sábado, 14 de enero de 2006

Cronología (en fin)



Los argumentos de la defensa son ridículos: «Cualquier tiempo pasado fue mejor». Y claro, como Crono es el pasado, ahí está reivindicándose, pretendiendo, una vez sucedido, recibir como premio el tiempo todo...

La verdad es que, en gran medida, Crono ni siquiera se llama así. En Roma siempre lo llamaron Saturno, y tal vez es demostrable que recibió culto autóctono con ese nombre mucho antes de venir a identificarse con el carca monarca griego. En cualquier caso, su doblez es la misma: Saturno, se nos dice, es melancolía, gravedad, pasado y pesado, sensación de que siempre pasa lo mismo, de que no hay quien escape del pecado original o del origen a secas, serpiente constrictora con alarma a las seis de la mañana.

Ese es el malo —ya se veía. Pero está el otro: aquél en cuyo honor se celebraban las Saturnales, esas Proto-Navidades latinas, fiesta de jolgorio donde las hubiera, con los esclavos ordenando a los amos y el mundo en general patas arriba: restitución de la Edad de Oro en que nadie trabajaba y todo se hacía regalo para arder deprisa en pleno invierno mediterráneo.

*

Así que nuestras relaciones contradictorias con Crono han venido a ser espejo de nuestra ambivalencia por el pasado, que según se mire es irrecuperable o no hace más que regresar a deshora: con el presente como pasado que retorna (siempre estamos igual), con el futuro como algo que por previsto ya está pasado antes de ser, con el fin del mundo como restablecimiento de la selva originaria.

¿En positivo? Leamos a Unamuno:

Mi cielo

Días de ayer, que, en procesión de olvido,
lleváis a las estrellas mi tesoro,
¿no formaréis en el celeste coro
que ha de cantar sobre mi eterno nido?

¡Oh Señor de la vida, no te pido
sino que ese pasado por que lloro,
al cabo en rolde a mí vuelto sonoro
me dé el consuelo de mi bien perdido!

Es revivir lo que viví mi anhelo,
y no vivir de nuevo nueva vida;
hacia un eterno ayer haz que mi vuelo

emprenda, sin llegar a la partida,
porque, Señor, no tienes otro cielo
que de mi dicha llene la medida.


¿En negativo? Cantemos a Brasséns (por Paco Ibáñez):

Es adusto, es taciturno.
Dueño es del tiempo, tiempo cruel.
Nombre hermoso el de Saturno,
pero es un dios, cuidao con él.

Y hoy a ti te tocó, mi amada,
pagar el pato de su crueldad:
el tiempo no perdona nada
y en tu pelo una cana más.


*

Ilusoria libertad: el asno de Buridán contempla las alternativas sin prisa por decidirse. Si no fuera por el hambre... Podemos estar más allá del bien y del mal: no más allá de lo bueno y lo malo. Al final amamos y odiamos, alternativamente, a Crono: vemos una de sus dos caras, le invocamos por uno de sus nombres. Exiliado, siempre regresa, y con daño: exceso o defecto. El placer acordado da dolor (oh nostalgia de Crono). El dolor acordado da dolor (quién nos libre de Él).

*

Suposición de un Dios sin memoria: librarse de Crono siendo él mismo, antes de entrar en genealogías. Somos lo que pasa: la inocencia del devenir. El mundo siempre es el paraíso en tanto no lo hagamos ser otra cosa, inyectándole la historia, la conciencia. El Paraíso, claro, se ve desde fuera: la Edad de Oro es cosa de plomeros.

*

El reloj de arena sigue sangrando.

4 comentarios:

juanpoz dijo...

Ahí está Jano, la acogedora, la bifronte, que acoge a Saturno en su exilio. Jano es, etimológicamente, una puerta siempre abierta y por la que pasado y futuro se comunican, porque, como pensaba Sartre, somos una determinación de nuestro futuro, de nuestro proyecto personal.
¡Ah, qué hermoso poema de Unamuno! ¡Y esa delicada palabra, rolde, tan a cuento y canto traída!
No sé tú, pero yo nunca me canso de leer a Unamuno...

Joselu dijo...

No sé si añoro el pasado. Quizá cierta idea del pasado que quizá no fue exactamente así como la añoro. En cierta manera me hastía el peso del pasado. Me fascinaron los versos de Borges (Los conjurados:
El alivio que habrá sentido César en la mañana de Farsalía,
al pensar: Hoy es la batalla.
El alivio que habrá sentido Carlos Primero al ver el alba
en el cristal y pensar: Hoy es el día del patíbulo,
del coraje y del hacha.
El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede
a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo.

Siempre los recuerdo. Ese peso del universo y la costumbre de ser uno mismo. El tiempo y uno mismo para mí representan una misma dualidad. Volver infinitamente en bucle hacia uno mismo cada día ¡qué placer! y ¡qué aburrimiento!

Coincido con juanpoz en mi estimación por Unamuno. Creo que fue él quien me dio las claves para afrontar con cierta sensatez la vida. Hice caso a uno de sus consejos y me fue muy bien. ¡Ah, el sentimiento trágico de la vida!

Al59 dijo...

Asombroso Unamuno, sí. Te dejo una pequeña enciclopedia. / ¿Pequeña? ¡Un universo!, escribió. No es raro que no encontrara fin (sin llegar a la partida): fue uno de esos tipos infinitos, inabarcables. Seguirá dando guerra...

Anónimo dijo...

Por homenaje a D. Miguel esas variantes al soneto, para Alejandro:
Días de ayer, que, en procesión de olvido,
lleváis a las estrellas mi tesoro,
¿no formaréis en el celeste coro
que ha de cantar sobre mi eterno nido?

¡Oh Señor de la vida, no te pido
sino que ese pasado que hoy añoro
volviendo en rolde a mí con risa y lloro
me quite el ansia de mi bien perdido!

No es vivir otra vida lo que anhelo,
sino vivir de nuevo la vivida.
Hacia un ayer sin fin, haz que mi vuelo
remonte sin llegar a la partida,
porque, Señor, no tienes otro cielo
que de mi falta llene la medida.