domingo, 18 de febrero de 2007

Concierto de Ciento Volando


Como habrá notado el curioso lector, ando desaparecido, pero es por buena causa: el lunes 19 de febrero (o sea, mañana) a las 21.30 Ciento Volando vuelve al escenario del Rincón del Arte Nuevo, de Madrid, c/ Segovia, a las 21.30. Estará allí la gente de El Lince con Botas, que va a grabar la actuación. Si andan ustedes por Madrid, dense por invitadísimos.

*

Carta de más,
en un cazo de pan
cabe toda mi fortuna.

Mariposas y aceitunas,
¿cuánto tengo que cambiar?
Desde que lo tengo todo,
no me canso de comprar.
Desde que no tengo nada,
ya me sobra la mitad.

Campos de sal,
el horario del mal
crece cada primavera.

Mariposas y escaleras,
¿cuánto tengo que cambiar?
Que los versos que no riman
ni se quedan ni se van.
Que los besos que no damos
ni son besos ni son na.

Mariposas y aceitunas,
¿Cuánto tengo que cambiar?
Desde que lo digo claro,
ya dejó de ser verdad...




jueves, 15 de febrero de 2007

Sólo pienso en ti

(Carlos y el que suscribe, antes incluso)

1991 no es exactamente ayer, pero en esta canción de por entonces (a pesar del tempo errático y de la inexperiencia con la mesa de mezclas que acababan de prestarme) reconozco bastantes de las cosas que me siguen gustando: armonías simples pero algo caprichosas y un tono entre intimista y feérico, perfectamente disuasorio para oyentes de AOR, adictos de la marcha y demás gentes de orden. Sigo haciendo canciones así, y quizá son las que más me gustan: ambientes donde uno se puede meter a vivir unos minutos, como quien cierra los ojos o va desenhebrando, en orden inverso, un sueño.

El título, eso sí, es un error. No se puede volver sobre el título de una canción tan conocida, y menos para un empeño totalmente distinto. Diré en mi descargo que de pequeño la canción de Víctor Manuel, cada vez que la oía, me causaba una enorme desazón, con ese niño como de cristal que se le cae al padre de las manos. Ahora sé que es legítimo y quizá loable tratar esos temas en una canción, pero entonces me parecía como meter el dedo en la llaga sin ningún miramiento, y la mezcla de náusea y azúcar me mareaba. Algo de esa confusión pervive en el protagonista, que se deja devorar por muñecos y mariposas, seducido por una mirada que podría ser la de la Araña (pienso ahora si pudo influir Lullaby, una canción de The Cure de historia similar).

Y es tan dulce tu mirada quieta
siempre en derredor.
Van comiéndome las marionetas,
pero sólo pienso en ti,
sólo pienso en ti.

Y es tan dulce tu mirada rota
siempre en derredor.
Van comiéndome las mariposas,
pero sólo pienso en ti,
sólo pienso en ti.


miércoles, 14 de febrero de 2007

El Tejo Pellejo


Hoy toca un cuento, por gentileza de Daniel. Al duende Zarzillo lo conocemos muchos, pues hay quien se ha ocupado de darle forma en fiestas públicas y privadas. En cierto modo, todo lector de bosques lo conoce. Es un cuento para niños, pero quizá el lector esté de acuerdo en que este cuento en particular se aparta de las veredas habituales del género. Que lo disfruten.


ASOMBROSA HISTORIA JAMÁS CONTADA DEL TEJO PELLEJO
O EL DÍA EN QUE ZARCILLO REJUVENECIÓ TRESCIENTOS AÑOS

A la sombra de una fronda impenetrable, en lo más profundo de la oscuridad del bosque, vivía ensimismado el Tejo Pellejo. 0 al menos ese era el rumor que de raíz en raíz, de rama en rama y de hoja en hoja había circulado a lo largo de los siglos por el bosque de Todovale. Los robles se lo habían contado a sus bellotas y éstas, cuando fueron mayores, al resto de los árboles, y aunque los árboles de por sí son reservados, sobre todo cuando pasan de los milquinientos años, había algunos que en su juventud se habían juntado con arbustos y árboles frutales, que son unos juerguistas y hablan hasta por las ramas, y así el rumor había llegado hasta el último rincón verde conectado con el bosque, y algún liquen se lo había contado a los pájaros, y aunque todo el mundo sabe que los pájaros no saben hablar, o si saben nosotros no les entendemos, el caso es que por aquel entonces había un guacamayo eremita pasando sus últimos días en Todovale, y este sí sabía hablar, pero como era eremita prefirió escribirlo, que quedaba más discreto, y lo escribió y lo publicó en papel reciclado, y se convirtió en un best-seller, y de esta manera la historia más recóndita y secreta de cuantas podían hallarse en Todovale pasó a a ser la más típica y difundida, la que nadie ignoraba y por la que preguntaban los turistas cuando se acercaba al bosque con sus cámaras fotográficas y sus bermudas.

Sin embargo, y eso era lo hermoso, nadie recordaba haber visto nunca al Tejo Pellejo. Ni a nadie que fuera su amigo, o conociera a algún familiar suyo, o pudiera contar de él algo distinto de lo publicado por el guacamayo Pelayo. Y era de dominio público que el guacamayo Pelayo, viendo palidecer sus días y asustado por la inconsistencia de la vida, se había inventado enterita la historia del Tejo Pellejo, y había añadido notas autobiográficas para justificar su vida de excesos y aventuras, y aunque el libro estaba lleno de faltas de ortografía e incongruencias históricas, resultaba ameno y fácil de leer, y era un poco como el Guacamayo Pelayo, que había sido mejor aventurero que eremita.

