de tristeza? 
Poca cosa. Quizás con el tiempo 
se podría acotar tu experiencia... 
Ya se quiere marchar el rumor 
y una mano muy fría se aferra 
a sus mangas. ¿Qué quiere decir 
esa voz que no acaba ni empieza? 
No lo sé, no lo quiero saber. 
Quiero irme de aquí y el silencio 
ha cerrado de un golpe la puerta.


sábado, 5 de julio de 2014

Tú ves arder la tarde



Almas buenas me ayudan a no olvidar del todo mi precario francés. Canta Louis Philippe este poema de Paul Éluard, musicado por el gran Francis Poulenc. Y esto viene a ser lo que yo entiendo.


Tu vois le feu du soir qui sort de sa coquille 
Et tu vois la forêt enfouie dans sa fraicheur 
Tu vois la plaine nue aux flancs du ciel trainard 
La neige haute comme la mer 
Et la mer haute dans l'azure 

Pierres parfaites et bois doux secours voilés 
Tu vois des villes teintes de mélancolie 
Dorée de trottoirs pleins d'excuses 
Une place où la solitude a sa statue souriante 
Et l'amour une seule maison 

Tu vois les animaux
Sosies malins sacrifiés l'un à l'autre 
Frères immaculés aux ombres confondues 
Dans un désert de sang 

Tu vois un bel enfant quand il joue, quand il rit 
Il est bien plus petit 
Que le petit oiseau du bout des branches 

Tu vois un paysage aux saveurs d'huile et d'eau 
D'où la roche est exclue où la terre abandonne 
Sa verdure a l'été qui la couvre de fruits 

Des femmes descendant de leur miroir ancien 
T'apportent leur jeunesse et leur foi en la tienne 
Et l'une sa clarté la voile qui t'entraine 
Te fait secrétement voir le monde sans toi 

Somos (Tú ves arder la tarde)

Tú ves arder la tarde saliendo de su concha 
y ves el bosque hundido dentro de su frescor, 
la llanura desnuda en los flancos del cielo remolón; 
la nieve, alta como la mar, 
y la mar, alta en el azul. 

Piedras perfectas y leña dulce, velados auxilios. 
Ves las ciudades teñidas de melancolía 
dorada, de aceras llenas de excusas; 
un lugar donde la soledad tiene una estatua sonriente 
y el amor una única casa. 

Ves los animales, 
dobles malignos sacrificados el uno al otro, 
hermanos sin tacha cuyas sombras se confunden 
en un páramo de sangre. 

Ves un niño hermoso cuando juega, cuando ríe 
es mucho más chico 
que el pájaro chico al borde de las ramas. 

Ves un paisaje con sabores de aceite y de agua 
del que la roca queda excluida, donde la tierra deja 
su verdor al verano que la cubre de frutas.

Unas mujeres bajan desde su viejo espejo 
trayéndote su juventud y su fe en la tuya 
y una de ellas (su claridad la vela) que te atrapa 
te hace secretamente ver el mundo sin ti.

miércoles, 25 de junio de 2014

Solo pienso en ti


Leo aquí sobre el Toytown Sound: canciones de los grupos psicodélicos ingleses de los 60 que exploran el mundo de Alicia en el País de las Maravillas, El viento en los sauces, etc. And fairy stories held me high, cantaba Syd Barrett.

En Ciento Volando tuvimos siempre una vena parecida (de raíz sesentera, pero influida por la vena infantil, pero más siniestra, de The Cure y La Dama Se Esconde). Leyendo cómo se caracteriza el género, me he acordado de esta vieja canción, con sus marionetas y mariposas. La ejecución es torpísima, pero con los años creo que la atmósfera está bien creada.

Y es tan dulce tu mirada quieta, 
siempre en derredor
van comiéndome las marionetas,
pero solo pienso en ti,
solo pienso en ti. 

Y es tan dulce tu mirada rota, 
siempre en derredor
van mordiéndome las mariposas
pero solo pienso en ti,
solo pienso en ti.

viernes, 20 de junio de 2014

Se jubila Mari Ángeles


Hoy concluye un ciclo: hemos tenido el último claustro de la que ha sido directora de nuestro centro en los últimos seis años, Mari Ángeles Fraiz. En la vida es bastante común que amistades que en su día parecieron indestructibles acaben en el olvido o como el rosario de la aurora; pocas veces acaba uno entendiéndose estupendamente con gente con la que en principio, por circunstancias varias, se llevó regular. Pero sucede. Como ese ha sido mi caso con Mari Ángeles, me ha parecido que merecía la pena intentar este pequeño homenaje, a modo de despedida —y como  agradecimiento por el apoyo que en estos años les ha dado a todos mis empeños más o menos quiméricos.

