miércoles, 11 de enero de 2006

Antiguas brujerías



Gahondjidahonk, Aquella que se quema en muchos sitios, pertenece a un grupo de mujeres de entre los Seneca, tribu de indios norteamericanos, nada dados (como buenos salvajes) al estoicismo de su tocayo. Estas mujeres intentan, y casi siempre consiguen, destruir a los maridos de sus hijas en la noche de bodas. Sin aviso, saltan al fuego; queriendo rescatarlas, los ilusos yernos se queman hasta morir. En efecto, son inmunes al fuego; quizá porque son fuego ellas mismas.

Sucede que, un día de los días, algún yerno llega al pueblo con la historia aprendida. Gahondjidahonk salta al fuego, pero nadie acude a rescatarla. Al rato, sale de la fogata y se sienta en un rincón a llorar. Desplazada del centro de atención, va consumiéndose, resignada. Con el alba y los últimos brindis, su hija se acuerda de repente de ella, y acude a darle un último beso. Inesperados, vuelven a su corazón el calor de la sopa materna, las manos que guiaban la suya, haciendo trazos mágicos y sombras. Pero junto a la hoguera sólo quedan unas brasas diminutas que crepitan entre plumas y flecos, un manto del que salen las llamitas como brazos que le dicen hasta nunca, y el viento se las lleva, y luego nada. Querida, vámonos ya.

2 comentarios:

Jolly Roger dijo...

Preciosa historia esta de la suegra salamandra. Witches Brew. Con el regusto desazonante que siempre me deja lo poquísimo que he catado de mitología pielroja.

El reverso en carne y hueso lo hallaríamos entre los otros indios. La madre que arrastra literalmente a la hija viuda (no hay peor oprobio ni trasto más inútil allende el Indo que una hija viuda) hacia la pira funeraria del difunto esposo para consumar el suttee.

En teoría la devota esposa debía inmolarse de buen grado, pero no faltan noticias (Ibn Batuta, Abbé Dubois, Max Muller) de viuditas ignífugas que requerían un 'empujoncito'!!

Al59 dijo...

Sí que es melancólica la historia senequiana, de un modo extraño: acabamos sintiendo pena por la que en principio es la mala de la película. De aquellas viudas hindúes, me quedo con Aouda, la que Phileas Fogg rescata oportunamente de la pira. Inmenso Verne —aunque hoy ya no se lea (o casi) en la escuela.