viernes, 20 de noviembre de 2009

Lo restante (y II)


Nueva entrega de la orquesta encantada: esta vez clarinete, vibráfono, cello y guitarra. La melodía surgió mientras leía el poema de Antonio, así que en cierto modo lo comenta. Va por usted, maestro.

(Edito: la versión en GoEar es la más reciente, con algunos cambios, creo que a mejor, en la instrumentación y el acompañamiento. Sigue el cello. Salen los demás instrumentos y entran en su lugar corno inglés, dulcimer y piano eléctrico.)







*


Vaya. A Antonio Piñero, que algo sabe de estas cosas, también le gusta Ágora. Ya somos dos. (Con García Gual, asesor de Amenábar, tres.)

domingo, 15 de noviembre de 2009

La fe mueve montañas


La fe mueve montañas.
La fe las desarraiga, sobre todo.
Convierte la pendiente en una raya
por la que nada sube ni desciende.
'Dios' dices, y no hay dios en el Dios tuyo,
ni vértigo ni espíritu travieso.
Se mueven, sin embargo
ya están muertas.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Despedida


(Nota del transcriptor:
Para Fuensanta y Sergio.
A ambos os lo debía.)


Todos
los poetas
han escrito
alguna vez
ese poema
que se inicia
con el verso
cuando yo muera...,
o yo me iré...,
o al ver mis horas de fiebre,
etcétera...
Yo también
soy poeta
en el deseo.
Quisiera
decir palabras
nuevas,
palabras
viejas.
Por ejemplo
decir:
cuando yo muera,
y yo me iré,
o al ver mis horas de fiebre,
etcétera;
y que
al oírlas
o al leerlas
te sonaran
eternas.

Escribir
por ejemplo:

cuando yo muera,
sonríeme.
Deja
mi cuerpo
al sol.
Mi cuerpo
concebido
bajo las piedras.
Que la luz
me disuelva.
Ni descanso
ni paz
ni olvido
ni tristeza
ni muerte.

O por ejemplo:

...y yo me iré
sin niebla
sin misterio
sin miedo,
casi
sin darme
cuenta.
Simplemente
me iré
de donde nunca
vuelva
para romper
el vicio
de la circunferencia.

O también por ejemplo:

al ver mis horas
de fiebre,
cuando desierta
esté mi casa
y lenta
llegue la última
hora
y me duela
aún la ignorancia,
escribiré mi último
poema:

"Amigos,
la muerte es la última
escena.
Levantad
el telón.
Sólo se mueren
cuantos aquí
se quedan".

[Antonio Hernández Marín, Cuaderno B (años 80)]

*

Cortesía.


viernes, 13 de noviembre de 2009

¿Alguna pregunta?


Ya preguntas por qué
sin saber qué preguntas,
sin saber que preguntas
por la causa imposible,
el motor que se esconde,
la razón de la huida.
Ya preguntas. Contesto
lo que sé: "por si acaso".


jueves, 12 de noviembre de 2009

Polanski encerrado

Pues eso: tres canciones con Polanski encerrado. La primera es del musical hippie por excelencia, Hair ("Claude Hooper Bukowski / finds that it's groovy / to hide in a movie, / pretends he's Fellini / and Antonioni / and also his countryman Roman Polanski"; visto lo visto, también habría valido ésta); la segunda, de Vainica Doble ("el gato de Polanski / se pudre en el ropero"); la tercera, de Polanki (o Polansky) y el ardor, grupo punkarra de la Movida.









jueves, 5 de noviembre de 2009

Los trenes de Tozeur


A los amigos de Facebook, ellos saben por qué

Los tranvías de mi pueblo (en mi pueblo no hay tranvías). Así los trenes de Tozeur, localidad tunecina que linda con el desierto, y a la que no llega (dicen) la red ferroviaria. Haberlos, sin embargo, haylos: en un viaje al lugar (¿quizá en busca de las raíces del sufismo?) Franco Battiato los vio avanzar entre espejismos, y les dedicó esta canción, una de sus mejores, incluida (alimentando mi sospecha) en Ecos de danza sufi. El invento concursó en Eurovisión en 1984, en voz de Battiato y Alice, pero no tuvo que pasar por la ignominia de la victoria. En 1998, las dos volvieron a interpretar la pieza juntos en directo. Aquí van las dos versiones.

(A todo esto, resulta que hay un tren de Tozeur; más exactamente, lo hubo, dejó de haberlo y hoy —¿gracias a Battiato?— ha vuelto y es uno de los reclamos turísticos del lugar.)






miércoles, 4 de noviembre de 2009

Rumba catuliana


No hay límite que el ingenio, fecundo en ardides, no burle. La rumba se puede cantar en griego (¿Katalavénis eliniká? Katalavéno polí calá), y Catulo hacerse rumbero. Testigo (y trickster) Rafael Herrera, que el mes pasado enviaba estos versos al blog Las diosas y las nubes. Con permiso del autor, aquí van de nuevo.

Ay cateto de Catulo
no seas desaborío,
y manda a tomar por culo
lo que ya tienes perdío,
no se, no seas desaborío, leré,
y manda a tomar por culo, leré,
lo que ya tienes perdío...

Te cantaba a ti otro gallo
cuando a tu gachí seguías,
la gachí que ningún payo
querrá como tú querías.

Qué juerga en aquellas fechas,
tú le pedías caprichos
y no se hacía la estrecha.
¡Ese gallo era otro bicho!

Si ya no le da la gana,
no la quieras tú tampoco,
no sigas a esa gitana,
que vas a volverte loco.

Ponte duro, dale caña.
¡Hasta nunca, chavalita!
Catulo ya no se engaña
y tus espinas se quita.

Ya no va a pedirte nada
y entonces, qué negra pena,
qué vida tan desgraciada
la que te espera, morena.

¿Quién va a pedirte amoríos
y arderá por ti en deseos?
¿A quién llamarás querío?
¿Con quién muerdos y morreos?

Ponte duro, dale caña...

martes, 3 de noviembre de 2009

¿Quién puede navegar sin viento?



Vem kan segla förutan vind?
Aprendí esta nana sueca hará ya quince años en el Castillo de La Mota, de quien sabía cantarla en su idioma, y desde entonces la melodía me sigue visitando de cuando en cuando, reparadora e insidiosa. Ordenando papeles, aparece sin querer el documento que suponía desaparecido: la letra en sueco y en español y los acordes, gentileza de Lars-Erik Odman. Escuchando las versiones que hay en la red, me doy cuenta de que he acabado (con)fundiendo esta nana con otra hispana: La mar estaba salada (o serena). Traigo, pues, las dos y envío un abrazo a Lars-Erik, donde quiera que pare.

¿Quién puede navegar sin viento?
¿Quién puede remar sin viento?
¿Quién puede separarse de su amiga
sin verter lágrimas?

