domingo, 7 de julio de 2013

Divinas palabras


Una de las características recurrentes de los textos sagrados es que utilizan un lenguaje simbólico: lo que se dice casi nunca es solo ni principalmente lo que parece que se dice. En los Evangelios, se hace evidente este punto en las parábolas que cuenta Cristo, y en su advertencia: quien tenga oídos, que oiga.

Esto mismo sucede en la poesía popular, donde morir puede significar alcanzar el orgasmo:

Dentro del vergel
moriré,
dentro del rosal
matarme han.

Y es también, claro está, moneda corriente en la poesía culta de los llamados simbolistas, que en cierto modo aspira a ser una nueva poesía sagrada. Pero lo he recordado ahora en otro contexto: leyendo un cuento popular argelino en el que la protagonista, una niña maltratada por su madrastra, huye de su hogar y va a parar a un jardín paradisíaco (dentro del vergel, dentro del rosal) en el que vive una  ogresa. Por suerte para ella, la niña ha oído contar a las mujeres del pueblo que la ogresa no te hace ningún daño si tienes la precaución de mamar de sus senos (convirtiéndola así en tu madrina).

Y así sucede:

Cuando la niña llegó cerca del jardín y de las otras plantas, todas abrieron sus flores ante ella, y así fue como la ogresa fue avisada de la presencia de la niñita. La niña paseó por el jardín, hasta que llegó al castillo donde estaba la ogresa. Esta la llamó:
—¡Eh, niña!
—Aquí estoy, madre.
Se dirigió hacia ella y la vio con los pechos que le colgaban sobre el vientre. Se agarró a uno de ellos y se puso a mamar.
—Ah —exclamó la ogresa— si no hubieras mamado de Aissa y de Mussa, te habría comido de un bocado, me habría bebido tu sangre y tus huesos crujirían entre mis dientes como el trueno en el firmamento, así es que siéntate —añadió— y sé bienvenida.
Hay que decir que la niña estaba dotada de una gran inteligencia. Dios le había concedido la comprensión de los discursos enigmáticos

(J. Desparmet, Cuentos populares de ogros, Palma de Mallorca: Olañeta, 1992. p. 27)

La niña manifiesta esta inteligencia interpretando correctamente las órdenes que le da la ogresa, que en aparencia le ordena agredirla (golpearla en la cabeza con un hacha, romper las ollas y las cacerolas). La niña entiende que lo que quiere la ogresa es que la peine y que lave y ordene los cacharros. La ogresa, satisfecha, la recompensa con una bolsa llena de monedas de oro.

Como es de esperar, la madrastra piensa que si su hijastra ha conseguido aquello, qué no logrará su hija legítima. Y la envía a ver a la ogresa. Pero la hermanastra muestra su poca inteligencia siguiendo al pie de la letra lo que la señora le manda —y es recompensada como se merece.

La tradición contiene, pues, un elemento autocorrector (que, por desgracia, nunca es suficiente): se advierte a los creyentes que es un error ser literalista (hoy diríamos fundamentalista), que siempre es necesario interpretar las órdenes, y que a veces hay que cumplirlas haciendo justo lo contrario de lo que en apariencia se nos manda. Por supuesto, esto repugna a los que no quieren enigmas ni parábolas, sino ordenanzas claras (y terribles castigos para los que las desafíen). O sea, el tipo de personas que convierte una revelación más o menos numinosa en una religión organizada, con sus jerarquías, excomuniones y demás verrugas del alma.

miércoles, 3 de julio de 2013

3 de julio: abierto por obras


Se recuerda en Twitter el tresjulismo, curiosa herejía poética que le nació al blog de Arcadi Espada en 2006, impulsada por el poeta Clonclón (Miguel Postigo in partibus infidelibus). En este blog se pueden leer los comentarios de aquel día que se negó a acabar. Aprovecho el aniversario para traer los versos que fui enviando entonces, y que en su mayoría tenía olvidados.

ABIERTO POR OBRAS

Un tres de julio el mundo se renueva
negándose a girar donde solía:
ubicuo, sempiterno, el nuevo día
aguarda la palanca que lo mueva

como Lilith aguarda ver a Eva
o Ajab a Moby Dick. En armonía
el lobo y el cordero beben fría
la miel de la venganza. Algo nos lleva

de vuelta al Paraíso, que no existe
y tiene la solemnidad de un chiste
que brota de los labios del difunto.

Tanto entusiasmo absurdo, puesto junto,
burló la gravedad. Escapa vivo
el duende conclonero de este archivo.

OJO AL DATO

Éste que ves (reproches omitidos,
trabucos sin origen, zarandajas,
Pandoras perezosas en sus cajas
y pájaros que vuelven a sus nidos)

y el otro que te mira (los sentidos
atentos al trasiego de navajas,
consignas, estatutos de tartajas
y chistes sin gracejo concebidos)

uno son, que se ofrece sin rebozo
a la impaciencia súbita y al gozo
fraterno del lector que se acalora,

dispuesto a disparar a lo que haya
tras la pantalla azul: velo de Maya
que el aire ha sonrojado en tiempo y hora.

ABIERTO POR OBRAS (again)

Contemplen el milagro de Uroboros:
igual pero distinto, el día empieza.
Su cola va volviéndose cabeza,
corona predinástica, as de oros.

Como niños cristianos tornan moros,
el agua eterna sabe ya a cerveza:
los fragmentados quedan de una pieza
y el rumor vuelve incrédulos los foros.