Fuera como fuere, cayó un día en manos del Duende Zarcillo un ejemplar de La historia jamás contada del Tejo Pellejo, y cuando digo cayó no hablo en sentido figurado, pues existía un avellano en el bosque muy dado a la lectura, que además tenía muy buena sombra, y no era casualidad, porque las historias que leía le corrían por la savia, y cuando se quedaba dormido le subían a las hojas y se le quedaban impresas en el envés, y las orugas que se las comían se volvían más cultas, y algunas se volvían platónicas y otras existenciales, según su genética, y otras, que eran muy burras, se quedaban en orugas, y les sabían igual El Evangelio según San Mateo que La Familia de Pascual Duarte. Este avellano contribuyó mucho a la difusión de la cultura por el bosque, sobre todo en otoño, cuando se le caían las hojas y el viento las extendía por todas partes, y de pronto el suelo se llenaba de poemas y trozos de historias. Bien es cierto que se mezclaban al caer, y si escogías una al azar, cuando terminabas de leértela era casi imposible encontrar la continuación y te tenías que quedar con las ganas de saber lo que pasaba después. Tal vez por eso se puso de moda un juego que consistía en casar entre sí las hojas, de manera que sus historias concordasen, hasta formar con todas una historia distinta y nueva cuyo legítimo autor era el que se había encargado de juntarlas. Esto dio la oportunidad de expresarse a cientos de animales que no gozaban del don de la palabra pero cuyas recopilaciones de hojas superaban en hermosura a las novelas originales. Y acaso lo único lamentable es que el avellano Avellaneda jamás pudo disfrutar de los frutos de su labor cultural, pues todo esto sucedía mientras él se encontraba dormido, y su otoño coincidía con una primavera de libros e ilusiones como nunca imaginó, con los animales recitando la tabla del siete y explicándose unos a otros las mocedades de Merlín. Pero lo bueno es que mientras más dormía, más se le imprimían las hojas con las lecturas de sus sueños, y si eran sueños muy intensos las hojas se le arracimaban como formando un libro, y a veces se le encuadernaban de corteza color cuero, y les salía hasta título en letras doradas, y cuando estaban bien maduras caían al suelo donde iban formando, año tras año, la biblioteca vegetal más completa que jamás haya existido.

El duende Zarcillo iba a menudo a consultarla, sobre todo para buscar en los diccionarios una palabra que le habían dicho que al pronunciarla te entraba la risa y no te la podías quitar hasta que te enjuagabas la boca con savia de arce. Y estando en éstas, mientras pronunciaba palabras con un diccionario abierto entre las manos, le llovió del cielo un ejemplar muy maduro de La historia jamás contada del Tejo Pellejo.

Zarcillo dijo: —El Tejo Pellejo, humm...— y se enfrascó en la lectura como sólo un duende es capaz de hacerlo (se introdujo en un frasco de cristal con el libro y veinte luciérnagas, y allí estuvo leyendo día y noche. Cuando le entraba sueño, mandaba a una luciérnaga en busca del café Bartolomé, y al poco regresaba ésta con unos granitos marrones que al chuparlos despejaban el cansancio y te hacían adelgazar). El duende se quedó muy delgado, y muy pálido, y los ojos le empezaron a brillar en la oscuridad como si tuviera el intenor repleto de luciérnagas. Pasaron muchos días, pero el duende seguía enfrascado. Llegó el invierno, pero nada. Zarcillo continuaba con los ojos pegados al libro, como si la lectura fuese el único remedio a la enfermedad que había contraído. De vez en cuando levantaba la vista y se quedaba contemplando el infinito. Entonces se podía ver claramente que Zarcillo estaba ciego, pero a él no parecía importarle, y a veces se le oía comentar: —El Tejo Pellejo, humm...

Fue entonces cuando alguien recordó que el rumor original, el que había dado origen a la historia del Tejo Pellejo, hablaba de un árbol viejo y ensimismado, un árbol que pasaba sus días jugando al veo-veo consigo mismo, y para no aburrirse crecía hacia dentro, de manera bajo su corteza había otro árbol, y luego otro, y otro, y así infinitamente hasta formar un bosque entero en su interior. También se dijo que nadie lograba verle porque a diferencia del resto de los árboles, que necesitan la luz para crecer, el Tejo Pellejo necesitaba la oscuridad, y crecía como una sombra por las zonas de umbría, y se pegaba tanto a ellas que aunque alguien hubiera pasado a su lado habría sido incapaz de distinguirle. No obstante, bajo su corteza almacenaba una gran cantidad de luz, y bastaba con hacerle una pequeña herida para que empezara a manar un líquido luminoso que brillaba intensamente en la oscuridad y mataba a los que lo contemplaban por mucho tiempo. También se dijo que era peligroso echarse la siesta bajo el árbol porque nada más dormirte empezabas a crecer hacia dentro, y si no te despertaban pronto, luego era imposible, porque tu cuerpo se había convertido en una corteza, y dentro había otra, y, otra, y en el fondo estabas tú, durmiendo ajeno a todo. También se dijo que el Tejo había resuelto crecer bajo tierra, y que lo único que se podría encontrar de él en la superficie serían sus raíces, que chupaban el aire e impedían que nadie se acercase bajo riesgo de perecer asfixiado.

Y mientras esto sucedía, el duende Zarcillo seguía enfrascado, y corrió el rumor de que nunca se desenfrascaría, y el desenfrascador que lo desenfrascare, buen desenfrascador sería. Por todo lo cual, se puso de moda otro juego que consistía en intentar desenfrascar al duende sin matarlo ni romper el frasco, y aprovechando que había elecciones a rey, se llegó al acuerdo de coronar al que lo lograra. El duende presentaba un aspecto desolador, tenía la piel apergaminada y apenas se movía, y daba la sensación de haberse consumido casi por completo.

Los aspirantes intentaron de todo, desde la acupuntura del Cardo Bernardo hasta las danzas regionales de la Pluma Moctezuma, pasando por los exorcismos del Brote Sacerdote y los chistes verdes del Zorro Salidorro. Pero como era de esperar todo fue inútil, hasta que un día se presentó un extranjero de corteza esponjosa y naranja que rompió de un golpe el frasco, y partió de un golpe al duende, y del interior del duende surgió, ante la mirada estupefacta de los presentes, otro duende Zarcillo, unos trescientos años más joven, que miró al extranjero y dijo: —El Tejo Pellejo, humm...— y después se alejó con su libro bajo el brazo.

Los presentes no salían de su asombro. El primero en reaccionar fue el Espino Avelino, que rodó por el camino, y la última fue la Secuoya Inés Moya, que al día de hoy sigue sin reaccionar, y para mí que se quedó seca del soponcio. El resto fueron rodeando lentamente al extranjero, pero en cuanto tocaron la corteza naranja y esponjosa, todo el árbol se deshizo en un polvillo color ladrillo, bajo el cual sólo quedó una semilla color vainilla con la firma inconfundible del Tejo Pellejo.

Desde entonces nadie se atreve a contar historia alguna sobre el Tejo Pellejo, aunque todo el mundo se las imagina, pero se las callan y dejan que les crezcan por dentro, no vaya a ser que luego sean ciertas. Por su parte, el Duende Zarcillo no vo1vió a enfrascarse en la lectura, ni quiso desvelar lo que había leído durante el tiempo que duró su enfrascamiento, aunque alguna vez se le ha oído comentan -El Tejo-Pellejo, un gran tipo, sí.