Yo puedo navegar sin viento.
Yo puedo remar sin remos.
Pero no puedo separarme de mi amiga
sin verter lágrimas.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Compro Ágora


Vengo de ver Ágora (ya era hora). Contento. No es una obra maestra, pero sí bien hecha, valiente y (por intempestiva) oportuna. En general, no comparto las críticas que había ido leyendo (frialdad y falta de respeto al espectador): me he emocionado y encuentro que Amenábar plantea bien en el comienzo de la película tanto los errores de los paganos (cuando atacan cobardemente a los cristianos y se jactan de que, en tiempos mejores, se les trató adecuadamente, echándolos al circo como pasto de fieras) como el atractivo de la nueva fe (capaz de atravesar el fuego sin quemarse, de convertir el auxilio al desvalido y la igualdad fraterna en valores prioritarios y efectivos). Es fácil convertir a los 'malos' de la película (el obispo Cirilo y sus fanáticos, en este caso) en personajes increíbles, caricaturescos, que cometen barbaridades sin motivaciones creíbles. Amenábar consigue que comprendamos en todo momento el punto de vista de sus villanos, y los presenta convencidos de estar haciendo el bien (ni siquiera el obispo, a pesar del cálculo algo maquiavélico de sus palabras, deja de actuar en todo momento de forma coherente con sus valores).

En cuanto a Hipatia, Amenábar hace bien en no traicionar su carácter virginal, artemídeo, a sabiendas de que un personaje así (al modo de Simone Weil) no encaja con la idea moderna de una mujer liberada y ha de parecerles a muchos una frígida o estrecha. Dudo, eso sí (y ahí va mi primer pero) que la historia hubiera perdido nervio (quizá incluso hubiera sido al revés) si se hubiera respetado el hecho de que la Hipatia que murió lapidada no era ya una mujer en sazón, sino una anciana (tampoco nonagenaria, de todas formas: entre 45 y 60 años). Admito, no obstante, que la distorsión de los hechos sigue un molde muy griego: en arte como en filosofía (platónica), la verdad y la bondad exigen la belleza. No bastaría con presentarnos una Hipatia veraz y bondadosa si no la acompañara la belleza que también, según las fuentes, poseyó en grado sumo; y es opción comprensible, y muy griega, presentar la belleza de la juventud como la única que se impone por sí misma. Pienso, con todo, que habría bastado con retratarnos a una mujer que *fue* hermosa (y quien tuvo, retuvo) para que aceptáramos que su antiguo esclavo (personaje ficticio, pero sometido como tal a la cronología del relato: tampoco podría él ser, cuando su ama cumplía los 60, ningún mancebico) y los que fueron sus alumnos siguieran colados por ella. (Recuerdo, en este sentido, cómo Elia Barceló consigue que aceptemos el amor entre un hombre aún joven y una mujer fascinante, pero ya anciana, en su novela Disfraces terribles. Pero en fin: no era ésa la guerra de Amenábar, y quizá aceptar ese reto le habría llevado demasiado esfuerzo y metraje, en una película que, si en rigor no se hace larga, está en un tris de caer en ello.)

Otro desvío de los hechos es la conducta de Sinesio, el discípulo de Hipatia que acabó siendo obispo. En realidad, murió antes que Hipatia, y las cartas que escribe muestran que mantuvo siempre una lealtad sin fisuras hacia su maestra, sin sentirse en ningún caso en otro bando que en el común de la religión neoplatónica, la de los sabios, que si puede aceptar circunstancialmente cualquier religión exotérica (en el caso de Sinesio, el cristianismo) es sólo para desvincularse explícitamente, en petit comité, de su contenido literal y reconducirla por metáfora a una versión codificada de la verdad filosófica, única admisible por hombres cuerdos. Sabemos de hecho que Sinesio se dejó hacer obispo más bien mal de su grado, y dejando claro que no estaba dispuesto a renunciar a sus convicciones neoplatónicas para hacerse creyente en lo que consideraba fábulas.

En este caso, la distorsión de Amenábar obedece a las necesidades del relato. En la vida, que no está obligada a atar cabos ni a resultar significativa en cada pormenor, un personaje como Sinesio pudo morir antes del desenlace y permanecer, antes de eso, lejano y ausente de los hechos. Una película o novela exigen que los personajes secundarios se ganen su puesto interviniendo de manera inteligible en la trama y manteniéndose cercanos al conflicto que se plantea. Tomada esa opción, plantándole en mitad de la pista, Amenábar no tenía otra opción que presentarmos un Sinesio fiel a Hipatia, que acaba muriendo con ésta (o exiliándose) o uno que, en última instancia, la traiciona. (Dicho lo cual, el desvío no deja de ser considerable y merecería la pena haberlo destacado y ponderado más en las reseñas.)

En otros aspectos, la película elige ser fiel al sentido general de los hechos a cambio de sacrificar el detalle. La Biblioteca de Alejandría sufrió muchos golpes antes de desaparecer por completo (alguno ya en la época en que, como consecuencia de la guerra civil de César y Pompeyo, se incendió el barrio portuario). La película así lo plantea (lo que queda ya es un resto o rescate de una destrucción anterior), y por más que quepa objetar que Teófilo o Cirilo no le dieron el golpe definitivo (o no en la forma que plantea la película), no hay duda de que el descuido de la Biblioteca, el vandalismo consentido o alentado y, al fin, la destrucción total en la época de la conquista árabe, obedecen en su conjunto a una hostilidad creciente del monoteísmo y su verdad única contra la pluralidad enojosa de opiniones y saberes heredados de la Antigüedad clásica y el helenismo.

Cabe decir lo mismo sobre la supervivencia de la escuela neoplatónica: si es cierto que no se dejó matar junto a Hipatia, no lo es menos que sobrevivió malamente, unas veces tolerada como antigualla más o menos inofensiva y rescatable en parte (si se traducían sus filosofemas al cristiano) y otras abiertamente hostigada. No es casual que Damascio, el último escolarca de la Escuela de Atenas, que es también el principal defensor de Hipatia, se viera obligado a exiliarse en Persia y se jugara, en fin, el pellejo. Si no se lo cargaron, no fue porque no él asumiera ese riesgo, sino porque sumar otro mártir hubiera sido excesivo y contraproducente, cuando la batalla estaba ya ganada (o perdida) de sobra.

La obra, en fin, retrata con fidelidad el conflicto, lo que estaba en cuestión. Que Hipatia fuera asesinada por lo que tenía de contrapoder a la influencia de Cirilo no elimina el componente fanático y misógino de su muerte, y de todas formas la motivación política inmediata queda bastante clara (contra lo que afirman algunas críticas) en la película, que incluso se apunta a la hipótesis más benigna al presentar un Cirilo que si bien arremete desde el púlpito contra la filósofa, no ordena directamente su muerte, y hasta parece ajeno, convenientemente desligado, de las deliberaciones de los asesinos.

Por no alargar más la reseña, no voy a entrar ahora en la cuestión más importante (la vigencia o no del conflicto que se denuncia), y entro sólo de paso, para acabar, en otro pero que debo poner a la película: alguien debería haber advertido a Amenábar que a la segunda vez que nos envía al cosmos ya hemos entendido que la Tierra es, como dice Jayán, un grano de polvo en el espacio y nuestras certezas y crímenes, bien poca cosa. Insistir en ello una y otra vez acaba cansando.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Hombre Palote

Esta noche animada no aceptaría una entrada cualquiera. Vaya, pues, un enlace a esta escena, mágica donde las haya, de la película El hombre de mimbre (The Wicker Man). Menores de edad mental, abstenerse. [Horrendo, por cierto, el remake de Nicholas Cage. Manténganse a prudente distancia.]