Dulce eterno retorno: ya merece
un segundo trayecto cada coma.
Tornan al árbol bífido que crece

las pomas polvorientas de Sodoma.
Amor extemporáneo: ¡amor eterno
que hace fresas las brasas del infierno!

ABIERTO POR OBRAS (La Fiesta Sombría)

Rememora esta vez, que es la primera,
tu propia condición: declina el día
y exprime en su sonámbula agonía
el zumo de tu amarga primavera.

La conclusión es siempre traicionera:
el milagro feroz del mediodía
ya es un sorbo cansado de agua fría
que dirige al abismo tu escalera.

Desciende si atreves: no hay remedio
contra la mordedura de este tedio
poético tal vez. El ojo herido

recorre hasta el final su propia herida.
El tiempo es una bomba. Su latido
acompasa la siesta del suicida.

ABIERTO POR OBRAS (Variaciones)

La Parca por la Musa: Musa parca
que el universo inagotable abarca
en el filo fugaz de sus favores.
La Musa por la Parca: sin rencores,
la tierra va sacando de su arca
el rédito imposible de estas flores.

OCHO DE JULIO

Ese tufo a pescado del periódico
que envuelve un universo caducado.


lunes, 1 de julio de 2013

La Virgen Sangrienta



En el folklore de los niños de la calle de Miami, Bloody Mary (llamada también la Llorona) es la Virgen María —pero, por razones desconocidas, se ha rebelado contra su Hijo, convirtiéndose en una figura siniestra capaz de asaltar el Cielo al mando de un ejército de demonios y poner a Dios en fuga. El mismo Satán la teme. Sus ropas se mueven siempre como si el viento las agitara, incluso cuando aparece en una habitación cerrada. Con su rosario rojo, golpea a los niños en la cara y los mutila antes de matarlos. Llora lágrimas de sangre y se alimenta del miedo de sus víctimas; cuando algún niño muere en un tiroteo o es asesinado, canturrea llena de alegría. Su lugar como figura protectora lo ocupa otro personaje, la Dama Azul, que vive en el océano, pero acude siempre que es necesario a salvar a los niños que la invocan utilizando su nombre secreto. Bloody Mary es especialmente cruel con las niñas sin hogar, cuyos brazos rasca con sus garras bajo la piel, arrastrándolas para convertirlas en sus esclavas, en adictas al crack o integrantes de las bandas callejeras (gangs). Sin embargo, una niña de cada mil es, por su bondad y bravura, una Chica Especial: cuando Bloody Mary topa con una de estas Chicas, su figura se desvanece y aparece en su lugar un rostro bello y luminoso que brilla en la oscuridad. Es el rostro que tenía María antes de hacerse malvada.

domingo, 30 de junio de 2013

Leyendas augustóbrigas. La casa encantada


Vamos con el último apunte sobre lugares recurrentes en las leyendas y otras historias tradicionales.

*

There’s a house over yonder. Al final de la carretera que no lleva a ninguna parte (¿o al principio?) está la casa. La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones, escribió Juan José Arreola. Hay unas casas cerradas al fondo que no tienen llave. La casa temible, que expulsa, mata o devora a sus habitantes, y en las que sin embargo, aunque esté prohibido, se desea entrar, y se acaba entrando.

El sacrificio vuelve sagrada la casa: hace caer sobre ella un tabú y le otorga una vida prestada. Donde no vive nadie, viven los ‘negativos’ del ser: fantasmas, duendes, genios. O es la propia casa la que está viva (así, en los cuentos rusos la cabaña de Baba Yaga, la bruja, tiene patas de gallina y se mueve, como dotada de vida propia). Casos de la isla o la casa que en realidad son un animal: la puerta es su boca. No sorprende entonces encontrarnos una serpiente con cabeza humana que quizá sea en realidad una serpiente devorando una cabeza, o de la que una cabeza humana emerge. Subyace la casa de la bruja, la cabaña de la inicación, la hora de nuestra muerte, amén.

Orfanato abandonado, pasaje del terror, casa del duende y el diablo, viaje por un Infierno que no revela su identidad, va de incógnito. Como en el cuento irlandés en el que alguien viaja al Más Allá sin saber que lo hace. Cuando estamos suficientemente gordos, somos lo bastante grandes, la bruja nos come, la cabaña nos aprisiona, volvemos a un vientre que quizás haremos materno.

El canibalismo: muerte ritual y reversible, regreso a un nuevo claustro materno, algo que es mayor que uno pero de lo que uno forma parte, y de lo que eventualmente se vuelve a nacer. House of the Rising Sun. De ahí que el niño que entra en la casa salga poseído, con el sexo cambiado, con la identidad alterada: fenómenos propios del período de margen que se prolongan hasta que un alfaquí ‘cierra la sesión’ propiamente.



jueves, 27 de junio de 2013

Gozosamente Miserables


Los románticos inventaron su némesis: el realismo. En busca de lo pintoresco, de lo castizo, de lo característico; decididos a encontrar el alma, o al menos el rastro de su paso, en las entrañas de lo cotidiano, y aun en sus cloacas. Los miserables, de Victor Hugo, son un ejemplo insigne de esta exploración: el retrato de la Francia de su tiempo tiene una veracidad incontestable, no se ahorran detalle sórdidos, y sin embargo el propósito del narrador es 'idealista': quiere mostrar y muestra cómo la Gracia divina y el amor (si es que no se trata de la misma cosa) intervienen en los tejidos más degradados de la sociedad y dan un giro inesperable a los procesos regidos por lo que Simone Weil llamará más tarde la Gravedad. El hombre santo que salva al protagonista del cargo, por otra parte justo, de ladrón consigue no solo que la ley no vuelva a juzgarlo y condenarlo por tal, sino que deje de considerarse a sí mismo apto para tales desmanes. La plata robada y luego regalada le da la capacidad para ser otro; la piedad que recibe le permitirá más adelante perdonarle la vida a su perseguidor y forzar también en este un cambio imprevisto.