A la semilla la sembraron en la zona más umbrosa del bosque (o eso creen ellos), y aunque nadie lo dice, todos piensan que cuando germine asistirán a la más asombrosa historia jamás contada.

lunes, 12 de febrero de 2007

Canción para tiempos enloquecidos


Juegos de interior: una fiesta memorable en la isla, con música y disfraces. Kevin Ayers puede ser el anfitrión, pero hace tiempo que no sabe dónde irá a parar esto, así que se sienta en buena compañía y disfruta. Si habéis estado allí, sabéis que uno puede llegar a ese punto en que se sienta en una escalera y observa cómo gira el mundo, la vida, como un niño despierto que ve jugar a otros niños, sonámbulos. Los defectos personales son abrumadoramente visibles, pero mientras uno siga inmóvil parece que todo esté a la distancia justa en que hasta la traición tiene su gracia. Componer la canción es eternizar ese rellano desde el que uno tararea lo que ve en elegante punto muerto. Se sabe que hay un fin, pero todo fluye más bien en un fundido, sin pelos en la estructura, que es sólo una sucesión de maravillosas ocurrencias. Arregladas así, las canciones están llenas de recovecos cómplices, digos y diegos, pulsos que se aceleran y remansan, llegando a tiempo en el último milagro. La psicodelia era eso: el alma en casa, en ropa interior, oscilando entre el cielo de la música y el pozo ciego del retrete. Nos han invadido. Mezclémonos con agua y tal vez nadie lo note.

La gente dice
que quiere ser libre,
le miran
y me miran
pero es a ellos mismos
a quien desean ver
y todos lo saben.

Hablamos
durante toda la noche
y conectamos,
estamos convencidos
de que le oímos cantar su canción,
contándonos que queda
trabajo por hacer
y todos entonamos
el estribillo de I am the Walrus.

Disneylandia ha llegado a la ciudad,
todos se han vestido y andan por ahí,
Alicia lleva puesta su túnica más sexy,
pero no quiere que la mires.

La gente guapa hace cola para ahogarse,
esperan que el socorrista se ponga su corona,
pero él está ocupado
en la otra punta de la ciudad,
intentando charlar con el espejo.

El científico habla y sabe lo que dice,
se sienta en el suelo y tiene hermosos sueños,
de repente le da un bajón
una mujer que chilla,
pero él sabe bien que no es más que un disco,
no señor.

Su nueva chica deja
de alimentar las hormigas
y le echa un ojo a sus calzoncillos infecciosos,
aún sabe cómo hacerle bailar
y olvidarse (qué camelo)
de eso de emanciparse.

Y tú y yo
nos sentamos y tarareamos,
sabemos que algo tiene que venir
a mover nuestro culo infinito,
seguramente hay uno en el baño
o incluso en el vestíbulo.
No tengo más idea
que tú,
lo cierto es que no tengo la más mínima.



Paintbox



Gracias a nick PF

Entre los dos Pink Floyd más famosos (el psicodélico de Barrett y el arquitectónico de Waters) hubo un breve interregno en que el teclista del grupo, Rick Wright, intentó hacer oír su voz más pop. Paintbox es uno de los singles fallidos que hicieron pensar a muchos que el grupo iba a estrellarse. Peor para el público: Waters tomó las riendas y nos perdimos la voz de Wright, condenada casi siempre a los coros (a veces, lindísimos, como en Echoes), y su piano juguetón, que ya no encontró sitio en las composiciones posteriores. Hay algo muy British, muy A day in the life, en esta manera de arreglar las canciones, con los instrumentos glosando en redobles, fraseos y acordes (memorable bajada cromática a lo Barrett) la melancolía algo cínica de la letra. Kevin Ayers lo haría, pronto, todavía mejor...


domingo, 11 de febrero de 2007

Panem et Circensis


Parece que están haciendo una limpia de material útil en YouTube. Antes de que sea tarde, apuro esta maravilla de Os Mutantes (con letra y música de Gilberto Gil y Caetano Veloso). La inspiración parece dylaniana: Cuernos vacíos malgastan palabras /para advertir / que aquí el que no se dedica a nacer / es porque está entretenido muriendo. Obsérvese de paso la errata, no sé si intencionada: la expresión latina es panem et circenses.


eu quis cantar
minha canção iluminada de sol
soltei os panos sobre os mastros no ar
soltei os tigres e leões nos quintais
mas as pessoas da sala de jantar
são ocupadas em nascer e morrer

mandei fazer
de puro aço luminoso punhal
para matar o meu amor e matei
às 5 horas na avenida central
mas as pessoas da sala de jantar
são ocupadas em nascer e morrer

mandei plantar
folhas de sonho no jardim do solar
as folhas sabem procurar pelo sol
e as raízes, procurar, procurar
mas as pessoas da sala de jantar
essas pessoas da sala de jantar
são as pessoas da sala de jantar
essas pessoas da sala de jantar
são ocupadas em nascer e morrer






sábado, 10 de febrero de 2007

¿Quién contó las olas de la mar?


¿Quién contó las olas de la mar?
¿Quién le puso números al sueño?
Por tener lo que volaba,
llenó su jaula de pájaros muertos.
Por tener lo que soñaba,
su sueño trocó por joyeles de hielo.

Ése fue el rey Midas de los frigios,
que una vez, se dice, halló en su huerto,
medio asno, sudoroso,
peludo todo, borracho, a Sileno;
y lo ató con correyuelas
en flor y con hiedras llevóselo preso.

Pero luego al padre Dïoniso
le entregó su bruto tembloriento.
Conque el dios, en su sonrisa
le dijo: «Elige qué quieres en premio».
Y él pidió: «se trueque en oro
sin más cada cosa que toquen mis dedos».

¿Quién dirá los días que ha vendido?
¿Quién es quien las rosas puso a rédito?
Por saber lo que tenía,
perdió tesoro sin cuenta ni dueño.
Por saber lo que soñaba,
en mármol y nombre volviósele el sueño.

Ésa fue la blanca niña Alma
que por celos de la misma Venus
hubo de tomar esposo
sin nombre, y nunca tenía que verlo.
Cada noche la abrazaba
y el gozo era sombra florida de besos.

Pero no bastó lo mucho y tanto:
todo quiso Alma, todo el tiempo;
y una noche que él dormía,
sacó la antorcha, la alzó sobre el lecho:
era Amor: su nombre supo;
lo vio y lo perdió: era amor, era ciego.

*

Mi poema favorito de AGC: un coro de la obra Baraja del rey don Pedro, que fue reconocida con el Premio Nacional de Literatura Dramática 1999. Como el propio García Calvo reconocería, el reconocimiento de los culturetas oficiales no es buen síntoma: y, efectivamente, tiene dramas mucho mejores, como Rey de una hora. El coro, sin embargo, trasciende la obra en la que aparece (quizá por eso, en la representación que yo pude ver en la Abadía, Gómez y Co. optaron por saltárselo, o casi).