(El enlace lleva a la versión buena, sin censura. Por si cayera en algún momento, aquí va otra, con el audio y una foto fija).


sábado, 31 de octubre de 2009

Habanera

...que no vals, aunque tiene algo de su pulso. Toca la Orquesta Finale: laúd, piano, cello, bajo y oboe.




viernes, 30 de octubre de 2009

Sirenas I: Cançó de la sirena


El LP Jardí Tancat de María del Mar Bonet, de 1981, se cierra con esta joya. La letra es del poeta modernista Miquel dels Sants Oliver; la música (con ecos inesperados de Breathe, de Pink Floyd), de Lautaro Rosas.

Ah de la barca! Un palau
més esplèndid que la nau
aquí tindries...

Sé d'uns braços nacarins
i un pit de dolços coixins;
tu hi dormiries...

Carns d'alabastre remulls
i cabelleres raülls
tu les hauries...

Sé la cançó de l'oblit
que entabana l'esperit
l'escoltaries...

En la blavor dels fondals
els meus ulls són dos fanals
brilla que brilla...

La bonança del meu port
és eterna com la mort:
vine, vine, vine...




(¡Ah de la barca! Un palacio más espléndido que la nave aquí tendrías... Sé de unos brazos nacarados y un pecho de dulces cojines; tú dormirías... Carnes de alabastro empapadas y cabelleras ensortijadas tú las tendrías... Sé la canción del olvido que engatusa el espíritu, la escucharías... En el azul de los abismos mis ojos son dos farolas brilla que brilla... La bonanza de mi puerto es eterna como la muerte: ven, ven, ven...
)

jueves, 29 de octubre de 2009

Devocionario Pop (redux)


Hostia: mi libro en la FNAC. Le cambian el título y la fecha de publicación (y no han escaneado la portada), pero alegra lo mismo.

*

Para quien quiera calarlo, dos antologías gratuitas: una aquí (con bonus track) y otra en el Blog del Crítico Constante. Si a reseñas vamos, así lo vio sir Rubén A. Arribas.

**

Hubo (hay) un libro segundo, que se fue de concursos. Ya veremos en qué estado vuelve.



martes, 27 de octubre de 2009

Dale cuerda a la noche


...sin querer suelto el canto la alabanza de las noches
(Pablo Neruda)


Dale cuerda a la noche. Sólo en ella se esconde
la frescura que vuelve poderosas tus alas.
En su reino de libros, borracheras, silencios,
todo es súbito y tiene la honradez de lo humano.
Caen las doce. Tu casa (tu castillo) se enciende
y eres tú su linterna — su monarca fantasma.


miércoles, 21 de octubre de 2009

Are you experienced?


Presentir un poema, seguirlo, darle vuelta y vuelta. Publicarlo. Y marchar (nunca en vano) a dormir.

*

Limítate a reír, que no parezca
que duerme en las entrañas del zapato
alguna piedra incómoda. Ligera
es la mente (quien la voló lo sabe)
e inútil ir tirando de una soga
que nace rota ya. Da por hallada
la clave. Sueña un vaso. Bébelo.


domingo, 18 de octubre de 2009

Ni está el mañana (ni el ayer) escrito


Hay figuras que merecen volver. Lo merecía Hipatia, por supuesto (y sólo por eso habría que estar agradecido a Amenábar) y lo merece Juliano el Apóstata, a quien Gore Vidal dedicó una novela y Fernando Savater un drama, y a quien no haría daño una buena película. En ambos casos, se trata de peces que nadan contra corriente y acaban arrastrados por la presión de la historia. Por eso mismo, siguen siendo actuales, en el sentido menos trivial del término: no nos atrae en ellos el cumplimiento de la necesidad o el destino, sino la resistencia a aceptar lo injusto por mucho que se presente como inevitable (y tal vez lo sea). El progreso puede afirmar bien tranquilo que gentes así no le ayudaron en nada; y que, por eso mismo, le siguen molestando.

Molestan, por ejemplo, a los historiadores porque sus figuras se niegan a quedar reducidas a lo que de ellas se sabe, a un cómputo más o menos vasto, pero al cabo fijo, de rasgos, acciones y obras: a la menor oportunidad, cobran vida de nuevo como personajes de ficción e invitan a imaginar lo que realmente pasó como una posibilidad más de entre las infinitas, quizá no la más digna de relatarse, y desde luego no la única. De este modo, Platón rescató a Sócrates muerto, haciéndole protagonista de diálogos que (como diría el neoplatónico Salustio) no sucedieron jamás, pero son siempre; y es de sospechar que otro tanto sucedió con los discípulos del Galileo, convencidos también de que en su muerto particular había, cifrada pero perceptible, más vida que en sus verdugos. También en Luces de bohemia, Darío sigue vivo mientras Galdós ha muerto, y en general no hay relato basado en hechos pasados que logre vivir si los implicados en él no logran torcer en alguna medida el brazo de la Historia, dejando pasar algo que no esté previamente pasado y concluido.

Vaya esto por algunas de las críticas que va cosechando Ágora, por mostrar, por ejemplo, una Hipatia quince años más joven de lo debido. Ya puestos, cabrá sospechar que tampoco su identidad étnica o racial coincidirá con la de la actriz que la representa; peor aún, podemos acabar descubriendo que la Alejandría de la película es un decorado y que en realidad los implicados no hablaban en espofcont, sino en griego helenístico. Acabáramos.

Dicho esto, tampoco es bueno que la Hipatia de Amenábar acabe convirtiéndose en otra versión oficial, que se confunda con la historiográfica y acabe suplantándola. No sé si ese peligro existe (está claro, más bien, que hay voluntad de exagerarlo), pero en todo caso el fármaco más adecuado es llevar a primer plano otras Hipatias igualmente dignas de presencia. Así, frente a la mártir de la Ciencia que vio Sagan, conviene recordar a la protagonista de La perra de Alejandría de Pilar Pedraza, una filósofa cuyas preocupaciones neoplatónicas abarcan el mundo de Hécate y Dioniso (como, al parecer, las de la Hipatia histórica abarcaron a Hermes Trismegisto y los Oráculos Caldeos) y que, lejos de ser una vestal de hielo, vive más bien en un equilibrio febril y transitorio.