Como todos los criados en la galaxia Trivial, conocía la existencia de esta novela, pero ha tenido que cruzarse en mi camino el azar para que entrara de veras en ella: la simpar Caroline Masson me invitó a acompañar con la guitarra una de las canciones del musical basado en la novela, para la versión minimalista que se estrenó hace unos días en la sala TaKtá de Navalmoral, el 23 de junio. Ha sido una experiencia preciosa, tanto por la calidad de los músicos implicados como por el ambiente de colaboración y complicidad que ha presidido la preparación del montaje, recibido además con generosidad por un público estupendo. Mi implicación ha sido pequeña (una sola canción), pero muy feliz. Gracias a Marcos Fernández, que ha subido varias escenas de la obra a YouTube, comparto con vosotros este momento. Canta María Luisa Rodríguez, una voz única.


miércoles, 26 de junio de 2013

Leyendas augustóbrigas: La muerta con más vida



Otro apunte rescatado sobre las leyendas.

La muerta con más vida. Traicionada, abandonada, asesinada, la figura femenina triunfa sin embargo de la muerte, se resiste a desaparecer. Soy tan solo esa herida molesta: no está viva, pero no está muerta. Nótense los cuentos en que muere una pareja, pero es ella sola la que vuelve. El alma es femenina, como la Voluntad; y, como ella, compulsiva, reiterativa. Y detrás de los mitos y las máscaras, el alma, que está sola (Borges). Caso peculiar de Las mellizas: las protagonistas de este cuento marroquí superan su condición fallida mediante la muerte de una de ellas (la débil) y la reintegración de la otra al Poder: la muerta al hoyo (el de la tumba y el de la barriga) y la viva al bollo. La figura eternamente condenada es a la vez salvífica: un ejemplo ‘viviente’ de lo que no hay que hacer, de lo que no debe ocurrir. Don’t you do what I have done. Permite una katharsis en cabeza ajena: memento mori! Su muerte es la nuestra, pero no literalmente: somos como don Miguel de Mañara o Félix de Montemar, asistiendo a nuestro propio entierro para ayudarnos a sentar cabeza, a cambiar el rumbo, quemar el karma. Nuestra imagen (vera icon) en el espejo de la muerte: lo que realmente somos o la parte de nosotros que ‘no es’. Pero es cierto de toda historia en cuyos protagonistas nos proyectamos: ‘vamos’ con ellos in phantasma (los fantasmas somos nosotros), como en las películas en que se viaja al futuro o al pasado pero uno es solo espectador, no puede actuar (no está ahí para eso). La madre muerta que ayuda: esa es la verdadera ‘hada madrina’. Hasta el hada azul de Pinocho está en realidad muerta. Como la luna, viene y va de la vida a la muerte: tan pronto creciente como menguante.

martes, 25 de junio de 2013

Arrival



Y dudar ante todo de este viejo cansancio
que reduce las cosas a su cáscara hiriente.
La mirada decide por qué tunel abierto
se aproxima a tus ojos un herraje del sueño.


sábado, 22 de junio de 2013

Leyendas augustóbrigas: On the Road Again

Vuelvo sobre uno de mis empeños: el libro sobre las leyendas recogidas por mis alumnos del instituto. Encuentro unos apuntes, escritos con prisa en algún momento y que no recordaba. Así  comienzan:

Las leyendas: variaciones de unos pocos temas recurrentes, eterno retorno diferenciado de lo idéntico que vive en variantes.

1. On the road again. La autoestopista fantasma, el alma errante (como Nadja). Hasta la Virgen, convertida en estatua, es Andariega. La muchacha muerta de forma prematura (que retorna). Hija, novia o madre fallida. Su eterno retorno, como la acción eterna de lavar la ropa o peinarse de lavanderas y sirenas,como el castigo de las Danaides y el de Sísifo, expresa la noción de estar preso en un bucle, una cinta (la carretera), como en los sueños en los que uno trata inútilmente de avanzar, pero siempre vuelve al mismo sitio. Aunque sepa los caminos, yo nunca llegaré a Córdoba. Un pasaje sin salida: un laberinto. Correlatos masculinos: el Judío Errante, el Holandés Errante. El fantasma de Robert Johnson subiendo al autobús: You may bury my body / down by the highway side / so my old evil spirit / can get a Greyhound bus and ride (Robert Johnson, Me And The Devil Blues).

domingo, 9 de junio de 2013

Primavera (I) (Antonio Hernández Marín)


Abrumadora,
pesada,
pero transparente,
clara.

Hora de dolor
en calma.

El silencio reduce
las distancias.

Casi
no eres
nada.

lunes, 3 de junio de 2013

Unos y otras: encuentros con ¿Agustín García Calvo?