*

Estupenda entrevista en Caminar Conociendo.

viernes, 9 de febrero de 2007

Cambio de agujas


Tengo debilidad por esos poemas cuya existencia, pasado el tiempo, uno llega a olvidar por completo, y que sin embargo resumen fielmente cierta forma de hacer. Esta serie de viñetas irracionalistas, por ejemplo, con dulces caseros y ecos de Juan Larrea.

Artes menores

I

Serenidad en las uñas que firman la playa desierta.
Vagos apóstoles dejan oír su gemido implacable
mientras navegan el aire dormido con un candor ácido.
En el entierro un señor amarillo reparte croissants.
Ríen los niños y cambian de mano debajo del árbol.
Llévame a casa, seré tu conciencia y tendrás que asearme.
Dios, ese pez que se queda a vivir en las redes del alma.

II

Tiemblas y puedo mirar en tu blusa metales y sombras,
un redomado sabor a promesas, almas de lluvia.
Llega mi mirada si tú llegas a mis ojos.
Cuando la aparto, se cierra un acuerdo. Cambiemos de firma.

III

Soles amontonados como en un ángel que aparta ciegos,
tropas en retirada que sin esfuerzo conquista el mar.
Ala por ala, suben cotizaciones de colibríes.
Bajas en el abismo. Números negros cambian de azar.

IV

Somos lo que perdemos. El sol es hoy lo que nos arroja.

Osos que bailan. Somos
tecnología.
Pies de cristal.


jueves, 8 de febrero de 2007

La fuente (Los Brincos)


Las rarezas de los grupos son casi siempre obras menores. No es el caso. Esta preciosa historia sobrenatural es la cara B del single dicharachero Oh mamá, de 1969. Se diría que Los Brincos habían estado leyendo el mito de Hilas, o alguna de las leyendas de xanas recogidas por Constantino Cabal. La letra puede pecar de naif y el arreglo de ambicioso, pero la canción se sostiene y te lleva a su terreno sin esfuerzo. Memorable versión, con clavicordio y sin coros verbeneros, de Los Brujos en el Homenaje a los Brincos.



miércoles, 7 de febrero de 2007

De donde todo lo escondido brota


La mirada de Aurelia, su proximidad, el roce de su vestido inflamaban mi ser. La sangre ardiente subía hasta la enigmática fábrica de los pensamientos, por lo que hablaba de los maravillosos misterios de la religión con imágenes llenas de fuego, cuyo profundo significado residía en el voluptuoso furor de mi amor insatisfecho.

¿Freud? E.T.A. Hoffmann, 1815 (Los elixires del diablo, p. 149 de la edición en bolsillo de Valdemar).

*

Quienes seguimos fascinados por la enigmática fábrica de los pensamientos estamos de enhorabuena. En el año 2005 el Fondo Económico de Cultura editó Las estructuras antropológicas del imaginario de Gilbert Durand, el intento más ambicioso que conozco de colocar los arquetipos y motivos recurrentes de la imaginación en una topología. Como punto de partida, Jung, arqueólogo por excelencia del inconsciente; pero también Bachelard, del que se publicó hace poco más de un año, también en el FCE, la última entrega de sus estudios sobre los elementos: La tierra y las ensoñaciones del reposo.

La corriente de pensamiento que impulsa estos libros pone al lector en una situación singular. Tiene algo de religión para descreídos, lo que no deja de ser un cumplido. La veracidad de lo que se plantea no es cuestión de fe, sino de experiencia. Sin embargo, esta experiencia es íntima: una película que podemos contarle a otros, pero que sólo nosotros hemos visto. Quien lo soñó, lo sabe. No resulta posible encontrarse en ese cineclub con otros espectadores (aquello que hacíamos de pequeños: despedirnos con el compromiso de reunirnos esa noche en tal o cual lugar soñado), pero a la salida, en el bar, podemos contrastar relatos y concluir que estamos asistiendo a un mismo ciclo, reconocer actores, escenarios y argumentos. En ese peculiar cinefórum se puede descubrir, por ejemplo, que hay sueños freudianos y sueños junguianos, como si el acierto de ambos pensadores hubiera sido cogerle el aire a un determinado guionista de las profundidades y explicarnos las líneas maestras de su cine. Se comprende el equívoco, el tiempo perdido en analizar, invocando a Procrustes, el cine del uno con las categorías del otro. Jung te convence si y sólo si has tenido sueños como los que él describe, de los que despiertas con la sensación de haberte asomado, por una puerta que hasta entonces no estaba, a una habitación que siempre estuvo esperando. Cuando uno alcanza a recordar eso, el estado común de conciencia y las categorías que lo pueblan parecen no ya sólo accesorios, sino degradados, venidos a menos, como un chiste o un juego que han perdido la gracia. No hay empeño importante donde no se detecte como material de partida una brizna de tejido soñado, esencialmente otro —ni organización maligna que no derive de una caída en lo literal, una interpretación inmovilista de algo esencialmente dinámico. Es imposible hacer ciencia de la isla de san Barandán, pero no hay marino que no la sospeche.

martes, 6 de febrero de 2007

La Balada de Ástor Piazzolla


Para el Marqués de Cubaslibres

Con Eduardo Mateo, Fernando Cabrera fue la primera voz uruguaya que conocí. Aunque colaboraron en un gran disco en directo, sus estilos son bien distintos. Cabrera es expresionista, pero pulido, y sus letras tienen un desarrollo largo y bien tramado, muy distinto de los apuntes geniales pero precarios de Mateo (letras de músico y visionario: un hombre que lleva prisa). También como músico es otra cosa: un guitarrero y arreglista impecable, con cierto toque progresivo.

La balada de Ástor Piazzolla es un homenaje a los últimos años de este peleador que transformó el tango y mereció por ello el odio de los puristas: como dice Cabrera, su bandoneón aligeró los tangos de la rutina de su país. Me apetece dedicársela al de Cubaslibres, este otro peleador, a quien (no lo sé, pero lo sé) bien podrían caerle estos versos:

De su desdicha tantas fue doctor
Cupido cuantas veces responsable.