Uno, en fin, puede preferir una Hipatia soñada por Pedraza (o por Hillman, si se animara) a la de Sagan (de la que parece alimentarse, o eso dicen, Amenábar). En cualquier caso, no es mala noticia que este espectro no descanse en paz y siga apareciéndose a los descendientes de sus asesinos. Quizá acaben aprendiendo algo.

miércoles, 14 de octubre de 2009

El maestro de órgano (redux)


Me daba un poco de miedo, pero me lo pidió Luli, y hay cosas que. Aquí va la versión cantada de El maestro de órgano, acompañada sólo con guitarras. (Grabación apresuradísima y tal. Digamos que hasta yo lo puedo hacer mejor, pero dudo que encuentre cuándo.)




martes, 13 de octubre de 2009

Un clásico

No creo que haya bloguero que no se abisme de vez en cuando en las estadísticas que dan idea (aunque sea vaga) del uso que recibe su blog. Uno de los capítulos más interesantes es la lista de los términos de búsqueda que llevan a la gente a asomar por aquí la cabeza. Hay desencuentros, claro, pero por lo que veo hoy, predomina el acuerdo: se trate de fantasmas, fármacos o canciones, casi todos están en nómina. Mi top veinte, por orden de frecuencia y comentadas:

1. veronica veronica veronica (uruguaya, santa y espectro)
2. campos de fresa (¿será el que me temo?)
3. campo de fresa y el lsd año de consumo y musica de beatles (éste sí) & campo de fresas musica psicodélica (mejor me lo pones)
4. principe de beukelaer cancion (¿vale emocionarse?)
5. sobre un vidrio mojado tema original (y adaptado)
6. la mora con dientes verdes
7. poemas de quince silabas
8. porque decimos que parmenides recomienda el trabajo como camino de la superacionde la manipulacion (ni idea)
9. un rey tenia tres hijas delgadina se llamaba
10. viviana campos desnuda (estaría bien)
11. dedicatorias misas de 15 años (¿ein?)
12. orquesta que haga musica fantasmal (mi favorita)
13. las grecas droga (talego, talego)
14. ummagumma significado (sí, señor)
15. el viejo estados alterados (de inocencia)
16. ruben dario cuentos que recitó a mahoma (que alguien escriba esta entrada, please)
17. nacho cano las niñas bonitas no pagan (que lo sepas)
18. ejemplos de sinestesia en poemas
19. traduccion julia dreams (marchando)
20. iruecha (ni idea)

viernes, 9 de octubre de 2009

El maestro de órgano


Hoy han homenajeado a Antonio Hernández Marín sus compañeros de la Escuela de Egiptología. Me hubiera gustado asistir, pero lo descarté, con dolor, hace días. Esta mañana, fiel al marasmo de este comienzo de curso, había olvidado por completo la cita. Daba vuelta a mis miserias cuando ha llegado por su propio pie esta canción, que con sus quiebros me ha animado un día bastante precario. Maestro de órgano le llamábamos cuando empezamos a visitarle, y lo era, aunque apenas nos dejamos enseñar. Como él diría, es casi un exceso que después de todo siga haciéndonos regalos como éste.



El maestro de órgano
cruza la puerta,
la mañana abierta
comienza a vibrar.

Somos cuerdas sin arco,
estrellas de un charco,
los viernes de un año
sin números ya.

¿Dónde van esas cosas
que no se reparten,
amores sin arte,
columpios sin parque,
dolores que nacen
y no mueren ya?

El maestro de órgano
cruza la meta,
la ruta secreta a
los pueblos del sur.

El reloj de la sala
despliega sus plumas,
un rastro de dudas
que eriza el cristal.

Somos números negros,
relámpagos ciegos,
acordes de fuego
que buscan el mar.

El maestro de órgano
cruza los dedos,
aventa los miedos
que puedan quedar.

Por jardines de roca
la luz se presume,
crepúsculo impune
sin punto final.

¿Dónde van esas cosas
que no se reparten,
amores sin arte,
columpios sin parque,
dolores que nacen
y no mueren ya?






(Si GoEar sachangao, aquí está el mp3)

(Re-actualizado: salen piano, órgano y theremín, entran cello, dulcimer y contrabajo. A la canción le ha salido una coda que pregunta por Erik Satie.)

jueves, 8 de octubre de 2009

Let me take you down...


I will diminish...
(Galadriel)

Degradación es una palabra tan resbaladiza que a lo mejor merece la pena analizarla un poco. Viene de grado: escalón. Degradarse es bajar peldaños, perder puntos, ir a menos. Parece que el modelo mítico de toda degradación fuera el descenso a los infiernos. En El día de la bestia se hacen buenas bromas con eso: para poder entrar en contacto con el maligno, el cura que encarna Angulo tiene que 'degradarse' haciendo barrabasadas. La degradación parece la sombra junguiana del éxito: corruptio optimi pessima, más dura será la caída. Pero también el sueño es una caída o un descenso: to fall asleep, caerse de sueño, y así la imagina Lovecraft en sus aventuras oníricas, una escalera de setenta peldaños para el sueño ligero, otra de trescientos hasta el Pórtico del Sueño Profundo.

Degradarse es malo, pero, extrañamente, profundizar en los problemas es bueno. ¿Hay o no hay que tomar "lecciones de abismo"? Dante no viaja directamente al Paraíso, seguramente porque la degradación, el descenso al sótano, es parte impepinable del viaje del héroe. Hasta parecería que la necesidad de matar al monstruo que se esconde allí, que es lo primero que a uno se le ocurre, es más una excusa que una razón verdadera para el descenso: ni Dante ni Heracles ni Orfeo bajan por eso. Por otra parte, tampoco está claro que la doncella atrapada en esos lares (el otro móvil socorrido) esté tan a disgusto como parece, al menos según la versión un tanto novedosa del mito de Perséfone que nos dan Alicia Esteban y Mercedes Aguirre en sus Cuentos de la mitología griega, en la que la Niña sabe lo que hace cuando prueba la granada y se descubre enamorada de Hades justo cuando tiene la oportunidad de abandonarlo. Queda un tercer móvil: el tesoro escondido. Y un cuarto, que parece el definitivo: bañarse en las aguas del Leteo para renovarse, morir para renacer. "De la escuela de la vida: lo que no me mata me hace más fuerte".





domingo, 4 de octubre de 2009

El ángel caído (Danza Invisible)


¿En qué jaula encerrar a este diantre? Lo normal sería considerarlo alegórico, pero la canción cobra más y mejor sentido si la ponemos en labios de Lucifer en persona (hay precedente), que se dirige al Mismísimo, y no en los de un amante mortal que se siente, por condenado, diablo. (No obstante, alegóricos suenan algunos extremos: la espada de tu odio, el infierno de mi corazón). Por lo demás, pocas veces el pop español se ha puesto 'literario' con tanto acierto. Habría sido lindo que el autor del vídeo de La estatua del jardín botánico, de grata memoria, hubiera producido otro para Danza Invisible, con la estatua del Ángel Caído, del Retiro, como zona cero. No pudo ser, creo, pero nos queda soñarlo. La letra, desde luego, invita.


El ángel caído
(Danza Invisible)

Los cielos de tu amor se elevan sin mí
y escupen a mi paso rayos de impiedad,
me duele hoy el pecado que ayer cometí,
condenado a no amarte nunca jamás.

Hogueras y deseos encienden dolor,
un sufrimiento eterno me perseguirá.
Habito en el infierno de mi corazón.
Te pierdo entre cenizas, sé que no te encontraré
jamás, jamás, jamás, jamás.

Soberbio fue el error, disculpas no hallé,
la espada de tu odio de ti me alejó...
Tormentas en el tiempo el cielo arrojó
y arrastro tu mirada en las llamas de alrededor.