Se jubila Mari Ángeles: se cierra
su reinado de seis años y un día
que arrancó con vapores de lejía
y concluye en dulcísima posguerra.

Directora directa, algo gamberra,
abstemia de la vil pedagogía,
conversadora en buena compañía
y para el papeleo un poco perra,

nos deja entre cortinas de suspense,
dejando que se dude y que se piense
quién merece heredar su buen talante.

Habiendo sido un día su adversario,
permitidme decid que hoy, al contrario,
lamento su partida —y que lo cante. 


domingo, 15 de junio de 2014

El ciego alunado



Tantos años escuchando a Malicorne, el gran grupo folk francés, y solo ahora empiezo a entender (literalmente) lo que cantan. Esta ha sido siempre una de mis canciones favoritas, pero no imaginaba que tuviera una letra tan ácida (que me recuerda a la Canción del mendigo, de Espronceda). Así dice, más o menos (gracias a María José y Ana, mis compañeras del insti, por ayudarme a traducirla).


EL LUNÁTICO CIEGO

Ciego soy, me compadecen
y yo a todos compadezco.
Mis ojos ya no están llenos,
pues han perdido sus globos.
En desdicha como esta,
(y tú te burlas, te burlas),
de nada sirve la vela.

Me levanto y de mañana
voy de un pueblo para otro.
Uno me da un cacho pan.
otro un trocito de queso
y cuando la dicha es buena
(y tú te burlas, te burlas),
un poquito de panceta.

Del tendero yo me burlo
y de todas sus cajitas,
yo no preciso papel
ni menos aún las gafas;
mi peine son mis diez dedos
(y tú te burlas, te burlas)
y mis mangas mi pañuelo.

Me guían perro y bastón,
mis dos fieles compañeros:
él uno me lleva a tientas
y el otro de la correa.
¿No os fiaríais mejor
(y tú te burlas, te burlas)
de ellos que de vuestros ojos?

Si algún día tengo un hijo
en esta vida tan grata
yo le rezaré al buen Dios,
también a la Virgen Santa,
que les saquen los dos ojos
(y tú te burlas, te burlas)
y que sean como yo:
ciegos lunáticos viejos.



viernes, 13 de junio de 2014

Toma el ojo de un mono o de un muerto de forma violenta

Papiro mágico griego

λαβὼν πιθήκου ὀφθαλμὸν ἢ νέκυος βιαιοθανάτου...
(PMG I 248-9)

Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar
  (RD)



Toma el ojo de un mono o de un muerto
de forma violenta,
piensa en cosas picudas y sucias,
heridas que ascienden,
mariposas que van asfixiando
la luz del lugar.
Ten presente que lo que aparece
no muestra sus cartas
y el silencio es a veces un modo
de hacerse negar.

Toma el ojo de un mono o de un muerto
de forma violenta,
piensa en esa mujer que deseas
y no mereciste
y contémplala en todas sus mudas
llegar y pasar,
sonreírse pensando que tú
la imaginas ahora,
rosa escuálida, eterna promesa
de un cielo voraz.

Toma el ojo de un mono o de un muerto
de forma violenta,
reconoce tu estrella en sus vagas,
heladas canicas
que contemplan con prisa (y, con todo,
su prisa es eterna)
la llegada de flores, arroyos,
espejos, rumores,
ocasiones de darse al olvido,
de arder o sangrar.

Toma el ojo de un mono o de un muerto
de forma violenta,
déjate recorrer por su miedo
que no desemboca,
por su amor que se pega a las cosas
y luego resbala,
su inocencia salada, grumosa,
que inflama tu lengua
como lágrima enferma de sueño
o la gota que quiebra el cristal.