Un abrazo y que veamos pronto de vuelta su foro, Marqués. Se lo debe a la gente. Mejor dicho: no se lo debe a nadie, pero se lo reclamamos de todas formas.


lunes, 5 de febrero de 2007

Mi unicornio azul


Leo Maslíah me recuerda a Zappa y a la pareja Reverendo - Wyoming, unificados por fin en un solo tipo. Este homenaje a Silvio deja chicos otros intentos, como La gorda de Rocío o Vivo en un país libre (en la medida de lo posible).



domingo, 4 de febrero de 2007

Guajira sicodélica


(Prologuillo: la Wikipedia aloja desde hace tiempo una página sobre nuestro pequeño grupo pop, Ciento Volando. Sucede que algunos bibliotecarios consideran nuestra existencia irrelevante y desean borrarnos, ya que no del terreno, sí del mapa. Si les apetece hacer algo al respecto, desde secundar con entusiasmo nuestro exterminio a plantear alguna prudente duda al respecto, hay una página en la que votar —para lo cual hay que demostrar antes un pedigrí en regla de wikipedista registrado y laborioso— o, al menos, opinar.)

Seguimos con el pop sudamericano, pero nos vamos hacia el oeste. Me acordé de este curioso tema cuando Grifo hizo notar que psicodelia no resiste la pérdida de la p. Tiene razón, pero Los Destellos, este curioso grupo instrumental peruano de los 60, no supo verlo. La psicodelia les llegó despojada de la explosión oclusiva-psicotrópica, como un nuevo efecto especial que añadir a su arsenal de riffs tomados de los Shadows y el folklore indígena. Sicodelia es mostrar el higo, dirán algunos etimologistas, como si tal revelación no valiera de sobra la entrada al guateque. Coñas aparte (sic), José Miguel López, de Radio 3, presentaba esta notable Guajira sicodélica diciendo que era como si Santana se hubiera dado una vuelta por el Perú, años antes de grabar el Abraxas. Algo hay de hipérbole, pero el higo (y el alma) están ahí. Juzguen ustedes.

http://es.youtube.com/watch?v=Rb2mh8Kx8D4


sábado, 3 de febrero de 2007

Diane Denoir


Quizá las parejas que mejor funcionan estén condenadas al desencuentro traumático, como pago por la intensidad de su unión, pasajeramente perfecta. Pienso en parejas artísticas, pero seguramente no hay mucha diferencia con las amorosas. Además, en el caso que me ocupa vienen a confundirse: compositores de voces extrañas, imperfectas y acaso inaceptables para el mercado, versus damas hermosas de voz amable. Bardo y Musa. El uno compone, la otra canta. Dylan, Baez. Aute, Rosa León. Manuel, Lole. Mateo, Diane Denoir.

Vista con ojos españoles, Diane Denoir tiene algo de nuestra Jeanette, aquella del Por qué te vas. Languidez y delicadeza, melancolía morbosa, sensualidad soterrada. En su voz, las composiciones de Mateo suenan menos idiosincrásicas, como un diablillo callejero al que peinan y calzan para acudir a una boda. Desnatadas pero estilizadas, o viceversa. En esta grabación, los estilos y voces forman una moneda perfecta: primero Diane acompañada por Mateo a la guitarra; luego la misma canción interpretada por el grupo de candombe-beat de Mateo, El Kinto, con Rubén Rada en la voz principal.




viernes, 2 de febrero de 2007

Hoy te vi (Eduardo Mateo)


Si los Shakers fueron los Beatles uruguayos, cabría decir que Eduardo Mateo fue su Syd Barrett. Comparación inexacta, claro, porque Mateo tiene también a veces la tristeza entrañable, químicamente pura, de un Enrique Urquijo, y una voz de duende resfriado que podría competir en rareza con la de Dylan. Personaje excesivo, entrañable, funda de algún modo la vía uruguaya al nuevo pop, con su cocción única de candombe, psicodelia, bossa nova y canción de autor. De autor que nunca recibió derechos de tal, y por eso en días de necesidad perseguía por la plaza con la mano extendida a los transeúntes, decidido a cobrárselos. Guitarrista lunático, más acústico que eléctrico, percusionista étnico y letrista indeleble, entre sentimental y dadá. Fue un músico de músicos, adorado por éstos, pero cualquier uruguayo de los que no le reconocen por el nombre sabe un par de temas suyos.

En España no lo he oído mencionar jamás.



jueves, 1 de febrero de 2007

Los Beatles de La Plata


No es fácil componer la versión local de los Beatles. Hay que demostrar soltura internacional, pero también apego a las raíces locales. En España tuvimos a Los Brincos, con sus capas al viento y sus canciones de borrachines. En Uruguay fueron Los Shakers, mestizos hasta en el nombre. Sin ánimo de hacer de menos a los clásicos de Los Brincos (insuperable Mejor), creo que a los Shakers se les daba ídem imaginar canciones que los propios Beatles podrían haber escrito (algo como lo que han intentado, modernamente, Los Imposibles). Incluso dieron convincentemente el salto a la psicodelia, con La Conferencia Secreta del Toto's Bar, de 1968, «el Sgt. Peppers del Río de la Plata». ¡Hasta sus vídeos parecen escenas perdidas de A Hard Day's Night!

(Curiosidades: hubo también unos Shakers españoles. Aquí, con una jovencísima Ana Belén.)



miércoles, 31 de enero de 2007

Sobre un vidrio mojado


Entré en el pop uruguayo de la mano de Verónica, una memoriera que, además de provocarme dulces dolores de cabeza (todos culpa mía: vale), me envió una cinta mágica con canciones de Eduardo Mateo y Fernando Cabrera. Desde entonces, no he podido salir. Hay algo en esa música, un delicioso vaivén entre sorna e ingenuidad, que no se encuentra en otra parte. Al principio de todo, están los Shakers (considerados, y no es hipérbole, los Beatles uruguayos), pero también Kano y los Bulldogs, un grupo de una sola canción (pero qué una). Con ella construimos muchos de nosotros nuestra adolescencia, a través de la versión ochentera de Los Secretos. Creo que fray Juan de Pablos hizo de celestina en su día entre el grupo uruguayo de los sesenta y el madrileño de la Nueva Ola. Pasen y, como quien no quiere la cosa, conviértanse en ese 1% de avispados que ha oído la versión original.






martes, 30 de enero de 2007

Purple Haze


Si me preguntaras cuál era mi propósito, diría, en breve, que se trataba de acceder a la energía y el poder de Hendrix (la tradición afro-americana), pero expandir el vocabulario para acceder a lo que había disponible en la tradición europea; notablemente, a través de Bartok (los cuartetos de cuerda) y el primer Stravinsky de La Consagración de la Primavera y El Pájaro de Fuego. La pregunta que me hice podría plantearse así: «¿Cómo sonaría Hendrix tocando La Consagración de la Primavera o un cuarteto de cuerda de Bartok?». Si pasado el tiempo uno podría echarle un vistazo retrospectivo a esto y sorprenderse de la arrogancia de este jovenzuelo, bueno... ¡a veces la ignorancia de las limitaciones permite a los jóvenes de cualquier edad lograr cosas imposibles! (Robert Fripp).