Todos los días me subo a un globo, vía Google, y recorro el ancho mundo a ver si alguien se ha decidido a reseñar por fin Unos y otras. Encuentros con ¿Agustín García Calvo?, el libro que acaba de editar Triacastela y que se presentó hace una semana en la fundación Juan March.  Como parece que nadie se anima, me lanzo yo mismo a dar mal ejemplo, en la esperanza de que no faltará quien lo agrave.

Antes que nada, conviene aclarar que sí, juegos terminológicos aparte, se trata de un homenaje póstumo, eso que el maestro tanto odiaba y cuya sola posibilidad le hizo sufrir y maldecir en vida.  Cuenta, por tanto, con la hostilidad razonada de cuantos sienten que la manera de mostrar cierta gratitud al difunto es no darle por tal y seguir enredándonos en las múltiples razones y juegos que nos dejó, en vez de fijar la vista en lo que él mismo consideró un excipiente desdeñable: su persona. Al final de la presentación [minutos 22:38 y siguientes] antes citada, Luis Caramés expone este punto de vista con elegancia, recia pero un tanto escéptica: en contradicción quizá con la indignación que encarna, parece cumplir buenamente un deber, más que seguir un impulso.

El libro se ha montado con prisas, quizá demasiadas, y se nota. Su ambición es que gentes diversas aporten 'su Agustín': una suerte de álbum de fotos que nos muestra al personaje aquí y allá, tan pronto dando lo mejor de sí (por ejemplo, cuando se queda con Savater como único alumno de sus clases de Desengaño y prosigue como si nada, con la misma convicción y entrega que si la salud de la Polis toda dependiera de ello) como haciendo con contumacia de sí mismo (cuando le invitan a un congreso erudito sobre Heráclito y decepciona al público especializado haciendo un discurso genérico contra la Realidad y sus males, sin contenido filológico alguno).

Como es de suponer, la lectura del Agustín de cada cual informa sobre todo sobre los gustos, logros y defectos personales del ponente. Hay un par de contribuciones magníficas que confirman el aprecio que uno ya tenía por las dotes del autor: Félix de Azúa juega maravillosamente con las expectativas del lector y Jesús Ferrero, que nos convierte en Jesús Ferrero durante su narración de los hechos, hace que nos quedemos con ganas de vivir más (sobre Agustín o no) desde sus ojos. Otros tiran de lo que ya escribieron: Savater, siempre simpático y zumbón, revisita sin mucho reparo el capítulo pertinente de su Mira por dónde y la necrológica que escribió en noviembre. El mucho oficio no disimula el hecho de que en su caso, más que en ningún otro, se trata de cumplir con un deber inexcusable pero engorroso: si Agustín fue esencial en su 'biografía intelectual', parece evidente que su figura acabó resultándole incómoda, y que su discurso en otras voces le resulta soporífero e insufrible. Leyendo la introducción que hace en 1996 a algunos de sus libros antiguos, reeditados en el volumen La voluntad disculpada, se percibe en el Savater maduro una suerte de envidia hacia el juvenil que se resuelve en ojeriza:

El lector es muy libre de simpatizar más con mis fórmulas pasadas que con las actuales. En cierto sentido, yo diría que es casi inevitable que lo disparatado resulte más simpático que lo verosímil: después de todo, la mayoría de nuestros errores provienen de querer creer lo que nos agrada o lo que nos edifica —por lo cual también pueden resultar más gratos o edificantes para otros— mientras que nuestros aciertos son más inhóspitos porque se deben casi siempre al reconocimiento de una realidad frecuentemente insípida y desde luego invulnerable a nuestros caprichos. 

A tan firme abogado del principio de Realidad, un evasor de infinitos como García Calvo no puede parecer sino un tozudo irresponsable, incapaz de descender de su nube para condenar de forma explícita el terrorismo etarra o para apreciar y defender las bondades del marco legal que hizo posible, de 1978 en adelante, que el maestro pudiera desarrollar en público sin demasiado escándalo su ataque sistemático contra la Paz y la Democracia. Que, a pesar de todo, el afecto le haya llevado a impulsar la confección del libro y a dar la cara (cierto que una cara de invencible hastío) en su promoción no deja de ser un triunfo.

Savater, en cualquier caso, no decepciona, o lo hace a la manera que Montano, su mejor fan, suele agradecerle. Es penoso en cambio que hayan encontrado sitio en el volumen las letrillas (o letrinas) en que Villena, un individuo que jamás apreció la obra del difunto y se complació a menudo en caricaturizarlo, hace del peor Villena: culto y vacuo, pero dispuesto hipócritamente a hacer causa común, o simplemente a apuntarse a los canapés, en cualquier milonga que suene 'progre'. Más penoso aún es que la contribución de Yolanda Alba intente endilgarle al muerto un discurso feminista al uso, que sus propias citas desmontan, y que, vencida acaso por la dificultad del apaño, se dedique a saquear el artículo de Wikipedia sobre el maestro, dándonos así a los que colaboramos en él la sensación extrañísima, aunque no inédita, de leernos bajo otros nombres y en compañía muy mejorable.