Toma el ojo de un mono o de un muerto
de forma violenta,
y preséntate en casa de aquél
que lo sepa llorar;
sé su firme sostén cuando el suelo
reclame su peso.
Ten piedad, ya que no la mostró
quien cobró su despojo.
Y por arte de magia sé humano
—si aún hay lugar.

jueves, 12 de junio de 2014

Punto, raya y azar


A veces se establece una conexión con la gente tan profunda que roza lo parapsicológico. Hoy me ha traído mi amigo Jose Maestro esta canción maravillosa de Rosa León, Punto y raya, grabada en 1975, porque la escuchó y pensó que bien podría ser mía, por la armonía, la melodía y los arreglos:



Pero no es que pudiera ser mía. Es que resulta que yo, sin haberla escuchado nunca (que recuerde), compuse esta misma canción, hacia 1993 (¡pero nunca se la había tocado a Jose!). Cantinera de azar, la llamé. Y así sonó ese año en directo, en La Sala (Madrid), con Dani a la flauta y la segunda voz, y yo mesmo al teclado, la guitarra y la voz (por llamarle algo):

miércoles, 11 de junio de 2014

La momia de Cervantes

Cervantes, el culto oficial de España (como diría Borges), es en realidad un autor mucho menos leído y querido que, por ejemplo, Antonio Machado o Federico García Lorca. Promoción tras promoción, nuestros alumnos de Bachillerato evitan cuidadosamente la lectura del Quijote, auxiliados por resúmenes y fichas de lo más resultón y colorido. En estos días, se planea la exhumación de los restos del escritor: lo que sin duda contribuirá a hacer más presente su figura en los medios de formación de masas —pero (desengáñese quien crea otra cosa) en poco o en nada contribuirá a que alguien se deje leer más o menos desprevenidamente cualquiera de sus obras.

Las gentes de la tertulia política del Ateneo andan moviéndose estos días para protestar contra este enésimo intento de dar el cambiazo, quitándonos lo que Cervantes dijo para vendernos ideíllas varias (y vanas) sobre lo que dijo y en qué circunstancias. Perdóneme quien supo escribirlos tan ágiles y graciosos que me sume al empeño con este soneto.

Desentierran la momia de Cervantes
(se la inventan, quizá) y, encuadernada,
planean añadirla a la ampliada
versión que marcará un después y un antes.

Aquí tiene el alumno comprobantes
de que el hombre existió: su lengua helada
en las letras y su desconcertada
osamenta: sin duda, son bastantes

las reliquias y cabe de ese modo
dar por sabido al hombre y a su obra
sin molestarse en darles voz u oído.

Alegrémonos pues: Cervantes todo
ha acabado y se va. Su sombra sobra.
La duda y la ocasión han concluido.

sábado, 24 de mayo de 2014

Danzas del norte (Alfonso García Pecharromán)

Alfonso García Pecharromán, gran amigo que nos dejó de forma prematura y trágica, compuso varias piezas preciosas de sabor medieval y renacentista que nos han acompañado a lo largo de los años, primero en Ciento Volando y ahora también en La Bossa y la Vida.

De ellas, probablemente la que más ha ido mutando con el tiempo es esta danza instrumental, que Alfonso tituló, si no recuerdo mal, Alt-Niederländische Tänze, 'danza holandesa antigua' (pensando quizá en las danzas holandesas del compositor renacentista Tielman Susato; o en la colección de danzas anónimas que interpreta con ese título la Trapp Family), pero que en algún momento rebautizamos como Danza del norte.


Conservo (pero aún no he conseguido digitalizarla) una versión del propio Alfonso a la flauta, acompañado por mí a la guitarra y con Daniel haciendo una segunda voz en otra flauta. En lo que aparece, la versión más antigua que tengo es esta cientovolandera, un tanto new age, que hicimos Daniel y yo ya en este siglo: él grabó las dos flautas y yo el acompañamiento al piano.


Cuando emprendimos La Bossa y la Vida, nuestro flautista, Paco, se enamoró enseguida de la pieza, así que la montamos con flauta, guitarra y percusión. Esta es la versión más bonita que he encontrado de las varias que grabamos el año pasado en ensayos y directos:


Por su parte, Daniel también se quedó dando vueltas a la pieza y la montó con Luli a la melódica y él mismo a la flauta, en un arreglo más folk y ancestral. Cuando preparamos varias canciones de Agustín García Calvo, retomamos la pieza de Alfonso como introducción a una canción musicada por él, el Conjuro. Así sonó el tema completo el 25 de enero de este año en La Cabrera, con Luli a la melódica y el bajo, Dani a la flauta y el albokote, Juan Fran a la percusión, Fátima a la voz cantante y yo mesmo a la guitarra:


...Pero ni por esas la pieza se dio por contenta. Con la nueva formación de La Bossa y la Vida hemos seguido trabajando sobre ella, y así suena (en versión virtual) el último arreglo que estamos tentando, con nuevas melodías para la flauta y la trompa, el violín en la melodía principal y un ataque final en el que se reúnen todas las melodías a la vez.


jueves, 15 de mayo de 2014

Incorporando sombras



Con humildad, confesaba Rafael Sánchez Ferlosio en un artículo suyo que, habiéndole dado por darle vueltas por libre, como hace siempre, a cuestiones relacionadas con la antropología (el rendimiento simbólico del margen y lo marginal en ritos y otras actividades humanas), al leer luego a Mary Douglas u otros autores similares se dio cuenta de que había descubierto el Mediterráneo. Lo cual, a pesar de todo, no dejaba de ser una validación tanto de su propia agudeza como de las observaciones ajenas: algo habrá de razón común en conclusiones a las que distintas gentes van llegando por su cuenta.

Digo esto como disclaimer porque estos días, explicando en clase lo que quiere decir comprender, íbamos a parar a un terreno que seguramente esté más que explorado, pero que a mí, como profano de la psicología del día, se me hizo novedoso.

En efecto, si uno piensa que el sentido original de comprender es el de 'albergar, incluir' que tiene en oraciones como Esta casa comprende varias habitaciones o Esta unidad comprende cuatro apartados, parece inevitable preguntarse cómo se pasa de eso a cosas como Comprendo tu posición, pero no la comparto o Nunca logré comprender a mi padre.

En este punto, nos acudía el recuerdo de esa triquiñuela de los sistemas operativos más modernos que es la posibilidad de ejecutar otros sistemas ya anticuados, o simplemente distintos, en una 'máquina virtual' que actúa como si fuera, pongamos Windows XP, pero dependiendo de un entorno 'real', externo, que es, pongamos, Windows 7.

Comprender algo, y sobre todo a alguien, viene a ser habérselo instalado satisfactoriamente en la propia sesera. Sentimos que comprendemos a alguien cuando somos capaces de poner en marcha, como una de esas máquinas virtuales, la idea que nos hemos hecho de él, y que esta simulación produzca previsiones satisfactorias: 'Fulano, sobre esto, diría tal cosa' o 'Seguro que esta canción la va a gustar a Mengano'.  (Tanto más satisfactorias estas previsiones, de hecho, cuanto menos se parezca lo que creemos que diría Fulano o le gustaría a Mengano a lo que nosotros mismos diríamos o apreciaríamos).

Viendo así las cosas, resulta lógica la tremenda resistencia de muchos a entender a otros: es comprensible que uno no quiera 'instalarse' a un psicópata o a un fanático religioso, por ejemplo (si es que hay diferencia entre ambas cosas); y es dudoso que uno pueda entender de veras a un desaprensivo o un mezquino sin contaminarse con semejante roce.

La negativa a entender nos mantiene, así, 'puros', o simplemente cómodos. Una mala postura si de hecho necesitamos tratar con ese tipo de gentes y combatirlas, o al menos precavernos contra sus ataques.

Por otra parte, junto a la simulación exitosa, que nos permite predecir con cierto acierto  lo que sentiría o pensaría Zutano (y, de paso, sentir de rebote sus posibles penas: hacernos empáticos con él) y la abortada (que es, mirada de otro modo, un éxito de nuestra intolerancia), tertium datur:  no es nada extraño que nos hagamos una idea vívida de alguien que nos importa y  creamos por ello haberlo comprendido —...para más tarde descubrir traumáticamente que en esa imagen que habíamos hecho tan nuestra y que parecía funcionar a todo trapo es bastante escaso el input externo (lo que procede de la interacción con esas gentes) y mucho lo que habíamos volcado en su figura de nuestras propias necesidades y expectativas.

Peor aún (o no): tampoco es nada raro que en el momento crucial decidamos que nos importa y nos gusta más la idea que nos habíamos hecho de alguien que la que tendríamos que recomponer penosamente si fuéramos a 'actualizar' su imagen integrando la información discordante. El culto a los héroes (y a su sombra, los supervillanos) sobrevive así a la evidencia de sus flaquezas y crímenes (o de sus 'momentos humanos').

