lunes, 14 de enero de 2013

Qué pena


Estaría bien poder bajar por la canción del día como uno baja a por el pan. Por raro que parezca, así está siendo estos días: cada uno ha ido trayendo consigo alguna música nueva para las canciones de Valorio 42 veces. Esta es la última, al menos de momento. Tiene un aire bastante distinto a sus hermanas —y yo diría que no es la peor del lote.

Así va (nótese que el verso penúltimo, ¡qué solo estaré tú y yo!, aparece así en el original; dado que el texto es de 1957, pienso que el juego del maestro con los pronombres se anticipa aquí a sus investigaciones posteriores sobre la prohibición de sintagmas como *me amamos o *nos amo):


XV

¡Qué pena
que el agua corra turbia!
Que el viento quiebre la lluvia
¡qué pena!

¿Dónde están las manos amigas
que nos consuelan?
Solos los dos estamos,
mi compañera,
al pie del arroyo,
bajo la nube negra.
¡Qué pena!

Tan juntos cobijados
en la junceda,
que ya no somos dos,
Adán y Eva,
sino uno solo, el solo
que llora y piensa
«¡Qué pena
que caiga la lluvia rota,
que el agua corra revuelta!»

Un beso. ¿Qué puede
venir de fuera?
Pasará la vida como una
borrasca de primavera;
y después, como ahora,
¡qué solo estaré tú y yo!
¡Qué dulce pena!

1957