El volumen, en fin, es atractivo pero muy irregular: faltan nombres clave (¿dónde están Juan Bonilla y Javier Marías?) y hay mucho material de relleno. En lo que surge, si es que surge, alguien capaz de obsesionarse de veras con Agustín García Calvo y dedicarle un libro que sirva de puerta a su obra o que le añada un apéndice biográfico bien trabado, esto es lo que hay de momento: el peso de un legado inmenso que ha sido hasta ahora ninguneado en los días laborables y premiado en los festivos (3 Premios Nacionales, de Ensayo, Teatro y Traducción, no se los regalan a cualquiera). En lo que los filólogos deciden si lo incorporan o no a su discurso, contrariando una costumbre muy asentada, vivimos una zona extraña en que, por ejemplo, Carlos García Gual nos habla en este homenaje con cariño del montaje de Edipo Rey de Agustín y después, en su reciente libro sobre Edipo, logra recordar todas las traducciones al español de la obra menos la publicada en Lucina.

A día de hoy, en lo que vemos qué sucede con su pensamiento (toda una patata caliente), pinta mejor el uso continuado de al menos una parte de las aportaciones del maestro, las canciones y soliloquios de propia mano y la recreación de baladas populares.  Termino la reseña invitándoles a disfrutar de esta intervención recientísima de Isabel Escudero con Quesia Bernabé y Virginia, en la que se recuerda al maestro en su propia salsa: la oralidad, el canto y un poco, siempre sano, de teatro.

sábado, 1 de junio de 2013

Danza de las amapolas

 

Para Carmen la Bella y Rafa. Es cosa suya.

Amapola, ababol, rosella, 
badabadoc, quiquiriquic, ruella, 
ababolera, mitxoleta, poppy, 
lobedarr y popula, rosolaccio, 
papavero comune, pavot rouge, 
coquelicot, ponceau, red weed, corn rose,
Klatschmohn y Kornvalmue, paparuna,
paparina, flor roja, lulekuqe. 

¡Amapolina, amachirinka, populadora, 
rosopaverolucha, redweedichosa, 
coquetirusca, lobedarina, rosolaccioniña!

sábado, 18 de mayo de 2013

En las manos del tiempo

 

Así son las cosas: dadme una montaña de exámenes que corregir —y yo compondré para vosotros, en tiempo récord, la banda sonora de cinco o seis películas. Esta podría suceder en Tropicalia.

viernes, 17 de mayo de 2013

Nocturno (Antonio Hernández)

 

 Esta noche he soñado que encontraba en la biblioteca de una Universidad un libro inédito de Antonio Hernández Marín, Aker: era un ejemplar único, encuadernado de forma artesanal, que recogía varios ensayos, con el título De la forma en el fondo. El libro se había encuadernado a finales de los 70, utilizando originales variopintos en papeles de diversas calidades y tonos, unos a mano y otros a máquina. El autor había ido guardando dentro, en folios doblados, trabajos posteriores sobre el mismo tema: uno de estos afterthoughts era precisamente el prólogo, llamado 0 (cero). La página que llegaba a leer (y, alguna vez lo he contado, en los sueños rara vez o nunca me permiten leer de veras algo sin que las letras empiecen a bailar por la página o se conviertan en hormigas) hablaba de las correspondencias entre los modos musicales, las letras, los colores y los números. Así, el modo jónico, primero o A, es de color rojo y no es 'mayor' en sentido estricto (solo la escala mayor de sol lo es): Antonio (en el sueño) prefería llamarla 'escala de do-sol'.

Cuando encontraba el libro, recordaba su existencia: lo había visto antes en esa misma biblioteca, pero lo había olvidado. Solo hacia el final se me ocurría la posibilidad de sacarlo en préstamo. En el final propiamente dicho me encontraba en el andén de una estación con Roberto (alumno dilecto de otro maestro, Agustín) y hacíamos planes: el libro, sin dejar de ser De la forma en el fondo, era ahora también Letras y figuras, uno de los libros que planeó pero no publicó García Calvo (creo; aunque mi amigo Rafa jura haberlo consultado alguna vez). 

Como suele, el sueño funde muchas capas. Me recuerda, en primer lugar, que llevo tiempo sin emprender la necesaria ordenación y publicación de los papeles de Antonio; pero el título de la obra es también un juego sobre otra, un poemario, que tengo escrita pero no encuentra (ni apenas ya lo busco) editor. El celo con que los discípulos de Agustín han emprendido la recopilación y transcripción de sus intervenciones sirve de constraste con mi desidia, planteándome un elegante reproche.

Tengo, en fin, un libro manuscrito de Antonio que recoge sus poemas de los años 80 (Fuensanta atesora otro previo, con poemas de los 70). Lo abro al azar. Esto cuenta, aquí y ahora:


NOCTURNO

Tres de la madrugada, fumándome el insomnio
en la ventana abierta y silenciosa. Abajo, por la vía nocturna
de la calle, pasan perros, perros sin amo, perros
independientes, tal vez libres, quizás abandonados,
pasan, ajenos, rápidos, un lobo raído y flaco
abre la marcha y pasan, posiblemente felices,
destinados sin duda, perros, tal vez perros, sagaces perros,
y pasan, a comer, a devorar las sobras, acaso sin dolor,
tal vez contentos, las sobras que nos llegan, caídas, del amor
desde el festín diario de los hombres...

sábado, 11 de mayo de 2013

Organ Tune


La música es tan inseparable de la gente a la que quieres que a veces emana literalmente de ellos. Esta pieza instrumental, por ejemplo: el ritmo lo trajo esta mañana mi pequeño tocayo (un, dos; un, dos, tres), supongo que de la escuela —pero sin duda corresponde a alguna danza tradicional: me trae recuerdos de las piezas folkies y medievales que tocábamos hace tanto con Dani o Alfonso (y también de La Yenka). Por otra parte, oír el órgano, que se ha impuesto enseguida en el casting, es oír a Antonio, que tantas veces lo hacía sonar para nosotros, primero en Las Águilas y luego en Valdemanco. Allí me invadieron las cadencias barrocas —que con el maestro Aníbal hemos tenido ocasión luego de explorar y entender debidamente. Todos ellos dan vida a la pieza. Aunque ella, claro está, no aspire a hacerles justicia.