Comprender, pese a todo, parece la mejor opción, si uno tiene que interactuar con gente que no le agrada (¿y quién no tiene que hacerlo?). Es cierto que albergar multitudes consume recursos, socava convicciones y adensa el tráfico. Pero, por más que nos exaspere, esa ha sido nuestra opción, la que funda en el mito nuestra identidad cultural, medio grecorromana, medio judeocristiana. Ante posibles reclamaciones, quien nos tendió el fruto del conocimiento (y es imposible conocer sin entender) podría respondernos con aquella coplilla de Isabel Escudero:

Toma media manzana, 
buen amiguito
—y también a medias,
el gusanito.

jueves, 8 de mayo de 2014

Por amor a lo que venga (encore)


Los enfoques técnicos, realistas, de las cosas siempre me dejan rumiando por debajo un cierto descontento o descreimiento. Como hoy me ha tocado un buen rato de exposición a métodos y planes, a lo mejor me perdonáis, querido lector, que os cuente un poco lo que me pasa.

Resumiéndolo en una frase, el problema de la gente que sabe hacer cosas es que solo hace las cosas que sabe hacer. Lo señaló Robert Fripp, y qué razón tiene. La alternativa es intentar cosas sin tener garantía alguna de que de ellas pueda salir algo de provecho. Empeños, que no proyectos.

Cada vez que la gente me habla de fijarse tales y cuales metas y actuar en consecuencia, me pregunto qué sentido tiene pensar así. Sobre todo porque las metas en cuestión suelen ser cosas que ni regaladas ni obtenidas con grandes sacrificios me conmueven.

Para mí la gracia siempre está en lo que va pasando de imprevisto en los fregados en los que me meto. Que un vals se convierta en un blues. Que esté contando en clase un mito poco conocido y alguien se quede asombrado porque es lo mismo que soñó anoche. Cosas así.

Y como cosas así me llevan pasando toda la vida, no me impresiona mucho el escepticismo de aquellos a los que no les suceden.

domingo, 13 de abril de 2014

Del túnel al tren (Juan Fran mix)


Acariciaba desde hace tiempo la posibilidad de arreglar una de nuestras canciones eliminando los acordes y sustituyéndolos por un entramado melódico en el que cada instrumento fluya libre pero armoniosamente, según el protocolo amoroso del contrapunto. Juan Fran, maestre de Al Tresbolillo, ha cumplido mi sueño en este arreglo de Del túnel al tren, una de las canciones que musicamos de Valorio 42 veces, del maestro Agustín. En esta versión, el sitar se hace cargo de la melodía de la voz y el bajo, un violín y una flauta la van comentando. ¡Gracias, maestro!

jueves, 13 de marzo de 2014

Fotos de lo que nunca ha pasado

Otra entrega de las grabaciones en ca Fátima: una canción muy sencilla, pero con ciertas cosillas que le dan su punto. Mapas de lugares inventados, pasos por los que nunca he pasado, formas de decirte que te tengo que contar...

)


martes, 11 de marzo de 2014

Caras que nos salen caras

No more quarrels: Brigas nunca mais. La Bossa y la Vida no es un grupo de Bossa Nova (aunque lo abossamos todo un poco), pero es curioso cómo hasta en los temas de las canciones, hablando de lo que buenamente se le ocurre, acaba uno coincidiendo con sus referentes. Sucede en Lo que nos duró el enfado y también en esta canción, que suena como nunca con estos musicazos que le dan vida: la simpar Fátima al micro, Jorge al bajo, Andreana al violín y el maestro Miguel al cajón.(Gracias también al maestro Aníbal por tejer esa memorable línea de bajo, que ya es parte esencial del empeño.)


Cara de que no me quieres, 
cara de que me da igual; 
caras que nos salen caras, 
caras que colorear. 

Cara de que te pregunten 
lo que piensas de verdad; 
cara de que no les guste, 
cara de dejarlo estar. 

Cara de que te recuerden 
todo lo que hiciste mal, 
cara de cruzar los dedos 
para volver a empezar.

jueves, 6 de marzo de 2014

My White Bicycle (despedida a Leopoldo María Panero)