Tú eres el culpable, tienes el poder,
injusto el castigo, perdida la fe.
Juro para siempre que no te odiaré,
perdido está mi tiempo, no volveré a amarte
jamás, jamás, jamás, jamás.

(Maratón, 1985)





viernes, 2 de octubre de 2009

El Diablo y yo


Demon est Deus inversus

En un mundo donde las cosas sólo pueden hacerse como Dios manda o con los pies, no puede decirse que el descontento tenga muchos caminos. No hay que andar mucho, sin embargo, para que la opción entre Dios y su Zarpa Derecha resulte tan apasionante como optar entre el PP o el PSOE. Se precisa otra vida, que diría Battiato. Tertium datur. Con permiso de Baudelaire y otros diabolizantes, aquí va este casi romance disuasorio sobre el Maligno y sus fundamentos.

Me and the devil was walkin' side by side...

(Robert Johnson)

El diablo y yo, que fuimos compañeros
tan íntimos en tiempos no lejanos,
nos hemos distanciado últimamente
y sólo cortésmente nos tratamos.
A él le interesa el alma de los píos:
resopla cuando huele los rebaños,
dispuesto a hacer sus trucos. Yo me alejo
tan pronto oigo en el aire sus esquilas
y procuro ponerme a buen recaudo.
—¿A qué tanto furor? —le dije un día
en que nuestros caminos se cruzaron—.
Es un engaño el Dios que a éstos les guía.
No hay servidumbre de que liberarlos.
No lograrán volar por más esfuerzo
que pongas en soltarles los zapatos.
—Ah, compañero, tú no entiendes nada.
Yo los aparto de Él porque los amo...
Sin mí, nada serían de provecho.
Los quiero de verdad, y (¿a qué negarlo?)
la guerra es larga y necesito tropas
con que ganar, tal vez, nuevos asaltos.
—Ya veo, Satanás, cuál es tu porte.
Los quieres reclutar para tu bando.
Eres gregario al fin como el que más:
gregario y amoroso. Tan cristiano...
De entre mis manos rotas su pezuña
flamígera apartóse con espanto.
Tal vez fuera ilusión: mas parecióme
que se quedó en un tris de persignarse.
—Que nadie sepa esto —dijo al cabo.





miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ángel Caído


Por imperativo docente, sigo entre ángeles y demonios, como un best seller cualquiera. Sin tiempo para nada, retengo esta definición del Diablo romántico: una figura prometeica, una suerte de dios pagano en un mundo que ya no reconoce esa posibilidad pero siente, más que nunca, su urgencia. El proceso comienza, tal vez, en el Paraíso Perdido de Milton, de quien William Blake ya dijo que, sin saberlo, estaba del lado del Diablo: tan atractiva es la figura que pinta de Luzbel como Rebelde que rechaza el servilismo y arrostra el castigo del poder con entereza («Es mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo»). La estela sigue en el satanismo de Lord Byron o del Estudiante de Salamanca de Espronceda, glorificaciones todas del non serviam satánico [«no serviré (a Dios)»] —consigna antiautoritaria por excelencia a la que sólo cabe poner un pero: si se trata de no servir a Dios para servirse uno mismo, bien poco ha cambiado el cuento.




lunes, 28 de septiembre de 2009

Teogonía


El mundo me lleva ganadas algunas batallas, pero encuentro un segundo de respiro. Sin tiempo lo digo, pero conmovido: una vez más, qué grande Jung:

Cuando le preguntaron en una ocasión sobre Dios, contestó: "Dios es el nombre con el que designo todas las cosas que cruzan mi camino violenta y apresuradamente, todas las cosas que afectan mis puntos de vista subjetivos, planes e intenciones y cambian el curso de mi vida para bien o para mal" (Entrevista publicada en "Good Housekeeping Magazine", 1961)


El acierto no consiste en que eso sea lo que por Dios suele venderse, sino en la perspectiva, inusual y exacta: Jung no alude a Dios, sino a algo más importante que está en el origen de tal idea-personaje pero es previo y exterior a ella. Llámalo hache (o, como éstos, Satán):



domingo, 20 de septiembre de 2009

Falso pero cierto


Con algunos autores, uno nunca vuelve de vacío. Poco importa que hayan quedado desfasados, o que algunas de sus propuestas se consideren hoy erróneas, delirantes o (lo que es peor) banales. Siguen despiertos —vivos. Mircea Eliade es uno de ellos, y esta cita de Fragmentos de un diario (Madrid: Espasa-Calpe, 1979), uno de sus libros 'menores', hace justicia al fenómeno:

17 de diciembre [de 1962]

La lectura de una carta de Nietzsche a Rohde, del 4 de agosto de 1871, me informa de la existencia de un cierto Ribbeck, profesor de filosofía en Kiel. Debo recordar este nombre. Me servirá en mis discusiones con «los sabios». En efecto, Ribbeck había leído el Origen de la tragedia —pero en una carta a Rohde se había negado a tomarlo en serio, con el pretexto de que el libro no estaba basado en «testimonios o pruebas».

Lo más divertido de esta historia es que Ribbeck quizá tenía razón, pero en la cultura es Nietzsche el que ha triunfado. No es el espíritu filosófico el que ha sido creador de cultura, sino la adivinación, el pathos, la imaginación, en una palabra, el Error (con mayúscula y subrayado).


*

Magníficos diarios, por cierto. Alguien podría decir que han envejecido mucho mejor que el resto de su obra. No todo son sesudas reflexiones. Abundan los chismes y desahogos, los bombones con sabor de época. Resulta muy divertida la relación con Jung y su entorno, a quien Eliade respeta, pero trata con cierta ironía. Esta anécdota (pág. 118):

21 de junio [de 1952]

(...) Una admiradora de Jung, una mujer de cincuenta años, vivía en una villa, en la montaña, a unos kilómetros de la Casa Gabriella; en cuanto se enteró de que Jung se bañaba todas las mañanas, a las siete, se le adelantaba un cuarto de hora y le esperaba en la orilla, en traje de baño. Le gustaba nadar junto a Jung en el lago Maggiore, sentía que nadaba en el inconsciente colectivo.

**

La confesión la he escuchado más de una vez, de quien podía importar. La visión romántica o bachelardiana de la mitología, confesaba GG, no es válida para los filólogos; pero sí para los poetas. Joseph Campbell, anotaba otro sabio, era un simplista —pero sin su monomito no tendríamos Starwars ni Doctor en Alaska.