jueves, 2 de mayo de 2013

Necromancia


Los muertos no regresan porque alguien los invoque.
Ocultos en la arena del recuerdo
se siembran, se interrogan, se disuelven
y vuelven a la guerra por su cuenta.

martes, 30 de abril de 2013

La canción que cantábamos juntos


Para los que gustan de estas cosas: así sonó el otro día en el ensayo, y volverá a sonar ahora si les apetece, La canción que cantábamos juntos, del maestro Agustín, en la voz de la dama Fátima y con las guitarras de Paco y quien les escribe. ¡Momentazo!



La canción que cantábamos juntos
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando voy por las calles bullentes
y en un árbol de pronto
tres hojitas apuntan, entonces
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando estoy de discursos y parlas
asordado, y acaso
abre un breve silencio la tarde,
ella suena en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Cuando, echado en la espesa mazmorra
de la ley, hasta el catre
entra un soplo de día, ella sola
en el aire me suena,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Y entonces voy yo a repetirla,
y la voz se me quiebra
de sentir que estoy solo y no suena
tu voz junta en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Y maldigo las plazas y el ruido
y el tiempo y su cárcel,
que de mí te han llevado y no dejan
que en el aire me suene,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

Pero escucho tu voz del recuerdo,
juvenil para siempre,
que me dice que nunca se pierde
lo que suena en el aire,
amiga mía nueva,
mi viejo amor,

y que allá tras la última estrella
hay un río y un bosque
de Valorio, y tú estás a mi lado
y cantando conmigo,
amiga mía nueva,
mi viejo amor.

miércoles, 24 de abril de 2013

Contrarrembolso


La flecha que enviaste a por nosotros, 
altiva, insobornable
metal usurpador de su madera, 
ya cruza por los márgenes del tiempo, 
ya se detiene 
en un viejo motel de carretera, 
ya apura las caricias de la fiebre, 
ya duda si su ruta era certera. 
La flecha cuya punta entre mis dedos 
araña mis palabras, no Te ofendas, 
Señor, si de esta guisa a Ti regresa, 
si Te alcanza su beso traicionero, 
si mi sangre en la tuya Te envenena.

sábado, 20 de abril de 2013

Tema de flauta

No sé qué influye más para que a uno no paren de ocurrírsele melodías: si estos primeros días de sol y viento o el tener que corregir una tonelada de exámenes. Que siguen esperando su turno.

miércoles, 17 de abril de 2013

Y ya nadie moriría

 

De viva voz se llamó el homenaje que recibió ayer 16 de abril Agustín García Calvo en su querido Ateneo de Madrid, donde se celebraban y aún se celebran cada miércoles las sesiones de la Tertulia Política fundada por el maestro a finales de los 90 y que han sido su empeño público más longevo.

Gracias a la labor impagable de Teresa, quien lo desee puede seguir en su canal de YouTube todas las intervenciones, desde la apertura de Isabel Escudero hasta el canto final del Himno de Madrid, pasando por las canciones de Amancio Prada (que estuvo absolutamente arrebatador: pedazo de maestro) y una escena crucial de la Iliupersis, en la que Esther Bellver reiventó para todos los presentes la magia del teatro (con un texto que, precisamente, la cuestiona y confirma de un mismo golpe).

Tuvo Isabel Escudero (que ojalá se deje convencer pronto para venir por estas tierras, a recitar a nuestros muchachos) la infinita amabilidad de invitarnos a cantar un par de canciones. Para la ocasión, nos reunimos cinco almas, que aunque anunciados como Ciento Volando veníamos a ser en realidad Ciento y la Vida o la Bossa Volando: el maestro Juan Fran, Fátima, Luli, Dani y quien les escribe. Traigo aquí las dos piezas que hicimos, ambas de Valorio 42 veces (canciones XL y XIV), en el mismo orden en que sonaron. Mil gracias a Carlos César Álvarez por la foto.



domingo, 14 de abril de 2013

Que yo no sé cómo llamarte


A menudo me faltan
o me sobran palabras;
se acumulan, oscuras,
en la lengua gastada
o se ocultan, brillantes,
en las grietas del alma.
Busco un nombre  y es solo
su silueta quien pasa:
ni materia ni forma,
solo vaga añoranza
—quiero dar con la fecha
y su punta herbolada
va quebrando las cifras,
ajustando la nada.
Pienso en ti y en los días
en que al tiempo lejana
e inminente, vivías
donde acaba mi casa.
¿Eres hoy el pronombre
o este solo tu cáscara?
¿Queda solo lo poco
que de ti yo inventaba?
Y ese poco ¿me mira
como tú me mirabas?
¿Puedes verme? ¿Se mueve
por ti tanta palabra?
¿Eres tú quien se esconde
tras la rima apagada?

sábado, 13 de abril de 2013

Bourrée (revisited)

 

Another dance in the suite. Esta ya estaba, pero por sugerencia del maestro Aníbal le he criado una segunda voz, que aparece (muy propiamente) en la segunda exposición de cada tema.

viernes, 5 de abril de 2013

Bourrée


Seguimos el maestro Aníbal y yo con nuestra locura de hacer una suite al modo barroco. Esta vez le toca a la Bourrée. En tan solo un minuto, el autor dirime sus deudas con Asfalto, Bach, los Beatles y Bob Dylan.



martes, 2 de abril de 2013

Qué era lo que fue


(Agustín y Jose Luis García Rúa en Granada, 1984)

1994, más o menos. Empezábamos entonces a musicar los poemas de Valorio 42 veces, de Agustín García Calvo, publicado ocho años antes, y sin esfuerzo iba surgiendo no solo la música puntual de este o aquel texto, sino una música global, una atmósfera sonora ligada a ese libro y al bosque que abren sus páginas.