...sólo que al revés: ¿cómo sonaría un cuarteto de cuerda invocando a Hendrix?

lunes, 29 de enero de 2007

Lágrimas rojas


Que haya tan pocas versiones satisfactorias de los Beatles sugiere que se trata de un arte extremadamente difícil. Cuando uno descarta las copias supérfluas (más o menos fieles), las perversiones gimnásticas, las parodias (voluntarias o no) y los ejercicios de traducción (semiautomática) a otros idiomas musicales, corre el riesgo de quedarse con las manos viudas. Entonces, sin darse importancia, llega este tipo, se sienta y empieza a tocar el ukelele.






domingo, 28 de enero de 2007

Domingo en el Parque


Armonía estridente. Esto sí que es el sonido de la jungla: las limitaciones acústicas trascendidas en una suerte de punk sinfónico-tropical, con Gilberto Gil y Os Mutantes enloquecidos y enloquecedores. La letra cuenta una historia triste de mal amor y venganza (de la que Cruz de navajas, de Mecano, se diría un retoño tardío, con las navajas cambiadas), pero la música se la lleva por delante sin contemplaciones. Quien conozca algo comparable, que me lo cuente.


sábado, 27 de enero de 2007

Este Madrid


Criaturas del momento, ya son clásicos. Espuma basáltica. Hay más piedra que metal en esos riffs venenosos, como de Black Sabbath con rizos frippianos. Gallardón también hace lo suyo por mantener la letra vigente...




viernes, 26 de enero de 2007

Media naranja


Alguien definió a Javier Bergia como el secreto mejor guardado de la canción de autor española. Cuando se lo comenté no le hizo ni media, y me remitió a un copioso dossier de prensa donde se acreditaban sus méritos. Precisamente porque los méritos están, asombra el ninguneo, si no el secreto. Algo tendrá que ver haberse lanzado al ruedo cuando los cantautores a la antigua usanza andaban ya de capa caída y se imponía como plato único el rollo canalla de Sabina. Los hechos están en la Wikipedia, en una entrada donde Javier, si tiene un rato perdido, reconocerá seguramente muchas de las pistas que nos dio aquella tarde. Venga aquí la música: su primera canción grabada, banda sonora de la serie Media Naranja (1985), y aún una de las mejores. (Contaba Bergia que algunos años después Emilio Aragón le llamó para pedirle una copia. Al poco, oíamos por la tele aquello de «¡Quién podría imaginar que volverías de ese viaje...!»).

(Buenas noticias: pronto, disco nuevo). Ojo también a este turrón mágico.




jueves, 25 de enero de 2007

El troll de dos cabezas


Increíble, luego cierto. Las cosas en las que uno fue sembrando ilusión (y con ella, el más que probable desencanto) parecen decididas a florecer últimamente. No todas, claro, ni al mismo ritmo, pero sí las que uno nunca sospechó o veía menos probables.

Cuando unos tolkienómanos empezamos a traducir en 1999 Las aventuras de Tom Bombadil nadie hubiera creído que nuestra traducción en verso, tan amorosa como amateur, terminaría viendo la luz en Minotauro e integrándose así en el Canon público de la Tierra Media. Tampoco que a unos cuantos culpables (Valnaur, Ana Leal y yo) nos invitarían esta semana a la Pompeu i Fabra, dentro de un curso sobre Tolkien, a explicar los porqués y sinembargos de tanto atrevimiento. (Lástima, y mucha, que los organizadores desistieran de traer de Argentina a los principales promotores de la traducción, Diego Seguí y Ale Murgia).

Para mí, la experiencia ha sido linda pero agotadora (partida en autocar a Madrid a las 14.00 del martes, llegada en avión a Barcelona a las 21.10, una brevísima mañana para ver el Barrio Gótico, dos horas de ponencia por la tarde y vuelta otra vez en avión y en autocar hasta este noble villorrio, para llegar a las tres y media de la mañana del jueves y estar pocas horas después con la tiza en la mano, incrédulo y exhausto). Es una experiencia única pasar unas horas entre los miembros de la Sociedad Tolkien de Barcelona, tan instruidos como un concilio élfico y tan amables como una familia hobbit. Uno hubiera creído ser un friki de la Tierra Media, pero en tan docta compañía comprueba que tampoco en esto pasa de aficionado más o menos audaz.

Si tengo un rato, pasaré a limpio y subiré aquí lo que pude decir sobre la obra poética de Tolkien. Valnaur habló sobre la traducción y el Departamento de ídem de la Universidad de Númenor, y Ana Leal, cada vez mejor discípula de su maestro, logró que resultara sencillo, casi transparente, el ritmo de los poemas. Mostró muy bien lo que Tolkien tomó de la tradición popular inglesa y dejó abierta la puerta a una traducción más fiel que la publicada, que se arriesgue a reproducir en castellano las formas del texto original, con sus versos acentuales, de número de sílabas impredecible. Tiene razón en que, tratándose de hechos rítmicos, pueden traspasarse con éxito de una lengua a otra: pero también es cierto que aclimatar una forma que los oyentes perciben como nueva o foránea toma su tiempo (que se lo pregunten, un suponer, a los primeros endecasilabistas).

Como muestra del espíritu hobbit con que se afrontó la traducción, escuchamos la versión musicada del Olifante de Diego y Ale Murgia. Cuando Ana nos recordó que Tolkien fantaseó con crear una escuela o tradición que completara su trabajo con nuevos relatos y canciones, pensé (bien pero tarde) que hubiera estado tanto o mejor sacar sobre la mesa esta maravilla de Ale Murgia, musicada por Hernán González. Tolkien meets Les Luthiers.




Se cuenta que en los lindes
del bosque de las fresas
vivía hasta hace poco
—auténtica rareza—
un troll de dos cabezas.

Era hosco y huraño,
campeón de la rudeza,
pero a veces hablaba
con gran delicadeza
el troll de dos cabezas.

Prefería estar solo;
se sentaba a la mesa
y trozaba el carnero
sin gracia ni destreza,
aunque a veces sentía
un rapto de fineza
y usaba aguamanil
igual que una princesa.

Los hobbits le temían
y existe la certeza
que en su propia familia
provocaba extrañeza.
Pero él no hacía caso
ni sentía tristeza.
Mataba el tiempo hablando
de una a otra cabeza.