Con qué alegría compruebo que la autoridad de Jung, quizá el más desacreditado de aquellos sabios del siglo pasado, ayudó a columbrar la obra que me mantiene vivo estos días: la serie de cómic Sandman, de Neil Gaiman. El primer volumen de la Absolute Edition trae como extra la propuesta original que Gaiman hizo en 1987 a DC Comics, explicando su visión del personaje. El documento contiene una única cita, que sella la primera página (pág. 546):

Hemos olvidado ingenuamente que bajo nuestro mundo de razón yace enterrado otro mundo. No sé lo que la humanidad tendrá que pasar antes de que se atreva a admitir esto. —Carl Jung.


sábado, 19 de septiembre de 2009

Barbazul


¿Del libro o de la cabeza? Si hay elección, el niño prefiere siempre que su padre le cuente los cuentos de memoria. Hay cuentos que el padre recuerda sólo vagamente, pero incluso aquéllos que tiene recientes acaban mutando de una noche a otra, adquiriendo detalles nuevos. Los mejores cambios vienen en el calor del momento, como un regalo del cuento a quien se atreve a narrarlo. Cuando el rey se ha dormido, la reina se levanta de la cama y atraviesa el castillo en silencio, como una sombra entre sombras. En la oscuridad total, se abre la puerta de una habitación que no se puede ver: sólo está ahí de noche, cuando ella la busca a ciegas. Dentro, brilla un espejo. De vuelta al castillo, tras darle de comer la manzana, la madrastra de Blancanieves se ríe, y a cada risa le desaparece una arruga. Cuando entra en palacio parece, de nuevo, una niña. La madrastra de Hänsel y Gretel y la bruja del bosque son hermanas. Cuando la bruja muere en el horno, los niños lo abren y encuentran una piedra roja, fría a pesar de las llamas: es el corazón de la vieja. Nadie quiere casarse con Barbazul, pero la familia de Lucía está cargada de deudas. Por enjugarlas, la niña accede a unirse con el monstruo, pero pide a sus hermanos que vengan a visitarla una vez al mes, para asegurarse de que todo anda bien. Cuando llevan pocos días de casados, Barbazul entrega a su dama un llavero con 30 llaves, tantas como días estará ausente. Puedes abrir, le dice, todas las habitaciones de palacio, menos la de esta llave negra. Espera que regrese de mi viaje y la abriremos juntos. Parte Barbazul y Lucía va abriendo habitaciones, cada una más hermosa y sorprendente que la anterior. Una de ellas está llena de espejos: cuando Lucía la abre, es como si muchas Lucías (esas hermanas que nunca tuvo) hubieran venido a visitarla. 30 días después, agotadas las demás sorpresas, piensa Lucía que no romperá su juramento si abre un instante la puerta prohibida y, sin entrar, asoma la cabeza (la puntita, nada más). Sin embargo, el maleficio se cumple: la llave funciona como un cuchillo que hiere la puerta, y en la oscuridad Lucía siente un hedor insoportable. Enciende la vela, asoma la cabeza —y apenas ha comprendido lo que hay dentro cuando ya está Barbazul de vuelta a casa, preguntándole qué le ha parecido el castillo. Por suerte, este día final del mes es también aquél en que sus hermanos vendrán a visitarla. Cuando hieren al monstruo, no se sorprenden al comprobar que su sangre es tan azul como su barba.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Por si acaso


Decisiones acertadas: en general, soltar lastre. Insistir sólo en lo que no se sabe a dónde va, y apenas por dónde. Atenerse a la duda y la contradicción. Inventar lo que echamos en falta. Seguir a la escucha.

I whisper to the baby raindrops playing on my window,
And tell them gently this is not the time that they should weep.









jueves, 17 de septiembre de 2009

Vaya por Dios


Regreso a las razones teológicas. Como en respuesta a una observación que hice hace unos días (Hágase tu voluntad y no la mía. Un Dios, dos voluntades, tres personas. Seguiremos informando) ha salido del foso este soneto de ocasión, que no recordaba, sobre la dificultad de ser Uno.

Tu Dios es muchos dioses y ninguno.
Uno por tres, el Padre, la Paloma
y el Hijo (punto en cruz, mas punto y coma),
verdugo, juez y reo de consuno.

Rascando más, detrás del tres en uno,
tal genio que se esconde en la redoma
esperan multitud: Dios carne (Soma),
Dios fuego, Dios del pan, Dios del ayuno.

Dios Elohim, plural; Dios Es Quien Es,
Señor de los Ejércitos; Mesías,
Príncipe de la Paz, Hijo del Hombre.

Cuando tal variedad aún no te asombre,
(Motor Inmóvil, Viejo de los Días)
aún falta el Dios que es Dios... pero al revés.


lunes, 14 de septiembre de 2009

Cancioncilla amorosa


Mañana empieza, ay, de veras el curso. No tengo ánimo para apocalipsis. Hay que coger fuerzas de donde se pueda. Como aconseja Daniel en una suya, guarda horas felices / en lo más profundo de ti. Esta canción inolvidable llevaba años buscándola, y ahora que me había decidido a preguntar por ella, aparece de pronto en Youtube. Eduardo Mateo, nada menos. Que la disfruten.


sábado, 12 de septiembre de 2009

Revelaciones III: la Verdad Desnuda


Velo viene, velo va, como apunta Rafa, el movimiento sugiere de forma natural la mecánica del strip-tease. Enzo Bianchi, pp. 11-2: «En el griego de los LXX el sustantivo apokálypsis aparece muy pocas veces (...) En 1 Sm 20,30, se usa de forma extraña y sorprendente: cuando Saúl acusa a Jonatán de tomar partido por David en contra suya insinuando relaciones no transparentes entre los dos amigos, le dice que esto es 'para vergüenza tuya y de la madre que te dio a luz' (literalmente: de la desnudez [hebreo: 'erwá] de la madre). Los LXX traducen 'erwá con apokálypsis: 'para vergüenza del 'apocalipsis' de su madre', atribuyendo a este término el significado de 'quitar, levantar el velo, descubrir, desnudar'».

*

Quien se adorna, reconoce su fealdad, escribió Gibran. La verdad desnuda: se dice de la cortesana griega Friné que en el transcurso de un simposio, cuando le tocó el turno de jefa del cotarro, ordenó a todas las mujeres presentes aclararse la cara con agua. Cuando el maquillaje empezó a correrse, todas parecían adefesios, menos ella, que no llevaba nada puesto. En otra ocasión, a punto de ser condenada, se desnudó ante los jueces. Platónicos ellos, estuvieron de acuerdo en que una mujer tan bella no podía albergar mal alguno.

*

Siete trompetas y sellos, siete de velos: Salomé. Su apocalipsis sicalíptico sella la suerte del otro Juan neotestamentario (el Bautista). En el universo algo misógino de estas fantasías uno recuerda a un tercer Juan (Ramón Jiménez): incluso desnuda, escribe, la mujer parece que sigue ocultando algo (los freudianos creerían saber el qué). Así el texto apocalíptico: verdad desnuda, pero simbólica, constituye un cifrado enigmático que invita a la paráfrasis, pero se burla de ella, como de un amante torpe. Desde que lo digo claro, ya dejó de ser verdad. Un cuarto san Juan (de la Cruz) habla de la calentura divina, requisito indispensable para que fluyan las razones de amor, y para entenderlas (Norman O. Brown habría aplaudido con las orejas).