Esta canción lleva a un extremo esa exploración, con los acordes de cuarta suspendida de la estrofa y las modulaciones imprevistas del estribillo. Empieza sonando a rayos (qué horror de guitarra acústica tenía entonces, y qué mal la ecualizaba), pero pronto se entona, gracias a los coros de Dani y el bajo fibroso del maestro Rafa Herrera.

Recuerdo que tocamos poco después esta canción para el maestro y las buenas gentes en el Cuartel Viriato de Zamora, ocupado por entonces por la Escuela de Sabiduría Popular, y alguien me dijo esa noche que le recordaba a Tír na nÓg. Un honor, oiga.

jueves, 28 de marzo de 2013

El conjuro de la noche


Empecé las vacaciones de Semana Santa sin rumbo, con una desazón sobre la que flotaba la vieja consigna del maestro Agustín: cuando no sepas qué hacer, haz lo menos posible. La sabiduría que subyace a ese consejo es que si uno renuncia a 'divertirse' u 'ocuparse', dos caminos igualmente penosos, es probable que termine ocurriéndosele algo. En mi caso, de repente me entró la urgencia de recuperar algunas de las canciones que hice en los primeros 90, que no había grabado nunca, o de las que al menos no conservaba ninguna grabación medianamente decente. Hecho eso, recordé que en su día había conseguido un aparato para digitalizar las viejas cassettes que contenían las maquetas cientovolanderas de la era Fostex. El bicho, relativamente eficiente, convierte todo lo que va leyendo en un gigantesco archivo mp3, que luego hay que ir escuchando con paciencia, troceando en dosis y ecualizando debidamente. ¿Tal vez tenía aún en el ordenador alguno de esos mp3 por explorar, trozos de pasado en estado crudo?

Vaya que sí. No había olvidado estas grabaciones, pero me había acostumbrado a vivir sin ellas: a veces, hasta nos habíamos quedado atascados al intentar recuperar alguna de las canciones porque nos faltaba parte de la letra. Traigo las que más me han gustado, comenzando por esta de Luli, cuya letra (aprovecho para transcribirla) dice así:

El conjuro de la noche parece crecerse,
todo gira en torno de tu boca, a veces muerde.
Un te quiero, un pues nada, llevo ya endrinas por dientes,
canciones deshilvanadas, canto para decir nada.

Los pañuelos no se quejan por quererte a veces,
saben bien que las razones no han de comprenderse.
Tu murmullo nuevo se me agarra ya en el vientre.
 
Creo que me estorban en la boca tantos dientes,
qué daría yo por sonreírte simplemente
—por dejar que las pisadas lloraran al verte,
 por dejar a las canciones empaparse de esa suerte.
Las cejillas pronto me revelarán que has muerto.

Quizá no aprenda yo te quiero con tres dedos,
las pelusas bailan en el aire que poseo.
Las miradas marcan ya ese ritmo traicionero
que anunciaban las palabras, tan tostadas en invierno.

Y si el lobo de tu noche aúlla que ando fresca,
no hagas caso y mira bien las corvas de tus piernas.
Y si el lobo de tu noche anuncia que estoy muerta,
no hagas caso y mira las bien corvas de tus piernas.





martes, 26 de marzo de 2013

La sombra del olvido

Rescato otra vieja canción, movida, si no a resplandor, al menos a la mayor, a ver si prospera.

La sombra del olvido devorando nuestros nombres;
las cartas en el fondo que no suelo revolver.
Me olvido casi siempre de lo que me corresponde,
seguramente todo me pudiera recordar

rincones en mi cuarto que nunca le enseño a nadie,
seguramente a nadie le pudieran conmover.

La sombra del olvido
triscando sobre mí;
camino del olvido,
camino al fin de ti.

De ti.


lunes, 25 de marzo de 2013

Dulce sombra (cantada)

Lo prometido era deuda: así suena con su letra, en voz de Fátima, esta vieja canción, una de las primeras que compuse.

Dulce sombra, mi amor de verdad,
dime dónde te pueda encontrar
cuando al cabo me lave la niebla la boca.
Dulce sombra, mi amigo mejor,
mi termómetro dulce, mi adiós,
con los brazos en corro y en torno del alba.
Sin remedio
ni perdón
desharemos
mi canción.