Una, la más maciza,
y ceñuda, y aviesa,
contaba chistes orcos
de indecible torpeza,
y a cambio le narraba
la segunda cabeza
olvidadas historias
de élfica belleza.

Siendo tan diferentes
una y otra cabeza
tuvieron tanto tiempo
de cambiar sutilezas
que llegó a ser un sabio
el troll de dos cabezas.

Lo cierto es que un buen día
la hermosa troll Teresa
cruzó en busca de setas
el bosque de las fresas,
y escuchó hablando solo
al troll de dos cabezas.

Decía: «Hete el secreto
de mi naturaleza
de troll, he de tenerme
absoluta franqueza,
reconocer las propias
miserias y flaquezas
mas no cortar las alas
que buscan la belleza».

Cuando escuchó estas cosas
la linda troll Teresa
se enamoró en el acto
del troll de dos cabezas,
y fue de esa manera,
sin tortas ni cerezas,
que nuestro extraño amigo
al fin sentó cabeza.

Lo cuentan las canciones
de barra y sobremesa,
cuando alegre en las copas
desborda la cerveza.
Y agregan que en el linde
del bosque de las fresas,
medraron, ¡oh, sorpresa!
los trolls de dos cabezas.

martes, 23 de enero de 2007

Esto sí que es arte


En mi imaginación, las asturianas Nosoträsh son primas de Pauline en la Playa (y ambas, bisnietas de las Vainica). Las hermanas paulinas compusieron Lloran mis muñecas, de Nosoträsh, y me parece que les dieron una pauta de por dónde trascender las canciones quedonas de los primeros discos (que tienen su aquél) y alcanzar el sonido fresco de Popemas (2002) y los discos que le siguen.

Arte tiene dos vídeos: uno hecho por el grupo y otro por unos peruanos encantadores. La presentación delata que me gusta más el segundo, pero el primero también me parece muy logrado (como soy tan enamoradizo, hoy la cantante principal se me hace lo más lindo de la Internete). Ustedes dirán.

(¿Los últimos versos de la canción? Luis Alberto de Cuenca:)

Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».






lunes, 22 de enero de 2007

Pasos de ratón


Pauline en la Playa son fans de Vainica, y se les nota: además de versionar una de sus canciones en directo (las vibrantes Coplas del iconoclasta enamorado), recuerdan a ellas en más de un sentido. Como Carmen y Gloria, son un dúo formado por dos mujeres de sensibilidades cercanas (hermanas, en este caso), dotadas de una inventiva musical notable (desde luego, no tan impredecible y variada la de Pauline como la de las Vainica, que tomaron forma en los años fértiles de la psicodelia y el rock progresivo —aun así, la riqueza de registros de Pauline, con influencias bien integradas del jazz y la bossa-nova, es excepción en el panorama actual de pop alternativo, en el que reina con marchamo de 'auténtico' lo inexpresivo, monocorde y ruidoso). Hay más lazos de unión: unas y otras comparten lecturas provechosas de ciertos clásicos (en los discos de Pauline flotan Lewis Carroll, El mago de Oz, ¡Shakespeare!), un elogio decidido de lo cotidiano, que se trasmuta en mágico, y un fino sentido del humor. Con esas mimbres, tenía que salir un grupo de culto: no tanto porque no haya miles o millones de oyentes potenciales que se encandilarían con ellas si las conocieran, sino porque las modas vigentes, tanto en lo obvio como en lo alternativo, mandan otra cosa. Qué placer comprobarlas audaces y desobedientes.



domingo, 21 de enero de 2007

La Reina del Salón


Por evocación de Francisco, aparecen en escena Magenta. Vainiqueñas no sé si son, pero sí sutiles, burgalesas y bien parecidas. Su formación era única: una cantante, una violinista y una teclista. Su único LP apareció en 1985, con producción (y elegantes líneas de sintetizador) del mecanoide Nacho Cano. La canción que le da título, La reina del salón, es sencillamente perfecta. Debería haberse comido el mundo, pero se quedó en golosina para iniciados (para un desperdicio similar pienso en Que el sol te dé, de Los Pistones).

La evocación de una gran dama venida a menos, víctima de envidiosos y maledicentes, es uno de esos temas cinematográficos que flotan en el ambiente en un momento dado. Tino Casal hizo su mejor canción con él: Embrujada, himno petardo incluido en su disco del 83 Etiqueta Negra. En 1984, Los Pistones ofrecen su versión guitarrera de la figura en la estupenda Lo que quieras oír: ¿Qué puede quedar? / Sólo existo yo: / tu último admirador. / Vuelve a actuar / sólo para mí. / Diré lo que quieras oír... . Magenta llega un año después y aborda la cuestión con menos rímel que Casal y más atmósfera que Los Pistones: Los visillos, los cuchillos, todos se han manchado, todos / de sangre azul, / de sangre azul. / Entre el olor / a cuadros de cartón / apareció / la Reina del Salón / que siempre da / la mano sin mirar, / que siempre da / la espalda... En la segunda mitad de los 90, Javier Álvarez lo retoma en Sunset Boulevard, una de sus mejores.

El arreglo de Magenta, sin guitarra y con toques levísimos de percusión, tiene momentos mágicos: pizzicatos que pellizcan el corazón, frases de clavicordio, lujosas capas de sintetizador. A mitad del tema, un coro inesperado de niños, en simpatía con las reverencias entre majestuosas y burlonas del Fairlight de Cano, celebra la grandeza antañona de la Reina. En la letra, colección de indicios, no pasa nada, pero todo acaba de pasar o está a punto de hacerlo. La autora de los versos nos regala relámpagos sinestésicos: los cuadros huelen (y no a ámbar), la envidia de los murmuradores es seca, sus palabras vuelan, las risas se mueven en las bocas.

¿Algo vainiqueño? No sé. Quizá, tras el glamour ochentero, hay algo setentil de fondo. Cano (y la teclista; no sé en qué proporción) demuestra que detrás de sus horas de frívolo showman había otras más aplicadas dedicadas al rock sinfónico (más tarde haría todo un LP bodrio luxe a imitación de Mike Oldfield). La letrista sabe lo que hace y dice, y la cantante (quizá la misma) no tiene una gran melodía por delante, pero la pule con encantadora dejadez, tal buena oyente de Marianne Faithful. Si el techno hubiera sido esto, podríamos habérnoslo pensado...



sábado, 20 de enero de 2007

Mi mosca favorita


Las Vainica comenzaron componiendo canciones para grupos pop, como Music-Son, los Tickets (futuros Asfalto) o Nuevos Horizontes. Estos últimos grabaron en 1969 Mi mosca favorita, aguarrás psicodélico de lo más bizarro. Nunca saldrá en Cuéntame, y es una pena, porque esto sí que habría que contarlo, y en extenso. Flipen y difundan.



viernes, 19 de enero de 2007

Elegía al jardín de mi abuela



Iba a decir algo de las que me parecen, si no herederas, dignas discípulas de Vainica, pero prefiero volver un poco más sobre el cancionero mágico de Carmen y Gloria. Que vuelva a sonar esta elegía, homenaje a Schumann, a la familia bohemia-burguesa con gusto y posibles y a esa infancia tan quieta que, como dice Isabel Escudero, trazan los niños a saltos.