La muerte y un señor en bicicleta 
me saludan: '¿Adónde, Leopoldo?'
 '¡A la mierda!', repongo, y Fernán Gómez 
me habita con su risa cavernosa. 
Toma nota el lector y el entusiasmo, 
ese vil blandiblú, nos envenena, 
nos alza, nos descalza, nos despoja 
de toda dignidad inconveniente. 
Abajo, en los cimientos de la vida, 
un ratón chiquitín roe la mano 
podrida e incorrupta de mi padre. 
Leopoldo María, Leopoldo 
Sánchez Dragó (las siglas nos avalan: 
L.S.D.), Leopoldo en fosfatina, 
Leopoldo este sángüich vegetal 
donde el bosque completo se atesora 
y regadas de luz manan las fuentes 
lenguas de gato, vértigos posados 
desde antiguo en la taza del retrete. 
Una dosis fetal de soledad 
nos vuelve irreductibles al olvido, 
a la inmortalidad de lo que escapa 
ileso, impune, incógnito a las manos 
de tantos filisteos. Corro, piedra, 
al ojo del dragón cuya pupila 
se ensancha, se dilata, me hace un hueco 
donde poderme hallar. Por fin pagada, 
mi muerte se relame las encías 
y besa al portador. Vuelta al silencio, 
vuelta y media al dolor. Otra de todo 
y esta vez ya verás cómo es de veras.

miércoles, 5 de marzo de 2014

A las puertas de la percepción (By the rivers of Babylon)


Cambian los vientos, pero no los mares;
bajo los sentimientos,
la sensibilidad cierra y nos abre
las puertas de la dicha.
Malditas, malsonantes, malnacidas
las palabras convocan al que duerme
muy lejos de palacio. Unas a otras
las flores se contemplan, se devoran
en busca del matiz. Abre los ojos,
oh cielo, y míranos: somos cristales
dispuestos a cortar o a deslumbrarte.

martes, 4 de marzo de 2014

La hermosa hija del verdugo


The Hangman's Beautiful Daughter es el tercero, y para muchos mejor, álbum de la Incredible String Band, el grupo de Mike Heron y Robin Williamson que exploró en los años 60 lo que hoy llamamos (según los casos) word music o weyrd folk, mezclando en sus canciones el folk celta y anglosajón con el blues, las ragas hindúes y cualquier otra música concebible.

Sobre el título de esta obra maestra no hay, creo, otra explicación que estas palabras de Mike Heron:

The hangman is death and the beautiful daughter is what comes after. Or you might say that the hangman is the past twenty years of our life and the beautiful daughter is now, what we are able to do after all these years. Or you can make up your own meaning - your interpretation is probably just as good as ours.
 
O no la había. Sucede que acabo de encontrar por casualidad el origen del título —o bien un sincronismo tan potente que hasta el mismo Jung se habría sentido turbado por su improbabilidad. Estaba leyendo las Memorias de Heinrich Heine cuando topé con un pasaje en el que cuenta sus amores con la pelirroja Sefchen, una bella muchacha que vive con la Gochina, su abuela, una consumada bruja. Así describe Heine a su chica:

Pero a decir verdad, no era la brujería lo que me hacía ir de vez en cuando a la casa de la Gochina. Mantuve el contacto con ella, y lo redoblé con creces a la edad de unos dieciséis años, atraído por un embrujo más fuerte que todos sus filtros con sus fabulosos nombres en latín. Tenía una sobrina que apenas habría cumplido también los dieciséis años, aunque parecía mucho mayor, pues había crecido mucho de repente, adquiriendo una figura esbelta. Tenía ese talle estrecho que encontramos entre las mestizas de las Indias occidentales, y como no llevaba ni corsé ni una docena de enaguas, su vestido estrecho y ajustado parecía la vestidura húmeda de una estatua. Pero ninguna estatua de mármol podía competir con ella en belleza, puesto que era la vida misma y cada movimiento de su cuerpo revelaba todo su ritmo interno, sí, hasta me atrevería a decir que expresaba la música de su alma. Ninguna de las hijas de Níobe tuvo un rostro tan bello y perfecto; la tez del mismo, como todo el color de su piel, era de un blanco cambiante. Sus grandes ojazos oscuros daban la impresión de haber planteado un enigma y encontrarse tranquilamente a la expectativa de su solución, mientras que la boca, con sus labios finos y abultados y sus dientes blanquísimos, parecía decir: «Eres demasiado tonto y buscarás la solución inútilmente.»