*

Extraños armónicos: en el Silmarillion, Lúthien baila también para un rey malvado (Morgoth). Hasta Jabba el Hut mantiene prisionera a la princesa Leia con la esperanza de que acabe bailando a su son. Pero el poder siempre sale herido de esta contienda con la gracia: Lúthien adormece con su danza a Morgoth y su amado Beren procede a robarle el Simaril (y herirle en una mejilla); Leia utiliza la cadena que la une a Jabba para estrangularlo. La cautiva cautiva al señor —y lo ultima o mutila. Así también la belleza de algunos textos (el Apocalipsis, el Cántico de san Juan) bajo el dominio de la exégesis ortodoxa: una danza o vaivén de sentidos que cautiva al teólogo (¡nunca se dijo mejor la Verdad!) pero amenaza con irse de madre en cualquier momento.



viernes, 11 de septiembre de 2009

Revelaciones II: el Apocalipsis, según Norman O. Brown


Cedo la palabra al maestro. Esto les dijo Norman O. Brown a los estudiantes de la universidad de Columbia el 31 de mayo de 1960, provocando no poco revuelo. (Aunque hay ed. española, no la he encontrado. Traduzco de Apocalypse and/or Metamorphosis, University of California Press, 1991, pp. 1-7):

APOCALIPSIS
El lugar del misterio en la vida de la mente

Universidad de Columbia
31 de mayo de 1960

No sabía si debía presentarme ante vosotros —hay un tiempo para mostrar y un tiempo para esconder; hay un tiempo para hablar y también un tiempo para guardar silencio. ¿Qué tiempo es éste? Han pasado quince años desde que H.G. Wells dijo que la mente había tocado techo —había topado con una horrible extrañeza de la que no hay manera de escapar, que no se puede rodear ni atravesar, dijo; es el fin. Si voy a hablar es porque pienso que hay una salida, un camino que baja y sale (el título del nuevo libro de John Senior sobre la tradición ocultista en la literatura).

La mente ha tocado techo: me imagino lo que algunos estaréis pensando («su mente ha tocado techo») y puede que así sea; me da miedo pero no me disuade. La alternativa a la mente es, ciertamente, la locura. Nuestras mayores bendiciones, dice Sócrates en el Fedro, nos llegan a través de la locura —siempre y cuando, añade, la locura provenga de la divinidad. Nuestra verdadera elección es entre la locura sagrada y la profana: abrid los ojos y mirad a vuestro alrededor —de un modo u otro, la locura lleva las riendas. Freud es la medida de nuestra locura profana, del mismo modo que Nietzsche es el profeta de la locura sagrada, de Dioniso, la verdad loca. Dioniso ha vuelto a su Tebas nativa; la mente (que ha tocado techo) es otro Penteo, subido a un árbol. Resistirse a la locura puede ser la manera más loca de estar loco.

Y hay un camino de salida —la locura bendita de la ménade y la bacante: «Bendito aquél que tiene la buena fortuna de conocer los misterios de los dioses, que santifica su vida e inicia su espíritu, una bacante en las montañas, en purificaciones santas». Es posible estar loco sin que te bendigan; pero no es posible recibir la bendición sin la locura; no es posible recibir las iluminaciones sin el trastorno. El trastorno es desorden: la fe dionisíaca es que el orden tal como lo hemos conocido es una mutilación, algo propio de mutilados; que el pasado es un prólogo; que podemos tirar nuestras muletas y descubrir el poder sobrenatural que nos permitirá caminar; que la historia humana va del hombre al superhombre.

Yo no soy un superhombre; vengo a vosotros no como alguien que tiene poderes sobrenaturales, sino como alguien que los busca, y que tiene algunas nociones sobre el camino que hay seguir para hallarlos.

A veces (la mayor parte de las veces) pienso que el camino que baja y sale conduce fuera de la universidad, fuera de la academia. Pero tal vez lo que sucede es que debemos recuperar la academia de antaño —la Academia de Platón en Atenas, la Academia de Ficino en Florencia, Ficino, que dice: «Los antiguos teólogos y platónicos creían que el espíritu de Dioniso era el éxtasis y el abandono de las mentes no trabadas, cuando, en parte por amor innato, en parte instigadas por la divinidad, transgreden los límites naturales de la inteligencia y se transforman milagrosamente en la deidad amada misma: cuando, ebrios de un nuevo tipo de néctar y de una alegría sin medida, rabian, podríamos decir, con un frenesí báquico. Llevado por la embriaguez de este vino dionisíaco, nuestro Dioniso (el Areopagita) expresa su júbilo. Vierte enigmas, canta ditirambos. Para captar la profundidad de sus significados, para imitar su forma casi órfica de hablar, también nosotros necesitamos la furia divina».

En cualquier caso, lo primero de todo es volver a encontrar los misterios. Con eso no me refiero sólo al sentido de la maravilla (ese sentido de la maravilla que es, sin duda, la fuente de toda filosofía verdadera), llamo misterio a algo secreto y oculto; por tanto, impublicable; por tanto, fuera de la universidad tal como la conocemos; pero no fuera de la Academia de Platón o la de Ficino.

¿Por qué son impublicables los misterios? En primer lugar, porque no pueden expresarse en palabras, al menos no en el tipo de palabras que os han hecho ganar vuestras llaves de Phi Beta Kappa. Los misterios se manifiestan en palabras sólo si pueden seguir ocultos; esto es la poesía, ¿verdad? Debemos volver a la vieja doctrina de los platónicos y neoplatónicos de que la poesía es verdad velada; del mismo modo que Dioniso es el dios que es a la vez manifiesto y oculto; y como declaró John Donne, con la Columna de Fuego va la Columna de Nube. Ésta es también la doctrina nueva de Ezra Pound, que dice: «La prosa no es la educación, sino el patio exterior de la misma. Más allá de sus puertas están los misterios. Eleusis. Cosas de las que no se debe hablar, salvo en secreto. Los misterios que se defienden a sí mismos, los misterios que no es posible revelar. Los tontos sólo pueden profanarlos. El torpe no puede captar el secreto ni divulgarlo a otros». Las academias místicas, sean de Platón o Ficino, conocían la limitación de las palabras y nos llevaban más allá de las mismas, camino arriba, camino abajo, hasta la docta ignorancia, con la que se honra mejor a Dios con el silencio que con palabras, y se le ve ve mejor cerrando los ojos a las imágenes que abriéndolos.

Y en segundo lugar, los misterios son impublicables porque sólo algunos pueden verlos, no todos. Los misterios son intrínsecamente esotéricos, y como tales son una ofensa a la democracia: ¿no es la publicidad un principio democrático? La publicación vuelve las cosas republicanas —asuntos del pueblo. Las academias prístinas eran esotéricas y aristocráticas, intencionadamente distantes de lo vulgar y profano. El resentimiento democrático niega que haya algo que no puedan ver todos; en la academia democrática, la verdad está sujeta a la verificación pública; es verdad lo que cualquier tonto puede ver. Esto es lo que quiere decir el llamado método científico: lo que se llama ciencia es el intento de democratizar el conocimiento —el intento de dar método en vez de perspicacia, mediocridad en vez de genio, logrando un procedimiento operativo estándar. Los grandes igualadores que proporciona el método científico son las herramientas, esas herramientas de análisis. Se sustituye el milagro del genio por un mecanismo normalizado. Pero los tontos con herramientas siguen siendo tontos, y no os dejéis embobar por vuestras llaves de Phi Betta Kappa. Las cadenas de oración tibetanas son otra forma de alcanzar el mismo resultado: la degeneración del misticismo en mecanismo —de modo que cualquier tonto pueda practicarlo. Quizá el Tibet lleve ventaja: pues allí el mecanismo es externo, mientras que la mente permanece en blanco; y estar en blanco no es lo peor que puede pasarle a la mente. Y las oraciones resultantes no pretenden, inútilmente, resultar originales o inmortales; al no existir, no hay que catalogarlas ni almacenarlas.