Está dedicada al jardín de la abuela de Mari Carmen... A la abuela, en sí... Cuando nos conocimos Mari Carmen y yo, hubo algunas cosas curiosamente comunes... Por ejemplo, yo he tenido una tía, mi tía Luci, que, por lo visto, debió ser muy parecida a su abuela en gustos... Cuando dos personas se conocen y resulta que las dos se saben el Minute chretien, que es algo que no se sabe nadie... Bueno, y la Dedicatoria de Schumann, que es una de las canciones que a mí más me gustan del mundo y que la canto en la Elegía como si fuese una cantante de ópera, pues también es otra de las canciones favoritas de Mari Carmen... Y todo eso nos lo enseñaron a ella, su abuela, y a mí, mi tía Luci... Y estas cosas se juntan en el tema: son nuestros jardines, nuestras niñeces, nuestras canciones preferidas y la abuela, claro, esa abuela tan lista, porque era una maravilla... Yo no puedo cantar la Elegía en público porque, al llegar al lied de Schumann, me emociono de tal forma que acabo echándome a llorar.


jueves, 18 de enero de 2007

Caramelo de limón



Para Bebo, grandísimo cronopio

Este mantel amado,

jardín de sangre y vino,
escollos de pan duro
las nubes, que son manos.
La sopa somnolienta
rompiendo en el Cantábrico,
tus ojos que iluminan
los versos deshuesados.
¿Qué hay fuera de la mesa?
Proverbios y pasado.
No te despidas nunca.
La cena no ha empezado.

*

Caramelo de limón, el sol de mi país...





miércoles, 17 de enero de 2007

Un golpe de viento


Leo la invectiva de hoy de Mercutio (ese personaje Marvel) contra los fracasados y recuerdo, con ventaja, los versos del Agustín:

Enorgullécete de tu fracaso,
que sugiere lo limpio de la empresa.

Puede que la mía no sea tan limpia después de todo. Este poeta (semi)inédito llamó a la puerta del torbellino y (respiración contenida, pasmo y febrícula) le respondieron. No doy más detalles (de puro alegre, casi ni hago pie), pero ya irán llegando.

*

Hablando de García Calvo, sigo subiendo las tertulias políticas del Ateneo a la entrada correspondiente. Buen provecho. Como bonus track, valga este poema estremecedor del maestro, de un recital de 1987 en Vergara, Guipúzcoa, que corre por esos mundos:



lunes, 15 de enero de 2007

El afinador de cítaras



Sólo las Vainica podían componer algo así. El grupo que interpreta el tema, Nuevos Horizontes, resulta un tanto antañón con su juego de voces a lo Peter, Paul y Mary y su vestimenta camp, pero borda el deslumbrante arreglo. ¿Sois acaso el afinador de cítaras?





domingo, 14 de enero de 2007

Como niños


Hablando de un disco de la Incredible String Band, decía un crítico que si en sus mejores momentos eran genuinamente childlike, en los peores resultaban trabajosamente childish. En castellano no es fácil hacer el mismo juego, por falta de término positivo: decir de un grupo que tiene un sonido infantil no es tan agresivo como declararlo pueril o infantiloide, pero por ahí le anda. Childlike tiene esa cosa del ser como niños evangélico, que nadie interpreta como un regreso al pañal y el chupete.

No fue sólo la Incredible (con esa lindísima portada que presenta a Robin y Mike como dos duendes del bosque, en mitad de una compañía de arrapiezos). El underground sesentil, sobre todo el inglés, tiene a menudo sabor a juego de niños —quizá porque la experiencia psicodélica se parece bastante a volver a ver el mundo sin tenérselo (falsamente) aprendido.

Teenage opera es, como el Smile de los Beach Boys, un proyecto musical de los sesenta que fracasó en su día (pero, a diferencia de Smile, el intento de darle fin durante el tercer milenio no ha sido del todo exitoso). Seducido por el productor Mark Wirtz, se embarcó en la empresa Keith West, cantante de un grupo notable pero olvidado, Tomorrow, donde hizo también sus pinitos el guitarrista de Yes, Steve Howe. La idea era crear todo un LP conceptual, pero la cosa quedó en un glorioso par de singles: Excerpt from a Teenage Opera y Sam. El vídeo en color nos muestra a West y sus niños (¡cuán ingleses!) de paseo por el bosque, en una superposición de edades bienintencionada, al menos. La excursión dominical merece la pena. Que la disfruten.




*

Canciones con niño incluido

Insufribles: Que canten los niños (Perales).
Para frikis: Su canción (Betty Misiego)
Navideñas: We will (Gilbert O'Sullivan), Happy Xmas (War is over) (John Lennon)
Demagógicas: Another brick on the wall
Notables: Excerpt from a Teenage Opera
Perfectas: La ballena azul, Nana en re (Vainica Doble)

sábado, 13 de enero de 2007

Las líneas enemigas


Uno volando. Para Luli y Grifo: pase lo que pase,
que nunca falte una canción inédita que regalarnos


No importa de qué lado
te sientes a la mesa
si el plato que esperabas
ha muerto en la despensa.

No importa con qué aguja
repases hoy la herida,
con quién tomes apuntes
del curso de tu vida.

Recuérdame tal como soy,
recuerda el beso que te doy,
recuérdame donde ahora es hoy,
recuerda cuando a veces
te quería.

Recuérdame si hay alguien más
al otro lado del sedal,
recoge el hilo del disfraz,
recuerda que la vida
está perdida
(y encuéntrala).

El tiempo es Ouka Lele
pintando nuestras fotos;
se ríen de nosotros
las niñas de tus ojos.

Las líneas enemigas
cortaron las salidas;
de frente o por la espalda
la angustia está servida.

No temas si al mirar atrás
no queda nada en su lugar,
su propio peso hace flotar
las llaves de esta iglesia sumergida.

Recuérdame como eras tú,
recórtame la cruz del sur,
recuérdame dónde y según,
recuerda cuando a veces
me querías.