Sus cabellos eran rojos, de un rojo intenso como la sangre, y le caían en largos rizos hasta los hombros, de tal suerte que se los podía anudar debajo de la mandibula. Entonces parecía como si le hubiesen cortado la cabeza y la sangre manase a borbotones de ella. La voz de Josepha, o de la roja Sefchen, como era llamada la hermosa sobrina de la Gocherina, no tenía un timbre especialmente agradable, y a veces parecía como si lo hubiese perdido del todo; pero de repente, cuando se apasionaba, emitía una voz muy metálica, que me impresionaba muchísimo, pues su voz tenía entonces gran semejanza con la mía. Cuando hablaba, me asustaba a veces y creia estar escuchándome a mí mismo; también su manera de cantar me recordaba sueños en los que me oía cantar a mí mismo de igual modo.


Sabía muchas viejas canciones populares, y es posible que me despertase el gusto por ellas, así como es cierto que ejerció una gran influencia en aquel poeta incipiente. Pues las primeras poesías que escribí poco después, más bien imágenes oníricas, se caracterizaban por un colorido cruel, semejante a la relación qua había entre aquella figura rebosante de salud y la sombra que proyectaba sobre mi vida y pensamiento juveniles.


Un poco después, narra Heine un recuerdo infantil de la roja Sefchen: a los ocho años, vivía con su abuelo, verdugo en Westfalia. Un hermoso día otoñal acude a visitar al abuelo un curioso grupo de personas: son los verdugos más viejos del país, que llevaban años sin verse. Durante la noche, la niña asiste escondida a un ritual misterioso, que culmina con el enterramiento de algo (¿un niño? ¿un tesoro?) bajo un árbol. Años después, Sefchen le cuenta la historia a su tía la bruja y esta soluciona el enigma: se trata de la espada con la que el verdugo ejerce con su oficio, que cuando acumula cien muertes debe enterrarse, pues ha acumulado tanta crueldad y sufrimiento que puede enloquecer a su dueño. Como aquellos cuchillos del romance Lorca, que tiritan bajo el polvo, las espadas de justicia que han bebido tanta sangre no se resignan a permanecer inactivas, y a veces quien las posee se encuentra hundiéndolas en la carne de sus familiares o amigos.

Añade la hechicera que con una espada así se pueden hacer poderosas brujerías. Y, en efecto, esa misma noche acude al árbol y la rescata. El arma acaba en el cuarto de los trastos, con otros objetos mágicos. Una tarde, Heine visita a la pelirroja y le pide que se la enseñe. Ojo a la frase que cierra el párrafo:

En cierta ocasión en que no se encontraba la tía en casa le pedí a Sefchen que me enseñara aquella curiosidad. No se hizo de rogar, se fue al cuarto y regresó inmediatamente con una espada gigantesca, que blandía violentamente pese a la debilidad de sus brazos, mientras cantaba, amenazándome picaronamente, las palabras:

¿Quieres besar la blanca espada
que Dios, en su bondad, nos depara?

Respondí a ello en el mismo tono de voz:


No quiero besar la blanca espada;
¡quiero besar a la Setchen roja!

Y como no podía defenderse, por miedo a herirme con el acero fatal, tuvo que permitir que la cogiese apasionadamente por la cintura y Ia besase en la boca. Y es así que pese a la espada de la justicia con la que habían sido decapitados cien pobres pícaros y pese a la infamia que caía sobre todo aquel que rozase tan sólo a aquella estirpe maldita, besé a la hermosa hija del verdugo.



domingo, 2 de marzo de 2014

Ana María Moix besa la espuma


Ayer circuló por la Red la muerte de Ana María Moix, el gran amor de Leopoldo María Panero. Como tal llegué a ella a través de la biografía del poeta maldito. El título del primer libro de Panero, Así se fundó Carnaby Street (dedicado a los Rolling Stones), encaja estupendamente con los títulos de los primeros libros de Moix, no menos anglófilos y stonianos: Baladas del Dulce Jim, No time for flowers y Call me Stone. (Disuena en cambio el título más actual, tan sobrio él, que recoge los tres libros: A imagen y semejanza.) Los géneros también cuadran: eso que llamamos, si hablamos en serio, poema en prosa, a la manera de Novalis y Max Jacob; pero que hace años solíamos los amigos llamar postripi —y, en verdad, en estos textos de finales de los 60 e inicios de los 70 la referencia al enteógeno parece bastante ajustada.

Del mismo modo que bajo la fiebre química cualquier dibujo cobra vida (y acaso hasta voz y aroma), en estos prosemas se parte de un nombre propio o de una frase cualquiera (cotidiana o tópicamente literaria) y se salta por asociación de ideas a otro plano de realidad en que los personajes del cómic o del pop adquieren la estatura arquetípica de un Gilgamesh o un Beowulf y las palabras se abren en recovecos caleidoscópicos. El viaje imaginario a los confines (el Polo, el fin del mundo, el centro de la Tierra, la isla perdida) es el correlato del viaje verídico de la mente, espoleada por el ácido o el cáñamo indiano, por ese parque temático que forman nuestros recuerdos, deseos y temores.