Mesa giratoria

 

Amor, borra la punta de los dedos, 
dibuja en el espejo tus percances, 
atiende la llamada del engaño. 
El tiempo es un señor que escupe sueños, 
una lengua sin flor que bebe números, 
un mosquito con alas de serpiente, 
un volumen de páginas enfermas, 
una jaula de pájaros cascados. 
Pasar es olvidar cómo has venido. 
Llegar es comprender dónde has estado.

sábado, 23 de marzo de 2013

Zarabandilla (Sarabande)

 

Seguimos con la suite barroca (a su manera) que vamos inventando, y esta vez le toca a la zarabanda, danza ternaria de tempo lento, más bien melancólica.

jueves, 21 de marzo de 2013

Siglas

 

Aquí y allá la gente
se muere de manera fotogénica,
mimada por la crueldad ambiente,
cercada por la oscuridad transgénica,
siguiéndole a la noche la corriente.

Como una narración oral escénica,
la vida va arrastrando lo evidente
desde la torpe intensidad edénica
hasta el tono seguro del que miente.

El agua, sangre fresca en cada fuente,
es pájaro sin luz, música asténica,
cuando fluye rugosa de tu frente.

reduce la verdad a quien la siente

quebrarse con angustia impertinente.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Está claro


De la lista de la tertulia política del Ateneo, traigo estos versos, que nos llegan en flor desde las Aguas:

Está claro que las mimosas
o los almendros,
por ejemplo,
si tuvieran que hacer lo suyo
por jornadas laborales
y días de descanso
o de ocio frenético,
no sabrían hacer sus cosas
como, sin saber
orden o plan temporal
lo van haciendo;
porque eso de abandonarse
a la rueda del año viva
es demasiado grande
para, sin turnos ciertos
de siete en siete o de quince
o diez o doce o menos
donde escribir como un mapa
los acontecimientos,
tenerlo conocido.
No: así no podrían
responder con acierto
incalculable al aire
ya dulcemente fresco
sus ramos amorosos
ni abrirse con desvelos
en tantas blancas flores
deshojándose y luego
en mil hojitas largas
relucientes de nuevo
verdor, ni oler tan rico,
más y más, que me pierdo
metida de nariz
entre ellas y te sueño
entonces que eres tú
oliendo lo que huelo.

sábado, 16 de marzo de 2013

Courante

 

Seguimos el maestro Aníbal y yo con la discreta locura de hacer una Suite de danzas al modo barroco. Tras la Allemande, le toca al turno a la Courante, que contrasta con la Allemande en varios sentidos: tiene ritmo ternario en vez de binario y un tempo mucho más vivaz. Me sugirió el maestro que esta vez integrara en la danza algún elemento impresionista —así que la segunda sección de la danza está en modo lidio, uno de los favoritos según creo de Debussy, y desde luego uno de los míos. El registro del melotrón virtual me recuerda algún pasaje de los Cuadros de una exposición de Mussorgsky pasados por Emerson, Lake & Palmer. ¡Hermosos recuerdos!

jueves, 14 de marzo de 2013

Sobreviviendo a los planes de estudio


La corrupción de la enseñanza tiene dos pasos de baile: sustituir la cosa por la historia de la cosa y pasar de hacer las cosas a fingir que las haces. En esto los de letras vamos super avanzados: cursamos historia del arte, de la filosofía, de la música y de la literatura y logramos no enseñar a hacer nada siquiera digno en ninguno de esos campos. Y somos expertos en sustituir la obra por su resumen y en memorizar juicios ajenos y verterlos (¡y aceptarlos!) como propios. Sin empacho.

Yo estudié ya música en el BUP con estos conceptos progresados: memorizábamos palabros y palabros sin ligarlos a nada perceptible. Un día pregunté a la profesora qué era eso de los cromatismos y se puso azul. Turquesa.

A la gente que no entiende la gratitud que le tenemos muchos al maestro García Calvo le ayudaría quizá saber que él nos ayudó decisivamente a desengañarnos de todo eso, a no tolerar que nos dieran gato por liebre y a sentirnos poco o nada llamados a seguir practicando tal tocomocho cuando ocupáramos el puesto de nuestros profesores.

De mis alumnos, creo que un tercio entiende por qué me centro en que desarrollen habilidades reales  (medir versos, analizar oraciones, reconocer figuras), en las que no cabe dar el pego, y rara vez (quisiera escribir pronto jamás) hago preguntas que les permitan vomitarme lo que han memorizado; a otro tercio le da igual (todos los profesores están locos: mi modalidad de locura no les parece peor ni mejor que otras) y el último, francamente molesto, no entiende por qué me fijo en estas tontadas y no les dejo cascarme la lista de características del modernismo o de las obras de Ortega.

martes, 12 de marzo de 2013

Allemande


Cuando me propuso la semana pasada el buen maestro Aníbal hacer una suite de danzas al modo barroco, pensé primero en aprovechar las piezas más o menos bailables de aire medieval o renacentista, o simplemente folk, que se me habían ocurriendo en estos años, con las variaciones y ajustes que fueran menester —pero no tardé mucho en lanzarme más bien a examinar las convenciones de la allemande (por empezar por algún sitio) e intentar replicarlas, con la idea de que hacer una pieza de este tipo tampoco puede ser tan distinto de componer un soneto o una décima.

La ignorancia es atrevida, pero también instructiva. Este es mi primer intento con la allemande: por corregir, porque se repite la estructura AB AB cuando debería ser AA BB, y hay una coda, extraña al género; pero algo hay ya de allemande en la pieza —al menos eso espero.

Para la ocasión he invitado a dos saxofonistas virtuales a tocar el melotrón —aunque, escala oriental mediante, vienen a sonar más bien como clarinetistas balcánicos o del Epiro. Mola. Ahora falta que Carlos cumpla y aporte el bailecillo.