El sociólogo Simmel ve el enseñar y el esconder, el secreto y la publicidad, como dos polos, como yin y yang, entre los cuales oscilan las sociedades en su desarrollo histórico. A veces creo ver cómo se originan las civilizaciones con la revelación de algún misterio, algún secreto; cómo se expanden con la publicación progresiva de su secreto; y cómo fallecen, exhaustas, cuando ya no queda secreto, cuando el misterio se ha divulgado, es decir, profanado. Toda la historia puede ilustrarse con la diferencia entre el ideograma y el alfabeto. El alfabeto es, sin duda, un logro democrático; y el ideograma enigmático, como Ezra Pound nos ha enseñado, constituye un misterio, un fragmento de poesía que aún no ha sido profanado. Llega así un tiempo (creo que en ese tiempo estamos) en que la civilización debe renovarse mediante el descubrimiento de nuevos misterios, mediante el poder nada democrático pero soberano de la imaginación, mediante el poder no democrático que hace de los poetas los legisladores no reconocidos de la humanidad, el poder que vuelve nuevas todas las cosas.

El poder que vuelve nuevas todas las cosas es la magia. Lo que necesita nuestra época es misterio; lo que necesita nuestra época es magia. ¿Quien negaría que sólo un milagro puede salvarnos? En el Tibet la institución que concede títulos es, o solía ser, el Colegio de Magia Ritual. Ofrece cursos en materias como clarividencia y telepatía; también (atención los estudiantes de físicas), calor interno: el calor interno es un control sobrenatural que otorga el Yoga sobre la temperatura corporal. Permitidme que sucumba por un momento a la fascinación del Oriente misterioso y os cuente el procedimiento de examen para el curso de calor interno. Los candidatos se reúnen desnudos en mitad del invierno, de noche, sobre un lago helado del Himalaya. Junto a cada uno se coloca una pila de camisetas húmedas y heladas: la tarea consiste en ponerse todas las camisetas que puedan antes del alba. Cuando el poder es real, la prueba es real, y el sistema de calificación, de una objetividad pasmosa. No digo más. No digo más: el Yoga oriental demuestra sin duda la existencia de poderes sobrenaturales, pero no tiene el poder peculiar que nuestra sociedad occidental precisa; o, más bien, creo que cada sociedad sólo tiene acceso a sus propios poderes; o, más bien, cada sociedad sólo recibirá el tipo de poder que sepa pedir.

La conciencia occidental siempre ha pedido libertad: la mente humana nació libre, o al menos nació para ser libre, pero por todas partes anda en cadenas, y ha tocado techo. Hará falta un milagro para liberar la mente humana: porque las cadenas son, en primer lugar, mágicas. Estamos atados a una autoridad que está fuera de nosotros mismos: sobre todo (aquí, en una gran universidad, hay que decirlo) a la autoridad de los libros. Hay un anticipo trascendentalista de lo que que quiero decir en el discurso Phi Betta Kappa de Emerson en American Scholar:

«Los libros de una época anterior no servirán. Con todo, de aquí arranca un grave perjuicio. La santidad que está vinculada al acto de la creación, a la acción de pensar, se trasfiere al registro. De inmediato, el libro se vuelve nocivo: el guía es un tirano. La mente perezosa y pervertida de la multitud, una vez que ha recibido este libro, se atiene a él y protesta si se destruye. Se construyen universidades sobre él. Jóvenes dóciles se crían en bibliotecas. De ahí que, en vez del Hombre que Piensa, tengamos el ratón de biblioteca. Prefiero no ver nunca un libro que dejarme llevar por su atracción fuera de mi propia órbita, convertido en un satélite en vez de un sistema. Lo único que tiene valor en este mundo es el espíritu activo.»

Lo lejos que anda esta universidad de ese ideal es la medida de la derrota de nuestro sueño americano.

Esta servidumbre hacia los libros nos obliga a no ver con nuestros propios ojos; nos obliga a ver con los ojos de los muertos, con ojos muertos. Whitman, también en un sermón trascendentalista, dice: «No volverás a aceptar cosas de segunda o tercera mano, ni a mirar a través de los ojos de los muertos, ni a alimentarte de los espectros que hay en los libros». Somos víctimas de un hechizo, los espectros de los libros, la autoridad del pasado; y exorcizar estos fantasmas es la gran obra de la autoliberación mágica. Entonces, los ojos del espíritu se harán uno con los ojos del cuerpo, y dios estará en nosotros, no fuera. Dios en nosotros: entheos: entusiasmo; ésta es la esencia de la locura sagrada. En el fuego de la locura sagrada incluso los libros pierden su gravedad, y se dejan ir hacia la llama: «En realidad», escribe Ezra Pound, «deberíamos leer para conseguir poder. El lector debería ser un hombre intensamente vivo. El libro debería ser una bola de luz en su mano.»

Comencé con el nombre de Dioniso; permítaseme acabar con el nombre de Cristo: pues el poder que busco también es cristiano. Nietzsche, ciertamente, dijo que la verdadera cuestión era Dioniso versus Cristo; pero sólo un tonto los considerará términos opuestos y excluyentes. Hay una cristiandad dionisíaca, una cristiandad apocalíptica, una cristiandad de milagros y revelaciones. Y siempre ha habido cristianos para los que la era del milagro y la revelación no ha acabado; cristianos que reclaman el espíritu; entusiastas. El poder que busco es el poder del entusiasmo, tal como lo condenó John Locke; tal como lo tuvo George Fox, el cuáquero; por cuya mediación las casas fueron sacudidas; que vio el canal de sangre que corría por las calles de la ciudad de Litchfield; a quien, de hecho, incluso le fue dado el calor interior mágico («El fuego del Señor estaba en mis pies, y a mi alrededor, así que no volví a preocuparme por ponerme zapatos»).

Leamos de nuevo las disputas del siglo XVII y descubramos nuestra elección: o estamos en la edad de los milagros, dice Hobbes, milagros que autentifican revelaciones frescas; o bien estamos en la edad del razonamiento a partir de la escritura ya recibida. O el milagro o la escritura. George Fox (que se alzó en espíritu a través de la espada llameante hasta el paraíso de Dios, de modo que todas las cosas eran nuevas, al haber sido él renovado al estado que tuvo Adán antes de la caída) ve que nadie puede leer correctamente a Moisés sin el espíritu de Moisés; que nadie puede leer correctamente las palabras de Juan, y entenderlas de verdad, sino en y con el mismo espíritu divino con que Juan las dijo, y con la luz que arde y resplandece que Dios envía. Por tanto, la nueva creación engulle la autoridad del pasado; el mundo se hace carne. Vemos con nuestros propios ojos, y ver con nuestros propios ojos es la visión segunda (intuición). Ver con nuestros propios ojos es intuir.

Siempre doble. Dios nos guarde
de la visión única
y el sueño de Newton.