Abriendo al azar el libro, encuentro estos dos textos (pp. 44-45), que hablan del mar, la nieve y otras imágenes de consumación y muerte. Parecen apropiados, además de muy bellos. Allá van.

Nevó en el mar. Y por fin caminé sobre el inmenso hielo hacia la blanca lejanía. Una cruz señalaba el lugar en el mapa. Crucé el océano y ya iba a alcanzar el sol cuando grité de pena y con las uñas abrí hendiduras en la helada capa para ver el mar. Las gaviotas, muertas de frío en las rocas, me ayudaron a recobrar el miedo que sienten los adolescentes cuando cesan en su llanto por las noches y se inventan un amable desconocido que acariciándoles la cabezas les ayuda a hablar sobre el amor.

*

Partieron muchos barcos aquel año. En la playa quedaron algunos cascos de botella sin mensaje y un plano muy completo del lugar donde empieza la aventura. A golpes de olas fui recobrando la memoria y tuve ganas de llorar sobre la arena, como si en aquel último barco hubiera partido alguien muy importante para mí. Si hubiese nevado sobre la playa y me hubiera sido imposible regresar a las ciudades, sabría ahora por qué es temible el mar, y a quién pertenecía el pañuelo blanco que flotaba en los océanos cuando el trasatlántico entraba en aguas internacionales y alguien, en cubierta, me recordaba quizás en jazz-band.

Empecé a ver elefantes color de rosa bailando sobre las olas, como las pesadillas de los alcohólicos que tiemblan ante un vaso de cerveza y beben para ahogar sus penas. Y fue entonces cuando muy despacio caminé hacia la orilla y me alcanzó el mar.

viernes, 28 de febrero de 2014

Eufonía


Un día que había ido a la Taberna Encantada, en la calle Salitre, para escuchar a Javier Bergia, vi un anuncio de un tal Juan Manuel, que buscaba músicos para tocar con él. Matizaba que no hacía falta instrumentos, porque él lo ponía todo.

No sé qué demonio me llevó a responder a un anuncio así, pero la decisión fue trascendental. Gracias a Juan Manuel, músico notable y persona desprendida donde las haya, tuvimos entre otras cosas acceso a la mesa de mezclas grabadora donde se registraron las diversas maquetas de Assahar y Ciento Volando.

Además, el proyecto musical de Juan Manuel, heterodoxo y variable de un día a otro, pasaba en gran medida por la música antigua que le encantaba a Alfonso. Fue natural invitarle a aparecer por la casa de Juan Manuel, sita entonces en San Bernardo. Y al poco ahí estábamos, ganando el acceso a la final en el concurso municipal de música folk del año 92 mediante actuación apoteósica en el Centro Cultural El Torito de Moratalaz.

A las pocas semanas, Eufonía se disolvía, pero el momento de gloria es imperecedero. Elegimos un arreglo entre reverente e iconoclasta de dos piezas renacentistas que Juan Manuel conocía por John Renbourn: la pavana Belle qui tiens ma vie y la danza del Tourdion. El arreglo a cuatro voces de la pavana tenía a Juan Manuel en los graves, Alfonso y Manuel (notable flautista) a los medios y Ana (una bella dama) a los agudos.


En la danza instrumental, Juan Manuel se ocupa del órgano endiablado, Juan Carlos del punteo eléctrico, Manuel de la flauta, yo del punteo acústico y Ana de la pandereta. Cortando súbitamente el instrumental, el mismo tema del baile se expone en arreglo vocal arcaísta: de lo que se pasa sin tregua a una breve parte instrumental de nuestra invención, con improvisación progresiva setentera. Tras ella, una variación insólita del tema principal (¡en modo locrio! —mi grano de arena en el arreglo) y vuelta al redil del Tourdion propiamente dicho. Fusión a tope. ¿Quién da más? Creo que es una pieza de las que se no olvidan. Recuerdo, de paso, que a Alfonso le encantaba la variación locria, mientras que Juan Carlos nunca la digirió enteramente. A veces los premodernos son más amplios de miras que los músicos de rock.